Infierno de Cobardes, de Clint Eastwood

SESIÓN MATINAL 

(High Plains Drifter); 1972

Director: Clint Eastwood; Guión: Ernest Tidyman; Intérpretes: Clint Eastwood (El Forastero), Verna Bloom (Sarah Belding), Marianna Hill (Callie Travers), Mitch Ryan (Dave Drake), Jack Ging (Morgan Allen); Dir. de fotografía: Bruce Surtees; Música: Dee Barton; Dir. artística: Henry Bumstead.

Cuando comenté El Jinete Pálido no había visto esta Infierno de Cobardes; allí defendía que lo que se vestía de western era en realidad un fantastique, una historia sobrenatural revestida del modelo de las películas del oeste, y así lo justificaba, creo que con razón. Pues bien, resulta que ya en 1972, Eastwood había realizado ese ejercicio, también sin declarar abiertamente su adscripción a lo sobrenatural pero dejando bien a las claras que no se trata, ni mucho menos de un western convencional, y que tiene mucho que agradecer a la tradición terrorífica sobrenatural.
De hecho, tienen tantos puntos en común que casi se pueden considerar como las caras de una misma moneda.
La historia parece convencionalmente típica. Un pueblo minero, Lago, está aterrorizado por la inminente salida de prisión de tres matones a los que ellos mismos encerraron. Pero estos tres bandidos no sólo tienen la amenaza de sus pistolas: además controlan emocionalmente al pueblo por ser testigos de cómo el pueblo entero permitió la muerte del sheriff sin mover ni un dedo, una muerte además que es imputable, directa o indirectamente, a todos los habitantes. Allí llega un extranjero, misterioso y taciturno (Eastwood, naturalmente), que se demuestra infalible en el uso de las armas. Casi de inmediato, los notables de Lago le ofrecen lo que él desee a cambio de que los defienda. Una oferta que el forastero se tomará al pie de la letra, actuando como alcalde, sheriff y monarca absoluto, con un desprecio mal disimulado por los habitantes. Los adiestra un poco en el manejo de las armas, les da algunas nociones de táctica y, como remate final, ordena que el pueblo entero se pinte de rojo y cambie su nombre por el de Hell (Infierno). Una visión que Surtees, el director de fotografía, disfruta en presentar.
Curioso, ¿verdad? Si en El Jinete Pálido la figura igualmente sin nombre del Predicador era el ángel vengador que defiende a los inocentes, en esta el Forastero es el ángel vengador que pretende que los culpables sean castigados, todos, y a ser posible que se castiguen a sí mismos. Esta unidad fundamental temática es lo bastante fuerte como para hermanar ambos filmes, pero el espectador encontrará además detalles que hacen todavía más fuerte esta ligazón.
Aunque con un presupuesto menor que El Jinete Pálido, la película, que tiene el aspecto de una serie B, es tan intensa y su argumento tan extemporáneo pero a la vez equilibrado que se eleva por encima de sus valores de producción para entrar en la categoría de esos filmes que merecen más consideración de la que reciben habitualmente. Y, por su originalidad, es más que conveniente verla, a ser posible con su hermana angélica (pero igualmente violenta). No se arrepentirán.

Tráiler:


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