Tots els Monòlegs, de Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol sufre un olvido cíclico en la cultura catalana. Si su obra se mantiene viva es gracias a que los grupos de teatro de aficionados en todo el país siguen representando una y otra vez ese clásico popular que es L'Auca del Senyor Esteve [Las Aleluyas del Señor Esteve] (y a veces, como una especie de resurrección institucional, la representan en teatros oficiales catalanes; con éxito de público y de crítica, pero después vuelve a caer en el olvido). Ese éxito se explica porque el texto es tan bueno que lo soporta todo, lo cual debiera dar alguna idea sobre la calidad del autor, pero el olvido existe y el resto de la producción de Rusiñol sigue siendo ignorada.
A ese hecho puede haber contribuido el que Rusiñol, en la época de la refundación moderna de la lengua catalana, se alineara frente a Pompeu Fabra, que era partidario del establecimiento de una gramática basada en el catalán clásico, y él fuera defensor de la asunción a todos los efectos del habla popular (un prejuicio que ya no tiene sentido; hoy día se admiten, dentro del concepto fabriano d ela lengua, palabras consagradas por el uso a cuya incorporación al diccionario se ha opuesto el IEC durante décadas). Tal vez fuera que no sólo triunfó en vida como prosista, poeta y dramaturgo, sino también como pintor. Quizás es porque Santiago Rusiñol fue un viva la virgen, una leyenda en vida, bigger than life, como dicen los ingleses, cuyas anécdotas, auténticas y apócrifas, eran explicadas como humoradas en las que no faltaba una admiración por el ingenio que destilaban. Que esto desaparezca del acervo popular y Rusiñol quede como el autor residual de L'Auca del Senyor Esteve no es sino un índice de que una cultura que se cree cosmopolita no es otra cosa que provinciana.
Esto a nivel popular y oficial, claro. El Institut d'Estudis catalans, que no es ninguna broma y sabe a quién prestar atención, está compilando las obras de Rusiñol en la red (el enlace lo tienen al pie), lo cual debería motivar la reflexión.
Por eso, que se preste atención al resto de escritos de Rusiñol es una buena noticia. En una edición cuidada y bien establecida, este libro recoge los trece monólogos que Santiago Rusiñol escribió. El género del monólogo teatral ha alcanzado su cúspide (y su abismo insondable) gracias a la stand-up comedy, por lo que puede parecer equívoco. En realidad, hay que situarlo dentro del teatro: un texto con planteamiento, nudo y desenlace, bien actuado (a ser posible) y con su atrezzo y decorado correspondientes. Como una obra de teatro normal, vaya. En este contexto, estas piezas breves son, en sus mejores casos, obras maestras. Por supuesto, y respkndiendo al carácter jocundo de su autor, estos monólogos son humorísticos. Y, de nuevo, su humor se mantiene incólume a pesar del paso del tiempo. Piezas como El Bomber [El Bombero], En "Barba Azul" ["Barba Azul"] o La Minyona Suïcida [La Criada Suicida] siguen siendo frescas, sorprendentes y divertidas. Quien quiera ver en estos monólogos sólo una serie de piezas costumbristas se equivocará del todo, aunque, por supuesto permiten recuperar la época. El secreto de esta frescura, por descontado, está en el texto. Como ya sucedecon L'Auca del Senyor Esteve, está tan bien construido, estructurado y pensado que es muy difícil destrozar los efectos que provoca.
Esperemos que esta publicación sea sólo el precedente necesario para la representación, y eso signifique la recuperación definitiva de un autor monumental en las letras catalanas. Yo, que tuve el placer de escuchar el monólogo La Minyona Suïcida interpretado por la gran Mary Santpere, puedo afirmar que Rusiñol es imprescindible.


Ed. Adesiara, col. De cor a pensa
Martorell (Barcelona), 2011 [1890-1919]
Introducción de Vinyet Panyella

Portada i sinopsi
La obra completa de Santiago Rusiñol está siendo publicada online por el Institut d'Estudis Catalans en este enlace

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