De Mármol, Tamaño Natural, de Edith Nesbit

«Aunque cada palabra de este relato es tan cierta como la desesperación, no confío en que la gente las crea». Se trata de una magnífica frase de inicio para un relato de terror del más puro estilo inglés.
En el terror existen una serie de arquetipos sobre los cuales se pueden y se han escrito muchas variaciones. Uno de ellos es la cosa sin nombre, que desde la noche de los tiempos hasta llegar a su conformación definitiva en el Frankenstein de Mary Shelley ha tenido múltiples formas, hasta llegar a los robots y androides de la ciencia ficción.
Una de ellas, popular aunque con sólo un puñado de cuentos, es la de la estatua animada. Se podría realizar una antología con estos relatos y quedaría una representación de cuentos con una clase inmensa. Parece ser que el tema propicia una cierta elegancia de aproximación.
Edith Nesbit, autora de cuentos de hadas infantiles, cultivó el fantástico terrorífico con mucha asiduidad y maestría cierta. En este relato, una pareja de recién casados que no encuentra una casa a su gusto, la halla por fin en un pueblo perdido. Dedicados cada uno a sus ocupaciones profesionales (él es folclorista y ella ilustradora y escritora de comedias; no intenten racionalizar esto, déjenselo a los ingleses), la sirvienta que les hace las tareas de la casa se despide sin motivo aparente, alegando una enfermedad de su sobrina, aunque después declara que está dispuesta a volver al servicio al cabo de una semana.
El hecho es que la casa se alza donde estuvo una mansión medieval, habitada por dos turbios caballeros, señores de horca y cuchillo, que hicieron sus maldades en su época y de los cuales nadie recuerda filiación (de nuevo la cosa sin nombre), aunque sus estatuas yacentes se pueden ver en la capilla de la iglesia del pueblo. Y la leyenda dice que la víspera del día de Todos los Santos (¡cómo no!) vuelven a la vida en su forma marmórea, para desgracia de quien se encuentre con ellos. La sirvienta, tras admitir a regañadientes que esa es la causa de su abandono, les conmina a cerrar todas las puertas y a marcar con una cruz las entradas de la casa. Con esa despreocupación propia de todos los protagonistas de relatos y películas de terror que se precien, el marido decide no hacer caso.
Lo que sigue es atmosférico y en un ambiente de delirio, de modo que les recomiendo busquen el cuento en castellano o lo lean en inglés en el enlace al pie de esta reseña; de todos modos, y además de esa elegancia de la que les hablaba, y de una narración modélica en el género, les ruego presten atención a lo que no se dice en el relato; posee un pathos innegable. En efecto, ¿qué sucedió en la casa, y qué hicieron las dos estatuas? Una respuesta que en época victoriana se tenía que dejar a la imaginación del lector, pero que tiene unas implicaciones que, como en el caso de algún pasaje de Frankenstein, va más allá del mero asesinato.

(Man-Size in Marble)
En La Eva Fantástica 
Ed. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1886]

Texto en inglés de Man-Size in Marble


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