El Jardinero Fiel, de John Le Carré

(The Constant Gardener)
Random House Mondadori, col. DeBolsillo
Barcelona, 2001 [2001]

Empecemos por decir que, dentro de la producción de Le Carré, El Jardinero Fiel es una de sus novelas, no malas, pero sí más débiles. Tal vez el propio Le Carré quedara desconcertado por el cambio que supuso el fin de la Guerra Fría; tal vez Le Carré quisiera hacer otro intento (mediatizado esta vez por su trama) de escribir una historia de amor, lo que siempre ha parecido que era una de sus aspiraciones máximas, y que ensayó con El Amante Ingenuo y Sentimental con resultados desastrosos de crítica y público. Tal vez.
Pero, con todo y su debilidad, esta novela se salva gracias a su temática, y hay que destacar que gracias a su aparición la opinión pública mundial empezó a prestar más atención a las políticas de las farmacéuticas en cuestión de patentes y, sobre todo, al respecto del negocio que realizaban con el Tercer Mundo. No es que esa atención haya cambiado sus conductas, pero sí las ha vuelto menos escandalosas. Algo es algo, aunque sea poco. Pero es un ejemplo de cómo un escritor reconocido puede tomar partido y cómo su escritura no es inútil.
La novela empieza con una emergencia diplomática en la embajada británica de Kenia. Tessa Quayle, esposa de Justin Quayle, funcionario del servicio diplomático en la embajada, ha sido asesinada en una emboscada en el interior del país. Sucede que Tessa iba acompañada en esta expedición por Arnold Bluhm, médico negro, una semileyenda en África por sus actividades humanitarias, que se encuentra desaparecido. Habiéndose ganado Tessa fama de promiscua y coqueta, la embajada opta por la discreción, emitiendo una nota de pésame y decretando luto oficial. Cuando la presencia de Bluhm en la expedición es sabida por la opinión pública y cuando se divulgan las intensas actividades en ONG de Tessa, actividades incómodas para el gobierno keniano y, sobre todo, para una empresa británica que parece dominar el noventa por ciento de la actividad económica en Kenia y otros lugares de África, incluyendo el cuasimonopolio de la distribución de medicamentos, la embajada empieza a matar moscas a cañonazos (en una decisión argumental no muy creíble): Insinuaciones sobre su vida privada, aprovechar la ausencia de cadáver de Bluhm para echarle las culpas de un asesinato pasional, acusaciones de inestabilidad mental y paranoia, sobre todo referida a la actividad neocolonial de las empresas del primer mundo en África, etc.
No nos olvidemos de Justin. Éste, conocedor de la verdad pero desconocedor de la conspiración empresarial, emprenderá una investigación que sigue los pasos de la de su esposa, no tanto para rehabilitarla como para como para culminar su obra.
Le Carré nos escamotea en esta ocasión los entresijos del centro de poder, y se centra en el "agente", Justin; se mueve mal en los terrenos de la informática; y hay demasiados deus ex machina en esta novela, algo que siempre me disgusta profundamente (la riqueza de Tessa, que hereda Justin y le permite hacer de todo sin límite económico; el protegido de Tessa que es un genio informático (aunque después resulte no serlo tanto), prácticamente en la puerta de casa; los dos policías enviados a Kenia a investigar la muerte de Tessa, que desde el principio de convierten en partidarios y militantes de ésta, etc.)
Pero lo cierto es que el argumento, el del negocio comercial-industrial en África, y las connivencias con estas empresas por parte de los gobiernos africanos corruptos y los gobiernos metropolitanos, corruptos en algunos estamentos, velando por los intereses de "su" economía en otras, y sobre todo el negocio farmacéutico, del que se afirma utiliza a los africanos a los que dice ayudar como conejillos de indias para la prueba de nuevos fármacos, todo ello tiene unos visos de verosimilitud que la prensa y otras fuentes confirmaron en buena parte. Fue una novela que denunció, y esta denuncia llegó a su destino. En la nota final del autor, declara: «Al adentrarme en la jungla farmacéutica, llegué a la conclusión de que mi relato, comparado con la realidad, era tan inocuo como una postal de vacaciones».
Es este valor de denuncia el que cuenta en este caso. Si algún día la corrupción y malas prácticas que describe Le Carré desaparecen, podremos colocar esta novela en su lugar literario y olvidarla o dejarla como un mero tropiezo en la carrera de un escritor magnífico. Pero mientras eso no suceda, el documento denuncia permanece y tiene que leerse como tal.

Portada y sinopsis
Entrevista, en inglés, a John Le Carré sobre El Jardinero Fiel, publicada en The Guardian

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4 comentarios:

Tatty dijo...

Creo que es el único libro que he leído de John Le Carré por lo que no puedo hacer comparaciones pero me gustó mucho la historia, había visto la película antes y quizás eso influyó un poco

Lluís Salvador dijo...

Hola, Tatty:
Bienvenida a este blog.
Bueno, lo que sucede es que llevo siguiendo a Le Carré desde hace mucho tiempo, y como sé la excelencia que puede alcanzar con sus novelas, esta no está ciertamente a la altura de su mejor producción. Pero es como cuando hablamos de Hitchcock: un mal Hitchcock es una obra maestra comparada con muchas de las películas que se producen.
Las grandes obras de Le Carré son, para mí, la trilogía central de Smiley ("El Topo", "El Honorable Colegial" y "La Gente de Smiley"), pero con posterioridad ha hecho grandes cosas, sus últimas novelas mismo. Sucede que en esta "El Jardinero Fiel" encontré que no estaba a la altura de aquello a lo que nos había acostumbrado.
Y sin embargo, sopesando si la reseñaba o no (porque aquí no reseño novelas que no me hayan gustado), tuve que poner en la balanza el hecho de que esta fue una novela influyente en su aspecto social y de opinión pública con respecto a los negocios de las farmacéuticas. Y eso no se puede pasar por alto, primero porque es infrecuente, y segundo porque desmiente esas opiniones de cieras personas que dicen que el escritor ideológicamente activista está muerto y que si no lo está debiera estarlo. Le Carré demostró que todavía una buena ficción puede remover conciencias. Eso tiene mérito.
Un saludo cordial, y gracias por el comentario!

Carmen dijo...

No me leí el libro, y la película la vi la semana pasada por primera vez (ya ves que ando un poco atrasadilla). La película me impactó y la de vueltas que le di a la historia... Me apetece con ponerme con el libro, aunque no sea lo mejor del autor. Gracias por recordármelo...
Besos,

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carmen:
Si no has leído nada de Le carré, te gustará. Tiene una visión que podríamos llamar "pragmática" de la realidad, es decir realista. Y de todas maneras, si no pudiste en su día ver la serie de televisión "El Topo" (con un Alec Guinness tan inmenso que el mismo Le Carré le dedicó "La Gente de Smiley"), dicen que la nueva versión cinematográfica es espléndida (y produce el mismo Le Carré). Y en cuanto a ir al día de cosas, yo la película la vi hace tres meses, o sea que tampoco vamos muy desparejos... :)
Un saludo muy cordial!