The Arrival, de Shaun Tan




LIBRETA DE VIAJE

Firma invitada: LUIS MORENO VILLAMEDIANA

The Arrival
Arthur A. Levine Books
Nueva York, 2006

Como novela gráfica, el libro de Shaun Tan The Arrival reclama la autoridad del álbum familiar, el fotograma, el grabado expresionista y surrealista, y el retrato de carnet. Esa conjunción le sirve al autor para indicar sutilmente la misma complejidad de la experiencia migratoria, que contiene a la vez el recuerdo, el apresto burocrático, el descentramiento y quizá la convicción, muy vaga, de haber sido antecedida por una película—no necesariamente West Side Story (1961). Los variados recursos de Tan reprueban la convicción de que la familiaridad es un asunto de costumbres: la tierra extranjera que recibe a los personajes de The Arrival llega a ser inclusiva, pero su arquitectura y zoología nunca terminan de acomodarse a la naturalidad, ni a la memoria visual (con sus órdenes de formas prefijadas). Ese lugar envuelve la noción de futuro perpetuo.

El capítulo inicial describe, en principio, aquello que se deja y aquello que se carga en el traslado. La primera página procede con el tacto descriptivo del nouveau roman, y se desplaza entre variados objetos: un pájaro de papel, perfectamente ensamblado, en pose de despegue; un reloj que marca las diez y diez, con veinte segundos, tal vez de la mañana, aunque eso no es seguro (luego veremos que se parte de una ciudad brumosa); un sombrero; una olla; un dibujo; una fotografía… Los dos últimos son, de hecho, variaciones de la misma escena: la muestra de una familia plácida que mira hacia el frente, sonreída, sin augurios de lo que va a ocurrir, que ocurre de inmediato—el retrato se envuelve con cuidado y se pone en la maleta. Esa cadena de imágenes obra como sinécdoque de aquella vida que se va a trastocar, de un pasado acumulado en las cosas como en la pared de alguna galería. Los gestos representados no pueden ser alegres, lo que indica que la foto no es del todo reciente; entre aquel momento y éste se han revelado, sin duda, la precariedad, el extravío, la incertidumbre.

Quien se va es el padre de familia. Lo acompañan a la estación de trenes la esposa y la hija, y en el trayecto hasta allá atraviesan distintas calles visiblemente europeas y oscuras. El probable gentilicio repite de esa forma los trazos del vestuario como comprobación. La ciudad por la que andan resalta por la evidente antigüedad y una peste imprecisa:

La curvatura repetida de esa cola de serpiente marina nos hace concluir que observamos las secuelas de un hundimiento más que simbólico, aunque representado simbólicamente. Sea lo que sea, el lugar se debate en la desesperanza de esa doble sombra ubicua. La perspectiva del dibujo acentúa el poder de ese monstruo sobre los habitantes: la familia que debe despedirse apenas se vislumbra, abajo, en toda su impotencia. La ambigüedad de esa presencia no atenúa su influencia, pero sí abre el libro a variadas posibilidades de lectura. Más adelante, en la nueva geografía el viajero sabrá de las razones que llevaron a otros a migrar: la muerte y la destrucción guerreras. Sin embargo, la movilidad del personaje central y luego su familia podría venir de otras caídas—sociales, económicas, políticas—cuyo desentrañamiento es menos apremiante.

La llegada al otro espacio involucra la súbita instauración de lo nuevo:


El barco que trae a los inmigrantes es suficientemente grande pero no lo bastante prodigioso, su elevación y eslora son menos focales que los raros instrumentos que las rodean: extrañas boyas que más recuerdan los vestigios de una posible Atlántida, y, sobre todo, las aves portuarias, remedos de gaviotas hechas siguiendo los patrones del origami. Todo eso marca sin transiciones la cualidad algo mágica de aquel territorio. Allí está presente el artilugio como emblema de la supervivencia: lo que mueva esos pájaros resulta inexplicable, acata unas leyes distintas, procedimientos para siempre asombrosos. En adelante iremos viendo sin pausas la aparición de códigos cuya extrañeza no se convierte en obstáculo. Toda la ciudad indudablemente es un novedoso, pero legible, régimen de signos:


La convivencia de multitud de formas y señales nos hace pensar en los trabajos de Xul Solar, por ejemplo, con su presentación de un mundo alternativo donde se dilatan las potencias de la geometría y el sortilegio, y también en los diseños, entre visionarios e imposibles, de Albert Robida, repletos de máquinas pesadas que cumplen el milagro del vuelo y la visión a distancia, a pesar de ellas mismas. En The Arrival, uno puede volar en botes de vapor y entender un mapa hecho de flechas discordantes:





Debajo de todo el mecanismo de la novedad y la sorpresa yace el impulso de la solidaridad. Ella es la que permite descifrar la lógica de los aparatos más anómalos, los jeroglíficos que fundamentan la comunicación, las claves del sistema de transporte. No es difícil verificar la variedad de fenotipos de esa zona utópica. Ese examen nos impide llegar a una conclusión sobre los habitantes originarios del lugar: todos son inmigrantes, por eso entre ellos es necesario el apoyo en el acto hermenéutico de acomodarse a esa otra situación. Cuando la esposa y la hija del personaje principal arriben a aquella ciudad, constataremos que ése es el valor sobresaliente. No es arbitraria la ilustración que cierra el libro de Shaun Tan: con el brazo extendido, mirando a un punto a la derecha de la imagen, la niña le explica a otra viajera (que tiene en la mano un mapa y en el piso su única maleta) alguna dirección.

Como novela gráfica, The Arrival se inscribe en la tradición de las historias mudas de Frans Masereel y Lynd Ward, y de los álbumes de collages de Max Ernst. Esa naturaleza potencia los recursos de la imagen, y convierte el libro en un cuaderno inventivo que al moverse de una página a otra logra dar fe de aquella otra movilidad de la vida vivida en otra parte.

*Hay edición española: Emigrantes (Arcos de la Frontera, Cádiz: Barbara Fiore, 2007).
Ilustraciones: The Arrival, Shaun Tan

Página oficial de Shaun Tan

Este artículo fue publicado originalmente en el blog 500ejemplares el 20 de abril de 2009

© 2009 Luis Moreno Villamediana, todos los derechos reservados.

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6 comentarios:

Lluís Salvador dijo...

Hola a todos:
Ya conocen de sobra a Luis Moreno Villamedian. Si, no, pueden leer lo que digo de él en sus entradas (sólo tienen que buscar, en el índice de etiquetas, la correspondiente: Moreno Villamediana ·Luis).
Y hoy me honro en ofrecerles, gracias a su benevolencia, un descubrimiento que él me hizo, como es la obra de Shaun Tan.
Quedé fascinado por la reseña que Luis hacía de este Emigrantes, y me lancé a buscar el libro. Por fortuna, lo encontré con rapidez en la biblioteca de mi mismo barrio. Es probable que, de no haber sido por ese artículo de Luis, no lo hubiera leído jamás. El caso es que pasé por esa obra una, dos, tres veces. Cada vez más sorprendido, cada vez más fascinado, cada vez dando la razón a la reseña que había leído. Era una obra muy recomendable. Y, si yo escribía sobre ella, probablemente diría algo distinto, pero no lo diría mejor que Luis en esa prosa a la que me estoy acostumbrando, profunda, incisiva y clara.
Los que creemos tener algo que decir tenemos que saber reconocer cuando alguien lo dice mejor que nosotros. Es el caso. Gracias a Luis por su reseña. Mis lectores y Shaun Tan se lo agradecerán, estoy seguro.
Un saludo!

Asterión dijo...

Concuerdo plenamente con vos en cuanto a la excelente prosa de Luis. Aunque claro, aquí también tendría que decir que primero es excelente como poeta.

Saludos.

Luis Moreno Villamediana dijo...

Lluís:

Soy yo quien agradece tu benevolencia al querer reproducir mi reseña y al describir mi escritura del modo en que lo haces. Además, me alegra muchísimo que te haya gustado el libro de Shaun Tan, una de esas obras que lo acompañan a uno por días y días, sin agotarse en las relecturas. Qué suerte que tus lectores, como tú, puedan acudir a una biblioteca cercana y conseguirlo; así se propaga el placer que esas páginas provocan.

Gustavo:

Gracias a ti también por las hipérboles, nacidas de la amistad y la solidaridad. Se ruboriza uno y desde esa condición le envía uno abrazos a todos los camaradas.

Saludos a los lectores errantes.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Asterión:
Y yo concuerdo en lo del poeta, al menos por los poemas que le he leído. Pero me reafirmo en que es un lujo tenerlo como invitado, aunque sólo sea en prosa.
Un saludo!

Y a ti, Luis, si te contestara estaría en ese juego de continuas cortesías, de modo que sólo reiterarte que esta es tu casa.
Un saludo!

Germán Hernández dijo...

Shaun Tan: Que descubrimiento tan fascinante!!!!

He rebuscado en las esquinas de mi ciudad... no he encontrado nada...

:-(

Lluís Salvador dijo...

Hola, Germán:
¿Verdad? Siento que no hayas encontrado nada de Tan por allí. De hecho, tenemos suerte (aparte bibliotecas) en que alguien en España lo haya editado. La cuestión de la distribución de los productos culturales es una que siempre me pone algo frenético...
En fin, consuélate echándole un vistazo a la página de Shaun Tan.
Un saludo!