La Tumba de Sus Antepasados, de Rudyard Kipling

(The Tomb of His Ancestors)
En El Mejor Relato del Mundo y Otros No Menos Buenos (Maugham's Choice of Kipling's Best)
Ed. Sexto Piso, col. Narrativa
México/Madrid, 20072 [1897]
Selección y prólogo de William Somerset Maugham

El Kipling imperialista, el Kipling racista. ¡Ja!
Kipling fue un hombre que se sintió a disgusto, o desorientado, si quieren, en cualquier lugar que no fuera la India. Cuando se alejó de ella físicamente, y lo hizo para siempre a mediados de su vida, volvió a ella de continuo en sus escritos. Nació en Bombay, se crió en la India; la época más miserable de su vida, según declaración propia, fue aquella en la que fue enviado a estudiar a Inglaterra. Crecido en la babel que era el Raj, al principio de su vida hablaba un mal inglés, pero el haber crecido allí pudo hacer que posteriormente lo dominara como pocos, además de convertirlo en extremo perceptivo a sus acentos y variantes, que pudo y tuvo que oír en los cuarteles y las calles de ese cafarnaúm mumbayita o en los dominios de Lahore. Si fue hijo de la Inglaterra imperial y de la sociedad victoriana, no fue culpa suya. Hubiera sido tan falso un Kipling antibritánico como uno antiindio. Cuando en sus páginas surgen personajes indostánicos no son ni mejor ni peor tratados que los ingleses; a veces, son incluso mejor tratados o transpira un mayor respeto por ellos. La India como encuentro de culturas y creencias, en donde ninguna tiene precedencia, es constante.
La Tumba de Sus Antepasados es uno de los cuentos más atmosféricos de Kipling, y como tal es poco descriptible. Sólo mediante su lectura se puede entrar en su ambiente.
En los montes de Satpura viven los bhili, un pueblo agreste y montaraz, y con la venida de John Chinn, nieto de un John Chinn "primero", creen que ha llegado la reencarnación de su abuelo, el blanco, el único blanco al que llegaron a respetar y venerar.
Ya hemos visto a Kipling tratar la metempsicosis en El Mejor Relato del Mundo. En aquel cuento se daba como real, aquí deja que el lector crea lo que le parezca oportuno, y se limita a constatar la creencia de los bhili. A partir de la llegada de John Chinn, los bhili (y nosotros) tienen curiosidad por saber si es así, si la transmigración se ha producido. Y ahí tenemos el motor de la historia. Sin embargo, de no estar en las manos de un gran narrador, ahí se perdería, y en cambio Kipling nos sumerge, como acostumbra, en un mundo y unos caracteres que conoce tan bien que se configuran como reales en nuestra mente. La construcción, como siempre, es perfecta, y va progresivamente desde la historia a la leyenda, después al cuartel de la guarnición y desde allí a los montes de Satpura. Es un viaje que deja un regusto de satisfacción muy difícil de superar.

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