Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino
(Le Città Invisibili)
Ed. Minotauro
Barcelona, 1985 [1972]
Hace poco asistía en otro blog [La casa de Asterión] a un debate sobre el papel que juega la tradición literaria en la creación contemporánea. No es que quiera entrar de lleno con este texto en esa cuestión, pero sí que creo que Las Ciudades Invisibles ejemplifica bien cómo un escritor inteligente y maduro no tiene porqué renunciar a sus ancestros literarios para conseguir una obra nueva, reflexiva y totalmente contemporánea.
Italo Calvino supo entender a la perfección la estructura de El Libro de las Maravillas de Marco Polo. Éste, como ya hemos visto, no es sino una gigantesca guía de viajes en la cual las historias y características de los lugares son justamente maravillosas. Como si Marco Polo, hechizado frente a las leyendas e historias que se le relataban, no hubiera podido resistirse a incluirlos en su relato, considerándolas demasiado buenas como para escamotearlas a sus lectores. En este aspecto acertó plenamente, y su pervivencia en la literatura la asegura esa construcción imposible superpuesta al mapa real del mundo de la época.
Calvino recoge esta estructiura, pero da un paso más allá y hace a Marco Polo relatar ante Kublai Kan las maravillas de ciudades que no se muestran en los mapas, que tienen en esencia una imposibilidad fundamental, y sin embargo, una plausibilidad casi metafísica. "No es que Kublai Kan crea en todo lo que le dice Marco Polo [...], pero [...] en la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y a comprenderlos".
Líbreme el cielo de privarles del placer de leer una sola de estas ciudades invisibles. Pero déjenme, a modo de degustación y anticipo, citar unos pocos inicios: "En Cloe, las personas que pasan por las calles no se conocen". "El que va a Bauci no consigue verla y ha llegado". "Zenobia, aunque situada en terreno seco, se levanta sobre altísimos pilotes". "La ciudad de Leonia se rehace a sí misma todos los días".
Son sólo unas pocas, y sólo sus inicios. Los porqués y los cómos los deberán leer ustedes, y en su lectura pausada encontrarán la misma maravilla que en Polo, más la extraña inteligencia e intuición de Italo Calvino. Un viaje sin fin, como bien comprende Kublai: "El atlas del Gran Kan contiene también los mapas de las tierras prometidas visitadas en el pensamiento pero todavía no descubiertas o fundadas; la Nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoé, Armonía, New-Lanark, Icaria. [...] Los mapas de las ciudades que amenazan en las pesadillas y en las maldiciones: Enoch, Babilonia, Yahoo, Butua, Brave New World".
Después de leer Las Ciudades Invisibles, uno queda sobrecogido por la exuberancia, por el derroche de la obra. Cualquier otro escritor hubiese tenido una visión de una de las ciudades y hubiera desarrollado una novela. Italo Calvino decidió regalárnoslas todas, en su impagable brevedad, para que nuestra imaginación jugara con ellas. Es privilegio de los grandes escritores el ser generosos.
