Heidegger i un Hipopòtam Travessen les Portes del Cel, de Daniel Klein y Thomas Cathcart

(Heidegger and a Hippo Walk Through Those Pearly Gates)
Eds. La Campana
Barcelona, 2010 [2001]

«El sacerdote advertía a sus feligreses sobre la imprevisibilidad de la muerte.
»─Antes de que finalice el día ─dijo con voz de trueno─ alguien de la parroquia puede morir.
»Sentada en el banco delantero había una señora irlandesa pequeñita que rió en voz alta. Irritado, el sacerdote dijo:
»─¿Qué es lo que provoca tanta risa?
»─No ─dijo la señora irlandesa─, es que yo no soy de esta parroquia.»

Como ya sucediera con la filosofía en Platón y un Ornitorrinco Entran en un Bar..., Cathcart y Klein se ocupan en este Heidegger y un Hipopótamo Van al Cielo de la "Filosofía y chistes sobre la vida, la muerte, la otra vida y todo lo que hay por medio". Tema filosófico por excelencia, ya que se trata de hallar sentido a la vida y, haya otra vida después de esta o no, en ambos casos ha que encontrar sentido a un tránsito por un valle de lágrimas o un aprecio por esta ocasión irrepetible de transitar por esta única vida que tenemos. Porque el tema de la otra vida es tan peliagudo como el de esta vida:
«Al y Betty tenían ochenta y tres años y hacía sesenta que estaban casados. Aunque no eran ni mucho menos ricos, habían ido tirando vigilando los gastos.  Ambos tenían muy buena salud, sobre todo gracias a la insistencia de Betty de hacer una dieta sana.
»Cuando se dirigían al 65º encuentro de antiguos compañeros de instituto, el avión se estrelló y los envió al cielo. San Pedro los recibió a las puertas y los acompañó a una maravillosa mansión dorada y con sederías que tenía una cocina provista de todo y una cascada de agua en el baño principal. Vieron como una criada colgaba en el armario sus ropas preferidas, y quedaron boquiabiertos cuando san Pedro les dijo:
»─Bienvenidos sl cielo. A partir de ahora, esta es su casa. Es el premio que les corresponde.
»Al miró por la ventana y fuera vió un campo de golf profesional mucho más hermoso que cualquier otro que hubiese visto. San Pedro les llevó hasta la sede del club, donde vieron el opíparo bufete abierto que se ofrecía, que incluía desde landosta Termidor hasta filete mignon y postres cremosos. Al dirigió una mirada aprensiva a Betty, y de inmediato se giró hacia su anfitrión:
»─¿Dónde están los platos bajos en grasa y colesterol? ─inquirió.
»─Agárrese ─le contestó san Pedro─. Puede comer tanto como quiera de todo lo que quiera, que ni engordará ni enfermará. ¡Estamos en el cielo!
»─¿No tendré que volver a vigilarme el azúcar ni la tensión? ─insistió Al.
»─Nunca más ─dijo san Pedro─. Aquí se viene a pasarlo bien.
»Al miró a Betty y rezongó:
»─¡Tú y tu harina de salvado! ¡Haría diez años que estaríamos aquí!»

Por este libro pasaremos, en una especie de diálogo socrático, por las opiniones de los filósofos, desde Platón a Wittgenstein, pasando por lo que dicen (y no dicen) las religiones. Sobre conceptos como "el presente eterno", el "ser para sí" y otros. Sobre temas como la inmortalidad física (que parece que se acerca), la inmortalidad a través del recuerdo (como decía Woody Allen: «No quiero vivir en el corazón de mis compatriotas; quiero vivir en mi apartamento.»), o el suicidio (Vomo Camus dijo, y esto no es un chiste: «Sólo hay un problema filosófico importante: el del suicidio. Juzgar ai la vida es digna o no de ser vivida es responder a la cuestión fundamental de la filosofía.»); san Agustín, santo Tomás de Aquino, David Hume e Immanuel Kant tuvieron cosas interesantes que decir al respecto, y aquí se explican con amenidad y buen humor. También Bill Maher dijo algo sobre el tema, y no es tan baladí como parece: «El suicidio es la manera que tenemos de decirle a Dios: "Tú no me despides. Soy yo el que dimite".»
Como en sus anteriores libros, el verdadero valor de este no está en su colección de chistes sino en el rigor de la argumentación y lo completo de la explicación. La amenidad es un valor añadido. «Tanto si somos filósofos profesionales o individuos normales y corrientes, nos fiamos sobre todo de los sentimientos para comprender todas estas cosas. [William] James dijo que cada uno tiene su manera de "percibir y sentir todo el empuje y toda la energía del cosmos".»
La filosofía, que ya no se enseña nie en los institutos, no parece estar de moda. De ahí que la gente busque respuestas, y de ahí que libros que se tildan de "autoayuda" copen ese nicho de las preguntas del público. Bueno es que hayan libros que recuerden que la filosofía ya lleva tiempo dando respuestas, tan válidas o inválidas como las de los gurús, pero algo más meditadas y menos demagógicas. Si la amenidad sirve para poner de moda la filosofía, bienvenida sea.
¿Y qué hacen Heidegger y un hipopótamo ante las puertas del cielo?
«Cuando llegan allí, san Pedro les dice:
»─CVhicos, hoy sólo nos queda sitio para uno más, de modo que entrará aquel de los dos que me dé la mejor respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida.
»Heidegger dice:
»─Pensar el Ser en sí explícitamente exige el menosprecio del Ser hasta el punto en que se fundamente y se interprete en términos de seres y para seres como a su fundamento, como en toda metafísica.
»Antes de que el hipopótamo emita un solo sonido, san Pedro le dice:
»─¡Hipopótamo, hoy es tu día de suerte!»

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Web oficial sobre las obras de Klein y Cathcart (en inglés)

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