El Consejo de Egipto, de Leonardo Sciascia

(Il Consiglio d'Egitto)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 1988 [1963]

Esta es la historia de una impostura, como dice la contraportada. El descubrimiento de un texto árabe servirá al abate Vella para pergeñar una estafa de marca mayor: «─Una vida del profeta ─dijo─, nada sobre Sicilia. Una vida del profeta como muchas otras.
»Fray Giuseppe Vella se volvió hacia monseñor Airoldi con la cara resplandeciente.
»─Su excelencia dice que se trata de un precioso códice: no existen otros similares incluso en sus países. Aquí se narra la conquista de Sicilia, los hechos de los tiempos de la dominación...»
Y así Vella pondrá en marcha su particular farsa, que se convertirá en una conmoción. En una Sicilia del siglo XVIII a la que llegan aires de la Revolución Francesa, Vella empieza a fabular con una sociedad en la que los descendientes de aquellos protonobles de la ocupación sarracena han obtenido sus privilegios, y sobre todo sus posesiones, sin justificación ninguna: «─Teme que el Consejo de Egipto traiga a la luz algún dato que perturbe la normal percepción de sus rentas. De modo que me ha pedido que os pregunte...
»─¿Os importa mucho?
»─La condesa, en este momento, sí. El problema de sus rentas, mucho menos.
»─Pues examinaré el texto y luego os podré decir algo. Pero creo que no tiene nada que temer. ─La sonrisa de fray Giuseppe dejó ver un relámpago de entendimiento, de complicidad, casi como si estuviese a punto de agregar: "Gracias a vos, que la recomendáis, gracias a la amistad que con vos mantengo".»
Ante este estado de cosas, y de riesgo, la desconfianza sobre el texto crece, mientras la corona se muestra satisfecha de recuperar: «─¿Y qué es lo que no ha entregado a la Corona con el Consejo de Egipto? Playas, feudos, ríos, almadrabas: posesiones todas que durante siglos ni reyes ni virreyes habían puesto en tela de juicio que nos pertenecieran.»
Pero la grandeza narrativa de Sciascia es tal que esta impostura no es sino un reflejo en el que, mutatis mutandi, puede verse la farsa de toda la sociedad siciliana y europea de la época:
«─En efecto ─dijo el abogado Di Blasi─, cada sociedad genera el tipo de impostura que, por así decir, se merece. Y nuestra sociedad, que en sí misma constituye una impostura, una impostura jurídica, literaria, humana... Sí, humana, incluso de la existencia, diría yo... Nuestra sociedad no ha hecho otra cosa que producir, de manera natural, obvia, la impostura contraria...
»─De un crimen corriente, de un delito vulgar, vos extraéis filosofía ─dijo don Saverio Zarbo.
»─Ah, no, éste no es un delito vulgar. Este es uno de aquellos hechos que contribuyen a definir una sociedad, un determinado momento histórico. En rigor, si en Sicilia, la cultura no fuese de modo más o menos consciente, una impostura, si no fuera instrumento en manos del poder de los barones, y por lo tanto mera ficción, continua ficción y falsificación de la realidad, de la historia... pues bien, en ese caso, os digo que la aventura del abate Vella hubiera sido imposible... Y aún os digo más: el abate Vella no ha incurrido en ningún crimen, sólo ha montado la parodia de un crimen, cambiando sus términos... La parodia de un crimen que en Sicilia se viene consumando desde hace siglos...»
El estilo de Sciascia está impregnado de ese humor socarrón y desencantado que parece marca siciliana de fábrica. Y es prístino, claro, transparente, y uno de los mejores ejemplos de que no es necesario alambicarse ni complicarse la vida y la dicción para tratar de temas profundos, de filosofía y de la historia, del ser humano y sus continuos espejismos y engaños.
Una pequeña obra maestra de uno de los mejores escritores del siglo XX.

btemplates