La Mosca, de George Langelaan

Con cinco adaptaciones al cine (¡y una ópera!), se puede decir que La Mosca ha alcanzado la categoría, si no de arquetipo, sí por lo menos de mito dentro de la imaginería del género de terror.
El relato, que ha tenido adaptaciones bastante fieles, se inicia in medias res, es decir, en el centro de la historia. André, un científico hermano del narrador, ha sido aplastado por un martillo pilón, que le ha machacado la cabeza y un brazo. La cuestión es que quien ha operado ese martillo mecánico es la esposa del científico, pero quedan un par de dudas: ¿cómo alguien podría escoger un método tal para realizar un asesinato? Y sobre todo, ¿cómo es que André consintió en situarse tendido en el suelo para recibir el impacto de la máquina?
Las investigaciones siguen su curso, y la esposa no llega ni a juicio. Es evidente que está loca, sobre todo cuando los médicos comprueban su manía en atrapar moscas, examinarlas y luego dejarlas libres.
Ni el inspector de policía ni el narrador creen en esta locura, pero también son escépticos al respecto del asesinato. Es evidente que Hélène es quien ha operado la máquina, pero sus motivos y, sobre todo los motivos para que André se sometiera a ello siguen oscuros.
Finalmente, Hélène entrega a su cuñado un manuscrito en el que se relatan los acontecimientos que precedieron a la muerte de André. Éste estaba investigando la transmisión de la materia, y en sus experimentos algo salió mal. Una mosca se introdujo en la cámara de transmisión junto a André, y los resultados fueron más bien terroríficos.
Si he desvelado tanto es porque, como digo, el argumento parece haberse convertido ya en universal y hasta aquí es sabido. El relato lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña, y comprobar que conserva su potencia. Respecto a sus defectos (que los tiene), mencionar lo estereotipado del manuscrito revelador, y la manía de Langelaan, que era británico, aunque nacido en Francia, de introducir cada dos por tres, "chéri" y otras expresiones francesas, que en la época daban sabor, pero que hoy son un recurso anticuado y distanciador (sobre todo porque estas expresiones son pronunciadas por personajes que, en teoría, ya están hablando en francés, de modo que, o se traduce todo o no se traduce nada). Pero tiene sus virtudes, claro que sí. Un argumento (y es prácticamente el único relato que hará que el nombre de su autor sea recordado) no alcanza ese estatus de popularidad por nada. Lo que en principio es un relato de ciencia ficción se vuelve terrorífico precisamente por la elección (lógica, pero cuidadosa), del animal que hace que André se convierta en un monstruo. Langelaan podía haber realizado eso mismo con un gato (y en el relato eso mismo sucede, en parte) y el efecto hubiera quedado diluido. Al fin y al cabo, a mucha gente le gustan los gatos, mientras que la mosca es probablemente el insecto más denostado en todo el mundo. Y tiene cierta dosis adicional de ingenio, que hace que no sólo se detenga en la repulsión física, por ejemplo cuando dice: «Sí, estoy vivo, de acuercdo, pero ya no soy un hombre. En cuanto a mi cerebro o inteligencia, puede desaparecer en cualquier momento. Ya no está intacto. Y no puede haber alma sin inteligencia... ¡Y eso lo sabes!». Las implicaciones de esta frase son profundas, van más allá del simple texto, y hacen honor a una historia ciertamente merecedora de su fama, fílmica o no.

(The Fly)
En Horrorscope. Mitos Básicos del Cine de Terror vol. 2
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1957]

Texto en castellano de La Mosca

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4 comentarios:

Magda dijo...

No sabía que "La mosca"tuviera su adaptación en ópera pero desde que en YouTube vi la adaptación musical de "Rebecca" ya espero cualquier cosa.

La obra original parece interesante, un saludo.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Yo tampoco. :-)
Pero lo supe cuando buscaba documentación sobre Langelaan. A saber qué habrán hecho cuando toque mostrar al científico con cabeza de mosca (y cómo habrá podido cantar, claro)...
Un saludo!

Cho dijo...

Zumbidos Operísticos en Re menor. Quién le diera un vistazo!.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Cho:
Estoy muy de acuerdo, aunque sólo sea por curiosidad...
Un saludo!