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Amb l'Aigua al Coll, de Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli

La historia de esta colaboración, que se relata en el epílogo, vale la pena. Digamos someramente que, en el transcurso de una entrevista que se realizaba a ambos autores, empezaron a surgir complicidades, de tal manera que el editor allí presenta, acabada la realización del programa, preguntó: "bueno, y para cuando se va a poner esto por escrito?"
Porque de lo que se trata en este Por la Boca Muere el Pez es, ni más ni menos que de la colaboración en la ficción de los dos personajes emblemáticos de cada uno de los autores: el comisario Salvo Montalbano por parte de Camilleri y la inspectora Grazia Negro por parte de Lucarelli.
Mi afición por Camilleri ha quedado probada en las páginas de este blog, y no sólo en el policíaco. Camilleri tiene esa dosis de humor, el compromiso con sus sociedad y un buen hacer literarrio como para que sus obras trasciendan el género (cuando lo son) y para resultar notables cuando tratan de temas no detectivescos. Y respecto a Lucarelli, ¿qué más puedo decir sino recordar que este blog se abrió con una reseña de su Comisario De Luca?
Un insólito homicidio, que todas las autoriaddes superiores de Grazia Negro desaconsejan (no: prohíben)investigar es el detonante de que la inspectora se ponga en contacto con Montalbano, ya que el muerto era de Vigata. A partir de aquí, ambos personajes se verán envueltos en una trama que concierne a los tenebrosos servicios secretos italianos, maestros del juego sucio.
Escribir una novela a cuatro manos no es frecuente, y además es difícil. Hay que medir mucho para que las características de ambos autores se conserven y para que ninguno se imponga al otro. En este caso, la solución empleada es más que correcta, y se trata de la relación epistolar (un método que no le es ajeno a camilleri, que lo ha empleado en alguna de sus novelas con óptimos resultados). Así, y mediante el cruce de informes, cartas transportadas por los enlaces más diversos y resúmenes de actuaciones se compone una historia que tiene todas las características de un buen Camilleri y de un buen Lucarelli.
Sin duda la sintonía de ambos personajes es herencia de la que mantienen sus creadores, pero era difícil el reto, y en cambio se ha solventado con nota.
Otra cosa era que, durante la redacción del texto, surgieran piques entre ambos. Que surgieron. El editor compara, muy apropiadamente, este proceso de escritura con una jam session de jazz: dos músicos amigos y grandes intérpretes que se desafían en el escenario, y que al hacerlo se fuerzan a superarse en inventiva y ejecución. Es así en este caso, para regocijo de los lectores.

Acqua in Bocca
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2011 [2010]
Trad. de Pau Vidal

Publicado en castellano por Papel de Liar con el título Por la Boca Muere el Pez

Portada i sinopsis de l'edició catalana
Portada y sinopsis de la edición castellana

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Barton Fink, de Joel Coen

SESIÓN MATINAL

(Barton Fink); 1991

Director: Joel Coen; Guión: Ethan y Joel Coen; Intérpretes: John Turturro (Barton Fink), John Goodman (Charlie Meadows), Judy Davis (Audrey Taylor), Michael Lerner (Jack Lipnick), John Mahoney (W. P. Mayhew), Tony Shalhoub (Ben Geisler), Jon Polito (Lou Breeze), Steve Buscemi (Chet); Dir. de fotografía: Roger Deakins; Música: Carter Burwell; Diseño de producción: Dennis Gassner; Montaje: Roderick Jaynes.

De entre las comedias de los hermanos Coen, que ya son extrañas de por sí, esta es una de las más extrañas. En la América de los años cuarenta, Barton Fink es un autor teatral de éxito en Broadway; es comprometido, social, concienciado, muy en la línea de los jóvenes que en aquel momento intentaban dominar la escena neoyorquina. Y, respondiendo a la aclamación crítica que obtienen sus obras, Fink es reclamado por la industria del cine, para que sea guionista a sueldo de una de las productoras de Hollywood (algo también típico de la época; de hecho, el papel que interpreta John Mahoney tiene muchas similitudes con un conjunto de escritores que pasaron por la misma experiencia, destacando entre ellos William Faulkner).
Fink llega a Hollywood y allí, casi de inmediato (por escenografía, por diálogos, por las situaciones) se encuentra viviendo en otro mundo, que parece irreal y que, si bien tiene todo el aspecto de un sueño, esconde en realidad una pesadilla. Hasta aquí, la película ha ejercido un tema conocido: la crítica a la industria del cine y su relación con la creatividad, los conflictos entre la producción y el arte; además de descubrirnos también que esa concienciación de Barton por "el hombre de a pie americano" puede ser muy real, pero muy poco practicada en lo que respecta a escuchar a ese mismo hombre de a pie. En suma, que también ejerce su buena dosis de crítica sobre esos autores sociales que no lo eran tanto, y que también proliferaron en la época (y en todas las épocas, pero no nos movamos de la película).
Sin embargo, entonces los Coen deciden dar un giro copernicano a la película. En una noche desesperada por la falta de creatividad, Fink pide ayuda a Audrey, y esta acude en su rescate... Y a la mañana siguiente Barton se despierta en la cama al lado del cuerpo ensangrentado de Audrey. Su vecino de habitación, Charlie, sale al paso para ayudarle y deshacerse del cadáver. Y entonces la película se convierte en la pesadilla personal de Barton Fink. Una pesadilla negra, irónica, de un hombre sometido a un capricho del destino, probablemente sin buscarlo pero provocándolo por una nimia actuación. Una pesadilla en la que Barton lo acabará perdiendo todo.
Negra, irónica, satírica cuando debe serlo y profundamente visual, Barton Fink es una extraña comedia negra, un recurso a la risa amarga que siempre preside la obra de los Coen; pero además es una tragedia teñida de extemporaneidad, un canto a la indefensión del ser humano frente al mundo y a sus propias acciones, otro de los temas recurrentes de los creadores. Lo que maravilla es que con estas dos premisas, digamos, filosóficas en mente, los Coen sean capaces de realizar una y otra vez variaciones sobre ello, y que todas resulten frescas y sorprendentes.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Booker Little en el Five Spot de Nueva York

El trompetista Booker Little tuvo una vida desgraciadamente corta, y musicalmente sólo estuvo en activo tres años. Con lo que podrán escuchar en esta actuación celebrada en el Five Spot, el jazz tiene que lamentar muchísimo esta pérdida.
Les advierto que la música que van a escuchar va a transitar por los límites de la experimentación armónica. Sin embargo, y como dice el Cifu, es en extremo formal, respetando la estructura tradicional del jazz y el swing. Pero todo y asumir estos riesgos, les anuncio ya que este concierto es excepcional, y que la música resultante de esa experimentación en los límites del free jazz va a proporcionar al oyente una satisfacción extrema. Escuchen, si no me creen, el primer tema de esta actuación, Aggression, con ese sonido desatado y envolvente y su ritmo tenaz y maravilloso.
Y quien acompaña a Booker en esta noche es un grupo de excepción, unos profesionales absolutos del jazz, unos creadores que no sólo tocan, sino que contribuyen a la música. Es una diferencia importante. Eric Dolphy al clarinete bajo, instrumento poco empleado como solista en jazz, y de sonido ciertamente peculiar; Mal Waldron, el gran Mal Waldron, al piano. Richard Davis al contrabajo; y Ed Blackwell a la batería.
Si Aggression les sorprende, esperen a escuchar el vals a 3/4 Booker's Waltz. Es tremendamente original y muy bello. Y finalizará el programa con Bee Vamp, del que les encomiendo particularmente el solo de Waldron.
Es una actuación cuya palabra definitoria es "intensidad". En la interpretación, en el ritmo, en las armonías...
Óiganlo y no se arrepentirán.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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The Man Who Went Too Far, de E. F. Benson

Edward Frederick Benson fue, del trío de hermanos escritores, el que más y mejor se dedicó a la ficción de terror sobrenatural. Y siempre lo hizo con una originalidad y una clase inmensa. Benson fue un literato, no muy recordado hoy, pero muy apreciado por sus contemporáneos (en mi opinión, con justicia; un año de estos podría ser que fuera reivindicado y volviéramos a encontrar sus obras no fantásticas en los estantes), y lo que los comentaristas británicos definen como una "social butterfly", alguien presente en todas las fiestas y reuniones en las que valiera la pena estar.
De modo que extraña que un hombre en apariencia tan volátil dedicara sus esfuerzos a la ficción terrorífica. La verdad es que lo hacía por diversión. Sin embargo, esa teórica diversión, esas tonterías aparentes, llevaban una carga de muy buena literatura. En su construcción, en sus temas, en sus finales.
Es así en este El Hombre que Fue Demasiado Lejos, un relato único en su género, ampliamente apreciado por Lovecraft y todos los que han tenido la suerte de leerlo.
Su argumento ya es inusual: En un remoto lugar campestre, un artista casi retirado del mundo recibe a un amigo y le cuenta que, en el mundo en que viven, la alegría ha desaparecido casi por completo. La alegría de vivir, claro. La pura alegría, como dice, "del perro que juega con su cola". En este camino de recuperación de esta alegría, ha empezado un regreso a la naturaleza, cada vez integrándose más, haciéndose uno con ella; y ha empezado a escuchar, muy lejanas, al principio, las siringas de Pan.
Es un planteamiento ciertamente original, por lo menos para la época, y su desarrollo lo hace una de las obras maestras del género. Literariamente, la descripción del ambiente artístico y del artista mismo es genial, y sin duda está basado en los muchos artistas que Benson conoció en su vida. Pero además sabe transmitir una atmósfera de progresiva exaltación, de verosimilitud, conforme el relato avanza. Y todo ello combinado con una carga emocional terrible, respecto a ese regreso a la epoca apolínea, al paganismo primitivo que se conjuga en un subtexto de goce personal bajo esa capa de búsqueda de la felicidad.
Y su final perfectamente rematado, con una frase que corona un relato que está llevado de la manera más sabia que se pueda encontrar.

En Dark Banquet
St Martin's Press
Nueva York, 1985 [1904]
Ed. de Preston Child

Texto en inglés de The Man Who Went Too Far

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Escorpio, de Gerardo Diego

Dentro de mi tradicional reticencia a comentar la poesía (ya saben: opino que es un contrato personal entre el poeta y el lector), déjenme decirles solamente que Gerardo Diego, de la generación del 27, fue uno de esos poetas que mejor supo reunir la expresión tradicional con el vanguardismo, tanto formal como temático. El poema que les traigo hoy es buena muestra de ello, y pertenece a un conjunto de poemas llamado Zodíaco que se hallan en el poemario Evasión. He tenido dificultades para seleccionar sólo uno de esos poemas, y dudas hasta el último momento. Finalmente me he decidido por "Escorpio" por la fuerza y lo inusitado de sus imágenes.

Escorpio. Se retuerce en los mares
.....horizontal.
Saluda a la rojiza Antares
.....a la Cruz Austral.
Mordeduras. Baba. Ira.
La Virgen en el trapecio,
se columpia y le mira
.....con desprecio.
Se enreda la madeja
de las estrellas. Una se queja.
Y hay un secreto trigonométrico
en su laberinto geométrico.
Algunas se desgajan
y como hojas secas bajan,
.....haciendo eses,
a posarse sobre los cipreses
....de los cementerios.
Escorpio. Audacia. Adulterios.
....Esta mañana
se nos ha muerto la hermana.

En Imagen
Del poemario Evasión
Ed. Aguilar, col. Crisol, serie especial
Madrid, 1987 [1918-1919]

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El Embrujo de Shanghai, de Juan Marsé

De entre las aventis que Marsé relata en forma de novelas y cuentos, ésta es una de las más singulares, aunque mantenga una unidad formal, estilística y temática con su producción.
También, y de forma rara en un autor que deja que sus lectores discurran sin interpretaciones previas por sus historias, Juan Marsé proporciona una clave de lo que escribe, cuando dice: «Así, con el tiempo y casi sin darme cuenta, el escenario vital de mi infancia se me fue convirtiendo poco a poco en un paisaje moral, y así ha quedado grabado para siempre en mi memoria».
En el barrio de Gracia que constituye el territorio míticvo de Marsé, y en la época de la posguerra y el franquismo, Nandu Forcat, un luchador anarquista regresado a Barcelona, alivia la enfermedad pulmonar de Susana relatando la aventura de su padre, el Kim, emigrado a la misteriosa Shanghai para cumplir una misión, la de matar a un jefe de la Gestapo; relato que se realiza en presencia del narrador, Daniel, un crío que primero acompaña a la convaleciente y luego se fascina por ella.
Simultáneamente Daniel, en su realidad, acompaña en su peregrinar al capitán Blay, uno de los "escondidos" de la guerra, que sale a la calle con el rostro cubierto de vendas, lo que le gana el mote de "El Hombre Invisible", salidas que realiza en una cruzada para recoger firmas contra una chimenea y las emanaciones de gas que inficionan a los habitantes del barrio.
Se ha querido ver en este gas malsano una metáfora del franquismo que condenaba a las personas a la muerte lenta; y es certera la apreciación, pero es demasiado evidente, y esconde el resto de analogías que todos los argumentos de Marsé contienen.
El realismo mágico de Marsé es uno basado en ese territorio mítico del que les hablaba, pero está tan arraigado en la realidad que ese mismo realismo, esa no tanto plausibilidad como verosimilitud, convierte la realidad en fantástica. Piénsese que sólo mediante la explicación de esconderse de la policía y salir a la calle vendado puede hallarse al mismísimo hombre invisible en las calles de Gràcia, La Salud y el Guinardó, y hacer de sus acciones algo mítico.
Y esa historia de Shanghai, con su toque de maravilla pero con el sentimiento de un relato peliculero y de atrezzo, se convierte, no en plausible, pero sí en deseable para evitar las realidades que subyacen: el abandono, el exilio, la infidelidad, la ausencia.
Esa realidad que pervade todo y todo lo hace increíble, salvo la fantasía, que siempre es mejor, es el toque Marsé; un toque que nos descubre lo gris de una época y, por contraste, lo luminosos de algunos personajes que siempre serán (no podían ser otra cosa en ese mundo) perdedores.

RBA, col. Narrativa de Hoy
Barcelona, 1997 [1993]

Portada y sinopsis

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La Bella Mentirosa, de Jacques Rivette

SESIÓN MATINAL

(La Belle Noiseuse); 1991

Director: Jacques Rivette; Guión: Pascal Bonitzar, Christine Laurent, Jacques Rivette, basado en la novela Le Chef d'Oeuvre Inconnu [La Obra Maestra Desconocida], de Honoré de Balzac; Intérpretes: Michel Piccoli (Édouard Frenhofer), Jane Birkin (Liz), Emmanuelle Béart (Marianne), Marianne Denicourt (Julienne), David Bursztein (Nicolas), Gilles Arbona (Porbus); Bernard Dufour (del cual sólo se ve la mano que pinta y los resultados, puesto que todas las pinturas son suyas); Dir. de fotografía: William Lubtchansky; Música: Igor Stravinsky; Dir. artística: Emmanuel de Chauvigny; Montaje: Nicole Lubtchansky.

Hablamos de una película monumental, empezando por su duración: 240 minutos, con un intermedio a la antigua usanza en la proyección. Y, no obstante, estas cuatro horas pasan en un soplo, puesto que, cuando entra en materia (y tarda algo en entrar, todo hay que decirlo) el espectador queda absorto por lo que sucede, tanto lo que se nos muestra en la pantalla como por lo que no se nos muestra, como son los pensamientos de los protagonistas.
El argumento, basado en una de las obras de Balzac más reivindicadas a finales del siglo XX, es uno que tiene resonancias de lo ya visto, pero que no deja de ser apasionante. Un joven artista y su novia van a ver a un famoso pintor que, sin embargo, ha dejado de pintar hace diez años, víctima de una incertidumbre creativa que no le llevó a llevar a cabo su máximo proyecto, "La Bella Mentirosa". Sin saberlo ella, el artista, el joven y el coleccionista de arte Porbus acuerdan que Frenhofer podría intentar retomar este proyecto con Marianne como modelo. Marianne, en principio, se enfada por lo que considera casi como una venta, pero luego ejerce lo que se puede entender como una sutil venganza, que es, en efecto, posar para Frenhofer.
Esto podría devenir en una historia del triángulo clásico, pero hay más, mucho más. Donde la película descuella es precisamente en el proceso de creación. Sus límites, la angustia de la búsqueda de la inspiración y de aquello que constituye la maestría; y también sobre la pasión en el arte, pasión poco carnal, y que tiene que ver más con el espíritu, que puede (de hecho casi parece obligatoria que deba) resultar dañado en el proceso.
Una película que trata estos temas con una intensidad poco común. Con un lenguaje visual y cinematográfico casi puro, en el que entendemos la magnitud de los conflictos de los personajes sin hablar y sin mímica, tan sólo con el lenguaje cinematográfico, que es ciertamente inusual en los tiempos que corren.

Tráiler:

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Fórmula Barça. Viatge a l'Interior d'un Equip que ha Descobert l'Eternitat, de Ricard Torquemada

Los libros sobre fútbol son escasos. Me refiero, claro está, a los libros que no son técnicos. Tal vez el mejor y más famoso de los que tratan este deporte desde otra vertiente no específicamente mecánica sea el de Eduardo Galeano, Fútbol a Sol y Sombra. Por otra parte, aquellos que escriben de fútbol con un mínimo de calidad suelen ser más raros todavía, y por lo general hay que buscarlos en la prensa no deportiva, que siempre ha mostrado un perfil más exigente en cuanto a sus redactores y colaboradores. El panorama en la prensa estrictamente deportiva, y salvo contadísimas excepciones, es desolador; parecería que sea un género en donde carecer de ecuanimidad, de gramática y hasta de ortografía fuera requisito indispensable.
Y sin embargo, hay excepciones, y una de ellas es Ricard Torquemada.
Torquemada lammó mi atención, ya hace unos años, por realizar análisis de juego exactísimos, en un medio invisible como es la radio; mostrando siempre una ecuanimidad, una claridad de expresión y un análisis que no sólo interpretaba lo que sucedía en el campo y en la misma inmediatez de la jugada, sino que resultaba instructivo. Pedagógico, por emplear un término que cada día parece más devaluado pero que tiene un valor inmenso. Eso no era sólo impresión mía. Poco tardó en ganarse el respeto y la admiración de sus mejores colegas, y el aprecio de la audiencia. Ricard Torquemada no era un colaborador más en una retransmisión deportiva. Era un valor añadido, un hecho diferencial.
Por fin se decidió, y aprovechando la eclosión de un fútbol que, independientemente de los colores que uno aloje en su cerebro, va camino de marcar época si no lo ha hecho ya, ha escrito un libro notable sobre el juego del F. C. Barcelona.
Y es un libro único. No es de anécdotas, aunque las hay. No rememora grandes gestas, aunque quedan reflejadas. Tampoco es un libro te´cnico, aunque es el único libro que he encontrado en el que el fútbol queda completamente explicado, de forma sencilla y clara, y todos los conceptos encajan con una suavidad notable.
Torquemada ejerce lo que anuncia en el título, un viaje al interior de un equipo, y allí nos descubre la importancia de todos los aspectos que conforman no un equipo ganador, que de esos hay muchos, sino de un equipo que se define mediante su juego y por su juego, independientemente del resultado. La mentalidad, la implicación, la técnica, la gestión, el vestuario, la complicidad... Todo está tratado, estudiado y mirado hasta la minucia. Pero siempre con ese procedimiento didáctico que hace que el libro aporte cosas al lector y a la vez se divierta.
Estos libros son escasos. Tanto como para no haber encontrado otro igual. Y trata sobre el juego del Barcelona; pero podría tratar sobre el del Arsenal, y daría igual. Su valor sería igualmente importante, salvo en la diferencia de que el Barça ha marcado un estilo y el Arsenal no. Pero insisto. No es un refrito de victorias. Es la consideración del juego como supremo. Algo que dignifica al fútbol, y algo que nadie había hecho antes.

Cossetània Eds., col. Fora de Joc
Barcelona, 20112 [2011]

Existe edición castellana en Lectio Ediciones

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La Luna e i Falò, de Cesare Pavese

La lectura de cualquier texto de Pavese, poesía o prosa, produce en mí sentimientos encontrados. Por una parte lo innegable de una expresión bellísima, un dominio del lenguaje enorme, una expresión sentimental y factual insuperable. Pero, por otro, no puedo sustraerme a su suicidio. Y, en todas sus obras, es como si percibiera la impresión de que en realidad, Pavese no escribía por otra cosa que no fuera dejar una especie de memoria póstuma, no para los lectores, sino para sí mismo.
Juan José Millás ha insinuado que algunos suicidas pueden tener el cuerpo en un lugar mientras la consciencia está en otro. Esa disociación acaba provocando una tensión excesiva que desemboca en la unión por fin de ambas realidades en la realidad última de la muerte.
Y eso es todavía más evidente en esta novela, La Luna y las Hogueras (sea y llamémosla novela, puesto que cumple los requisitos: el protagonista puede ser identificado fácilmente con Pavese, pero no es Pavese, y lo que relata no tiene que ser necesariamente real), la última que escribió, en la que el autor rememora constantemente el pasado. Que relate historias y que las relate desde el presente no tiene nada que ver. En cierto momento, el narrador dice: «la vida es la misma, y no saben que un día mirarán alrededor y también para ellos habrá pasado todo».
Anguilla vuelve de América tras la guerra a su país natal. Han pasado muchas cosas, ha habido una guerra, y otra más, esta civil; y recorre estos lugares de la infancia y adolescencia junto a su amigo Nuto, rememorando y comparando las gentes del ayer y del hoy, y los paisajes ya cambiados o inmóviles en el tiempo.
Historias hay, como no puede ser de otra manera; la rememoración ya lleva a relatarlas y continuarlas en los años en los que ha estado ausente. Sin embargo, son lo de menos. Hay un hecho que debe resaltarse. Fue escrita entre septiembre y noviembre de 1949. En tan sólo tres meses. Que en tan poco tiempo Pavese cree un texto literariamente tan alto es asombroso; pero, además, casi podríamos hablar de una escritura de libre asociación (sólo hasta cierto punto: la novela posee estructura narrativa), en la que los fragmentos descritivos y rememorativos dan paso a diálogos profundos que trazan toda una forma de vivir y de entender la vida. Que se intercalen fragmentos que más que narración, son de prosa poética; que nos vayamos encontrando las diferentes historias poco a poco, y que estas se vayan desarrollando a un ritmo pausado, introspectivo.
Pero hay historias, créanme; y una sobre todo, la de la bellísima Santina, a la que el protagonista sólo conoció de niña, antes de convertirse en una mujer legendaria en la comarca por su belleza. Y esa historia, enigmática al principio, trágica en su conclusión, es toda una representación de la tragedia de la guerra civil que fue la lucha partisana en Italia.
Pero lo más importante sigue siendo la expresión. Una forma de narrar bellísima, que me resulta inquietante por lo que prefigura del trágico destino de Pavese, pero tan alta en la literatura como para asegurar por siempre un puesto de honor a Pavese en las letras universales.

Einaudi, col. Tascabili
Turín, 20054 [1949]

Existe edición castellana en Editorial Pre-Textos con el título de La Luna y las Hogueras

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L'Òpera de Vigata, de Andrea Camilleri

La Ópera de Vigata o, más propiamente, El Cervecero de Preston, que es su título original, es, dentro de la obra de Camilleri, su novela más conseguida.
Está provista de un sentino del humor enorme, matizado por esa sorna siciliana cuyos antecedentes pueden rastrearse en Pirandello y Sciascia. Tiene una estructura perfectamente establecida hacha de saltos atrás y adelante, reminiscente de Si una Noche de Invierno un Viajero de Italo Calvino, del que hereda un índice que es una obra literaria y referencial en sí misma y la costumbre de iniciar el capítulo con una frase que incluye el título del mismo. Una novela histórica que reproduce a la perfección la segunda mitad del siglo XIX en Sicilia. Basado en un hecho real, los incidentes producidos durante la representación de la ópera "El Cervecero de Preston" en Caltanissetta (aquí trasladados a la ciudad literaria de Camilleri, Vigata), una ópera impuesta por el prefecto y que, como tal imposición, fue rechazada por la población. Y, sobre todo, una escritura maestra, empleando las variantes dialectales italianas para marcar personalidades de los caracteres literarios, su origen social y su ideología.
Todo ello compone una obra que el lector empieza con una curiosidad que muy pronto se transforma en franca risa, y que después se lee con ojos abiertos como platos, en admiración por la imaginación, el ingenio y la profunda percepción que Camilleri tiene del carácter y la historia sicilianos.
Porque profundidad tiene, y mucha. La galería de personajes que desfilan por estas páginas, y que parecen surgir del texto a la vida (o haber entrado en la novela procedentes de la vida, como prefieran) es tan exacta que puede constituir una historia del carácter siciliano en la historia.
Con una estructura libre como la que tiene La Ópera de Vigata, el lector puede recomponer su lectura como prefiera: seguir el orden propuesto por Camilleri, ordenar los capítulos cronológicamente, por personajes, etc. Porque ya les advierto que esta novela se deja leer con gusto múltiples veces.
El Cervecero de Preston es una novela prodigiosa, de las que se escriben pocas en una década. Sardónica, satírica, histórica, social, maestra.

Mención aparte merece la labor del traductor al catalán, Pau Vidal. He mencionado ya que Camilleri emplea los dialectos italianos para marcar personajes, caracteres y extracciones sociales. Pau Vidal se halló en la encrucijada de qué hacer con ellos, y resolvió trasladar esas variantes a las diferentes hablas del catalán. Y consiguió algo maestro, un monumento a la buena traducción y a la vez al respeto a las intenciones originales de Camilleri.

(Il Birraio di Preston)
Eds. 62, col. Millors Obres de la Literatura Universal (Segle XX)
Barcelona, 2004 [1995]
Trad. de Pau Vidal

Existe edición castellana en Eds. Destino

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El Asalto, de Fons Rademakers

SESIÓN MATINAL

(De Aanslag); 1986

Director: Fons Rademakers; Guión: Gerard Soeteman, basado en la novela de Harry Mulisch; Intérpretes: Derek De Lint (Anton Steenwijk), Marc Van Uchelen (joven Anton Steenwijk), Monique Van De Ven (Saskia De Graaf / Truus Coster), John Kraaykamp (Cor Takes), Huub Van Der Lubbe (Fake Ploeg), Elly Weller (Sra. Beumer), Ina Van Der Molen (Karin Korteweg); Dir. de fotografía: Their Van Der Sande; Música: Jurriaan Andriessen; Montaje: Kees Linthorst.

En enero de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, justo pocos días antes de que esta finalice, en la ciudad holandesa de Haarlem unos resistentes matan al jefe de policía local, colaboracionista de los nazis. Éstos responden quemando la casa frente a la que se ha producido la muerte y fusilando a veintinueve rehenes, entre ellos los adultos habitantes de la casa.
El hijo pequeño, Anton, es enviado con sus tíos. La guerra, una guerra que ya se terminaba, le ha alcanzado de la forma más cruel e inesperada, como si hubiera sido un rayo. Porque no sólo nadie de su familia mató al policía, sino que ni siquiera se produjo frente a su casa: el cadáver fue trasladado por los vecinos, temerosos de que sucediera lo que después pasó a los Steenwijk.
Sin embargo, Anton no es hombre que se plantee preguntas. La guerra fue lo que fue, y ya fue lo bastante doloroso como para preguntarse si hubieron culpables esa noche y qué grado de culpa tuvieron.
Y la película sigue a ese Anton, ya adulto, en el transcurso de su vida, desde 1946 hasta 1983; una vida en la que, por azar a veces, inevitablemente otras, irá encontrándose con gente que estuvo presente en el lugar esa noche de enero. E irá descubriendo fragmentos de verdad, hasta que por fin todas las piezas (¿por qué matar a Ploeg? ¿Por qué trasladar su cadáver? ¿Por qué a la casa de los Steenwijk y no a la del otro lado?) se pondrán en orden.
Una película sencilla, pero que se plantea como un thriller sobre la memoria y las consecuencias de los actos humanos, por no hablar de la guerra. Magistralmente dirigida por Rademakers, nos lleva de la mano de ese enigma que parece no resolverse nunca, y que de hecho ya podría parecer que no tiene ninguna importancia, pero también nos lleva en el viaje anímico de Anton, el hombre, que no sólo no busca venganza, sino tampoco saber, aunque el conocimiento llegue a él por fin como una especie de iluminación que veda el aparente azar que parecía que era la muerte de sus padres fusilados por los nazis.
Todo ello con una sensibilidad extrema, una de las mejores películas que se pueden ver sobre esto que se ha venido en denominar "memoria histórica".

Tráiler: No gran cosa como tráiler, de hecho casi nada, pero es lo que hay. Sin embargo, en los "vídeos relacionados" pueden ver alguna escena de la película.

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Jazz Porque Sí: Jay Jay Johnson en el Cafe Bohemia de Nueva York (II)

Para aquellos que no conozcan al personaje, les apremio a que recuperen el anterior programa dedicado a él; los que lo conozcan sabrán ya que hablamos del mejor trombonista de la historia del jazz. Se puede aducir que lo sería sólo del jazz modeno, bop y postbop, pero lo cierto es que el instrumento no había tenido un papel relevante hasta que Jay Jay puso todo lo que había que poner sobre cómo hacer del trombón un primera espada de la interpretación jazzística.
Si escuchan este programa, se darán cuenta de que no sólo el lenguaje de este instrumento fue inventado por Johnson; hay que tener en cuenta la delicadeza y el sentimiento, las ideas y su imaginación que ponía en cada tema.
Acompañado de Bobby Jaspar al saxo tenor y a la flauta, el muy elegante Tommy Flanagan al piano, Wilbur Little al contrabajo y Elvin Jones a la batería, escucharemos un precioso Old Devil Moon; una balada interpretada a puro sentimiento, My Old Flame, en la que veremos cómo toca Jay Jay Johnson; Daily Double, tocado a buen ritmo, y con el Solar de Miles avis empleado como tema de cierre.
Después pasaremos a una grabación de estudio, y les advierto que no tiene desperdicio. A cuarteto, con su habitual Tommy Flanagan al piano, pero con dos incorporaciones de primerísima marca: Paul Chambers al contrabajo y el magnífico Max Roach a la batería.
Y tendremos un I've Got You Under My Skin, con una interpretación de Jay jay increíble; atentos a lo que hacen tanto Chambers como Max Roach en Harvey's House; un tema rápido, Nickels and Dimes; el muy irónicamente titulado That Tired Routine Called Love; y For Heaven's Sake.
Unas interpretaciones memorables, acompañadas de los comentarios, siempre imprescindibles, del Cifu. Que disfruten.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Hammett, de Joe Gores

O Dashiell Hammett como personaje.
Más allá de la trama, que es algo enrevesada, lo que es notable de esta novela de Gores es justamente eso, que utilice a un escritor conocido y padre de la novela negra americana en el papel de detective privado. Claro que hay una razón de peso para ello: Hammett fue en realidad detective de la Pinkerton en una época de su vida. Esta especie de mimetismos, o epigonismos si ustedes quieren, sólo funcionan cuando el autor ha realizado muy bien su trabajo, y aquí es donde Gores se luce.
Primero, la figura de Hammett está trazada con precisión. El hombre delgado y sin embargo fibroso, fumador ininterrumpido, torturado en su faceta de escritorf que todavía está despuntando, fracasado en su primer matrimonio y sin embargo, pese a tener a su disposición una jovencita de provincias, enormemente moral, es aquella que todos los que amamos el género tenemos de Dash.
Como ven, además, los posibles tópicos de la novela negra están presentes. Tampoco es que Gores pretendiera hacer una versión contracultural del género, de modo que ha escogido el camino correcto, el de hacer de esta novela una prolongación del estilo de Hammett y de sus temas y situaciones.
Pero también ha tenido que trabajar en la cuestión histórica y geográfica, y las calles de San Francisco y las gentes que la pueblan en los años treinta son lo que da auténtico sabor a esta novela.
Todo ello queda reflejado en cinco apéndices en los que el autor explica sus intenciones y sus referencias, sus investigaciones y la gente, real la mayoría, ficticia en el caso de los criminales, que ha escogido para protagonizar esta obra que es algo más que un divertimento literario.
Porque, insisto, Hammett da muy bien como detective. Da muy bien como su propio alter ego de Sam Spade o del Agente de la Continental. De hecho, da tan bien que Wim Wenders se fijó en esta novela para realizar su película El Hombre de Chinatown.
Déjense llevar, no tanto por Joe Gores, como por Dashiell Hammett en esta incursión en un San Francisco al más puro estilo negro americano.

(Hammett)
Eds. 62, col. Seleccions de La Cua de Palla
Barcelona, 1988 [1975]

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Bad, Bad Leroy Brown, de Jim Croce

En la esporádica serie que a veces aparece por aquí dedicada a canciones que relatan una historia (repito: todas las canciones, más o menos, cuentan una historia; a lo que me refiero es a aquellas que lo hacen con planteamiento, nudo y desenlace), comparece hoy un personaje de carácter más que dudoso, el Malo, Malo Leroy Brown.
Creación de Jim Croce, quien lo ha popularizado ha sido Frank Sinatra (que, sin embargo, jamás ha cantado según me consta la estrofa final; probablemente porque el personaje le resulta simpático. Tal vez le recordaba a alguno de los mafiosos a los que conoció).
La canción es un retrato exacto de un indeseable, un tipo que podría haber surgido en los años de la prohibición, pero que parece pervivir en todas las épocas. Como acostumbra a suceder en estos casos, la letra tiene un tono algo humorístico, y eso beneficia tanto a la canción como a la historia. Jim Croce supo darle un algo más a esto que podría haber sido un mero divertimento, y el retrato es tan perfecto que casi se hace arquetípico.
Vean si no su letra:

El lado sur de Chicago
es la peor parte de la ciudad.
Y si bajas hasta allí
debes cuidarte
de un tipo llamado Leroy Brown.

Y es que Leroy es más que problemas,
verás, mide uno noventa y dos.
Todas las damas del centro le llaman el Amante Alto,
todos los hombres simplemente le llaman "señor".

Estribillo:
Y es malo, malo, Leroy Brown
el tipo más malo de toda la maldita ciudad.
Más malo que el viejo King Kong,
y más ruin que un perro de vertedero.

Y Leroy es un jugador,
y le gustan sus ropas vistosas,
y restregar sus anillos de diamantes
por la cara de todos los que se encuentra.
Tiene un Continental modificado;
tiene también un Eldorado.
Lleva un revólver del 32 en el bolsillo y por diversión,
lleva una navaja en el zapato.

(Estribillo)

Y un viernes, hace una semana,
Leroy lanzaba los dados
y en un extremo del bar
se sentaba una chica llamada Doris,
y ¡vaya! qué bien lucía.
Él puso los ojos en ella
y los problemas pronto comenzaron.
Porque Leroy Brown aprendió una lección
sobre meterse con la mujer de un hombre celoso.

(Estribillo)

Ambos hombres se pusieron a luchar,
y cuando los levantaron del suelo
Leroy parecía un rompecabezas
que hubiera perdido un par de piezas.

(Estribillo)

Y para que la escuchen en original, aquí va una versión del creador Jim Croce, en  directo:

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Casa Negra, de Stephen King y Peter Straub

La convergencia y colaboración entre King y Straub puede parecer lógica. Sin embargo, hay unas peculiaridades que la convierten en inusitada. Stephen King es un autor que empezó escribiendo terror, por capacidad, afición e implicación con el género; sólo después de una larga trayectoria en este campo empezó a realizar incursiones en la narrativa general. Peter Straub, en cambio, es un escritor que empezó escribiendo (y no publicando) dentro de la corriente general. La llegada al género se produjo casi por pura desesperación, por aportar dinero a un matrimonio que tenía dificultades económicas. No crean, sin embargo, que esta entrada en el terror se hizo mediante la pura explotación comercial.
Para mayor contraste, los métodos de ambos son radicalmente ddistintos. King aspira a escribir sugiriendo más que mostrando, pero si no puede hacerlo ha declarado que mostrará, y que incluso será truculento si así consigue sus objetivos. Como él mismo dice, no se siente particularmente orgulloso de ello. Straub, sin embargo, tiene su modelo en Henry James; no el James escritor de cuentos de fantasmas (aunque escribió lo que muchos consideran la mejor ghost-story de la historia, Otra Vuelta de Tuerca); no, se trata del James introspectivo e íntimo, que casi consideraría anatema mostrar, declarar, hacer evidente.
El hecho es que, gracias a un intercambio epistolar, ambos trabaron una amistad que se ha desarrollado en varias colaboraciones, peculiares precisamente por esta mezcla de estilos.
Casa Negra (que, por supuesto, remite, incluso en su título [Black House / Bleak House] a la obra inacabada de Charles Dickens) es la segunda colaboración en las historias de Jack Sawyer, que se inició con El Talismán. Sawyer había sido policía, pero tras una incursión en los Territorios, un mundo entre onírico y paralelo donde hay una implícita lucha subyacente entre el bien y el mal, abandonó la policía y se retiró a Wisconsin. Pero allí su propio pasado parece perseguirlo, y tiene que volver a las investigaciones cuando una serie de asesinatos se producen en la localidad.
Jack volverá a investigar, pero también volverá a los Territorios, en busca de la entrada a ese refugio del mal que es la Casa Negra.
Es interesante intentar descubrir quién ha escrito qué. Interesante y simplista, porque si bien parecen claras las introspectivas partes de Straub y las más directas de King, en buena parte de la novela la combinación se hace homogénea, se matiza a sí misma y forma un estilo más contenido, y que no responde tanto a uno de los dos escritores en concreto como a la simbiosis de ambos. Lo cierto es que funciona. El tono que los autores desarrollan parece haber llegado a un territorio común en el que escribir historias que, probablemente, no escribirían jamás por separado, sacrificando algo de sus propios estilos para conformar uno nuevo e inseparable.
Y ese territorio es uno que el lector de género agradece.

(Black House)
Random House Mondadori / DeBolsillo
Barcelona, 2003 [2001]

Portada y sinopsis

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Las Zapatillas Rojas, de Michael Powell y Emeric Pressburger

SESIÓN MATINAL

(The Red Shoes); 1948

Directores: Michael Powell, Emeric Pressburger; Guión: Michael Powell y Emeric Pressburger; Intérpretes: Anton Walbrook (Boris Lermontov), Moira Shearer (Victoria Page), Marius Goring (Julian Craster), Robert Helpmann (Ivan Boleslawsky), Albert Basserman (Ratov), Frederick Ashton, Leonide Massine (Ljubov), Ludmilla Tcherina (Boronskaja), Esmond Knight (Livy); Dir. de fotografía: Jack Cardiff; Música: Brian Easdale; Diseño de producción: Hein Heckroth; Montaje: Reginald Mills.

Jamás una película había tenido tan poco material, o tan poco consistente en apariencia, como para ya no hacer una película, sino una obra maestra como es Las Zapatillas Rojas. En teoría se basa en un cuento de Andersen, pero podríamos decir que eso sólo es el argumento para un ballet que se representará como parte de la película. En realidad, lo que Powell y Pressburger lograron fue trasladar, por sublimación, ese mínimo argumento y ponerlo en la vida real (aunque toda la película tiene un aire, a veces mefistofélico y a veces de cuento de hadas, lo que ha llevado a clasificarla dentro del género fantástico; con buen criterio, a mi juicio, pero sin limitarse a ello). Victoria Page quiere bailar; toda su vida debe ser el baile, y el mejor y más grande organizador de ballets es Boris Lermontov.
Y, en efecto, Lermontov le dará, no sólo la oportunidad, sino que le prometerá convertirla en la mejor bailarina de ballet de la historia. Entonces la historia se torcerá: Victoria se enamorará del compositor Julian Craster, y Lermontov, muerto de celos o despechado en nombre de su arte (y uno diría que viene a ser lo mismo), despedirá a ambos... Para hacer tiempo después una propuesta de todo o nada a Victoria, que llevará a un final trágico.
Insisto en que este argumento, por muy bien que se trate, es archiconocido. Y Moira Shearer está perfecta en su papel, y todavía más enorme está Anton Walbrook, en una interpretación que es digna de antología. Pero la grandeza de esta película está en su tratamiento cinematográfico. Nos muestra el ballet desde el interior, y eso ya era anticiparse a su tiempo, dando además un aire de credibilidad a los hechos. Y cuando el ballet se pone en acción, Powell y Pressburger tienen la grandeza de dar el paso, y no limitarse a filmar lo que sucede en un escenario. Con una suavidad extrema, de repente el espectador contempla un ballet cinematográfico con todas las de la ley. Un espectáculo que pocas veces se ha dado en el cine.
Y toda la película está hecha con un cuidado y una sensibilidad que la ponen en otra dimensión. Jamás el cine británico, han dicho algunos críticos, ha vuelto a hacer una película tan perfecta. Jamás podrá perdonarse el cinéfilo que no haya visto Las Zapatillas Rojas.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Dexter Gordon en el Montmartre de Copenhague Agosto 1964

Seguimos con esas magníficas actuaciones que el padre del saxo tenor bop, Dexter Gordon, ofreció en el club de jazz Montmartre de Copenhague y que fueron retransmitidas y grabadas (¡por fortuna!) por la radio danesa.
Nos reencontramos con el equipo habitual, el formado por Dexter al saxo tenor, el más grande jazzman que España haya dado, Tete Montoliu, al piano, el contrabajista señero europeo, Niels-Henning Ørsted Pedersen, y el magnífico batería Alex Riel. Y escucharemos primero un tema que quedó pendiente de la anterior sesión, el siempre complejo Cherokee. Si esta pieza es un examen de graduación para todo jazzista que se precie, aquí todos se llevan matrícula de honor. No sólo Dexter está en plena forma, es que Tete y Niels componen sus solos de una manera magistral. Y es lástima que el tema acabe (por necesidades de programación de la radio danesa, tal vez) con un fade-out, porque entonces Alex iniciaba su solo y apuntaba pero que muy bien.
La siguiente actuación se abre con el conocido Just Friends. Y menudo tema nos ofrece el cuarteto. Sobresaliente en todos los campos, e incluso Riel tiene intervenciones solistas en su intercambio de cuatro compases con Dexter. Magistral.
Y luego vendrá un delicioso Three O'Clock in the Morning, a muy buen ritmo, con un swing impresionante e intervenciones a la altura máxima por parte de todos.
Escucharemos entonces, muy poco incompleto, pero inacabado al fin, una balada que era una de las favoritas de Dexter, Where Are You. Y como siempre, el espíritu baladista de este inmenso saxo tenor es insuperable; de todos modos, se escuchará el tema completo en el próximo capítulo.
Atentos como siempre a los comentarios del Cifu, que ilustran más que lo que yo pueda hacer aquí.


Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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The Inexperienced Ghost, de H. G. Wells

Cuando uno se halla ante un relato que lleva por título El Fantasma Inexperto, cabe esperar una historia humorística. Y así es, por lo menos durante buena parte del relato... hasta que el humor se transforma en tragedia.
No hay que presentar al autor, supongo. La sola mención a su obra más recordada, La Guerra de los Mundos, cons sus resonancias cinematográficas, musicales y wellesianas (de Orson) ya nos retrotrae a uno de los maestros de la ciencia ficción. También cultivó el género macabro, y hay que reconocer que lo hizo tan bien como sus incursiones en la isla del doctor Moreau, sus viajes en la máquina del tiempo o sus trayectos como hombre invisible.
Sin embargo, esta es una historia curiosa, muy británica en apariencia, muy en la forma del "tall-tale" esa historia de bar exagerada y casi increíble que, sin embargo, conserva un poso de verosimilitud que hace que se siga escuchando. Porque, de lo que se trata aquí es de una reunión de amigos, uno de los cuales, acabada la cena, y declarando que no ha creído jamás en fantasmas, explica cómo la noche anterior cazó uno.
Frente al escepticismo de los contertulios, el protagonista Clayton explica que para cazarlo contó con una ventaja, y es que así como hay gente que es tenaz y terrible en vida, también la gente débil tendrá su fantasma, y que el que encontró esa noche era de esta clase.
El relato, en inglés o castellano, a su elección, lo pueden leer en los enlaces al pie de esta entrada. Para aquellos que no tengan ganas, proseguiré con la explicación somera del argumento.
Porque el fantasma aparecido es tan pusilánime en la muerte como lo fue en vida. Y así, burlando burlando, Clayton puede llevarlo a su habitación para decirle que, primero, no tiene derecho a encantar el club en el que se ha aparecido, y segundo, que tiene que desaparecer al momento. A lo cual el fantasma responde que bien querría volver al limbo, pero que no sabe cómo, que ha olvidado cómo se regresa o, incluso, que carece de la fuerza de voluntad necesaria para hacer que los pases mágicos funcionen.
Clayton, que es hombre enérgico, lo intima a que pruebe con mayor intensidad. Pero, ¡ay!, en el proceso aprenderá esos pases que le trasladan a uno al otro mundo.
Y ahí la sorpresa final del relato.
Es curioso, si me han seguido hasta aquí o si han leído el cuento, lo bien estructurado que está la narración, lo medido del tiempo. Lo suavemente que se hace el paso del humor (y la premisa es cómica a todas luces) a la tensión en la que Clayton anuncia que va a realizar los pases y que va a ir a explorar el más allá. Hablaba al principio de relato británico al cien por cien, no sólo por ese aire de historia de taberna, sino también porque, al final, toda la atmósfera se impregna del relato fantasmal clásico, con un tinte de ciencia ficción en su aspecto prometeico; tanto, que lo que comienza como una humorada finaliza como un ejercicio de terror de primer nivel. Es mérito de Wells y de su saber narrativo, y pocos relatos hay que sean tan singulares como El Fantasma Inexperto.

En Dark Banquet
St Martin's Press
Nueva York, 1985 [1902]

Texto en inglés de The Inexperienced Ghost
Texto en castellano de El Fantasma Inexperto, en el blog El espejo Gótico

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Fronts Oberts, de Pau Vidal

Como no podía ser de otra manera, después de haber escrito una novela policíaca originalísima (Aigua Bruta) en la que se notaba que el autor se lo había pasado tan bien como los lectores, Pau Vidal se ha decidido a proseguir las andanzas del detective más insólito de las letras catalanas y las otras, tal vez el único detective filólogo de la historia.
En esta segunda novela, Fronts Oberts [Frentes Abiertos], hallamos de nuevo a Camil enfrentado, muy a su pesar, a un caso criminal. Claro que, esta vez, la cosa tiene su lógica. Camiller ha abandonado la Acadèmia d'Estudis Catalans y es ahora profesor de lengua en la Escola de Policia de Catalunya. Y, como, descubrirá mediada la novela, no le dieron el puesto porque fuera un excelente filólogo, precisamente, sino tal vez por sus habilidades lingüístico-detectivescas.
En todo caso, la novela arranca cuando, estando en Benassal de fin de semana, el perro que está cuidando de forma temporal, desentierra un cadáver. De ahí a que Camil pase a ser espía infiltrado en la morgue castellonense, ayudante del inspector Jeroni Domingo y protagonista de unas cuantas aventuras que llevarán al descubrimiento de una red de pedofilia en internet.
Todas las virtudes que se descubrían en la anterior novela de Pau Vidal están presentes, si acaso, aumentadas. El humor y la sátira son omnipresentes (y, reconózcanme, una novela que se inicia con la frase «Neeskens! Neeskens!» tiene todo lo que hay que tener para tomar por sorpresa al lector). Sigue siendo igual de intraducible que Aigua Bruta, salvo que alguien quiera tomarse el esfuerzo y el tiempo de adaptarla, y aún así sería difícil. Sin embargo, sigue trazando un mapa (lingüístico y del otro) de la Cataluña contemporánea, y los soliloquios de Miquel Camiller siguen siendo impagables en su arrebato, en su sarcasmo y en su lucidez.
Pau Vidal sigue camino, un poco como su homenajeado Camilleri, y va rodeando a su personaje de secundarios que van dando volumen a un paisaje narrativo: La Juli, la padrina, Toni Jáimez...
Todo augura que esta serie tiene largo recorrido, y ojalá sea así: por su humor, que es un valor escaso en literatura, por su originalidad, por su construcción, por su lenguaje moderno y a la vez irreductiblemente normativo, que no es poca cosa si hablamos de literatura catalana.
Que siga, pues. Larga vida a Miquel Camiller y su mundo.

Ed. Empúries, col. Narrativa
Barcelona, 2012 [2011]
Premi Marian Vayreda 2011
Serie entomofilólogo Miquel Camiller nº 2

Portada i sinopsi

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Calor, de Ed McBain

En el comentario anterior que hice sobre las ficciones del maestro de la novela de procedimiento policial Ed McBain (Los Crímenes del Relámpago, donde podrán leer un análisis más extenso y detallado sobre las características de este género dentro del género), ya dije que la gran época de McBain y su comisaría 87, la mejor, había sido la producida en los anos 80, y en concreto la que formaba el díptico Hielo / Calor.
Después de haberla releído, me reafirmo en ello. Calor es una novela enormemente bien trazada en su argumento, en la que nos hallamos ante un caso de aparente suicidio en plena ola de calor de la imaginaria ciudad de Isola. Pero, ¿alguien que se suicida a 38 grados de temperatura ambiente piensa en apagar el aparato de aire acondicionado? Es este hecho que descuadra toda la escena el que hace que los detectives (y, para los lectores de la serie, viejos amigos) Carella y Kling empiecen a investigar no ya como un homicidio, que es lo que marca la ley (un suicidio, en Isola, es tratado como un homicidio hasta que no es demostrado), sino más a fondo todavía, interrogando a todos los implicados y familiares con extrema cortesía y corrección, pero dejando claro que no van a tomarse el asunto en broma.
Y, como siempre, otras dos historias pueblan las páginas de esta novela. Una de ellas referente a la vida privada del detective Bert Kling, y la otra, en la que interviene toda la comisaría, sobre un asalto en fuerza a una transacción de drogas .
Los detectives de McBain, encabezados por su personaje más querido, no se dejan llevar por intuiciones; son pacientes, metódicos y humanos (en lo falible). Todas las novelas de la Comisaría 87, con sus protagonismos variables de una a otra, enfatizan los métodos policiales, reales a más no poder, documentados hasta el mínimo detalle, verosímiles hasta el extremo.
Y todas esas novelas, además, incluyen las historias personales de esos personajes que se nos hacen entrañables, el teniente Byrnes, los detectives Carella, Kling, Genero, Meyer Meyer, Brown, Hawes, Hal Willis, Fujiwara, el desagradable Andy Parker, Higgins, Rodríguez, por citar a algunos de los que han pasado por algún momento por esa comisaría de distrito.
Leer una novela de McBain es un ejercicio de verismo policial puro y duro, de enfrentarse a esa labor policial desarrollada en la ciudad de Isola, que no es otra que Nueva York, en sus cambios y en su vida diaria, tanto que es un personaje más de la serie. Pero además es seguir las vidas privadas, tan sencillas y tan complicadas como las de nuestros vecinos, de aquellos que componen esa fuerza policial.
Que McBain fuera la inspiración directa para muchas series televisivas de policías, entre ellas Hill Street Blues, no es ningún secreto. Pero, y salvando las distancias de los respectivos medios, cuando McBain está en forma, sus novelas son mejores que todo lo que se pueda filmar. Es el caso de Calor.

(Heat)
Eds. Destino, col. Destino Suspense
Barcelona, 1986 [1981]