Ariel, de Sylvia Plath

(Ariel)
eds. Hiperión, col. Poesía Hiperión
Madrid, 1999 [1960-1963]
Ed. bilingüe

OVEJAS EN LA NIEBLA

Las colinas se adelantan hacia la blancura.
Gente o estrellas
me miran con tristeza: los defraudo.

El tren deja un trazo de aliento.
Oh lento
cabello del color de la herrumbre,

cascos, campanas dolientes...
toda la mañana
la mañana se ha ido ennegreciéndose,

una flor abandonada.
Mis huesos mantienen una quietud, lejanos
campos funden mi corazón.

Amenazan
dejarme entrar a un cielo
sin estrellas ni padre, un agua oscura.

La vida (trágica) de Sylvia Plath ha provocado tanta o más escritura que la dedicada a su obra. He pasado por algo de esta literatura colateral con sentimientos que van desde el aburrimiento a la vergüenza, pasando por la indignación.
El aburrimiento viene dado por esas explicaciones que soslayan la obra y que se centran únicamente en una figura que, teniéndolo en apariencia todo (belleza, una vida familiar, cierto éxito literario), se suicidó.
Según parece, los poemas son sólo una excusa. Lo que importa es el suicidio y el hurgar en la vida privada de Sylvia. La vergüenza, por el espíritu carroñero que anima a algunas de estas obras, que se regocijan en, por ejemplo, el reparto de los despojos de la herencia literaria (léase económica) de Plath. La indignación, porque en muy pocas de estas obras se pone por delante que Sylvia Plath fuera una gran poetisa, y en cambio se prima el hecho de que sufriera un trastorno que la llevó, por desgracia, al suicidio.
En los pocos qu tratan de la obra, descubrimos algunas claves. Los recuerdos de la infancia, que explican algunos poemas (el mismo título de este libro, Ariel, nombre de un caballo que tuvo Sylvia), su dedicación a la apicultura, etc. La frenética actividad poética de Sylvia Plath, capaz de hacer un poema de cualquier hecho, por trivial que parezca.
Inútiles los esfuerzos por hallar una coherencia interna, una especie de hilo argumental, entre todos sus poemas. Alguien capaz de realizar un poema por haberse cortado un dedo en la cocina (y escribirlo con raro genio, todo hay que decirlo) escapa a semejantes esfuerzos, que no por ser titánicos tienen porqué ser admirables.
Ridículas las explicaciones que pretenden que el genio de Sylvia Plath provenga de su trastorno. Decir que van Gogh o Sylvia Plath alcanzaron la maestría porque estaban, eran, locos, es una explicación tranquilizadora pero, si me lo permiten, insultante para los autores y los lectores. Todo artista, por definición, es sensible. Esta sensibilidad conlleva una carga, un riesgo, si quieren. Pero insinuar que el genio es producto de la locura es insinuar que esta trágica circunstancia produce arte (lo cual es falso, porque no todos los locos llegan a estos niveles y porque no todos los que llegan a esa genialidad están locos) y que no había nada en los artistas que les hiciera destacar por encima de sus colegas salvo esa enfermedad. Lo que es un desprecio intolerable.
Me quedo con la Sylvia Plath capaz de hacer poemas prodigiosos sobre cualquier cosa. Me quedo con la poetisa capaz de alcanzar la grandeza una y otra vez con facilidad pasmosa. Me quedo con la luz que sus versos transmiten, con el privilegio que representa el leer una poesía única y disfrutar de una visión que pocos humanos han llegado a tener.
Todo lo demás podría, debería, ser silencio.

LOS MANIQUÍES DE MUNICH

La perfección es terrible: no puede tener hijos.
Fría como el aliento de la nieve, tapona la matriz

donde los tejos soplan como hidras,
el árbol de la vida y el árbol de la vida

liberando sus lunas, mes tras mes, sin ningún propósito.
El flujo sanguíneo es el flujo del amor,

el sacrificio absoluto.
Significa: no más ídolos salvo yo,

yo y tú.
Así, en su encanto sulfuroso, en sus sonrisas

estos maniquíes se apoyan esta noche
en Munich, morgue entre París y Roma,

desnudos y calvos entre pieles,
caramelos naranja en palo de plata,

intolerables, sin mente.
La nieve deja caer fragmentos de oscuridad,

nadie cerca. En los hoteles
manos abrirán puertas y dejarán

zapatos gastados para un lustre de carbono
en los que gruesos dedos encajarán mañana.

Oh, lo doméstico de estos escaparates,
los encajes de bebé, la confección de verde follaje,

los macizos alemanes dormitando en su Stolz sin fondo.
Y los teléfonos negros en las horquillas

brillando
brillando y digiriendo

la ausencia de voz. La nieve no tiene voz.

Nota: No estoy muy de acuerdo con la traducción que se hace de los poemas de Plath. Tengo el privilegio de poderlos leer en inglés, y reconozco el esfuerzo que se ha hecho por mantener, cuando menos, el ritmo y la rima interna, pero soy más partidario de conservar el significado preciso de los versos antes que producir (como casi siempre en las traducciones poéticas) un quiero y no puedo. De modo que, aunque tomando como referencia la traducción de Hiperión, he realizado una traducción literal del original inglés. Ustedes disculparán mis limitaciones.

Portada y comentario

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17 comentarios:

Anónimo dijo...

Por cierto, el hijo de Sylvia Plath, Nicholas Hughes, aquel bebé "inmensamente fuerte", se suicidó hace unos 15 días.
Saludos

Ramon

Lluís Salvador dijo...

Hola, Ramon:
Pues lo siento, y mi más sincero pésame. Por él y por todos los que murieron ese día y no tuvieron la suerte de ser hijos de quien eran para que los papeles reseñaran el óbito.
Uno está tentado de pensar que has escrito el comentario para hacerme rabiar (y, conociéndote, algo eso debe de haber). Más que nada porque a nadie parece imprortarle un pito la poesía de Sylvia Plath, muy poco La Campana de Cristal y sí, en cambio, todos los trapos, sucios o no, que se hayan acumulado en la casa de los Hughes/Plath.
¡Dios mío, qué vida debe haber llevado ese crío fallecido hace una quincena de días! Y todo porque su madre se suicidó y era poeta.
Estoy convencido de que en el mundo literario existe los mismos buitres carroñeros que en los espacios de telebasura del corazón e higadillos. Sólo que lo disimulan la mayor parte del tiempo, pero al final todo se descubre. ¡Qué mundo este! Y los ingenuos creen que en las artes el ambiente es tan oh selecto, tan ah intelectual, y al fin es la historia más vieja del mundo, Adanes, Evas, Caínes, Abeles... y Jobs, muchos Jobs. Como ese pobre Nicholas Hughes.
Un saludo!

Magda RB dijo...

Yo leí hace muchos años La Campana de cristal y me impresionó vivamente y hará cosa de tres años la volví a leer por pertenecer al Club de Lectura que la incluyó en el programa y al volví a disfrutar. Gracias Lluis por traernos su poesía que como dices está arrinconada pero, no ocurre lo mismo con la poesía en general? Tantos poetas y poetisas olvidados porque no es fácil leer poesía.

Gracias de nuevo por rescatar a esta autora.

Andromeda dijo...

A mí me encanta su poesía, que he leído en forma aislada (y algo de Ted Hughes también).
Hace tiempo alguien me prestó Cartas a mi madre, que es lo único que le he leído en forma.
Es cierto que a veces lo trágico le da a estos personajes una difusión insospechada; me has hecho pensar que quizá llegué a ella por eso mismo, aunque cuando me prestaron el libro no tenía idea del asunto.
Yo hace tiempo que dejé de cuestionarme los trastornos para centrarme en la capacidad creadora de los escritores (cómo hayan llegado a esos niveles de creatividad y genialidad es lo de menos). Así me he dejado envolver con obras como Aurelia (Nerval) o los inimitables cuentos de Poe (ni hablar de El cuervo ).
En cierta medida es inevitable hurgar en los cauces inspiradores, aunque en realidad me da lo mismo si tienen un origen trágico o feliz (en otras obras); la vida de los escritores siempre será interesante.
Lo malo, como dices, es cuando el morbo ante una de estas situaciones llega a opacar lo que realmente debería brillar.
Confiemos en que no se trate de la mayoría de los casos.

Un saludo, Lluís. :)

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Bueno, no la he rescatado, porque el nombre de Sylvia Plath es recurrente en cualesquiera círculos literarios, pero, cosa extraña, y salvo La Campana de Cristal, nadie se acuerda de su poesía. Y creo que merece mejor suerte, en efecto...
Un saludo!

Hola, Andrómeda:
Tienes razón, estas famas, sobrevenidas o no, contribuyen a aportar lectores. Mucha menos gente leería a Baudelaire (o a Poe) si no fuera por el malditismo que les acompaña, o por sus circunsatncias vitales. En eso, no tengo ningún inconveniente. De hecho, considero saludable saber cosas de los autores que se leen, tanto más si se les aprecia, quiere o ama. Pero el problema es que mucha gente se ha perdido en el morbo y ha considerado que leer las obras de esos autores sería como una pequeña molestia prescindible, que no tiene importancia. Luego, se sueltan unas cuantas frases dirigidas a las vísceras de los lectores y oyentes, et voilà, uno queda como un señor o señora perfectamente intelectual cuando en realidad lo que ha realizado es un ejercicio de buitre (¿zopilote en México?).
Me alegra, de todas maneras, que el recuerdo que he hecho de su poesía te la haya hecho rememorar.
Porque la considero prodigiosa, y no sólo por esa creación de la "poesía circunstancial", esa facilidad para hacer poemas de lo (aparentemente) más nimio, sino por la capacidad de, desde esa nimiedad, pasar a unos niveles de poética muy superiores al tema... hacerlos atemporales, además.
Bueno, me dejo llevar por la prolijidad, como siempre.
Ay, Nerval... Lo tengo algo lejano. Tendré que releerlo un día de estos. Y hablando de malditismos, ¿has leído a Huysmans?
Un saludo!

Andromeda dijo...

Tardé en llegar a este tema porque quedó sepultado en la inmensidad de las novedades que has tenido a bien comentar.
Zopilote o buitre, la primera acepción es de origen indígena, pero muy usada.
Y no, no he leído a Huysmans... :(

¡Saludos!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Andrómeda:
Tranquila, tranquila... mi ritmo es mío, y nadie tiene porqué seguirlo. Aquí no pasamos lista, ni ponemos crucecitas a nadie. Y las entradas y los comentarios no caducan, prometido. :)
Gracias por la precisión. Siempre se aprende algo.
Y Huysmans, tipo que en sus tiempos provocaba desmayos al entrar en los salones, considerado satanista, maldito entre malditos, tiene dos obras fundamentales "Allá Abajo" y "Al Revés" ("Là Bas" y "À Rebours"). A veces es algo tremendista, pero en su propio género, era inimitable... :)
Un saludo!

Anónimo dijo...

Estaba buscando el libro Ariel de Sylvia Plath y me ha surgido este blog.La primera vez que supe algo de ella, como tantas veces ocurre, fue con la película Sylvia de Gwyneth Paltrow, si no la han visto, háganlo. Sobrecoge,estremece, impresiona su crudeza, aunque despues de leer sobre su vida, se entiende mejor.
Me gustaría leer algún libro de ella, ¿cual me recomiendan?. La poesía pienso que no porque como diría Sofía Coppola"Lost in traslation. Gracias y un saludo

Lluís Salvador dijo...

Hola, Anónimo:
Gracias por la recomendación y la visita.
¿Un libro de Plath que no sea poesía? Bueno, fácil: La Campana de Cristal. Puede ser leído como novela en clave y autobiográfica sobre la propia Sylvia Plath y su caída en la enfermedad, y se la considera como la mejor obra en prosa de su autora.
Gracias a ti por pasar,
y un saludo!

nUhN dijo...

Sylvia Plath era, ante todo, poesía, en especial Ariel, hay edición bilingüe con una traducción bastante buena. Si te gusta Sylvia Plath y no lees sus poemas es como si te gusta un director de cine sólo por sus cortos o su biografía.

Lluís Salvador dijo...

Hola, nUhN:
De acuerdo contigo, la poesía de Plath es realmente lo fundamental de su obra. Y en cuanto a las traducciones... el problema de la traducción en poesía es que casi nunca deja satisfecho a nadie: la literalidad de la traducción hace difícil conservar el ritmo; intentar conservar el ritmo hace que se tengan a veces que traspasar palabras de un verso a otro, por no mencionar cosas peores, como directamente sustituir palabras por sinónimas cuyo acento sea el adecuado, pero que no son las que el autor/a escogió. Casi nunca pueden suplantar al original. Del mal el menos, si hay edición bilingüe por lo menos se puede recurrir al original...
Un saludo!

nUhN dijo...

Totalmente de acuerdo. La traducción es una gran pérdida siempre en poesía, en especial con Sylvia Plath que jugaba tanto con el ritmo y el sonido de las palabras. Las ediciones bilingües son lo menos malo, como has dicho, porque puedes leerlas en inglés y, si no captas el sentido de alguna frase (juegos de palabras, segundos significados de verbos...) lo tienes en la traducción. Hay que tener una base de inglés al menos, pero es que además se aprende muchísimo de un idioma leyendo poesía, porque surgen aquellos significados que habitualmente no encontramos en el lenguaje coloquial, debería potenciarse enseñar idiomas con poesía.

Enhorabuena por tu blog, es muy interesante. :)

Lluís Salvador dijo...

Hola, nUhN:
Por descontado, lo anterior se vuelve peliagudo en otras lenguas menos universales. Y sin embargo... Creo que es una cuestión de justicia el darle al lector la oportunidad de cotejar con el original, aunque sea en ruso o chino. En fin, es un tema irresoluble. Es cierto que es imposible traducir poesía de manera literal: se conserva el significado, pero el lector pierde algo (o mucho) el hálito poético. Sólo una vez he visto una solución que me parece perfecta: Original, traducción directa y versión rítmica. Esas tres versiones en combinación proporcionaban la mejor aproximación a una obra poética que yo haya leído. Pero claro, hacer eso es caro...
Y gracias por las felicitaciones. Espero más comentarios tuyos.
Un saludo cordial!

doryangray dijo...

a mi me encanta sylvia, he leído muchos poemas, ariel me resulta increíble, poema a 3 voces igual, creo que más allá de lo que uno crea personalmente sobre su enfermedad, ella tenía una habilidad nunca vista, por lo menos para mí, para describir el dolor, la pena o la rabia, alejándose de los lugares comunes que se ocupa para expresar tales sentimientos. maravillosa SYLVIA

Lluís Salvador dijo...

Hola, doryangray:
BIenvenido a este blog.
Sylvuia Plath es un nombre ineludible en la poesía mundial del siglo XX. La facilidad extrema que tenía para hacer poemas sobre cualquier cosa es asombrosa, y esa poesía va a la raíz poética de las cosas, de la vida, de la muerte, de todo. Pocas veces se puede hablar de un poeta total, y Sylvia Plath lo era.
Gracias por tu apreciación, y hasta pronto.
Un saludo!

Anónimo dijo...

Hola, ¿sabes cuál es el poema de Sylvia Plath que habla de tocar fondo, de que ella lo conocía perfectamente y que todo el mundo lo temía, pero ella no porque ya lo había sufrido? Es importante para mí encontrarlo.
Gracias. Un beso.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Anónimo:
Disculpa el retraso. Había escrito una respuesta, pero por alguna razón no acabó publicándose aquí.
El poema que comentas es "The Elm", "El Olmo" en castellano.
Lo puedes encontrar en inglés en

http://www.poetryfoundation.org/poem/178964

Y en castellano en

http://www.personaslectoras.com/blog/?p=140

De nada, disculpas de nuevo, y un saludo cordial!