La Caja de Música, de Costa-Gavras

SESIÓN MATINAL 

(The Music Box); 1989

Director: Costa-Gavras; Guión: Joe Eszterhas; Intérpretes: Jessica Lange (Ann Talbot), Armin Mueller-Stahl (Mike Laszlo), Frederick Forrest (Jack Burke), Donaldd Moffat (Harry Talbot), Lukas Haas (Mikey Talbot), Cheryl Lynn Bruce (Georgine Wheeler), J. S. Block (Juez Silver); Dir de fotografía: Patrick Blossier; Diseño de producción: Jeannine Oppewall; Música: Philippe Sarde.

Costa-Gavras, ese director que jamás ha renunciado a hacer del cine un instrumento de reivindicación y reflexión, pero que ha conseguido hacerlo sin caer en el tedio, el sectarismo o el panfleto, nos planteó con esta película un dilema que, por mucho que el filme tenga una conclusión, sigue sin resolverse.
En el Chicago de los años ochenta vive un buen padre de familia, retirado tras años de trabajo en una fábrica, un abuelo delicioso con su nieto, una persona querida por todos aquellos que la conocen, y por supuesto adorada por su hija. Pero un día, y producto del hallazgo de unos documentos en las Naciones Unidas, este padre ejemplar y ciudadano de pro parece ser el mismo Misha Laszlo que formó parte de los escuadrones de la muerte de los cruces flechadas, las unidades húngaras auxiliares de los nazis en la limpieza de judíos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Su hija no puede creer esto, y se prepara a defenderlo en un juicio que promete ser sólo una lucha por demostrar que ha habido una confusión de identidades o bien un montaje de las autoridades comunistas húngaras por desactivar a un activista anticomunista en los Estados Unidos como es Laszlo.
Pero, durante el transcurso del juicio, se van aportando testimonios y pruebas. La duda crece en la mente de Ann, pero lucha con fervor por su padre. Hasta que finalmente la verdad sale a la luz.
Les he dicho ya que Costa-Gavras no hace cine sólo de tesis, sino que explica historias, de manera que este breve resumen argumental que les he hecho no explica que lo que verán es una película de juicios, con todas las tensiones que eso conlleva y todo el juego de pruebas y contrapruebas que caracteriza a estos filmes. Es decir, que la película tiene tensión e intriga, de manera que se puede ver como el mejor thriller actual.
Pero el mensaje permanece, y es uno de amplio calado moral. ¿Cuál es la auténtica naturaleza del verdugo, del exterminador, del criminal de guerra? ¿Y cuál tiene que ser la extensión de la justicia ante crímenes que son tan abominables como para no haber prescrito? Y esa pena, ¿tiene que alcanzar a la familia del asesino, ignorante de quién es? Incluso, ¿cuáles son los límites de lo que consideramos verdad?
Hay una tesis en la película, y es la que prevalece: los crímenes del pasado no deben ser olvidados, y debe hacerse justicia, aunque sólo sea por respeto a las víctimas. Pero hay toda una serie de interrogantes, que no se detienen en los que ya he enumerado, que siguen persistiendo, incluyendo los que la sociedad actual plantea con respecto a la indiferencia o el desinterés por los hechos del pasado. Costa-Gavras no los enuncia, y prefiere (y siempre es preferible que sea así) que el espectador piense después de ver la película, se plantee esas preguntas y las responda, si es que se ve capaz.

Tráiler:

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