Vida y Destino, de Vasili Grossman

(Zhizn i Sudbá)
Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2007 [1959]

La historia de la publicación (o, mejor, de la no publicación) de esta novela es la siguiente: escrita con anterioridad, el autor aprovechó el supuesto deshielo que representó el inicio de la etapa Jrushov para proponerla a publicación. La reacción fue fulminante: la novela fue prohibida, la casa de Grossman registrada, todas las copias, notas y escritos del autor confiscados y éste condenado al ostracismo. Muerto ya Grossman, Sajarov y Vladimir Voinivich consiguieron recuperar una copia, microfilmarla y pasarla a Occidente donde se publicó finalmente por primera vez. Hasta aquí una historia demasiado frecuente en la Unión Soviética.
Dicho esto, hay que precisar algo. Los escritores soviéticos vivían en un estado, deshielo o no, en el que la censura era omnipresente. Incluso en uno en el que la autocensura era la norma (véase Contra la Censura, de J. M. Coetzee y Esclavos de la Libertad, de Vitali Shentalinski).
esto implica que Grossman no escribió una obra con total libertad. El escritor soviético (que quisiera publicar, claro está) tenía en consideración a dos receptores últimos: no sólo el público, sino también al comité de censores, en un país en el que todos los medios de publicación estaban estatalizados. De modo que si alguien espera encontrarse con una obra escrita con total libertad, en la que se habla sin ambages de un período de la historia de Rusia, quíteselo de la cabeza. Esta es una novela escrita con una autocensura funcionando a plena marcha, presentada a una comisión de censura para aspirar a su publicación, no con espíritu kamikaze, aunque ese fuera el resultado final, en un error de cálculo que fue frecuente. Por tanto, es una obra escrita buscando el compromiso con el marxismo-leninismo y cargando la crítica sobre el estalinismo. La respuesta fue que autocrítica sí, pero renunciar (o denunciar) un período de la marcha del tren de la historia, ni hablar. Por tanto, quien espere una obra totalmente libre, esperará en vano. El retrato no puede ser completo, ni totalmente real. Está mediatizado por el compromiso y la autocensura. Ni siquiera conoceremos el auténtico pensamiento del autor.
Dicho esto, y descontado que pueda ser una novela que refleje la realidad por entero, hay que pasar a otro plano, como es el de la novela en sí, aislada de sus circunstancias de publicación y escritura.
Vida y Destino es una novela monumental, de 1.100 páginas, una novela-río que se desarrolla en el punto más inflexivo de la Gran Guerra Patriótica (es decir, la Segunda Guerra Mundial): el asalto alemán a Stalingrado, el punto máximo de retroceso de la Unión Soviética es este conflicto; la resistencia de la ciudad; y la posterior contraofensiva que llevó a la rendición del VI Ejército alemán y, en definitiva, al principio del fin del poderío militar nazi. Pero no es una historia bélica, o sólo una historia bélica. Grossman nos llevará de Stalingrado a los campos de concentración alemanes, a los campos de trabajo soviéticos, a la cárcel de la Lubianka, a la vida en la retaguardia. Todo ello mediante las vidas de sus personajes (y hay que resaltar con rapidez que el libro posee una lista de personajes al final, que resulta de extrema utilidad). En estas historias, Grossman supera todas las expectativas. Sean cuales sean, las vidas de estas gentes, un auténtico cuadro de la sociedad soviética, se convierten en personales, atractivas, amigas para el lector. Nuestro interés se ve arrebatado para sumergirnos en estas vidas, en definitiva modificadas todas por un Destino que las maneja a su antojo, sea éste la guerra, la arbitrariedad de la denuncia o la circunstancia histórica, el pragmatismo de Stalin o la rigidez social soviética.
Hay unas vidas detrás de todo, por muy grande que sea este todo. Y son unas vidas respetables, conmovedoras, que en el fondo quieren ser libres frente a un Destino que, en muchos casos, amenaza con ahogarles.
He leído esta novela en poco más de una semana, lo cual habla del interés que despierta en el lector. Sus personajes, por muy alejados que sean nacional, social e históricamente, se hacen cercanos, y a la vez representativos de una época, sin caer en la conversión en monigotes, en estereotipos, en banderas de tesis. Son seres cuyas circunstancias vitales nos hacen reflexionar sobre muchas cosas, pero esta reflexión es inducida, no forzada en nosotros.
Se han dicho muchas cosas respecto a esta novela. Las comparaciones suelen ser odiosas. Pretender, como se ha dicho, que es una nueva Guerra y Paz es sólo un recurso crítico, pero es injusto con Vida y Destino, aun cuando hayan similitudes temáticas. La novela de Grossman tiene entidad suficiente de por sí, y es una entidad que la acerca a la maestría literaria.
Como novela-río, resaltemos que los ríos tienen meandros, remansos, zonas pantanosas incluso. Quiere esto decir que hay ritmos diferentes, que dependiendo del lector pueden resultar desiguales en pariencia. Pero en conjunto esta novela avanza a toda potencia, en un retrato de los personajes y la sociedad fascinante y fundamentalmente verista. En la que los personajes se interrogan a sí mismos y entonces interrogan al mundo en que viven; el mundo marcha y entonces nos hace interrogarnos por la vida de los personajes que viven en él. Una novela total con todas las cualidades de una obra maestra.

Portada y sinopsis

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4 comentarios:

Mannelig dijo...

¿En poco más de una semana? Caramba...

Yo, cada vez que paso por delante de esta obra en una librería, pienso: "esta vez, me la llevo". Y luego la peso y la sopeso, y la pereza me obliga a devolverla al estante. Porque parece tanta tela...

Germán Hernández dijo...

Muy sentido tu comentario Luis...

Cada vez que paso por tu blog, me entra un raro entuciasmo, y luego una especie de sentimiento de derrota.. jeje, hay tanto que leer, y tan poca vida...

Cuando cayó la cortina de hierro, supe con asombro que en Checoslovaquia, poco antes de separarse, los jóvenes ahí no sabían quien era Kafka... y me entró un millón de sentimientos encontrados...

En mi pequeño país, ocurre casi igual, pero de una manera más perversa... la gente autocensura su vida, su capacidad de integrarse al cosmos, se vuelve polvo en el viento...

Andromeda dijo...

Si tú lo leíste en poco más de una semana, yo debo haber tardado al menos dos meses... :(
Este libro es de lo mejor que leí el año pasado.

¡Saludos!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Mannelig:
Es tela, en efecto, pero merece la pena. Fíjate en lo que dice Andrómeda. Y acaba de volver a suceder. A una amiga se la han regalado, y también le daba pereza. Finalmente, la empezó y le está encantando...
Realmente, una gran obra literaria. Y lo bueno es que engancha enseguida.
Un saludo!

Hola, Germán:
Siempre digo que hay más libros que días, y es verdad, pero también tenemos que pensar que todos somos distintos. Y si leyéramos todos los mismos libros eso no sería vida. Yo he conocido épocas en las que se publicaba muy poco, y puedo asegurar que el estímulo cultural era pésimo. Claro que se leían más clásicos (y por tanto, la gente era más culta) pero no hay que dejar de lado nada, y se puede leer de todo.
Eso de Kafka es nuevo para mí. No conocía la anécdota (que va mucho más allá de eso); aunque, sabiendo lo que sabemos ahora de los regímenes soviéticos, por supuesto que Kafka les debía resultar incómodo. Claro que a Stalin le debía resultar incómodo hasta Karl Marx (por revisionista, probablemente).
Y, dices bien. Cuando se impone la autocensura, entonces es que eso que la impone ha triunfado plenamente. La gente tiene derecho a ser prudente. Pero no puede llegar hasta autocensurar su pensamiento. Como dices, eso es una disolución, un desparecer.
Un saludo!

Hola, Andrómeda:
Bueno, es que leo rápido... No quiero competiciones en esto, ¿eh? Cada uno lee a su ritmo y en el tiempo que puede, que es variado y variable.
Estoy de acuerdo contigo. Es uno de esos libros en los que he esperado que el ruido mediático se aplacara un poco (no encuentro nada peor que estar leyendo un libro y que entonces te lo comenten por la radio; siempre se centran en algún punto, y por consiguiente me descentran la lectura), para poder leerlo a gusto y sin interferencias, más allá de las reseñas que pudiera haber leído (entre ellas la tuya, una de las mejores) y de las opiniones que se han ido dando, más o menos unánimes.
Y la conclusión es que sí, que es un novelón, como la copa de un pino, una obra maestra, y de esas se producen pocas, y tan consistentes, menos.
Un saludo!