Delta Sly Honey, de Lucius Shepard

En Demons & Dreams. The Best Fantasy and Horror 1
Legend / Century Hutchinson
Londres, 1989 [1987]
Ed. por Ellen Datlow y Terri Windling

De los numerosos escritores mque estuvieron en la guerra del Vietnam, todos la han reflejado de una u otra manera en sus escritos. Casi todos, en algún momento u otro, han escrito escenas que tienen un componente de una aparente irrealidad en ese contexto (a ese respecto, incluso Despachos de Guerra, de Michael Herr, unas crónicas periodísticas, comparte esa sensación en algún escenario). Algunos, dando un paso que parece lógico, han situado esa irrealidad en el terreno de lo sobrenatural. Lucius Shepard ha sido uno de los que más asiduamente ha frecuentado ese territorio.
Delta Sly Honey [un título que es una clave de radio y que se puede traducir como "Delta Taimada Dulzura" o "Taimada Dulzura Delta", pero también, clave alfa-bravo-charlie modificada, puede ser DSH, que correspondería a Deliberate Self-Harm, Autolesión Deliberada] es uno de esos relatos.
Randall J. Willingham es un soldado apocado, tímido, salvo cuando está ante un aparato transmisor de radio. Entonces se vuelve locuaz, soñador, fabulador, recuerda su terruño, su perro, su familia, estableciendo una especie de programa radiofónico ampliamente seguido. Como casi todos los soldados retraídos, Randall tiene su bestia negra, un sargento maltratador llamado Moon. Entre la guerra y los abusos de Moon, la única válvula de escape para Randall es "su" programa de radio, en donde se convierte en «el Sumo Sacerdote de la Verdad del Alma y el Espíritu Santo del Zumbido de los Sesenta Ciclos».
Una noche, Randall llama a una de las unidades que regularmente se inventa, esta vez a Delta Sly Honey, a los que dice que puede «veros clro, caminando por las alturas cercanas a la montaña Virgen Negra, moviéndoos por entre remolinos de niebla que parecen humo de la batalla y sintiéndoos un poco asustados, porque habéis desaparecido del mundo, hay un mundo de miedo entre aquí y el más allá. [...] Tal vez penséis que no comprendo vuestros problemas, hermanos. Pero ciertamente los entiendo.» Y Delta Sly Honey responde. Todo queda como una broma, una humorada de algún soldado de otro puesto avanzado. Pero poco después Randall desaparece y días más tarde Moon es "ajusticiado" por un extraño comando de soldados americanos desconocidos para todos. Y una semana después Randall vuelve. Amnésico, o eso dice él.
Reintegrado a su puesto, una noche la radio crepita con un mensaje de Delta Sly Honey para Randall: debe volver, o si no...
Muchas veces (casi siempre, de hecho), el género fantástico opera narrando una cosa que significa en realidad otra distinta. Aquí podríamos tener una conseja de ámbito moderno, una historia narrada alrededor del fuego con soldados de Vietnam en lugar de campesinos que, pongamos, ven a la Santa Compaña gallega. Sin embargo, y comprobado el ambiente verista (Shepard coincide inevitablemente en los escenarios, situaciones y ambientes de todos aquellos que han narrado su estancia en Vietnam) la conclusión de este cuento de fantasmas es más profunda; la guerra, nos dice, crea sus propios fantasmas, fantasmas en vida. Hay personas que fueron a Vietnam y nunca lograron abandonarlo del todo, por muy lejos que fueran o por mucho tiempo que pasara. Y Shepard, como acostumbra, narra esta historia y su subtexto sin concesiones, comprometido a la vez con la realidad y la trama que cuenta; con momentos de una poesía feérica y otros de una brutalidad descarnada. Con maestría inusual.

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