Vida y Muerte en el Tercer Reich, de Peter Fritzsche

(Life and Death in the Third Reich)
Ed. Crítica, col. Memoria Crítica
Barcelona, 2008 [2008]

La visión que tenemos de la sociedad alemana durante el nazismo, de esa sociedad que permitió el ascenso de los nazis al poder, ha estado desde hace largo tiempo basada en un relato a posteriori que esa misma sociedad creó después de la capitulación. Un relato que ha consagrado ciertas expresiones como las del "No sabíamos nada", la impresión de la "pura" Wehrmacht frente a las "criminales" SS y la contraposición de los "alemanes" frente a los "nazis", dando una impresión generalizada de que unos pocos o muchos nazis manipularon a toda una sociedad manteniéndola en la ignorancia de algunas cosas y engañándola con unas grandezas y logros iniciales, sin desvelar jamás sus planes auténticos. Como máximo, con la colaboración de algunos (nunca identificados) ciudadanos alemanes; pero que la mayoría del pueblo alemán fue víctima del propio nazismo.
La realidad es algo diferente. Si hay que conformar un relato, una narrativa de lo que realmente sucedió, no nos podemos basar en una reacción posterior a una derrota o a un conocimiento completo de los detalles, sobre todo de los detalles de los campos de exterminio. Fritzsche acude al relato que los propios ciudadanos alemanes, "arios" y judíos, transeúntes y residentes, pero siempre inmersos en la sociedad alemana, hacían durante la época en que las cosas sucedían.
Para ello, y en una investigación documental impresionante y exhaustiva, Fritzsche recurre a una cantidad descomunal de diarios, cartas y documentos contemporáneos. El cuadro resultante es muy diferente. Y aterrador.
«Un elemento básico de mi argumentación es el análisis del esfuerzo que los alemanes realizaron para convertirse en nazis. En este sentido, examino el atractivo de las ideas nacionalsocialistas (el deseo de adoptar los estándares de conducta nacionalsocialistas, pero también lo difícil que resultaba hacerlo) y en qué medida los alemanes tomaron decisiones políticas de forma deliberada, consciente e informada durante el Tercer Reich. De hecho, la moralidad de las decisiones y elecciones fue un motivo clave en la vida intelectual de los ciudadanos alemanes durante este período. El objetivo de los nazis era crear una nueva conciencia nacional y racial entre los alemanes y, por tanto, hacerlos cómplices de los nuevos designios raciales. Esta colaboración audaz, homicida y autodestructiva en el nombre de una nueva Alemania rediviva constituye el tema general de las siguientes páginas.»
En este aspecto,el cuadro queda completo, pero no por las tesis del autor, sino por los testimonios que éste aporta.
La vieja cuestión de hasta qué punto conocían los ciudadanos alemanes los detalles del Holocausto queda esclarecida por fin. ¿Conocían todos los detalles? No, pero sí sabían (y había una connivencia, e incluso una complicidad) del proyecto y la puesta en práctica del genocidio.
«Los alemanes no fueron meros espectadores. Como señala Christopher Browning, "en el más alto nivel, los Ministerios de Hacienda, de Relaciones Exteriores y de Transporte habían participado con entusiasmo. En el nivel local, los alcaldes de los pueblos se aseguraron de que su puñado de judíos se incluyera en las deportaciones, las señoras de la limpieza recibieron pagas extra por encargarse de desnudar y registrar a las deportadas" y la Cruz Roja proporcionaba comida y bebidas calientes a los guardias de la SS que acompañaban los transportes.»
«Todavía más asombrosas fueron las subastas públicas en las que se distribuían los bienes expropiados a los judíos alemanes. El conocimiento acerca de estas subastas se suprimió de forma tan completa en los años de la posguerra que apenas en el último decenio los historiadores han empezado a comprender su alcance. [...] Las multitudes se apiñaban alrededor de las pertenencias de los judíos.»
Y sabían, como queda demostrado, la procedencia de esos bienes.
Este es un libro tan repleto de información que podría ser citado en su integridad. Y el cuadro queda completo. De forma terrible, pero completo. Los nazis impusieron una marcha hacia un destino. Y el pueblo alemán empezó a marchar dentro de ese grupo. Por motivaciones varias, puede ser. Siguiendo el paso o no, más rápida o lentamente, con las filas prietas o más abiertas, pero en la misma dirección. Ni tan siquiera existió una minoría significativa que se negara a hacerlo o que intentara elegir otro camino.
«Si el término responsabilidad colectiva es apropiado en algún sentido, y mi opinión es que huimos de él con demasiada rapidez, es apropiado no porque todos o la mayoría de los alemanes fueran perpetradores sino porque, en la conmoción de la derrota, se revelaron dispuestos a enterrar el conocimiento de los crímenes contra los polacos, los rusos, los judíos y los gitanos con el fin de que la Alemania nazi pudiera sobrevivir. La vergüenza venció a la culpa.»
«En los últimos años de la guerra, muchos alemanes terminaron dándose cuenta de que Alemania había cometido un crimen enorme (y fueron más claros al respecto que Wabb) y empezaron a preocuparse por la posibilidad de que si Alemania se hundía, lo haría como consecuencia de ese crimen.»
«Sin embargo, en medio de todos estos problemas, prácticamente no hubo oposición política al régimen hasta el final de la guerra. La legitimidad básica del Tercer Reich se mantuvo intacta porque los alemanes no podían imaginar una alternativa deseable al nacionalsocialismo.»
«Los dos colectivos, los alemanes y los nazis, estaban tan enredados entre sí que después de la guerra las personas normales y corrientes nunca trataron a los asesinos como tales. [...] En lugar de ello, la mayoría de los alemanes optó por amnistiarse.»
Poco se puede añadir a lo aquí escrito y a lo mucho más que relata Fritzsche.

Portada y sinopsis

btemplates

5 comentarios:

Asterión dijo...

Parece uno de esos documentos que logran revolcar la historia y presentar nuevas lecturas, definitvamente.

Creo que ningún pueblo puede achacar las culpas solamente a sus gobernantes, polítocos o dirigentes. Y aquí habría una lista de lugares comunes, como que cada pueblo merece a los suyos, por ejemplo.

Además, pretender que no se sabía de algo tan evidente, es como fundamentar la imposible fábula de Schindler, la de "La vida es bella" o del piyama a rayas ese.

Saludos.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Asterión:
De hecho, la tendencia a reexaminar esa historia ya se hizo presente hace veinte años, cuando gentes se interesaron por su pasado y por descubrir cuánto había de verdad y cuánto de invención en eso del "no lo sabíamos". Pero este libro hace un análisis MUY a fondo de los propios testimonios contemporáneos. Y no se trata tanto de si se sabía o no lo de Auschwitz, sino de si es cierta o no esa afirmación de "fueron los nazis, nosotros sólo éramos alemanes". Y la conclusión es que no.
Hay muchos puntos estimables en este libro, pero uno de ellos es esa narratividad producida a posteriori de los hechos para conformar un cambio de realidad. Esa "autoamnistía" que se aplicó el pueblo alemán. Y que puedo casi justificar jurídicamente, pero me es imposible admitir históricamente, claro.
Y respecto a los títulos que comentas, Schindler es ambiguo en la película de Spielberg (no me resulta particularmente simpático como personaje, desde luego, pero por lo menos Estebanillo Spielberg lo trata con cierta ambigüedad y no como un héroe declarado); Benigni, en cambio, comete para mí una aberración: uno sale de La Vita é Bella considerando que un campo de exterminio era una fiesta campestre. Es posible hacer humor de todo y en todo lugar, pero cuando se aprovecha el exterminio para elevar de categoría a algo que, desprovisto de ese hecho, se convertiría en una comedieta simplona, se está intentando hacer algo grave, como es pervertir el exterminio y dar valor añadido a algo mediante la manipulación.
Respecto al Niño del Pijama de Rayas, mantengo unas grandes reservas, tantas que no lo he leído todavía. Jorge Semprún dijo que el futuro de la memoria histórica de los campos nazis estaba en manos de los novelistas, tanto por un hecho vital (los supervivientes van siendo cada vez menos) como por el hecho de que quien puede transmitir cierta coherencia al conjunto y proporcionar emociones y declaraciones que a los supervivientes les resulta imposible revivir y hacer son ellos. Pero no tiene porqué gustarme la manipulación de sentimientos que sospecho puede hacer Boyne. De todas maneras, veremos. Supongo que algún día tendré que pasar por su lectura.
Un saludo!

Asterión dijo...

La versión de Schindler se vuelve patética, cuando al final llora por "todo lo que pudo hacer y no hizo". Ahí es el típico héroe. Con esos últimos quince minutos y los viejitos en el cementerio, echó a perder lo que pudo ser una obra maestra.

Benigni igual. Una primera hora muy lograda, de fino humor y delicados tonos, para salir luego con esa otra hora donde todo mundo llora porque la vida sí que es bella.

Y el piyama a rayas, ni a palos la leo y menos la veo.

Saludos.

Magda dijo...

Hola Lluis,

Lo de la Cruz Roja proporcionando bebidas a los guardianes de los transportes... me ha dejado helada. Cuanto hay todavía por dar a conocer y es bueno darlo a conocer, no olvidar que esto sucedió no hace tanto.

Sobre "La vida es bella" para mi, aunque es siempre un peligro poner en algo así un tono de humor, creo que se hace un repaso profundísimo de lo que fue el campo ya que el día que no aparecen más niños porque los han llevado a la ducha es evidente que los han matado a todos, el trabajo obligatorio, durísimo que el que no hacía era matado allí mismo, la miseria, la ropa sucia de los propios orines, el médico tan alegre que aparece desquiciado, se refugia mentalmente en los acertijos... No creo que esta película sea frívola como algunos -no aquí- han dicho.

Por lo que hace a los campos de exterminio fui hace unos meses a ver la obra de Zoran Music que estuvo prisionero en uno (Lluis, fue en La Pedrera, tal vez tu también la viste). Decía que al salir del campo y pintar le costaba no romper el dibujo en trozos para esconderlo de los guardianes y su serie de pinturas la tituló "No somos los últimos" ya que en el campo otro preso le había dicho que ellos eran los últimos en ver tales horrores y al salir de ahí y viendo como la humanidad seguía igual hizo esa serie de "No somos los últimos".

Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Asterión:
De acuerdo con ese viajecito por el cementerio. Era como ver otra película. Lo malo es que esa otra película era una especie de súplica: "si no han llorado hasta ahora, miren, miren..." Patético, como dices.
Y (a la larga), ya te informaré sobre el Boyne... Confieso que el tipo ha rematado el tema de mis simpatías para con él haciendo una versión del motín de la Bounty. Yo, que me crié con las obras de Nordoff y Hall sobre el tema, y que no hace muchos años leí un ensayo sobre el motín, me pregunté si hacía falta. Y, contado y debatido, como decimos por aquí, llegué a la conclusión de que no.
Un saludo!

Hola, Magda:
Bueno, las Cruces Rojas no son un organismo central dirigido por un viejito desde Suiza, sino que son organismos nacionales... Pero, ¿a que nadie había caído en ello? Los miembros (alemanes) de la Cruz Roja (alemana) presenciando en directo los alegres transportes de deportados por las SS. A la pregunta de si los alemanes sabían lo que estaba pasando, se podría responder: pregúntenles a la cruz roja alemana. Y, por supuesto, hay otra conclusión en ello. Y es que esas operaciones no se hacían en secreto, para nada. Eran públicas y notorias.
El problema de la Vita é Bella es que se hace un uso espúreo de algo para revestir una comedia de un aura de trascendencia. Eso es una de las definiciones de lowculture o de midculture, dependiendo de lo logrado que esté el producto. Y es algo que se hizo conscientemente, con lo cual hay algunas cosillas que Benigni debería explicar...
Respecto a los testimonios de cada uno de los que han pasado por los campos, siempre hay una coincidencia: nunca han salido definitivamente de allí, una parte de ellos sigue encerrada, viviendo eso. Pero hay que escucharlos y preservar los testimonios. Van a ser valiosísimos en un futuro no muy lejano.
Un saludo!