Bouvard y Pécuchet, de Gustave Flaubert

Tal vez no ha habido obra más controvertida en la literatura mundial. Reivindicada por muchos, entre ellos Borges, y denostada por muchos otros, esta novela inacabada plantea unos enigmas de intención y ejecución que han vertido ríos de argumentos.
La historia de dos escribientes que se encuentran por casualidad y congenian de inmediato, reciben una herencia y se retiran a vivir al campo, donde empiezan a interesarse por absolutamente todos los aspectos del conocimiento humano, cosechando en la práctica totalidad de ellos rotundos fracasos, no puede sino ser una historia humorística. Bien, así lo es El Quijote.
Y la referencia a Cervantes no es casual, ni tampoco original. Muchos escritores han comparado esta novela con la obra y los personajes quijotescos.
Ciertamente, Bouvard y Pécuchet se enfrentan a la agronomía, la jardinería, la conservería, la anatomía, la arqueología, la historia, la literatura, la hidroterapia, el espiritismo, la gimnasia, la pedagogía, la veterinaria, la filosofía y la religión con las ganas con las que el hidalgo acometía a los gigantes. Y, por supuesto, resulta que son molinos. Esos dos simplones no entienden nada de lo que leen, o lo entienden mal. O lo entienden pero lo expresan extemporáneamente, con lo que se enfrentan a sus vecinos. O lo expresan con propiedad, pero entonces causan la irritación o la envidia de esos vecinos.
Hay que tenerles una cierta simpatía para comprenderlos. Sus intenciones son puras, si bien su ingenuidad es tan grande que se dejan engañar, muchas veces por ellos mismos, y los resultados son desconcertantemente negativos.
Dicen que Flaubert quería con esta novela reunir todo el conocimiento humano en un solo volumen. Se ha argumentado que tal pretensión, al ser puesta por el autor en manos de estúpidos, era una falacia. Yo más bien me inclino a considerar que es una ironía. Si los libros no expresan con claridad el conocimiento humano de manera que Bouvard y Pécuchet no puedan entenderlos, si los personajes encuentran teorías contrapuestas y contradictorias, tal vez es porque algo falla en el conocimiento humano, y ese fallo sea la envidia que impide reconocer la bondad de las teorías del otro, o llegar a un compromiso.
La envidia está muy presente en este libro. Bouvard y Pécuchet, ingenuos como son, son estafados sistemáticamente por sus convecinos. Son envidiados cuando deben serlo; cuando, aunque sea por accidente, enuncian verdades, son criticados hasta el ostracismo. Son multados, perseguidos, en suma, son tan incomprendidos como Don Quijote. Y así como sólo la muerte salva al hidalgo, a nuestros dos personajes sólo los salva la muerte en vida, es decir, volver a ser escribientes, esta vez en su casa y sin salir al exterior ni trabajar para nadie.
Las peripecias de estas expediciones realizadas sin apenas salir de su granja son tan enormes que sólo pueden definirse como viajes. Al conocimiento humano, pero viajes al fin. A un conocimiento imperfecto, y eso es lo que descubren ambos protagonistas. Esa percepción es la subversión que propone el libro y, tal vez, convierte a Bouvard y Pécuchet en los hombres más sabios de toda su época.

(Bouvard et Pécuchet)
Ed. Losada
Buenos Aires, 2008 [1881]

Portada

btemplates

2 comentarios:

Magda dijo...

Lluís,

Como dices al final, los dos personajes se convierten en los más sabios de la época pero, ¿qué interés puede suponer para un lector contemporáneo este libro?

Un saludo.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Se convierten en sabios porque se recluyen, y evidentemente esta conclusión es irónica.
Respecto a qué aporta hoy esta novela, bueno, cada lector puede encontrar en ella diversas cosas, como sucede con las auténticas obras maestras, que tienen tantos niveles de lectura y de significado que parecen inagotables. Se puede leer como una novela humorística, a la espera del próximo desastre que les acontecerá a Bouvard y Pécuchet. Se puede leer como obra coral, en la que un pueblo mira con desconfianza a personas diferentes. Se puede ller como crónica de una época. Se pueden extraer mensajes políticos, se pueden hallar retratos sociales... En fin, muchas cosas. Te recomiento el brevísimo pero iluminador ensayo de Borges, "Vindicación de Bouvard y Pécuchet", en el libro "Discusión". Como siempre, Borges era un maestro de la concisión en la expresión de las ideas.
Un saludo!