The Water Ghost of Harrowby Hall, de John Kendrick Bangs

En Christmas Ghosts
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1894]
Ed. de Kathryn Cramer y David G. Hartwell

Como viene siendo costumbre de este blog, alrededor de las fechas navideñas me complazco en seguir la tradición británica de narrarles un cuento de fantasmas por Navidad.
En este caso es El Fantasma Acuático de Harrowby Hall, y déjenme precisar que la tradición británica del cuento de fantasmas, que tenía una intención moral en un principio, derivó en una tradición más bien hogareña, por lo que la principal motivación de tales cuentos no es la de asustar, por lo que muchas veces a su carácter suave añaden elementos o formas narrativas cómicas o irónicas (presentes incluso en el Christmas Carol de Charles Dickens).
Bien, en la mansión Harrowby Hall, todos los años por Nochebuena se aparece un fantasma, que permanece en este mundo durante exactamente una hora mortal, desde las doce de la noche hasta la una. Lo peculiar de ese fantasma es que es acuático. Una particularidad que lo hace en especial desagradable, puesto que empapa todo lo que hay a su alrededor; y en invierno, además. El lugar de las apariciones es una habitación concreta de la casa. Pero, si la habitación se encuentra vacía, el fantasma de la dama (porque es una dama), se traslada allá donde esté el propietario de la mansión. Intentos de imperbeabilizar la habitación para que esa forma acuática no pueda entrar no han tenido el menor éxito.
De hecho, este intento se muestra ciertamente malhadado. No sólo el fantasma logra penetrar en la casa, sino que al no encontrar a su acompañante, lo va a visitar. El propietario, que se las prometía muy felices habiendo desterrado la presencia espectral, se encuentra de repente acompañado de una dama ciertamente marina, y bebiendo un whisky aguado al 90 por ciento y con el fuego del hogar totalmente extinguido. No le aqueda más remedio que pasar lo que queda de la hora con ese espectro, y entablando conversación con ella se entera de que la aparecida es su tía tatara-tatara-abuela, que se suicidó tirándose al mar (en una decisión ciertamente impulsiva) cuando el padre de ella le decoró la habitación en colores que no le gustaban (ya hemos dicho que el humor es una de las características de estos cuentos). El propietario no puede vender la casa, puesto que el fantasma no permitirá un comprador, ni puede derruirla, puesto que entonces el espectro se aparecerá allá donde esté el propietario. Con estos negros pensamientos queda el señor de Harrowby, pensando qué puede ingeniar para el prximo año; pero no tendrá la oportunidad. El resfriado que ha pillado en compañía de la húmeda dama ha sido demasiado para su salud, y muere a consecuencia de él.
El descendiente que hereda la mansión es combativo, y el primer año de su posesión, y puesto que las llamas se apagan en presencia del espectro, decide atacar con el calor: convierte la habitación en una sauna, con cañerías de vapor que elevan la temperatura, y se prepara aclimatándose para nochebuena. Pese a que es ciertamente más agradable pasar la noche en una cálida humedad que empapado, el truco no tiene ningún efecto: el caudal de agua que compone la forma fantasmal parece inagotable, y cuando una gota se evapora de su cuerpo otra viene a reemplazarla.
Pero el señor Oglethorpe es tenaz, y para la siguiente nochebuena prepara una estrategia por completo distinta. Se abriga con doble grosor de ropa, viste un traje de goma de doble capa y se equipa con un casco de buzo. Y así, se dispone a esperar las campanadas de las doce de la noche:
«─¡Ah! ─dijo el joven propietario de Harrowby─ Me alegra verla.
─Es usted el hombre más original que he conocido ─replicó el fantasma─. ¿Puedo preguntar dónde ha conseguido ese sombrero?
─Ciertamente, señora ─contestó el propietario con amabilidad─. Es un pequeño observatorio portátil que me he hecho construir para emergencias como estas. Pero decidme, ¿es cierto que estáis condenada a seguirme durante una hora mortal?... ¿A estar donde yo esté, a sentaros donde yo me siente?
─Ese es mi delicioso destino ─replicó la dama.
─Iremos al lago ─dijo el propietario, poniéndose en camino.
─No podéis libraros de mí de esa manera ─dijo el fantasma─. El agua no me engullirá; de hecho, sólo añadirá más cuerpo a mi presencia.
─Sin embargo ─dijo el propietario con firmeza─, iremos al lago.
─Pero, mi querido señor ─objetó el ffantasma, con una leve reticencia─, hace un frío terrible ahí fuera. Estaréis helado no bien hayan pasado diez minutos.
─Oh, no, no lo estaré ─dijo el propietario─. Voy bien abrigado. ¡Vamos! ─esto último en un tono imperativo que hizo ondear al fantasma.
Y se pusieron en marcha.
No habían llegado todavía a las cercanías del agua cuando el fantasma acuático mostró señales de inquietud.
─Camináis demasiado lentamente ─dijo─. Estoy casi helada. Mis rodillas están tan rígidas que apenas puedo moverme. Os ruego que apresuréis el paso.
─Me gustaría complacer a una dama ─repuso, cortés, el propietario─, pero mis ropas son muy pesadas y cien metros por hora es el límite de mi velocidad. En cualquier caso, creo que mejor sería que nos sentáramos bajo la ventisca y habláramos de nuestros asuntos.
─¡No lo hagáis! ¡No lo hagáis, os lo suplico! ─imploró el fantasma─ Dejad que siga andando. Siento la rigidez en mí. Si nos detenemos aquí, me helaré.
─Esa, señora ─dijo con lentitud el propietario, sentándose sobre un montículo de hielo─, es la razón por la que os he traído aquí. Hemos estado en este lugar sólo diez minutos; tenemos cincuenta más. Tomáos vuestro tiempo, señora, pero congeláos, eso es todo lo que os pido.
─Ya no puedo mover mi pierna derecha ─gritó el fantasma con desesperación─ y mi camisó es una sábana de hielo sólido. ¡Oh, buen y amable señor Oglethorpe, encended un fuego y dejad que me libere de este gélido atuendo!
─Jamás, señora. No puede ser. Por fin os tengo.
─¡Cielos! ─gritó el fantasma, una lágrima deslizándose por su mejilla helada─ ¡Ayudadme, os lo suplico! ¡Me congelo!
─¡Congeláos, señora, congeláos! ─replicó Oglethorpe con frialdad─ Habéis empapado a los míos y a mí durante doscientos tres años, señora. Esta noche es vuestra última inundación.
─Ah, pero me deshelaré otra vez, y entonces veréis. En lugar del cómodo, tibio y amable fantasma que he sido en el pasado, señor, seré agua helada ─clamó amenazadoramente la dama.
─No, no lo haréis ─replicó Oglethorpe─; porque cuando estéis helada y rígida, os enviaré a un almacén frigorífico,y allí permaneceréis como una gélida obra de arte por siempre.
─Pero los almacenes arden.
─Así lo hacen, pero este almacén no puede arder. Está hecho de asbesto y rodeándolo hay muros a prueba de incendios, y dentro de esos muros la temperatura es ahora y será por siempre de doscientos grados bajo cero; lo bastante baja como para convertir en un carámbano a cualquier llama de este mundo... o del otro ─añadió el propietario con una risa apenas reprimida.
─Por última vez dejadme suplicaros. Me pondría de rodillas ante ti, Oglethorpe, si no estuvieran ya heladas. Os pido que no...
Entonces incluso las palabras se helaron en los labios del fantasma, y el reloj dio la una. Hubo un momentáneo temblor en la forma ligada a su agua helada, y la luna, saliendo de detrás de una nube, brilló sobre la rígida figura de una bella mujer esculpida en un hielo claro y transparente. Allí estaba el fantasma de Harrowby hall, conquistado por el frío, prisionero para toda la eternidad.
El heredero de harrowby había ganado por fin, y hoy, en un gran almacén de Londres se yergue la frígida forma de alguien que no volverá a inundar la casa de Oglethorpe con palabras de dolor y agua marina.
En cuanto al heredero de Harrowby, su éxito al tratar con un fantasma le ha hecho famoso, una fama que todavía le rodea como una aureola, aunque su victoria tuvo lugar hace unos veinte años; y lejos de ser impopular entre el bello sexo, como era cuando le conocí, no sólo se ha casado dos veces, sino que está a punto de llevar ante el altar a una tercera novia antes de que termine el año.»

Feliz Navidad a todos.

Texto en inglés de The Water Ghost of Harrowby Hall
The Water Ghost of Harrowby Hall leído en inglés

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