Os Crimes do Relâmpago: Una Novela de la Comisaría 87, de Ed McBain

(Lightning: an 87th Precinct Novel)
Bibliotex/Abril/Controljornal
Linda-a-Velha (Lisboa), 2000 [1984]
Traducción de Sophie Vinga
Serie Comisaría 87 nº 37

Es una vieja deuda de este blog, largamente demorada, comentar la serie de la Comisaría 87, paradigma y pionera de la novela de procedimiento policial.
Ed McBain es uno de los pseudónimos de Salvatore A. Lombino. Autor de The Blackboard Jungle, un éxito cinematográfico dirigido por Richard Brooks, y del guión de Los Pájaros de Alfred Hitchcock, entre otras cosas notables como premios Edgar y una carrera intensa y transversal. Sin embargo, dentro del género policial es universalmente reconocido por la serie de la comisaría 87.
La Comisaría 87 (o, con mayor propiedad, la comisaría del distrito 87) es la unidad policial que se ocupa del distrito de su número, en una gran ciudad que es y no es Nueva York, en el sentido de que coexiste con Nueva York en la ficción pero que la descripción e historia de Isola, el nombre de esta ciudad imaginaria, puede sobreponerse casi a escala 1:1 a las de la Gran Manzana. Este distrito tiene su pequeñísima porción de barrio de clase alta, sus zonas étnicas hispanas y negras, su ración de miseria y su totalidad de crímenes bizarros y comunes, absurdos y enrevesados. En resumen, un microcosmos que compendia la vida de una unidad policial de una gran urbe. Y he dicho la vida, no sólo las investigaciones. Reciben el nombre de novelas de "procedimiento policial" porque ya desde su inicio McBain tuvo la idea de incluir no sólo descripciones sino documentos de la vida diaria de una comisaría. A veces es un cuadro de turnos de detectives, otras una petición de autorización judicial de vigilancia telefónica, en ocasiones el tradicional pasquín de buscados. Si uno reune las novelas de la 87, poseerá una antología del papeleo (y es mucho papel y formulario) que agobia a los policías de medio mundo.
Pero hablábamos de la vida, no sólo del papel. El caso es que McBain introdujo en sus novelas no sólo la vida policial de una comisaría; también la vida personal de los que la componen. Si no fue el primero, sí fue el que mejor lo hizo. Las novelas de la comisaría 87 son los antecedentes directos de Hill Street Blues (a veces demasiado directos: en esta misma Lightning, un personaje de McBain, Ollie Weeks, se queja de las similitudes entre él y Charlie Weeks, y entre Furillo y Carella) y desde ahí a series tan dispares como CSI, Sin Rastro y Ley y Orden. Y si bien el hilo conductor es el personaje de Stephen (Steve) Louis Carella, el lector se familiariza con rapidez con las vidas de Cotton Hawes, Bert Kling, Meyer Meyer, Andy Parker, etc., con el horroroso café del sargento Miscolo, o con los consejos de la madre del patrullero (después detective) Richard Genero. E incluso con las andanzas de un archienemigo, El Sordo (cuya sombra planea por toda esta novela, y que aparece arquetípicamente en Let's Hear It for the Deaf Man, que aquí tuvo el genial título de Ojo con El Sordo, más debido al director de la colección, Andreu Martín, que al traductor).
La vida de Carella es el tema principal de continuidad; Teddy, su esposa sordomuda, sus gemelos Mark y April, pero todos los personajes tienen sus momentos: hay novelas que protagonizan, por ejemplo, Hawes. Incluso el tonto Genero tiene su principalía (Seven Black Horses). En otras ocasiones la novela es colectiva (Hail, Hail, the Gang's All Here, donde se describen las veinticuatro horas de la comisaría y sus casos, a veces simples y a veces extraños que suceden en los diferentes turnos). Pero no es sólo el verlos como policías lo que atrae; al cabo de unas pocas historias, el lector les toma un afecto personal, y ese es un mérito innegable de McBain.
Os Crimes do Relâmpago [Los Crímenes del Relámpago] es una de las mejores novelas de la mejor época del autor, para mí. El esquema es uno que McBain suele utilizar: dos casos, que pueden estar relacionados o no y sus seguimiento por parte de los detectives asignados a los mismos; aquí, el descubrimiento de una chica ahorcada en una farola y un violador de mujeres que repite con las mismas víctimas. Gran intriga y buena tensión para aquellos que pillen una novela suelta de McBain (que serán la mayoría, como veremos). Pero lo mejor, aparte de lo que se espera de inmediato de un policíaco, es lo verosímil del procedimiento policial y las vidas de sus protagonistas.
Lo mejor sería poder leerlas en su orden (aquí se puede encontrar el orden cronológico de la serie) pero eso es imposible en cualesquiera de las ediciones españolas. No sólo no están todas publicadas, sino que muchas están agotadas y nadie ha emprendido una edición sistemática. Una lástima, porque nos impide juzgar cuándo y cómo se produce el truco del cambio cronológico. La serie se inició en 1956 con Cop Hater, y leer una de esas primeras novelas y de inmediato una de las últimas produce la irreal sensación de ver a sus protagonistas vestidos con traje y conduciendo viejos coches y de inmediato verlos con tejanos y un utilitario moderno sin apenas cambios físicos. Carella, aunque hubiera empezado a los veinte años, tendría unos sesenta en la última publicada de la serie, y sin embargo tiene un aspecto de cuarentón atractivo. Sospecho que no hay truco, y que sencillamente McBain escindió los tiempos: por un lado los de la época y por otro los de la vida personal de los protagonistas; no es mal recurso dentro de lo que es una ficción.
Por otra parte, en sus últimas novelas McBain introduce unas dosis de sexo y violencia que me parecen gratuitas (aunque McBain aduciría que, muy probablemente, están basadas en hechos reales; la vida es desagradable y excesiva en su mayor parte). Vale, disculpemos eso. Pero también ha ido extremando su discurso, considerando cada vez más que las garantías jurídicas son más un estorbo a la labor policial que otra cosa. Nosotros los europeos tenemos la errónea visión de que "republicano" equivale a derecha y "demócrata" a izquierda, obviando que ambos partidos estadounidenses no son sino tendencias de una misma ideología, siendo el partido Demócrata algo más liberal y socialdemócrata que el Republicano pero, en el fondo, tan fundamentalmente a la derecha como sus oponentes. McBain no es un conservador acérrimo. See Them Die es un alegato contra la discriminación étnica, en este caso la hispana, como hay pocos. Carella es un policía respetuoso con la legalidad, y Carella es el héroe de McBain más que ningún otro. Pero el mensaje está ahí y me resulta cada vez más difícil de admitir sin, por lo menos, discutírselo a McBain.
Pero hay una época en extremo estimulante de la producción de McBain, la que va, digamos, de 80 Million Eyes a Kiss, y que incluye joyas como el dueto Heat (Calor) y Ice (Hielo), esta Lightning o el díptico de El Sordo Ojo con El Sordo (Let's Hear It for the Deaf Man) y Eight Black Horses. Son novelas vibrantes, que muestran protagonistas cansados y humanos a la vez que policía que hacen su trabajo lo mejor que saben y pueden, inmersos en una comisaría que aprendemos a conocer y apreciar con una verosimilitud impresionante y una tensión narrativa inusitada.

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