Against the Day, de Thomas Pynchon

Jonathan Cape/Random House
Londres, 2006 [2006]

Novelón (como acostumbra) de largo alcance y extensión, en buena/mala hora me puse a leer la última obra de Thomas Pynchon. Buena porque, aunque leer a Pynchon es un placer que debe desarrollarse con la práctica, como comer caracoles o sushi, en mala hora porque es imposible resumir una novela de Pynchon, como así admiten sus editores. Disculparán ustedes la dispersión y lo vago de los pensamientos que siguen.
Empecemos por lo obvio. Pynchon es autor de obra escasa (pero extensa), y tiene justa fama como novelista irreductible. Menos conocido físicamente que Salinger, mantiene el anonimato hasta el máximo extremo. Sin duda esto le habrá privado de premios (sólo tiene el National Book Award) y de una importante serie de ingresos extra. A lo que parece, le importa un rábano (a menos que algún día nos enteremos de que también publica novelas con seudónimo, y esto sería una de aquellas bromas definitivas que sin duda le encantarían).
Pynchon o el anarquismo ilustrado. Pynchon o la paranoia necesaria. Pynchon contra el estado. Pynchon contra las verdades supuestamente evidentes. Y todo con una sonrisa irónica en los labios y en las palabras.
Against the Day tiene lugar en el mundo del cambio del siglo XIX al XX. Es un mundo alternativo al nuestro, pero no demasiado, si uno se para a pensarlo. Es la época donde empezaba a intuirse la guerra inminente por la energía y los recursos. Cuando se formularon , en una auténtica y estrambótica revolución científica, las teorías más disparatadas: la Tierra Hueca, la hipótesis del Éter, el control aéreo mediante dirigibles, la utilización del magnetismo como fuente de energía, etc. En la novela de Pynchon, todas son ciertas.
¿Ciencia-ficción? Sí, pero empleada como una fábula colosal para mirar una época de nuestro planeta más crucial de lo que parece.
¿Discurso político? Por supuesto, pero no un panfleto. La técnica de Pynchon consiste en decirnos que no se van a contar grandes verdades en frases grandilocuentes , sino que se describirán pequeñas verdades que, todas juntas, pueden conformar un cuadro monstruoso en el que estamos metidos, con una gran dosisi de engaño por parte de los grandes poderes oligárquicos.
¿Es Pynchon un paranoico? Sí y no. Sí porque la experiencia nos dice que en muchas ocasiones los gobiernos no nos han explicado TODA la verdad sobre TODAS sus acciones, de modo que la moraleja es que cierta paranoia, cierto escepticismo si ustedes quieren, son necesarios. No, porque Pynchon no aboga porque esta paranoia sea la rectora de nuestras vidas.
¿Es Pynchon un anarquista? Sí. Pero ilustrado. Lo que dice Pynchon no es que sea necesario dinamitarlo todo (aunque en la novela la dinamita es casi un personaje más; cosas de la época), pero sí una cierta insumisión. Contra la pretensión de que nos convirtamos en borregos y digamos a todo amén, defiende que cada cual vaya a pastar fuera del rebaño si así lo desea.
La novela de Pynchon está repleta de personajes. No es una novela coral. Para serlo, tendría que reunirse esa multitud en un lugar, y eso no sucede. La técnica de Pynchon es contarnos pequeñas historias, personaje a personaje. En un momento dado, un personaje se encuentra con otro y componen una variante argumental. Es como un tapiz: se tienen una serie de fibras, teñidas estrambóticamente, que sueltas nada significan o significan la misma fibra en sí. Es cuando se entrecruzan (cuando se forma la trama) de una determinada manera cuando se forma la imagen completa. Y esa imagen no es un retato, sino todo un mundo. Es prodigioso.
Podemos preguntar si esos innúmero personajes son necesarios. No sólo necesarios, sino imprescindibles, porque sus historias no sólo son utilitarias a efectos generales, sino a nivel particular. Cada una de ellas es una narración en sí misma. Gran narrador, Pynchon emplea todos sus recursos con sabiduría. Esos personajes interesan, y son únicos en su género, suscitando sobre todo curiosidad por su suerte.
¿Es posible obviar algo del texto? Con rotundidad, no. Against the Day tiene 1.085 páginas, pero saltarse un párrafo es perder un detalle de la trama o un rasgo del personaje.
Y, finalmente, el tono. Muchas veces es irónico, cómico en ocasiones, como si asistiéramos a una farsa o a una comedia de situación. No se engañen. La ironía o la comicidad no empañan lo que se nos quiere contar; y entonces, con naturalidad, se pasa al drama. Pocos escritores tienen este dominio de las situaciones. Porque es fácil pasar de lo trágico a lo cómico (y a veces algunos escritores lo logran muy a pesar suyo), pero en extremo difícil hacerlo a la inversa.
Es difícil adquirir el gusto por Thomas Pynchon. Al principio no hace más que presentarnos muchos personajes, dispares, que parece que no tienen nada que ver entre sí, pero que finalmente convergen y se entrecruzan para formar un tapiz prodigioso, repleto en detalles y delicadezas. Es difícil adquirir el gusto por Thomas Pynchon, pero es un esfuerzo que rinde beneficios al ciento por ciento.

btemplates

4 comentarios:

mariano skan dijo...

Todavía no puedo con PYnchon aunque leí mas de 350 paginas de su Masson & Dixon.

Creo que está nominado para el nobel, ahora me entró una duda, se presentan finalistas o es todo repentino?

Bueno, pasé y leí, y seguro volverré a pasar,me gustan sus reseñas.
saludos

Lluís Salvador dijo...

Hola, Mariano:
Ya digo que es un gusto que cuesta adquirir. Y si no se adquiere... pues no pasa nada, aunque lo considero uno de esos escritores que no hacen concesiones y siguen camino propio.
Lo que preguntas del nobel, pues es medio misterio medio público...
La responsabilidad última recae en la Academia Sueca, lo que hace que haya un número de escandinavos premiados (sobre todo al inicio del premio) que no está acorde con el peso demográfico.
Academias, Universidades e instituciones de prestigio "proponen" (en realidad, lo que hacen es más llamar a la consideración de la Academia sueca) a escritores. De eso a llamarles finalistas, como tantas veces se hace en la prensa, hay un trecho. Se saben (o por lo menos yo sé) pocas cosas sobre el modo de elección. Hay finalistas (estos sí) que se sabe han sido considerados para el premio, por filtraciones a la prensa (casi siempre después de la concesión). De los que dan por seguros que "están en la carrera", no me creo ni la mitad, y la otra mitad están por méritos propios.
Eso sí, se sabe que desde hace algunos años, las embajadas preguntan a los posibles candidatos si estarían dispuestos a aceptar el premio. Para que no les pille aalgún renuncio. Con lo que Pynchon... No sé, igual lo aceptaba y se acababa ese secretismo de su imagen...
Lo que sí es seguro es que Joyce Carol Oates es candidata. Hace veinte años que lo es. :) (y conste que me gusta)
Bienvenido, y gracias por el elogio, inmerecido. Siempre me quedo con la sensación de que podía haber hecho algo más. Yo también, incluso antes de que pasaras por aquí, me había dado unas vueltas, breves, por tu Cuaderno Ribadabia, y con placer.
Vuelve a pasar cuando quieras, y dispón como gustes: sugerencias, comentarios, peticiones... son bienvenidas.
Un saludo.

Magda RB dijo...

Todo esto de los Nobel... siempre pienso en la película protagonizada por Paul Newman en la que encarna a un escritor que ha ganado el Nobel literario y que descubre una trama soviètica y es que para ganarse la vida ha ido escribiendo, a parte de la obra magna por la que es premiado, novelas de detectives... Es una película muy simpática y más ahora con la desaparición del actor.

Otro pensamiento que me viene a la memoria es García Marquez recogiendo el Nobel con el vestido típico de su país en sustitución del smoking o frac habitual... Mi sorpresa fue cuando alguien tan "cercano" a las etnias pobres sale en un especial Vogue felicitando a Loewe por su aniversario... Supongo que son las paradojas de este mundo mundanal.

Un saludo,

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Algún autor, tarde o temprano, se descubrirá que hacía novelas de a duro... Y alguno ya se ha descubierto que era "negro" de algunos autores de menos mérito que él...
Un saludo!