Los Príncipes Valientes, de Javier Pérez Andújar

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 20072 [2007]

Tengo un problema con este libro. La opinión siempre es subjetiva, por mucho que uno se esfuerce en objetivizarla. Sin embargo, esta novela me plantea a mí, personalmente, un problema añadido en este campo. Empecemos aclarando que Los Príncipes Valientes me ha encantado. Pero sucede que su autor, Javier Pérez Andújar, y yo somos de la misma generación. Y en una novela que es generacional, que tiene como referentes continuos los libros juveniles, las series de televisión y sobre todo, una época, no puedo estar seguro de si esos referentes los comprendo porque también son, más o menos, los míos (incluso los locales: de Sant Adrià de Besòs a Barcelona sólo hay un paso, en ocasiones imperceptible) o bien lectores de otras generaciones también hallarán las mismas emociones evocadas por este texto.
Como mínimo, me alegra haber leído antes su segunda novela, Todo lo que se Llevó el Diablo. Puedo así estar razonablemente seguro de que Pérez Andújar sabe controlar y contar una historia y hacerlo con pulso firme, ritmo y estilo. Aislando esto como lo haría un analista clínico, puedo percibir que el autor tiene mucho que decir sobre una época, una sociedad y unas gentes; pero la duda persiste, porque la infancia tiene un poder evocativo enorme, y es uno que por el mero hecho de mencionar un detalle conocido y reconocible ya despierta una traslación emotiva en la que perderse. Tal vez la única forma de soslayar este conflicto sea decir que sí, que Pérez Andújar sabe narrar, sea lo que sea que narre, y que también los niños de los años sesenta tenemos derecho a "nuestra" literatura; sabe dios que el resto, los niños de la guerra, los de la posguerra, los de la transición y hasta los de la generación olímpica, tienen la suya.
Si hablamos de argumento, esta es la historia de un muchacho y su amigo, y de cómo ambos realizarán, sin apenas proponérselo y sin apenas solemnidad (salvo la que proviene de los actos de camaradería infantil, que son tan solemnes como los de una sociedad secreta) un rito de iniciación, no a la vida, o al sexo, o a la muerte, sino a la literatura. A una bendita literatura que proviene de las novelas juveniles que a lo largo de los años se descubre que no lo son tanto, de las ilustraciones, de los tebeos y la televisión.
E igualmente importante es lo evocativo: de una época, no tanto en blanco y negro como en gris, en la que hasta los niños convivían con la represión y la lucha de clases, con los "treinta años de paz" y con la educación nacional-catolicista; del ambiente mísero de las conurbaciones dormitorio del extrarradio; de la emigración y su vacilación continua entre la nostalgia y el nuevo modo de vida; de la resistencia política y personal, mínima, tímida y secreta.
Sospecho que esta evocación me domina porque es la mía, y que para otros lectores la historia del protagonista y su amigo Ruiz de Hita tomará más relevancia. De hecho, la tiene. Y Pérez Andújar la lleva de principio a fin con originalidad y estilo. Pero cada lector encuentra cosas diferentes en los libros, y lo que yo he hallado es el viaje a un tiempo que fue el mío.

Portada y sinopsis

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