Cielo de Plomo, de Ben Pastor

Frente de Ucrania, 1943. El comandante de caballería y oficial de inteligencia Martin Bora interroga al prisionero general ruso Platonov sin éxito, cuando inesperadamente, en el mismo sector, el general "Khan" Tibyetskij deserta al bando alemán con el último modelo de tanque T-34 y la promesa de hacer importantes revelaciones. Esto ya puede ser una casualidad sospechosa, pero las casualidades se vuelven inverosímiles cuando en el intervalo de pocas horas Platonov muere de un ataque al corazón y Tibyetskij es envenenado. Son demasiadas coincidencias, si tenemos en cuenta que ambos generales se conocían y que habían operado juntos precisamente por esa zona durante la Revolución. Una zona que contiene el bosque de Krasny Yar, donde se producen misteriosas desapariciones que aterrorizan a la población local.
Pastor mueve la trama de forma creíble y con mano segura, y no desdeña tanto la vida privada de su investigador como el desencanto posterior al desastre de Stalingrado y la visión de un mundo nazi desde la primera línea del frente.
Pero lo que interesa resaltar aquí es el hecho de Pastor, probablemente, es la que mejor realiza este subgénero del policíaco que ha surgido en torno a los "detectives" de la Alemania nazi, un género prefigurado hace años por La Noche de los Generales de Hans Hellmut Kirst.
Y es que a Ben Pastor le va el riesgo. No sitúa su acción en la preguerra o en la retaguardia, sino en primera línea de combate, lugar ciertamente difícil para ejercer una investigación criminal.
También, y muy destacablemente, no proporciona características redimentes a su personaje Martin Bora. No es un completo nazi, pero no es alguien opuesto al régimen hitleriano: voluntario en la guerra de España, militar "junker" de carrera, dispuesto a cumplir con su deber hasta las últimas consecuencias, no es una figura con la que se pueda empatizar políticamente; si bien disgustado por los modos y los desprecios de la ley de los nazis, su lealtad está fuera de dudas; sus modos de conquistador, aunque no tan brutales, son evidentes. No es una mala opción. Antinazis, lo que se dice antinazis, hubo muy pocos entre los alemanes, de manera que es más honesto, más real, tener como figura central a un militar / investigador más representativo de la Alemania de la época que no al "alemán bueno" (y con un comportamiento más coherente que el kripo Bernie Gunther, de Philip Kerr, que es un antinazi que en ocasiones parece aquejado del síndrome de Estocolmo, algo desconcertante para el lector).
Martin Bora no es un hombre bueno. Pero tal vez es un hombre justo, o intenta serlo. Habrá que ver su evolución según se desarrollen los acontecimientos, pero según lo leído, eso será un placer en la mejor serie de detectives de la Segunda Guerra Mundial hasta el  momento.

(Tin Sky)
Alianza Ed., col. Alianza Negra
Madrid, 2014 [2013]
Serie Comandante Martin Bora nº 2

Portada y sinopsis

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