El Señor Jones, de Edith Wharton

Edith Wharton es, sin duda alguna, la gran escritora de cuentos de fantasmas clásicos del siglo XX. Sus historias son originales, sus fantasmas, como han señalado varios estudiosos, no tienen miedo de mostrarse a la luz del día, y no siempre tiene que mostrarlos para que sean efectivos; su influencia se deja notar con incluso mayor potencia.
El relato que nos ocupa tiene todos los pronunciamientos clásicos del género: la herencia de una propiedad recibida por un familiar remoto que no ha conocido la historia de la familia, Una capilla en la que se encuentra una tumba con una lápida enigmática. Un cuadro que hace presagiar que la mujer que está ahí representada no tardará en recorrer los pasadizos en forma espectral... pero no. Una servidumbre que muestra todas las inquietudes y temores del nosotros-sabemos-cosas-que-la-señora-desconoce-y-preferiría-no-conocer.
Y sin embargo, Wharton no compone un relato de fantasmas al uso. Esa propiedad está regida por una especie de mayordomo de la familia, el señor Jones; pero éste se manifiesta esquivo en mostrarse, y de hecho, la protagonista no lo verá jamás. En teoría, porque se halla enfermo y no desea ver a nadie, siendo de avanzadísima edad.
Pero el señor Jones dirige la casa, aun desde su lecho (dondequiera que éste se encuentre, y ya estoy dando demasiadas pistas sobre el final), y así hay una habitación en la que es mejor no entrar, un despacho con los papeles de la familia cuya llave se ha perdido misteriosamente, y toda otra serie de pequeñas tiranías o insubordinaciones que obstaculizan de continuo la toma de posesión plena de la casa por parte de la protagonista. Los intermediarios en la comunicación entre el señor Jones y la dueña de la casa, las sirvientas, cada vez se muestran más nerviosas.
Wharton construye el relato desde la cotidianeidad y va incluyendo poco a poco elementos psicológicos que lo hacen cada vez más inquietante, hasta que estalla el final, ciertamente esperado, pero inusual en la literatura de fantasmas. Como todos sus relatos, la prosa en la que está escrito es cuidada y medida, y va destinada a reforzar el objetivo final. Y, en suma, es uno más de esos relatos que Edith Wharton escribía y que de inmediato llamaban la atención por sobresalientes dentro de un género que a veces se ha mostrado mecánico y repetitivo. No hay tal cosa en sus historias, sino un sello distintivo que las hace disfrutables incluso hoy.

(Mister Jones) 
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1930]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert


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3 comentarios:

Carmen Forján dijo...

Este año me propuesto, en un reto a largo plazo, leer toda la obra, particularmente, la narrativa breve de esta autor. Ethsn Frome, El diagnóstico, El hijo de la señora Glenn, La solterona,... ya han ido cayendo. Peto si te soy sincera no he leído nada de su faceta 'fantasmal',
. Tomo nota.
Un abrazo, a largo plazo, ir conociendo toda la narrativa, particularmente la breve, de esta autor. Han caído ya

Carmen Forján dijo...

Estoy escribiendo desde la tablet, sin ver el texto. Disculpa si van errores...

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carmen:
Yo la descubrí gracias al volumen de "Relatos de Fantasmas" publicado por Alianza Editorial (y que, gracias a los dioses, parece que no está descatalogado) y me encantó su estilo elegante. Después vino el resto de su literatura, que conserva el atractivo especial que sabía darle a todas sus obras.
Y estás disculpada. Los teclados de tablets y teléfonos son lo menos adecuado para escribir...
Un saludo!