Los Conspiradores, de Jorge Ibargüengoitia

Publicada en México en 1982 como Los Pasos de López
Ed. Argos Vergara, col. Las Cuatro Estaciones
Barcelona, 1981 [1981]

Desde que descubrí los escritos del malogrado Jorge Ibargüengoitia no pierdo ocasión de frecuentarlos. Y conforme más conozco su obra, más me gusta y más la recomiendo.
Los Conspiradores es una peculiar novela histórica. Peculiar porque desconozco si el "Grito de Ajetreo" es un hecho histórico o no (y tanto da). Y porque el enfoque con el que se trata el hecho es ciertamente personal.
Pongamos orden: la novela trata sobre un grupo de conspiradores en el México de 1810 que se conjuran para proclamar la independencia, someter a las tropas coloniales y avanzar sobre la capital provincial para, provocando el levantamiento por el ejemplo, hacer que la insurrección en el virreinato sea general.
Pero Ibargüengoitia decide renunciar a toda épica desde el principio. No es que lo haga para centrarse en las personalidades de los conspiradores, o para tomar distancia sobre un hecho que resultará en fracaso (el sentimiento de catástrofe inminente que domina toda la conspiración es permanente), sino más bien para optar por una postura que ni se centra en el gran hecho ni en la minucia particular. Ibargüengoitia parece más preocupado por el clima moral que domina a los conspiradores. Empezando por el del protagonista, el oficial de artillería Matías Chandón, que entra en la conspiración un poco como aquel que se hace socio del casino local, hasta la del padre Domingo Periñón, idealista, sí, pero también preocupado porque alguien se le adelante en dar el Grito; quiere ser el primero, gane o pierda. Junto a ellos una serie de tipos que componen un cuadro de la burguesía autóctona de México.
La distancia narrativa que Ibargüengoitia se impone siempre es la de la ironía, como pueden haber intuido. No se trata de buscar héroes ni de encontrar villanos. Cada uno es lo que es y como es, tan ridículo o sublime en su vida cotidiana como en los grandes hechos. Por descontado, esa lectura es de doble dirección: tan pequeños son los protagonistas de la historia como grandes son sus pequeñas miserias vitales. Los grandes sucesos están tan sometidos al azar y a la mezquindad como un matrimonio o un destino militar.
Y en ese distanciamiento, en esa ironía aguda pero con un toque de cercanía y familiaridad, alejada de la ampulosidad y falsa trascendencia, es la que marca un relato curioso, íntimo y dramático pero con una amarga comicidad a veces, un relato que vuelve a mostrar a uno de los grandes narradores hispanos, desaparecido demasiado pronto.

Portada y sinopsis de la edición mexicana

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