miércoles 11 de noviembre de 2009

Yo También Sabría Hacerlo. Entender el Arte Moderno, de Christian Saehrendt y Steen T. Kittl

(Das Kahnn Ich Auch!)
Eds. RobinBook/Ma Non Troppo, col. Arte
Barcelona, 2009 [2007]

Por desgracia para todos, y según la tesis de los autores, la conclusión parece ser que no hay mucho que entender. O demasiado, según se mire. El paseo por el que nos llevan es uno que más se asemeja al parquet de una sofisticada, irritante, materialista y muchas veces vacua bolsa que al terreno de los sentimientos o la técnica.
Así, el tono de este libro no puede dejar de ser irónico (una ironía que no siempre queda bien trasladada en la traducción, de la que hablaré después). Y es aquí donde esto se convierte en un auténtico manual de cómo sobrevivir a lo que rodea al mundo artístico: las exposiciones, las performances, las galerías, los museos, los galeristas, los marchantes, los coleccionistas, los públicos respectivos y los propios artistas. Sea usted mismo, nos dice, enfréntese a la obra, interróguela e interróguese a sí mismo, y procure sobrevivir y salir indemne de este envoltorio económico y egotístico, más parecido a un mercadillo que a otra cosa.
La conclusión que queda es que nadie puede decir hoy día qué es arte, mientras éste sólo se mida por parámetros económicos.
Conclusión ciertamente pesimista, pero en la que todavía queda un rayo de esperanza. Las más grandes obras artísticas de todos los tiempos no es seguro que hayan sobrevivido. No podemos tener esa constancia. Nos conformamos con lo que nos ha llegado y ha sido consagrado por el tiempo y la experiencia. ¿Qué le queda pues al espectador del arte contemporáneo?: «¡Todo tiene un carácter efímero y pasajero! Eso es algo que tranquiliza e inquieta al mismo tiempo, pues la sociedad contemporánea también tiene algo de efímero y pasajero. Sólo existe una oportunidad para ella y tal oportunidad reside en la tolerancia que manifestemos. ¿Cuándo veremos este arte si no lo hacemos ahora?»
Puesto que no tenemos juicios previos que sepamos van a ser perdurables, nos dicen, creemos nuestros propios juicios. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿cómo ver este arte contemporáneo? Puede resultar iluminador este ejemplo:
«Las visitas a los museos programadas para pacientes con Alzheimer constituyen, con toda seguridad, un enfrentamiento poco común con el arte. El MoMA ofrece este servicio desde hace algún tiempo. "El arte es multidimensional y afecta a diversas zonas del cerebro, tanto las dañadas como las intactas", explica uno de los neurólogos implicados. Los pacientes buscan en la tienda de regalos sus postales preferidas y se dirigen en grupo a ver el original.
»La capacidad intelectual de los afectados está perdida sin remedio pero, a través del efecto emocional causado por las obras de arte, se pueden despertar sensaciones y asociaciones. En estas rondas suelen ser muy apreciados los motivos figurativos y narrativos, pero se prefieren las obras de arte con contenidos dramáticos y emocionales. Liberados de una forma de pensar lógica y funcional, los participantes del Meet me at MoMA se dedican a una observación del arte liberada de prejuicios. La vivencia obtenida con las obras de arte y el hecho de hablar sobre ellas llevan consigo una mejora de la calidad de vida y de la vitalidad de los enfermos, aun cuando a estos pacientes se les haya olvidado todo al cabo de unos pocos minutos. Seamos sensatos: ¿A quién no le ocurre lo mismo al visitar un museo, a pesar de que no padezca Alzheimer?»
Me parece una postura de contemplación tan buena como la que más, si no mejor.

[Horrorosa traducción la de este libro. Mi conocimiento del alemán no es tan extenso como para afirmarlo con rotundidad, pero creo que la traductora (cuyo nombre dejaré piadosamente en el olvido) tiene graves problemas con la lengua de origen o, lo que sería peor, con la de destino. Sólo así cabría explicarse que unos autores que se expresan de forma lúcida y coherente, de repente caigan en frases incomprensibles. Incomprensibles porque no significan nada y, sobre todo (y de ahí nace la sospecha) porque en nada se relacionan semánticamente con la precedente. Tenga o no problemas con el alemán, lo que es seguro es que tiene además problemas serios con el inglés, amén de un gravísimo problema en el uso del diccionario. Después de finalizada la lectura, tengo la impresión de que no se ha acabado de trasladar el tono del original (lo que es grave), se han traducido a la buena de dios algunas frases, que han perdido su sentido (más grave todavía) y, visto lo anterior, si esto es lo que se ha percibido, pueden imaginarse lo que se ha disimulado bajo apariencia coherente, pero que vaya usted a saber qué decía en origen (y esto sería escalofriante).]

Portada y sinopsis

lunes 9 de noviembre de 2009

Il Campo del Vasaio, de Andrea Camilleri

Sellerio Editore, col. La Memoria
Palermo, 2008 [2008]
Serie Comisario Montalbano, nº17

Dentro de la evolución natural de este protagonista genial de Camilleri que es el comisario Salvo Montalbano, al que los años le van pesando, en este El Campo del Alfarero, Montalbano se enfrenta probablemente al problema más difícil de su historia, no como intriga policial (que a Montalbano no es que le traiga sin cuidado, pero que para él es secundaria), sino porque tiene que asumir una crisis como es la de la traición de la amistad.
En un campo de creta, material empleado en la fabricación de vasijas y que remitirá a la historia de Judas del evangelio según san Mateo, es encontrado un cadáver, asesinado de un tiro en la nuca y después despedazado en treinta trozos. Todo parece apuntar a un crimen mafioso, según la peculiar semiología que estos grupos han desarrollado en sus crímenes, pero las cosas no son tan fáciles.
Y, además, su vicecomisario y amigo Domenico Augello no hace sino reclamarle con insistencia la dirección de la investigación de este crimen. Un Augello cambiado, crispado, agresivo con sus compañeros, nervioso, desconocido en suma.
A medio plazo, Montalbano intuirá que Augello puede estar liado con la viuda del muerto, y que ésta puede tener que ver en el crimen mucho más de lo que aparenta. Frente a esta traición, a esta ruptura de la confianza y de la amistad, Montalbano reaccionará como esperamos de él. ¿Quién no ha traicionado a alguien en su vida? ¿Quién no ha mentido? Por tanto, lo hará todo para que el escándalo no salpique a Augello. No dudará en llegar a un compromiso entre la resolución del crimen y el mantenimiento y la justificación de la amistad. En dar una segunda oportunidad a Mimì.
Jamás habíamos visto a un Montalbano tan afectado emocionalmente, tan cansado a veces, tan vulnerable en otras y, sin embargo, tan claro en su percepción de lo que consisten los auténticos valores personales. En este aspecto, jamás Camilleri había desnudado tanto a su personaje, jamás nos lo había puesto en una situación tan difícil y nunca antes nos lo había acercado tanto. Camilleri, que nunca ha hecho novelas policiales al uso, jamás se había desentendido tanto de la trama criminal para dejarnos claro que escribe sobre vidas y no sobre muertes.

Portada y sinopsis (en italiano)
Página web de la serie de televisión "Comisario Montalbano" (en italiano)

domingo 8 de noviembre de 2009

Cautivos del Mal, de Vincente Minnelli

SESIÓN MATINAL

Director: Vincente Minnelli; Guión: Charles Schnee, basado en una historia de George Bradshaw; Intérpretes: Lana Turner (Georgia Larisson), Kirk Douglas (Jonathan Shields), Walter Pidgeon (Harry Pebbel), Dick Powell (James Lee Bartlow), Barry Sullivan (Fred Amiel), Gloria Grahame (Rosemary Bartlow), Gilbert Roland (Víctor 'Gaucho' Ribera), Leo G. Carroll (Henry Whitfield), Vanessa Brown (Kay Amiel), Paul Stewart (Syd Murphy), Sammy White (Gus), Elaine Stewart (Lila), Ivan Triesault (Von Ellstein); Música: David Raksin; Dir. de Fotografía: Robert Surtees; Montaje: Conrad A. Nervig; Dir. Artística: Edward Carfagno y Cedric Gibbons; Sonido: Douglas Shearer.

Aunque no son escasas, las películas sobre el cine constituyen una minoría. Esta es una de las más críticas, a la vez que épicas (con una épica sucia, todo hay que decirlo), con el sistema de producción de Hollywood. Una actriz (Turner), un guionista (Powell) y un director (Sullivan) dejan claro, mediante flashbacks de sus historias personales, porqué no volverán a rodar una película con el magnate del cine Douglas. Estas historias conforman un relato de cómo este productor salió de la serie B para rodar películas de gran presupuesto, siempre al servicio de su arte (¿o de su egolatría?) aunque ello signifique incluso destrozar vidas. De entre un repertorio de grandes interpretaciones, destaca en particular la de Kirk Douglas, en una actuación ambivalente y enérgica que, a la vez que le hace un personaje repulsivo, no podemos dejar de admirar por su entrega, su visión titánica del cine como algo superior a la vida, su tenacidad ante las dificultades, su impulso para conseguir levantar un imperio, no para enriquecerse (al principio del filme, está casi arruinado) sino para hacer mejores películas.
Un film más que notable en muchos aspectos: dirección, interpretación, fotografía, guión, dirección artística, no es tan conocido como otros grandes títulos, pero sin duda merece una reivindicación.

Tráiler:

viernes 6 de noviembre de 2009

El Extranjero, de Albert Camus

(L'Étranger)
Eds. Orbis/Ed. Origen, col. Historia Universal de la Literatura
Barcelona, 1982 [1947]

Meursault (un francés nacido y residente en Argel) acude al funeral de su madre, a la que apenas le unía nada, puesto que nada tenían que decirse. Al día siguiente, se une a una chica, María, sin ningún proyecto de futuro, sólo por una vaga atracción inmediata. El lunes va al trabajo, donde rechaza un ascenso y el traslado a París, declarando que tal cambio le es indiferente. Conoce a Raimundo, al que hace un favor, no por nada en especial, sino por una especie de apatía de la que se deja llevar. Un fin de semana, María y Meursault van a la casa de la playa de un amigo de Raimundo. Allí, unos argelinos se enfrentan con Raimundo. En un paseo posterior, Meursault se encuentra con uno de estos árabes, que muestra una navaja. Meursault, a su vez, empuña una pistola y lo mata.
La segunda parte de la novela es el arresto, proceso y condena a muerte de Meursault. Éste espera que se juzguen las circunstancias de esta muerte, pero en lo que se hallará inmerso es en un juicio a su propia vida; incluso menos: su vida aparente, en relación con los demás. Y esta será rechazada, extrañada, despreciada por su falta de implicación en la sociedad, por su rechazo al fingimiento o al disimulo. Uno casi diría que se le condenará a muerte por haberse tomado un café con leche en el velatorio de su madre.
A todo esto Meursault se muestra indiferente. De hecho, su actitud vital es la indiferencia.
Novela existencialista, Meursault no es por sí mismo, sino por lo que hace. El propio protagonista acabará comprendiendo, sorprendiéndose y aceptando esto: «Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio». Él quiere seguir siendo él, pero eso es un callejón sin salida, puesto que no será considerado como tal, sino por las acciones, y por lo que los demás piensen de esas acciones.
Alegato contra la pena de muerte, en defensa del individuo y de sus características, ataque contra la hipocresía social, que es parte integrante de la sociedad, pesimista hasta las últimas consecuencias, en tanto nadie es libre de los demás, en tanto la indiferencia de Meursault es inadmisible para sus congéneres, esta novela enigmática y terrible como su mismo protagonista es una deconstrucción de la violencia que esta sociedad ejerce contra el individuo y su mundo propio, en paz o en conflicto consigo mismo, pero en cualquier caso inadmisible si uno se sitúa frente a los demás como extraño, como extranjero.

Portada y sinopsis

miércoles 4 de noviembre de 2009

Tot Està Il·luminat, de Jonathan Safran Foer

(Everything Is Illuminated)
Ed. Columna
Barcelona, 2002 [2002]

Esta Todo Está Iluminado ha sido comentada como un texto "divertido", que hace "reír sin parar", "hilarante". En la época en que se publicaban estos comentarios se debía tener una gran necesidad de humor (o no haber acabado de leer la novela) como para darlos.
Es cierto que la novela se inicia (y prosigue) en clave humorística, con el relato de un improbable intérprete ucranio que ha acompañado a un escritor judío americano, llamado casualmente Jonathan Safran Foer, en su búsqueda de Augustine, la mujer que salvó a su abuelo del exterminio nazi y que, en último término, permitió la propia existencia del personaje Foer. Pero el humor, como la ginebra, es licor que combina bien con muchas cosas, y pronto nos encontramos con que la combinación de este libro es con la tragedia y la ternura.
Es una novela de estructura peculiar, a tres niveles, que sin embargo se enlazan entre sí: las cartas que Álex, el intérprete ucranio, remite a Foer a América, volviendo atrás a esa expedición y adelante a la actualidad; el relato de la búsqueda, escrito también por Álex; y la historia de ese pueblo y antepasados buscados, escrita (con sólo su imaginación como base) por Foer.
En efecto, nada queda del pueblo de Trachimbrod y de sus habitantes; ni un resto, y entonces Foer reconstruye la historia de la nada, con fantasía, imaginación y un sentido mítico que, no obstante, no está exento de ironía y desesperación.
Con esta estructura, una sinopsis no significa apenas nada y para casi nada sirve. Baste decir que es necesario buscar el pasado, pero más necesario es superarlo. Y que buscarlo puede hacernos más auténticos a nosotros mismos.
Esta es la primera novela de Foer, y como tal tiene algunos altibajos. Pero en su realismo mágico (o sea, la combinación triple del mismo: realismo; magia; y realismo más magia), su humor, su ternura y su incisiva visión de los seres humanos la hacen primer estandarte de un autor muy a considerar.
En este tipo de novelas se perciben los grandes rasgos del narrador, y no es uno menor el conseguir que cada lector tenga una visión personal del texto, un fragmento propio de él. Leer a Foer no deja indiferente y nos reconcilia un poco con nuestros vecinos los seres humanos.

Portada

lunes 2 de noviembre de 2009

La Clau, de Junichiro Tanizaki

(Kagi)
eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2002 [1956]

A sus treinta años de vida conyugal, una pareja escribe sus diarios respectivos con la peculiaridad de que ambos desean o estimulan que el otro los lea y así poder "conversar" sobre sus apetencias e incomprensiones sexuales.
Partiendo de estos textos, simultáneos pero que parecen tan separados como la propia pareja, Tanizaki traza en esta La Llave una novela diabólica.
Diabólica en su mismo planteamiento: esa imposibilidad de comunicación directa que lleva al subterfugio de la comunicación pseudoepistolar; diabólica en la creencia de que el ámbito privado mutuo será violado sistemáticamente por el otro; diabólica por la propia ficción que se nos representa de la estructura familiar y conyugal que nos dejan estos diarios. Diabólica hasta llegar a lo criminal.
Diabólica, como no podía ser menos en un escritor reflexivo, por la misma naturaleza de la narración puesto que, en efecto, aunque sean diarios íntimos, ¿pueden ser veraces?
Tanizaki efectúa una deconstrucción del matrimonio y de la sinceridad en él tan completa que el panorama no es desolador sino desolado. En el transcurso de la narración encontraremos la historia de una violación continua, no sólo sexual, sino de los individuos en todos los aspectos, en la que los celos o el deseo adúltero serán lo más suave anímicamente que suceda a los protagonistas.
Los escritores japoneses a veces dan la impresión de conocer a la perfección lo que constituye la pornografía sin caer jamás en los exabruptos y groserías de ésta. Porque lo que nos relata Tanizaki es una situación familiar tan extrema en su sordidez que no puede calificarse más que como pornográfica. Eso sí, escrita con una elegancia, una sensibilidad y una contención que no pueden sino ser arte narrativo. Pero la historia de esta pareja es tan terrible amorosa y psicológicamente que, sin siquiera tener necesidad de referirse al sexo, se puede describir como aberrante. Todos los implicados dicen amar, pero uno se pregunta si el amor es realmente eso que creen que es.
Pero si no lo es, ¿qué es entonces el amor?
Descarnada, desconcertante, profundísima, de una ironía terrible, Tanizaki ha escrito una obra maestra sobre las relaciones de pareja, una historia que nadie quisiera vivir pero que es posible reconocer en el mundo real.

Portada y sinopsis

domingo 1 de noviembre de 2009

El Apartamento, de Billy Wilder

SESIÓN MATINAL

(The Apartment)
1960
Director: Billy Wilder; Guión: Billy Wilder e I. A. L. Diamond; Intérpretes: Jack Lemmon (C. C. Baxter), Shirley MacLaine (Fran Kubelik), Fred MacMurray (Jeff D. Sheldrake), Ray Walston (Joe Dobisch), Jack Kruschen (Dr. Dreyfuss), David Lewis (Al Kirkeby), Hope Holiday (Mrs. Margie MacDougall), Joan Shawlee (Sylvia), Naomi Stevens (Mrs. Mildred Dreyfuss), Johnny Seven (Karl Matuschka), Joyce Jameson (la rubia), Willard Waterman (Mr. Vanderhoff), David White (Mr. Eichelberger), Edie Adams (Miss Olsen); Música: Adolph Deutsch; Dir. de Fotografía: Joseph LaShelle; Montaje: Daniel Mandell; Dir. Artística: Alexandre Trauner; Decorados: Edward G. Boyle; Vestuario: Forrest T. Butler e Irene Caine.

Esta película pasa por ser una comedia. En realidad, pocos filmes hay tan amargos como este. La historia de C. C. Baxter, que presta su apartamento para citas extramaritales de sus jefes a cambio de la promoción laboral ya sería patética en sí, pero además Billy Wilder compuso esta historia con el gran creador de amargura de todos los tiempos, el amor; ese sentimiento que trae miseria y desolación sin que siquiera conlleve una felicidad compensatoria. En una ausencia más que intencionada, esta película carece de final feliz. Sólo unos grandes interrogantes sobre el futuro que son más inquietantes que complacientes.
Jack Lemmon demuestra una vez más ser un grandísimo actor capaz de pasar en un instante de la comedia a la tragedia. Shirley MacLaine jamás estuvo tan preciosa, casi como una muñeca de porcelana, ni Fed MacMurray tan cínico.
No se dejen engañar por lo impresionante de la oficina: es un efecto óptico. Y presten atención a la puesta en solfa que hacen Wilder y Diamond, autores del guión, del sitema empresarial americano.
Una obra maestra en todos los sentidos.

Tráiler: