Puro Humo, de Guillermo Cabrera Infante

(Holy Smoke)
Ed. Alfaguara
Madrid, 20002 [1985]
Trad. del autor e Íñigo García Ureta

Este es un texto divertidísimo, aliterativo, juguetón, ensayístico, narrativo y poético, sobre el tabaco, pero sobre todo sobre el puro, habano o no. En una época en la que no tanto el tabaco como el fumador ha sido estigmatizado hasta niveles histéricos (hasta el punto, idiotez sobre idiotez, de sustituir la pipa de monsieur Hulot/Tati por un molinillo de juguete), Guillermo Cabrera Infante realiza un homenaje al hombre-chimenea y a todo un fenómeno que, se quiera o no, es cultural.
Por fortuna, esta vez el premio Cervantes no se retrasó y le fue concedido. Merecidísimo, no sólo por su calidad literaria sino por su voluntad de experimentación con el lenguaje y por el juego continuo que ejerce con éste.
Se puede decir con toda tranquilidad que este ensayo sobre el tabaco trasciende al mero escrito histórico o analítico para introducirse, por estilo y discurso, en el terreno literario. Pero, y hay que destacarlo, es una de las mejores y más comprensivas historias sobre la hierba para fumar que se han escrito, y muchos de los detalles que figuran es este Puro Humo son posibles de encontrar en otros textos, sí, pero con unos esfuerzos ímprobos, que se reparten en ensayos e historias dispersas o difíciles de obtener (algo que, por experiencia personal, me consta).
Exiliado en un mundo, el anglosajón, cuyo carácter le atraía pero que, en definitiva, no era el suyo (Cabrera Infante fue siempre un cubano que llevó Cuba allá donde estuviera), no acabó de comprender del todo ciertas expresiones inglesas. Es un inconveniente menor en un escritor tan potente que convierte lo que toca con la pluma en literatura sin renunciar a la verdad o el dato histórico.
Texto lúdico por lenguaje, lo es también por mezcla con su otra pasión, el cine, y, por extensión, las artes escénicas. En efecto, pocas cosas han ido tan unidas como cine y tabaco, y quien haya podido escuchar a Cabrera Infante reconocerá que, no se sabe bien cómo, salvo el también difunto Haliwell, pocas personas estaban en disposición de disputarle el título de máximo cinéfilo y enorme espectador.
Sea uno fumador o no, Puro Humo es un texto que se disfruta como una buena fuma o como una película con un Groucho Marx en ella enarbolando su sempiterno puro. Para todos los públicos civilizados.

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