La Concessione del Telefono, de Andrea Camilleri

La Concesión del Teléfono es una de esas novelas enclavadas en el territorio mítico de Vigata (que es y no es Porto Empedocle) con las que Camilleri abandona a su comisario Montalbano para llevarnos a la Sicilia histórica, aquella que tal vez ha conformado la Sicilia de hoy.
Camilleri suele usar la sorna, ese humor irónico que era favorito del padre de todos los escritores sicilianos, Pirandello, y que Sciascia, por ejemplo, empleó a conciencia. En este caso, la historia relatada parte de un equívoco: Pippo Genuardi escribe insistentes cartas al prefecto pidiendo la concesión de una línea telefónica (estamos en 1892, cuando una línea telefónica particular era poco menos que una extravagancia); no importa la insistencia, no importa que Pippo equivoque el destinatario, que en lugar de ser el prefecto debería ser la Administración de Correos y Telégrafos. Lo que importa es que en lugar de llamarlo Marascianno, Pippo escribe "Parascianno", cosa que el prefecto toma como una afrenta personal. Y le echa encima a los carabineros, pidiendo que le informen de la orientación política de Pippo; sugiriendo, claro está, que al más mínimo indicio, cierto o falso, de desafección, Pippo pase a residir en la cárcel.
A partir de esta anécdota ínfima, Camilleri logra un cuadro sobre la Sicilia de la época, desde los prefectos "extranjeros" que no comprenden nada de Sicilia, hasta la mafia y sus imbricaciones (el auténtico poder sobre el territorio) y el carácter siciliano en general, con consecuencias nefastas para Pippo, quien tampoco es un dechado de virtudes que digamos.
hay la tendencia de calificar a Camilleri como un escritor que, psé, escribe policiacos o bien escribe bufonadas. Esta apreciación pasa por alto no sólo la auténtica dimensión del Camilleri escritor, con un dominio del italiano y sus dialectos como pocos han logrado, sino que omite el análisis profundo que, riendo riendo, hace de Sicilia.
En esta novela tenemos una exposición más que lúcida sobre el uso del lenguaje; la costumbre siciliana de la media palabra, de la metáfora en apariencia inocente, de lo no dicho pero implícito... que los que son sicilianos dominan a la perfección. De ahí la costumbre de, cuando no queda más remedio, se diga "¿Puedo hablarle 'papale papale'?" o "¿a la latina?", indicando que, muy a disgusto de quien habla, se van a decir las cosas claras y sin circunloquios.
Prueba de ello es la división de la novela en "cosas escritas" y "cosas dichas". Con lo escrito vemos la fachada de las cosas, en su mayoría inocentes, coherentes, racionales. Pero no sabemos apenas nada. Es con las cosas dichas (y muchas más veces no dichas pero insinuadas) cuando descubrimos la auténtica historia que hay detrás. Sobre todo, hay una recurrencia: quien habla claro, o no es creído o lo paga caro. Quien calla, o habla en acertijos, en cambio, tiene las líneas de comunicación abiertas y una vida más larga por delante. La verdad, en Sicilia, no sólo es desagradable sino que parece de mal gusto, algo que emplear únicamente con los niños o con los tontos.
La Concesión del Teléfono es una novela divertida, a veces hilarante, una historia de equívocos sobre equívocos que desembocan en tragicomedia, pero también una historia de Sicilia a nivel de la gente que la puebla. No en vano, como quien no quiere la cosa, Camilleri de permite decir, a través de uno de sus personajes: «¡Pienso en este pobre yerno mío, atrapado en medio del Estado y la mafia!» «Genuardi no es el único, si eso le sirve de consuelo. Tres cuartas partes de los sicilianos están atrapados entre el Estado y la mafia.»

Sellerio Editore, col. La Memoria
Palermo, 199828 [1998]

Exitste edición castellana en Eds. Destino

Portada y sinopsis de la edición italiana

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La solicitud de una línea telefónica en un pequeño pueblo siciliano desencadena una divertida serie de peripecias burocráticas, malentendidos y maniobras. Una visión a la vez cómica, realista y amarga de la sociedad siciliana.

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