El Inspector Cadáver, de Georges Simenon

(L'Inspecteur Cadavre)
Ed. Tusquets
col. Booket, serie Maigret
Barcelona, 2004 [1944]

Hace quince o veinte años surgió una moda en los medios literarios españoles, como fue la de destacar a Georges Simenon como un gran escritor. Viví ese fenómeno con una sorpresa próxima a la perplejidad; no llegué a sentir el sonrojo que me produjeron declaraciones similares (y que siempre me parecieron una broma) referentes a la grandeza literaria de las novelas de Corín Tellado, pero sí extrañeza. Uno ya había pasado por la lectura de unos cuantos libros del comisario Maigret, y de unas pocas de las novelas "generales" del escritor belga y, caramba, son libros decentes, pero si eran testimonio de una supuesta grandeza, entonces era necesario reivindicar el premio Nobel a título póstumo para Raymond Chandler.
Todo esto no quiere decir que Simenon sea mal escritor, o desigual. Pero sí que será difícil que en estas notas figuren más maigrets. Justamente porque son muy similares entre sí. Como sucede con Hércules Poirot, Miss Marple o el resto de misterios de Agatha Christie, no es que leído uno leídos todos, pero sí que sorpresas, pocas.
Para los fanáticos o aspirantes a serlo del comisario Maigret (una aspiración muy legítima) la advertencia es que la coherencia interna de la serie no existe. Simenon empezó con un comisario ya mayor, y al cabo de pocas novelas ya estaba retirado, antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sorprendido por el propio éxito, esas pocas novelas fueron ampliadas en número, con lo que las peripecias de Maigret se extienden en el tiempo hasta el punto que, de seguir la cronología, el comisario hubiera desarrollado su actividad hasta los ciento diez años.
También el retrato que Simenon nos ofrece difiere del asociado comúnmente con el inspector (y que figuraba en las antiguas ediciones de Caralt), y que provenía de la filmografía , el personaje encarnado en Jean Gabin.
Respecto a los métodos (e el mismo Maigret decía que no existía el "método Maigret") se basan, y eso era novedad en la época, en la observación psicológica de los personajes, y ahí es donde Simenon alcanza sus mejores cotas.
En efecto, es un gran especialista en descripción de ambientes, de personajes y de situaciones. Todo es pausado en las novelas de Maigret. Los crímenes suceden como si formaran parte de la vida cotidiana (y en el fondo, así es). No hay urgencias, no hay dramatismo. Todo es pausado, como la mirada, los plantones y los paseos del comisario, y las resoluciones adoptan casi siempre un tono filosófico que nos recuerda que el crimen es casi siempre inevitable y la investigación y castigo del mismo casi tan molestos como el crimen en sí.
Comento El Inspector Cadáver (de hecho no lo he comentado) como podía haberlo hecho con cualquier otra novela de Maigret. Insisto, no porque sean malas, sino porque sus características de fondo son muy similares. Si leen más de tres maigrets seguidos, corren el riesgo de hartarse o aburrirse; pero de tanto en tanto un maigret proporciona el placer de una situación nueva resuelta por un personaje de maneras familiares que merece con justicia estar en el panteón de grandes detectives literarios. Eso sí, sin estridencias. El mismo Maigret se hubiera sentido molesto por ellas.

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