El Mundo Sumergido, de James G. Ballard

(The Drowned World)
Eds. Minotauro / EDHASA
Barcelona, 1977 [1962]

En palabras de Kingsley Amis [padre de Martin Amis y autor, a mi juicio, más interesante], esta es "una novela de ciencia-ficción que puede ser juzgada de acuerdo con las normas críticas más elevadas".
Por un incremento de la radiación solar, el mundo se ha visto sumergido por las aguas de los polos y los glaciares, cambiando la forma de los continentes, inundando las grandes ciudades, modificando las zonas climáticas terrestres. Lo que queda de la humanidad vive en las zonas polares. Y expediciones de exploración científica se mueven en las antiguas zonas templadas convertidas en tropicales.
Uno de estos investigadores, Kerans, llegada la hora del repliegue hacia el norte, se plantea el quedarse en una de las lagunas que componen el sistema lacustre de la antigua ciudad de Londres.
La Tierra ha cambiado, pero la mentalidad de los humanos empieza a sufrir también una mutación. Conforme la vegetación y la vida se acercan cada vez más al triásico, el subconsciente humano también regresa a esa época, sintiéndose cada vez más destronado de su posición dominante, más vulnerable en un mundo que retrocede hacia los reptiles, más tentado hacia un viaje al sur en busca de la lotería de la extinción o la mutación que puede traer un nuevo comienzo, uno que, de efectuarse, tendrá como resultado algo muy diferente de lo ya conocido.
Por muy ciencia-ficción que sea, esta novela lo que nos dice es que los cambios del mundo son irrelevantes. Será nuestra mentalidad hacia el mundo, nosotros mismos, los que mutaremos. Hasta extinguirnos y crear, o no, algo nuevo. Probablemente no.
Es este viaje interior característico de la ficción de Ballard lo relevante en esta novela. Siempre, en la ciencia ficción catastrofista, se ha representado el fin del mundo como el fin definitivo. Sin embargo, el planeta seguirá, más allá de la Humanidad; se purgará de nosotros y proseguirá su vida geocósmica. En realidad, lo que desaparecerá seremos nosotros. Siendo optimistas, tal y como nos conocemos. En el ¿peor? de los casos, para siempre. En cualquier caso, suceda lo que suceda, nos afectará a nosotros, y somos nosotros quienes nos lo hacemos, nos lo haremos a nosotros mismos. Y lo que hacemos casi siempre es maltratarnos, hasta la aniquilación. De eso, también, trata esta novela.

Portada y sinopsis

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5 comentarios:

Lluís Salvador dijo...

Hola a todos.
La reseña que acaban de leer se enclava en el Blog Action Day, este año dedicado al cambio climático.
Como siempre, he procurado que la idiosincrasia del blog no se viera alterada, y comentar un libro apropiado al tema.
Pero, sobre el mismo, tengo unas cuantas cosas personales que decir.
La primera es que, lamentablemente, creo que el proceso ya es irreversible, y que esta lucha que se mantiene sólo es para minimizar los efectos de algo que ya está presente, e impedir que nos convirtamos irremisiblemente en un "Mundo Sumergido" o en un planeta aquejado de una perenne "Sequía" (otra de las obras de Ballard). Como se dice habitualmente, hemos hecho demasiado poco y demasiado tarde.
Y se va a continuar haciendo poco, y les voy a explicar porqué.
Llevamos décadas diciéndole a China y a la URSS (hoy Rusia) lo bieeen que se está en el mundo capitalista, con su espléndida y lujosa sociedad de consumo y bla, bla, bla.
Bien, lo hemos conseguido. Ya son capitalistas, en un grado u otro. Y ahora, les decimos (con el añadido de África) que el planeta tiene un problema muy grande y que tienen que contaminar menos, y por tanto, renunciar a un crecimiento económico rápido y hacer lo que nosotros los occidentales no hemos hecho jamás.
Piensen como un chino. Piensen como un ruso. Piensen como un africano del que siempre se han burlado porque lo único que hacía su país era cultivar mijo.
De modo que soy pesimista. Y francamente, nosotros nos lo hemos buscado, Con arrogancia, desprecio e inconsciencia. Y con un alegre sentimiento de aquel que venga detrás, que arree; o bien: después de mí, el diluvio.
Y puestos a decir frases, les recuerdo esta: Y así termina el mundo, no con un estallido, sino con un gemido.
Gracias por escucharme.

Andromeda dijo...

Gracias a ti por hacernos partícipes de tus reflexiones, a veces no nos detenemos a pensar en lo que parece tan obvio cuando alguien más lo plantea.

Ojalá que se pueda hacer algo para frenar el instinto destructivo que prima por sobre cualquier otra cosa cuando se trata de vigilar intereses inmediatos.

¡Saludos!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Andrómeda:
No es instinto destructivo. Es un instinto desnaturalizado y antinatural. Porque todo lo que hacemos es pensar que nuestros hijos, nietos, etc. ya se lo encontrarán. Y que lo arreglen ellos. Mientras tanto, nosotros seguiremos comiendo anchoas aunque las sobrepesquemos, liquidando (quemándolas) las reservas de petróleo. Y que nadie hable de que tengamos que renunciar a nada de lo que ya tenemos, o a lo que pudiéramos tener.
Sé que tal vez soy demasiado pesimista como para disertar sobre esto. Pero en fin, o nos ponemos o no vamos a volver a ver el mundo que habíamos tenido. Eso sí, vamos a ver un mundo. ¿Cuál? ¡Ah, ahí está la cuestión!
Gracias por el comentario.
Un saludo!

Anónimo dijo...

Llegué a tu comentario sobre Ballard después de haber visto por enésima vez la excelente película "El imperio del sol", de Spielberg, basada en la autobiografía de Ballard. Comparto bastante lo que comentas sobre la torpeza y tantos otros defectos y vicios humanos que nos están llevando a desaparecer del planeta. También me siento pesimista respecto al futuro. ¿Tendremos futuro los seres humanos? Comienzo a dudarlo. Hay una frase de Antonio Gramsci que dice: "El pesimismo es un asunto de la inteligencia; el optimismo, de la voluntad". Ojalá ganemos en inteligencia y en voluntad lo suficiente como para conjurar nuestra autoextinción. Saludos, Rosa Elvira.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Rosa Elvira:
Gracias por tus apreciaciones y comentarios. Poco más puedo añadir, ya que estoy de acuerdo.
Y, puesto que tu interés por Ballard es intenso, debo decirte que es un autor que me encanta. Poco presente en este blog, pero tiempo al tiempo... Aunque ya he comentado uno de sus cuentos, "El Asesinato de John Fitzgerald Kennedy considerado como una carrera automovilística en sentido descendente" y "Vermillion Sands".
Pero, si quieres algún material adicional sobre este autor, la exposición que se celebró en su honor fue una de las mejores realizadas jamás. Te incluyo el enlace a la página web, donde podrás hallar cosas muy interesantes:
Exposición J. G. Ballard. Autopsia del nuevo milenio

Bienvenida, y un saludo cordial!