Mostrando entradas con la etiqueta novela histórica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela histórica. Mostrar todas las entradas
0 comentarios

August, de John Edward Williams

Hace relativamente poco que hemos descubierto por estos lares la obra de John Williams (1922-1994). Estos fenómenos, que suelen ser lamentablemente póstumos, como es el caso, siempre me hacen preguntarme cuántos otros autores están esperando el golpe de fortuna que haga que sean redescubiertos y puestos en valor. Porque Williams es un narrador excelente, a juzgar por Augusto.
Esta novela, más que epistolar, documental, trata de la vida de Octavio César Augusto desde su ascenso al poder hasta su muerte, en lo que fue uno de los reinados más largos de la República Romana (república nominal, imperio factual) y más fructíferos, hasta el punto de que es su período de gobierno el que simboliza el esplendor y el poder de Roma.
Por supuesto, cuando de estos personajes se trata, es inevitable la referencia al Yo, Claudio de Robert Graves. Pero, mientras Graves optaba por la inmersión en la época de la mano de las memorias del emperador Claudio, en lo que era una entrada en los entresijos familiares y personales del círculo de poder, Williams procede por negativo.
Lo que tenemos en esta novela son fragmentos (totalmente apócrifos e inventados, nos aclara el autor) de historias, memorias, correspondencia, todos referidos al personaje central de Augusto. Únicamente en el libro tercero y último Williams permite "hablar" al propio Augusto en una larga carta a Nicolás Damasceno.
Por tanto, lo que vamos viendo desarrollarse en estas páginas es un retrato realizado con pinceladas irregulares, que contornean el personaje pero no lo precisan jamás. Una pintura que lo perfila imperfectamente, pero que no muestra al retratado.
Es de justicia señalar que Williams no pretende hacer una biografía, y por tanto este método es peculiarmente apto. Lo que el autor pretende es una reflexión sobre el poder, y en ese objetivo importan poco los remordimientos, las dudas o firmezas de quien lo ejerce, sino los efectos que ese ejercicio de poder provoca.
Secundariamente, pero muy ligado a esta intención, este aislamiento del personaje, este enigma que se construye con cada relato ajeno, viene a hablarnos de un Augusto permanentemente solo, de esa proverbial soledad del poder. Porque, por mucho que se pretenda lo contrario, amigos, familiares y aliados acaban siempre cometiendo pequeñas o grandes traiciones, y por otra parte cuanto más personal sea la relación más dolorosa resultará romperla o incluso destruirla. (Y no olvidemos que Augusto desterró de por vida a su hija, a la que jamás volvió a ver.)
«El joven, como todavía no sabe el futuro que le espera, ve la vida como una especie de aventura épica, una odisea a través de mares extraños e islas ignoradas donde ha de poner a prueba y demostrar sus poderes, al mismo tiempo que descubre su propia inmortalidad. El hombre de mediana edad que ha vivido el futuro que soñó ve la vida como una tragedia, porque ha aprendido que su fuerza, por grande que sea, no prevalecerá sobre el azar y la naturaleza, a los cuales da nombres de divinidades, y  ha aprendido que es mortal. Pero el anciano, si interpreta como debe el papel que le han asignado, sólo puede ver la vida como una comedia; sus triunfos y fracasos se mezclan, de modo que no hay ninguno que represente un motivo de orgullo o de vergüenza superior a otro, y ni es el héroe que se enfrenta a estas fuerzas ni el protagonista destruido por las fuerzas en cuestión. Cuando sólo queda una triste sombra del actor que fue, se da cuenta que ha interpretado tantos personajes que ya no es él.»
Tal vez sea así, y por eso Williams no quiere deslindarnos la personalidad de Augusto. Se limita a darnos la visión de los espectadores de la tragedia o comedia que interpretó, mientras actuaba en uno u otro papel: el de heredero de Julio César, el de amigo de Marco Antonio, mil otros.
Pero siempre los interpretó en soledad, nunca se permitió ser como era, y tal vez no hubiese resultado creíble si así hubiera sido. En cualquier caso, hubiera dado la impresión de ser humano, por tanto débil, y eso hubiera sido el final de la obra.

(Augustus)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 20132 [1972]

Existe edición castellana con el título de El Hijo de César (!) 

august_9788429770094.jpg
John Williams
La novel·la amb què John Williams, l'obra del qual ha estat oblidada fins a la recent publicació d'Stoner, va guanyar el National Book Award l'any 1973

Portada y sinopsis de la edición castellana


0 comentarios

Riña de Gatos. Madrid 1936, de Eduardo Mendoza

Por una vez, en lo que podríamos denominar producción "seria" (no es que sus novelas humorísticas estén escritas con menos seriedad, pero de alguna manera hay que distinguir estas dos claras corrientes narrativas de su autor) de Eduardo Mendoza, éste se aparta de Barcelona y da el salto a Madrid. Un Madrid de los tiempos inmediatamente anteriores al alzamiento militar, y un Madrid que ya comentaremos más tarde en esta reseña; en esta traslación Mendoza demuestra lo capaz que es de captar la esencia y la atmósfera de una ciudad.
Hay un consenso general en que Mendoza ha escrito la mejor novela sobre Barcelona (La Ciudad de los Prodigios); que sea capaz de reproducir esta vitalidad con Madrid sólo dice que es uno de los pocos autores que entienden a las urbes como personajes y sabe cómo tratarlas. Sus cafés, bares, tascas y figones, sus calles y su arquitectura son tan importantes en la novela como los personajes mismos, tal vez porque es a través de estos lugares como éstos consiguen modular su expresión y sus actitudes.
Anthony Whitelands llega a Madrid para cumplir un trabajo para el que está perfectamente cualificado: autenticar y tasar un cuadro que una familia aristocrática pretende vender para así asegurarse un pied à terre en el extranjero, en vista de la inminente revolución bolchevique que se cree va a estallar.
Sin embargo, muy pronto Anthony se convierte en centro de conspiraciones. La casa de los aristócratas es frecuentada por el marqués de Estella, que Anthony ni reconoce ni tiene porqué conocer, salvo cuando la Dirección general de Seguridad, que se interesa por sus movimientos en España, le informa que se trata de José Antonio Primo de Rivera, jefe del principal partido fascista español. Y es que ese cuadro bien puede ser que esté destinado a financiar la compra de armas para la Falange. Algo que también interesa a la embajada británica, a los soviéticos y a quién sabe más, si llegan a enterarse de la operación.
Todos los sucesos que narra Mendoza son imaginarios, una mera fábula; una aventura sin más, si ustedes quieren, puesta en contexto histórico. Pero justamente ese contexto es importante, porque más allá de las vicisitudes de Anthony (que es un poco tontaina y apenas se entera de nada), Mendoza nos da un retrato perfecto del clima previo a la Guerra Civil, por boca y descripciones de personajes como Azaña, José Antonio, Franco, Mola o Queipo de Llano, entre otros y sin olvidar a la gente de la calle. Un clima de río revuelto en el que calmar las aguas ya parece imposible y, en cambio, hay muchos pescadores dispuestos a pescar a manos llenas.
Hay un fino sentido del humor que recorre la novela (menos extremo que en sus escritos humorísticos, pero el tema no daba para la farsa), lógico si tenemos en cuenta que Anthony es un ingenuo en una situación que no controla (como la inmensa mayoría de los españoles, por otra parte), pero este humor conjura buena parte de la solemnidad y la trascendencia que impregnan (muchas veces de manera rimbombante) las novelas que han surgido sobre la Guerra Civil. En mi opinión, ya era hora que fuera así; como bueno es que José Antonio se convierta en personaje hasta simpático en lo cercano y desquiciado en lo ideológico, sin que se le demonice, como también acostumbran las novelas al uso, más en blanco y negro (o rojo y azul) de lo que se debiera para, de una vez, discurrir con normalidad por este período histórico.
Tal vez la de Mendoza no sea la novela sobre la Guerra Civil, pero sí que proporciona buenas pistas para adivinar cómo se escribirá. Con algo más de normalidad y naturalidad, con más respeto por los protagonistas anónimos, de cualquier bando. Con algo de humor, tragicómico sin duda, pero más real que la solemnidad perenne.
Pero creo que estas lecciones no van a calar; todavía hay demasiadas ansias por subirse a un pedestal para narrar la Guerra Civil española. Algo que Mendoza no quiere y se niega a hacer, por fortuna.

Ed. Planeta, col. Autores Españoles e Iberoamericanos
Barcelona, 2010 [2010]

rina-de-gatos-madrid-1936_9788408105626.jpg
Espionaje, aventuras y amor en el Madrid previo a la guerra civil.

0 comentarios

Una Reina en el Estrado, de Hilary Mantel

Hilary Mantel, con esta segunda novela dedicada a la época Tudor, logró algo nunca visto antes, a saber: ganar otro premio Booker (el más prestigioso y fiable en la narrativa en inglés), la primera vez que se concedía a dos partes de una trilogía. Es poner el listón muy alto, y veremos si lo gana otra vez con el cierre de la serie, pero es un premio merecido. la elegancia de estilo de la que le hablé comentando En la Corte del Lobo sigue presente, y los valores dramáticos y argumentales son todavía mejores.
En esta ocasión, el tema es cómo lograr que Jane Seymour sustituya, en el trono y en el corazón de Enrique VIII, a la actual reina Ana Bolena.
El artífice de llevar a término los deseos del rey (y uno diría que de inducirle a estos deseos) es nuestro conocido protagonista Thomas Cromwell, el secretario del rey, el hombre que todo lo controla y ve, el factótum que se ha hecho imprescindible.
Hay que remarcar que esto es una novela. De trasfondo histórico, pero novela. No hay constancia de que Cromwell fuera quien avivara el deseo de Enrique por Jane, ninguna de que insistiera, insinuara que Ana Bolena no le iba a dar ningún heredero varón, ni de que los motivos que tuviera Cromwell para así proceder fueran los de una venganza.
Porque de eso se trata. Cromwell es persona agradecida y leal, y no perdona que los Bolena, en su camino al trono, provocaran la caída de su primer protector y maestro el cardenal Wolsey. Ni que, una vez caído, se burlaran despiadadamente de él.
la apuesta es fuerte. Si Catalina era una reina abandonada, con sólo apoyos exteriores importantes pero poco significativos dentro de Inglaterra, en esta ocasión el partido de la familia Bolena es toda una potencia, y combate por su propia existencia. Saben que la única manera de apartar a Ana del trono es mediante la prisión o el cadalso, con acusación de traición o de adulterio, y eso tendrá un coste entre los partidarios y familiares de la reina.
Cromwell es una figura enigmática pero fascinante, un alumno aventajado de todo lo que Maquiavelo enseñó. Ver los acontecimientos a través de sus ojos, por ficticio que sea, transmite una cercanía a los hechos y personajes que de otra manera no podía haberse alcanzado, pues él estuvo en el centro de todo. Y, complicación añadida, en la inmensa maraña de alianzas y parentescos que era la corte de los Tudor, Mantel se las compone para presentarla de forma comprensible. El sentimiento de inmersión en la época (los aficionados a la gastronomía en la literatura, por ejemplo, deberían leer con atención esta serie) es total, y la lectura fluye con la sensación perenne de estar presente en las conversaciones y las situaciones que se desarrollan en la novela, con una potencia rara vez encontrada en la literatura histórica.

(Bring Up the Bodies)
Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2013 [2012]

una-reina-en-el-estrado_9788423345861.JPG
Ganadora del Man Booker Prize 2012.

Un juego de tronos apasionante

0 comentarios

En la Corte del Lobo, de Hilary Mantel

En 1529 Inglaterra vivía una convulsión política y sexual de primer orden. El rey Enrique VIII, sin heredero varón ni esperanzas de tenerlo de su esposa Catalina de Aragón, y enamorado (o infatuado) de Ana Bolena, exige a sus servidores todos los esfuerzos para obtener la anulación de su matrimonio y poder casarse con Ana.
El primero de estos servidores es el cardenal Wolsey, Lord Canciller. Sus esfuerzos no serán suficientes, por lo que será destituido y su cargo otorgado a Thomas Moro.
Al servicio del cardenal está un hombre singular, Thomas Cromwell. Aventurero, mercader, banquero (algunos dicen que usurero), ex mercenario, ilustrado, renacentista, flor de la abogacía, es el único que tras la caída se mantiene fiel a su amo, en una época en la que entrar en el desfavor del rey era como caer en el ostracismo.
Pero esta fidelidad no pasa desapercibida. Muerto el cardenal y con Thomas Moro incapaz de proporcionar al rey lo que desea, Cromwell es llamado cada vez más a la corte, tanto por los Bolena como por el monarca.
Es a través de esta figura que Hilary Mantel escribe la primera de una trilogía sobre el reinado de Enrique Tudor en su etapa más frenética, centrándose en Cromwell como enigma que sigue desafiando la evaluación histórica y viendo a través de sus ojos el mundo de la corte y sus intrigas.
Mantel no sólo ganó el Premio Booker (una garantía de calidad) con esta novela, sino que lo ha vuelto a ganar con la segunda parte de la trilogía, y no es de extrañar. Temáticamente, el personaje central sigue siendo un enigma, pero es probablemente el enigma más singular que transitó en su época, por su origen humilde, su educación en los modos del mejor Renacimiento y por su inteligencia y manejo del poder. A través de sus ojos cobra vida todo el mundo de la corte y del pueblo de Inglaterra, y asistimos a los juegos de poder y a las conspiraciones de influencias, a los caprichos de un rey muy humano en ciertos aspectos y demasiado rey en otros.
Sobre todo destaca una cosa infrecuente: no hay héroes en este libro. Ni aunque se centre en Thomas Cromwell la autora se ha dejado secuestrar por él. Cromwell es un arribista, es frío, calculador y vengativo; tal vez su mejor definición fuera la de ser la encarnación del príncipe de Maquiavelo, pero reducido al papel plebeyo de secretario real, con todas las nociones que el tiempo y la historia han dado al apelativo "maquiavélico".
Y sobre todo, es un libro escrito con elegancia. Los personajes pueden decir de todo, procacidades incluso, pero la elegancia de la escritura de Mantel es tal que mantiene ese ambiente renacentista, irónico y refinado que podría haber dominado una corte tan fastuosa como la de los Tudor. En ese estilo el lector se encuentra cómodo, puesto que le sitúa sin esfuerzo en la época y en el cinismo de sus personajes, que contemplan con variadas intensidades y emociones los acontecimientos de un capricho real que desembocará en una separación de la Iglesia anglicana y en una espiral de frustraciones y muertes.

(Wolf Hall)
Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2011 [2009]

en-la-corte-del-lobo_9788423323456.jpg
El gran espectáculo de la Inglaterra de los Tudor. Un fascinante  desfile de deseos, ambiciones y sentimientos


0 comentarios

El Libro de las Tinieblas, de P. C. Doherty

Este libro cayó en mis manos un poco por casualidad. Cuando todavía dudaba de si leerlo o no, en una revista de historia vi que las obras de este autor figuraban como bibliografía recomendada en el apartado "ficción". Como los historiadores suelen tener pocas simpatías por sus colegas en la novela, llegué a la conclusión de que, cuando menos, Doherty debía haberse esmerado en su documentación, tanto histórica como de vida cotidiana. Algo que se ha probado cierto.
A mediados de los años noventa surgió la moda de un subgénero curioso, como fue el de la novela detectivesca medieval. Los lectores más jóvenes no deben ni saber de qué les estoy hablando, puesto que, como todas las modas, tuvo su momento de auge y una rápida decadencia, que ha llevado a su práctica desaparición. Los personajes fueron variados: frailes, prebostes, nobles... en este caso, rara avis, se trata de una protagonista, una mujer médico en la Inglaterra de la guerra de las Rosas.
Doherty [y antes de seguir, aclaremos que esta obra iba firmada con el seudónimo C. L. Grace, argucia creada para no interferir con otra serie detectivesca del mismo estilo firmada por Doherty] nos aclara que "datos históricos sobre la importante presencia de médicas en la Inglaterra medieval" hacen este hecho menos inusual de lo que parece y, en cambio, abona la tesis histórica de la "historia secreta de las mujeres", que defiende que el papel femenino ha sido más relevante de lo comúnmente explicado y sistemáticamente ocultado por un mundo esencialmente masculino. Tesis con la que concuerdo y que he tenido ocasión de comprobar.
¿Y de qué va El Libro de las Tinieblas? Bueno, un nigromante, Tenebrae, ha sido asesinado en la ciudad de Canterbury. No es que fuera un auténtico mago (Doherty se muestra un firme partidario del materialismo) sino que empleaba todos sus recursos para acumular información con la que "predecía" el futuro, efectuaba chantajes que le proporcionaban poder y más información y, en suma, mediante su persona nigromántica ejercía la magia de influir en las gentes y beneficiarse de ello. Secretos que apuntaba cuidadosamente en un grimorio, que ha desaparecido. Todo esto crea enemigos, y las sospechas recaen en los últimos que lo vieron con vida, unos peregrinos (el libro es una recurrente cita a Los Cuentos de Canterbury de Chaucer) miembros de un poderoso gremio comercial. Y un enviado de la reina, muy preocupado por el paradero de ese libro chantajista de Tenebrae, impone a la médico Kathryn Swinbrooke y al que se espera sea su marido, Colum Murtagh, comisario real en Canterbury, la obligación de recuperarlo. De lo contrario...
Entonces se produce una investigación típica de "problema de habitación cerrada"; pero, aunque la resolución del crimen es un motor importante para la lectura, donde Doherty se muestra más capaz es en esa "pequeña historia", en la descripción y casi inmersión en la vida cotidiana de la época. El riesgo permanente de la novela histórica es escribir sobre épocas pasadas manteniendo los postulados de las actuales. Llevar al lector a otro tiempo es una labor paciente de documentación, de expresión de la vida cotidiana y, en literatura de hacerlo sin abrumar y sin aburrir, consiguiendo que el lector, poco a poco, no piense según la época, pero sí que comprenda que en ella se pensaba de forma distinta. No es tarea fácil, y Doherty la realiza eficazmente y con aparente naturalidad.

(The Book of Shadows)
Eds. B, col. Vib
Barcelona, 1999 [1996]

0 comentarios

Penélope y las Doce Criadas, de Margaret Atwood

La estupenda escritora Margaret Atwood, que siempre ha mantenido un punto de vista feminista en sus obras, con esta "Penelopíada" (que así se llama en original el libro) adopta una postura todavía más combatiente, en concreto sobre la narración masculina que la literatura ha ejercido desde la antigüedad hasta muy recientemente.
Si la Ilíada es un ejemplo palmario de ello, con una guerra de diez años de duración provocada por una mujer frívola, casquivana, voluble y adúltera (y, bien analizado el personaje literario, en apariencia más tonta que un cazo), postura que, por supuesto, ha sido revisada por los historiadores, pero cuyas causas reales se ocultan en el relato mitológico que nos llega, en la Odisea aparece un personaje femenino más consistente, sí, pero igualmente inmerso en una narratividad masculina.
Lo que hace Atwood es (reconocido por ella en los agradecimientos) aplicar el método que Robert Graves usa en la narración histórica. Por poner un ejemplo, en la Ilíada, Aquiles se retira del combate por una disputa sobre la propiedad de una esclava, con gran catástrofe por la falta del héroe en la batalla; lo que en realidad toca las narices a los aqueos no es que Aquiles no combata, sino que si él no lucha, tampoco lo hacen los mirmidones que lo acompañan, que debían ser unos 6.000.
Con este método desmitificador más el cambio del punto de vista narrativo, puesto en la voz y los ojos de la sufrida y sufriente Penélope, Margaret Atwood narra la Odisea desde Ítaca, describiendo a un Ulises que pasa diez años vagando por el Mediterráneo acostándose con diosas (en la versión mítica) o con madamas de burdel (en la versión sin adornar), es decir, un personaje totalmente libre y despreocupado en un mundo totalmente masculino, mientras Penélope tiene que administrar el reino, la casa, defender su virtud (virtud impuesta por ese mismo mundo) y trazar complicados juegos diplomáticos para evitar que los pretendientes tomen por la fuerza lo que no pueden conseguir por métodos "legítimos" (y lo que tomarían no es tanto a Penélope, mujer ya madura y, ciertamente, poco espectacular, sino el botín de riquezas de la isla-reino). Todo ello aguantando además a un adolescente Telémaco, dispuesto en cuanto pueda a hacer valer sus derechos y convertirse en gobernante en lugar y ausencia de su padre, algo que puede llevar al desastre.
Y, en el libro, con la perenne presencia de un hecho que, incluso en la Odisea original, tiene muy poca o ninguna justificación: el que Odiseo, a su regreso, ahorcase a las doce criadas de su palacio por el mero hecho de haberse acostado con los pretendientes, vulnerando (nos dice Atwood) el derecho de propiedad que Ulises tiene sobre ellas, es decir, que no obtuvieran su permiso para ser violadas, en suma, por esos pretendientes.
Por supuesto, sin que esto se trate con un cierto sentido del humor este libro se convertiría en un latazo impresionante, como lo suelen ser los panfletos. Por fortuna, Margaret Atwood conoce muy bien su oficio, y sabe que sin humor esta historia perdería transmisibilidad. De manera que este punto de vista, combativo como debe ser, también posee una intensa ironía, que hace que el mensaje se transmita con plena eficacia y ponga de relieve el intenso contraste entre el mundo femenino maniatado pero capaz y reivindicable y el masculino cerril, unidireccional y basado en la fuerza bruta. Penélope ya era, según Homero, un personaje inusual; pero por la misma gestalt de la época, quedaba marginado, incompleto y constreñido a un papel pasivo dentro del rol que se esperaba de ella. Lo que se alaba en la Odisea es la fidelidad de Penélope. Lo que se oculta es la inteligencia de mantener durante años en jaque a toda una horda de brutos dispuestos a arrasar un reino. Se ensalzan los trucos del embaucador Odiseo. Queda disimulada la astucia de una mujer, no en el tejer y destejer un sudario, sino en administrar y gobernar día a día un reino mientras su marido, peligros aparte, está de parranda con Circe.
Margaret Atwood proporciona una lectura, no contra la Odisea, sino distinta de esa misma Odisea, complementaria. De ahí el título. Si Odisea es la historia de Odiseo, Penelopíada es la de Penélope. Una visión que, en manos menos capaces, hubiera sido un pastiche intragable, un fárrago pedantesco. En las de Atwood, se revela como una historia nueva y ágil, divertida y trascendente.

(The Penelopiad)
Eds. Salamandra, col. Mitos Universales
Barcelona, 2005 [2005]
Trad. de Gemma Rovira Ortega

Portada y sinopsis

0 comentarios

Un Asunto Tenebroso, de Honoré de Balzac

En la misma época en la que Edgar Allan Poe publicaba Los Asesinatos de la Calle Morgue, Honoré de Balzac escribía Un Asunto Tenebroso; ambas obras pueden ser definidas con todo acierto como precursoras del género policial.
Cuidado con las palabras, aquí. "Precursor" no quiere decir que estas obras conformen los modos y maneras en las que el género se iba a desarrollar; no hablamos de obras fundacionales, sino de unas que ponen en forma literaria un tema, el de la investigación detectivesca o policial, y lo hacen de forma que ocupa una parte central (o una de las partes, en el caso de Balzac) de la trama.
Si vamos a ceñirnos a modelos, Un Asunto Tenebroso es más una novela histórica que otra cosa (aunque, repitamos, lo es en una época en la que los géneros estaban por definir, de modo que tampoco es un relato histórico en la forma que hoy conocemos). Se basa en hechos reales, una conspiración contra Napoleón, por entonces Primer Cónsul en vísperas de asumir la corona imperial, y un secuestro producto de esa conspiración.
Pero, y Balzac era muy consciente de ello, en esa misma época, en Francia se instauraba la primera policía "moderna", bajo la dirección de un personaje entre tenebroso, maquiavélico y genial como fue Fouché.
De manera que Balzac incluyó a uno de sus policías, Corentin, y lo imbuyó de todas las características del esbirro de la época: despiadado, casi fanático, leal a su patrón, frío e impasible y, no obstante, astuto, inteligente y de una eficiencia suma. Un hombre dispuesto a descubrir la verdad por encima de todo pero, como buen malvado novelesco que se precie, preparado para que con esta verdad hagan lo que quieran sus superiores.
Digamos la verdad, Un Asunto Tenebroso no es de las mejores obras de balzac. Es enrevesada, en exceso pausada en ocasiones y tiene unos cuantos personajes (como los nobles Cinq-Cygnes) que son intercambiables entre sí. Estos defectos, que provienen por una parte del folletín y por otra de unos rasgos psicológicos voluntariamente deseados por Balzac (esos nobles emigrés son intercambiables no por ser parientes, sino por afinidades ideológicas y de clase) no facilitan precisamente la lectura en nuestra época. Siempre hay que realizar un esfuerzo adaptativo cuando se trata de clásicos. Pero permanece el hecho de introducir la narrativa policial en la novela, un hecho que, con otros modos, daría origen al género que conocemos hoy. Y es una novela en la que se aúnan en un personaje el detective que descubre la verdad gracias a su inteligencia y que, no obstante, también es el villano que sabe qué se está haciendo con esa verdad y que, sin sombra de piedad, permite que se tergiverse para ruina de inocentes. Un personaje fascinante cuyos ecos resuenan en las diversas narrativas policiales posteriores.

(Une Ténébreuse Affaire)
Planeta / BackList, col. BackList Clásicos
Barcelona, 2008 [1841]
Pról. de Crlos Pujol
Trad. de Pedro Darnell

Portada y sinopsis

0 comentarios

Il Gattopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa

El Gatopardo es una obra tan única, tan poco adscribible a cualquier corriente o estilo, que todavía se están buscando las claves de, por una parte, su génesis, y por otra, su inmediata comunión con el público.
Siendo reduccionistas, podemos definirla como una novela histórica; sin embargo, es una cuyo centro no es el hecho histórico, ni tan siquiera la época. De hecho, su personaje central, Fabrizio, príncipe de Salina, no puede decirse que represente al hombre de su época y, no obstante, alrededor de él giran todos los acontecimientos.
Tampoco es una novela de tesis, por mucho que se insista en la frase "hay que cambiarlo todo para que nada cambie". Esto es una idea clarividente que define las actitudes del príncipe (y que sin embargo es enunciada por su sobrino Tancredi), pero tampoco es el tema central.
Sus momentos clave, históricamente hablando, son pocos y vistos de lejos; más bien es una novela descriptiva de una clase, de una familia (la Salina) y de unos pocos personajes que la acompañan. Hay mucho de mobiliario, de paisajes, de situaciones en apariencia y muchas veces anodinas. Pero aquí es donde hallamos tal vez el hecho distintivo que hace de la obra de Tomasi única. Porque estas descripciones se realizan con un distanciamiento del narrador omnisciente respecto a lo narrado; es más, con un sentido irónico, casi cínico, que todo ese mobiliario, esos vestidos, ese rezo del rosario, se convierten en símbolos de una época inmóvil que se enfrenta a los tiempos cambiantes. Es una invasión sutil en la mente del lector, requiere de una complicidad que, precisamente por no ser impuesta, se instala con mayor facilidad en la mente de éste.
Respecto a ese centro de la narración que es el príncipe de Salina, no es ocioso que sea astrónomo amateur pero reputado. Cualquiera que se sitúa en un observatorio astronómico, de alguna manera deviene el centro del universo y hace que todo, incluso las estrellas, gire a su alrededor. Así, Salina también es un centro inmóvil, el punto referencial sobre el que giran los acontecimientos, ya sean una boda, impensable en el pasado, entre su noble sobrino y la bella y rica, pero plebeya, Angélica, o el cambio de régimen de los borbones sicilianos al nuevo reino unificado de Italia. Cuando el príncipe, el gatopardo (que es muy consciente de quién es y de cómo hay que sobrevivir continuando siendo lo que es, es decir, una figura referencial que no debe mostrarse activo en ningún sentido), cuando muere, sus descendientes actúan, dejan que otros rijan sus actos, y es entonces cuando esa familia se hace prescindible, olvidable, inútil.
Se trata, insisto, de una novela sutil. Sus mensajes van destinados a no ser revelados al lector, sino más bien a instalarse en la mente de éste, proporcionando un cuadro moral de costumbre y de sociedad, de actitudes frente a la historia. Si entran en sintonía con los lectores es posible que sea porque éstos se reconocen a sí mismos como la gran mayoría de personas que no toman parte activa en los acontecimientos, sino que se adaptan a ellos. La diferencia que causa admiración es que el príncipe de Salina lo hace con una dignidad que no puede ser menoscabada por nadie, y por eso mismo se convierte, sin haber movido un dedo, en la persona buscada por todos, un símbolo digno e inofensivo que, por contacto o proximidad, dignifica a los que están cerca de él. Algo que, si lo vamos a mirar bien, es la definición de la aristocracia posfeudal.

Feltrinelli, col. Le Comete
Milán, 2002 [1957]
Ed. de Gioacchino Lanza Tomasi

Múltiples ediciones en castellano

Portada y sinopsis de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana

0 comentarios

HHhH, de Laurent Binet

Aclaremos en primer lugar el enigma de su título. HHhH son las iniciales de la frase "Himmlers Hirn heißt Heydrich", el cerebro de Himmler se llama Heydrich, ubn aforismo que se popularizó entre los SS. Por si no están al caso, Heinrich Himmler era el jefe supremo de las SS y la Gestapo, pero Reinhard Heydrich fue el auténtico cerebro y brazo ejecutor de muchas de sus políticas, incluyendo la Solución Final o als represiones de los movimientos de resistencia. Siempre con una eficiencia suma y, por descontado, despiadad.
También fue Protector del Reich para Bohemia y Moravia, el resto rebelde de lo que quedó de la anexión de los Sudetes, la intependencia títere de Eslovaquia y la liquidación como estado de Checoslovaquia, el país sacrificado por Chamberlain en aras del apaciguamiento. Y en tal calidad fue muerto en Praga por paracaidistas checos en un atentado que conmovió a los Aliados, a los nazis, y que originó una represión (por ejemplo, la destrucción total del pueblo y los habitantes de Lidice) doliente y brutal, sin embargo asumida con heroísmo por el pueblo checo.
Esta novela, sobre cuya forma entraremos en breve, relata lo que se sabe sobre la Operación Antropoide, la preparación y realización de ese atentado, y sobre los protagonistas del mismo.
hablar de la forma es importante, puesto que, a pesar de estar avisados por la cita de Ósip Mandelshtam (de El Final de la Novela) que inicia el libro, el lector se puede ver sorprendido por la inclusión del autor y sus vivencias, no tanto como personaje como en forma de un narrador subjetivo de lo que relata, pero también del proceso de creación de lo que se narra. Llegado a un punto, Binet (que obtuvo el premio Goncourt a la primera novela en 2010 por este libro), afirma qye está escribiendo una infranovela, sea lo que sea eso; ciertamente, todo el texto es un cuestionamiento permanente de la fabulación del hecho histórico y su conversión en narrativa. Binet desea conservar la narratividad sin entrar en la narración, y eso a veces es un acierto, pero en otras, sencillamente es un desvío del tema principal. Pero no se puede negar que Binet tiene derecho a plantearse estos dilemas morales del escritor (que tienen mucho que ver con el poner en boca de personas muy realespalabras que probablemente sólo pronuncia el autor); y sin embargo, en un texto  notable en su conjunto, cuando mejor funciona Binet es cuando se deja llevar por la narración (sólidamente basada en hechos reales) sobre el atentado y la caza posterior de los paracaidistas checos. Para acabar con la cuestión de la forma, sólo quiero indicar que esta infra o no-novela funciona bien gracias a que todo lo que rodeó a Operación Antropoide y sus protagonistas, incluyendo al malvado principal, Heydrich, era ya fascinante de por sí; otra cosa sería aplicar esta filosofía no-novelística a otros acontecimientos, y sospecho que en esos casos el resultado sería un fracaso.
Pero fuera de su forma, y hay que insistir en ello, el suceso real siempre tuvo la fascinación de lo novelístico. Heydrich era ya un epítome, si no de maldad, sí de frialdad dentro de la maldad. Los lectores que no lo conozcan descubrirán al personaje que descubrió y promocionó a Eichmann, el Heydrich que fue organizador de la Noche de los Cristales Rotos y de la de los Cuchillos Largos, al hombre cuyo objetivo era alcanzar la excelencia en el genocidio. Ha héroes, los patriotas checoslovacos que volvieron a su país a realizar una misión probable y posiblemente suicida, y los ciudadanos de a pie que ejercieron su parte de resistencia al invasor dando apoyo, alojamiento y comida a los comandos chechos. Hay un traidos, un paracaidista checo que delató, por dinero primero y gratis después, a sus compañeros y conciudadanos. Hay acción y hay drama. Que los hechos fueran reales tiene su importancia; es lo que da trascendencia a la narración, pero estos hechos, narrados en el estilo que fuera, ya llevarían esa trascendencia.
Pero esta novela (puesto que no limitarse a los meros hechos y dudar sobre su relato ya es convertirlos en novela) es brillante, importante y trascendente.

(HHhH)
Eds. de 1984, col. Mirmanda
Barcelona, 20112 [2009]
Trad. de Anna-Maria Corredor

Existe edición castellana en editorial Seix Barral

Portada i sinopsi de l'edició catalana

hhhh_9788432209321.jpg
Laurent Binet
Premio Goncourt de primera novela.

2 comentarios

La Lista de Schindler, de Thomas Keneally

En el caso de este libro, la sombra de la película de Spielberg es muy alargada, y es inevitable caer bajo ella. Lo comentaremos más adelante, pero por el momento ciñámonos al texto novelístico.
Porque La Lista de Schindler es una novela, aunque conforme avanza la lectura vamos comprobando que apenas es una novela. Es una cuestión de elección de la forma narrativa, y Keneally la realiza, según nos explica en el prólogo, «porque el oficio de novelista es el único al que puedo alegar derecho [y] porque la técnica novelística parece apropiada para un personaje de la ambigüedad y magnitud de Oskar. Sin embargo, he procurado evitar toda ficción, que sólo empañaría el relato, y también distinguir entre la realidad y los mitos que suelen rodear a los hombres de la envergadura de Oskar».
Es apenas una novela porque Keneally prefiere, dado el caso, no reconstruir nada, sino relatar, citar en muchas ocasiones, los testimonios. Es novela porque Keneally, sin duda, se sentía sobre terreno poco firme asumiendo el papel de historiador. Pero también esta indefinición entre lo construido y lo real refleja esa palabra que aparece, ni más ni menos que en la primera página del libro, como es la de "ambigüedad".
Me parece ocioso ponerles al corriente de la historia que trata el libro, la del industrial Oskar Schindler, que persiguió y obtuvo permiso para montar una fábrica de esmaltados en Cracovia, operada con mano de obra judía extraída del gueto primero, y del campo de trabajo (un grado de operatividad, pero no de finalidad, que diferenciaba ese campo de los de exterminio) después. Y de cómo Schindler logró salvar de la aniquilación a esos judíos y les dio un trato humano (por lo menos, dadas las circunstancias) aun a costa de un riesgo personal enorme.
La curiosidad por la lectura de este libro surge precisamente de la aureola de casi santidad que la película proporcionaba al personaje de Oskar, una aureola que no siempre era coherente con lo que el fim explicaba. En el libro, las cosas son un poco diferentes.
El mismo Keneally descarta muchas de las leyendas inverificables (o a veces improbables o imposibles) que los supervivientes de Schindler relatan. Las justifica diciendo, muy atinadamente, que un grupo de personas sometido a esas circunstancias extremas crea, casi instintivamente, su propia cosmogonía y la mitología correspondiente. Se refiere con certeza sólo a lo que ha podido comprobar o ha sido corroborado por testimonios independientes entre sí, y novela sobre algunos de estos hechos cuya fuente es documental y no física, aportando entonces una versión novelada sobre el hecho. En otras ocasiones, simplemente extiende las manos con impotencia, señalando que no existen ni hechos ni datos sobre un determinado episodio.
Entendámonos, considero a Oskar Schindler un héroe. Sé muy bien qué se jugaba dando un trato de favor a los judíos enmedio de la burocracia de los campos de exterminio, y mucho más cuando, al final, no los abandonó y, en cambio, veló por su supervivencia «hasta cinco minutos después del fin de la guerra». Esto último es particularmente importante; dar un trato humano a sus trabajadores esclavos era algo grande, pero mantenerse junto a ellos para protegerlos en lugar de huir va más allá de lo que la mayoría de candidatos a ser procesados como criminales hubieran asumido.
Sin  embargo, Keneally concuerda conmigo en la ambigüedad del personaje, lo cual me lleva a hablar de la versión fílmica. Spielberg muestra un Schindler "convertido" a la causa, catendo del caballo (y visualmente, casi no es una metáfora) contemplando la primera aktion contra el gueto de Cracovia. En Keneally esto no es tan evidente, y aún después de leído el libro me queda la pregunta de cuándo Schindler quedó convencido de la malignidad fundamental del sistema nazi. No existe, ni en Keneally ni en los testimonios en los que se basa, tal cosa como el discurso final de Schindler en los términos en los que lo expone Spielberg (una escena que, por histriónica, ya provocaba cierto sonrojo e incredulidad al verla). En suma, Spielberg ejerce una mirada concreta, a lo cual sin duda tiene derecho, si no fuera porque, en el caso del Holocausto, los hechos llevan mayor convicción, a la larga o a la corta, que las fabulaciones, por muy bellas y emotivas que éstas puedan ser.
Visto y leído lo cual, me quedo con Keneally. Si bien no descifra (ni creo que se pueda descifrar jamás) la personalidad de Schindler, sí ejerce su cometido con lo que a veces parece frialdad, pero que creo es la máxima objetividad posible. Cuando menos, emprende un difícil viaje en busca de la verdad. Que la encuentre sólo parcialmente ya no es culpa suya, sino de la falta  de testimonios y documentos verificables. En cierto sentido, esto hace más justicia a Oskar Schindler que otra cosa. El ser humano puede ser, como nos tememos, una bestia. El mérito de Schindler fue abjurar de esta bestialidad mucho antes que otros. Aunque quede la incógnita de saber exactamente cuándo.

(Schindler's Ark)
RBA / Edhasa, col. Cine para leer
Barcelona, 1994 [1982]

Muestra de los tiempos actuales, el libro está descatalogado en España.

0 comentarios

El Libro de Blam, de Aleksandar Tišma

Esta novela, extraña a veces, es tres cosas a la vez. La primera, un fresco histórico de uno de esos pequeños conflictos que quedaron sepultados bajo la magnitud del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial; se trata de las anexiones que sufrieron partes de los Balcanes por parte de sus vecinos (en época más reciente, se comentó mucho acerca de la "Gran Serbia". Es más desconocido del público que existían respectivas aspiraciones a grandes Hungrías, Bulgarias, Rumanías, etc.). En este caso la Voivodina, región yugoslava que en la debacle subsiguiente a la invasión nazi, fue ocupada por Hungría. Lo que sucedió después, aunque poco conocido, tiene ciertas reminiscencias con lo que sucedió en toda Europa: limpieza étnica y racial, supremacía de la minoría húngara, pillaje, saqueo y todas cuantas bestialidades se les ocurran. Tišma se ocupa de lo sucedido en su capital, Novi Sad, y lo hace de tal manera que esta población se convierte en un personaje más.
La segunda, tal vez la más evidente, es la anunciada por el título. Blam es un superviviente. Lo hallamos ya en la época de la Yugoslavia de Tito, pero a través de su historia vemos que ha sobrevivido a la muerte, casi por milagro, porque milagro son las diferentes casualidades que se han dado en diversos momentos de su vida. Se casó con una cristiana, lo que impidió que fuera tratado racialmente como judío. No fue a visitar a sus padres como debía, y así tal vez se libró de ser fusilado junto a ellos en la gran redada que realizaron los ocupantes húngaros. En esa misma redada, un periodista que podía verse comprometido si descubrían a una amiguita en su piso salió en defensa de todos los vecinos del bloque y así el oficial magiar se mostró benévolo. Cuando los titistas entraron en la ciudad, a ese mismo protector le fue impedido que se acercara a Blam, con lo que éste se libró de ser sospechoso de colaboracionismo. Y tal vez alguna otra que no recuerdo. El caso es que Blam sobrevive, pero no sabe realmente quién es. Ha pasado por todas las épocas renunciando a identidades; esas renuncias le han salvado la vida, cierto, pero han dejado un vacío enorme en él.
Lo que nos lleva a la tercera materia que trata esta novela, como es la vergüenza del superviviente. Es un fenómeno inquietante, pero comprobable, el que los supervivientes de los campos de exterminio, de los pogromos, de los fusilamientos en masa, sintieran posteriormente vergüenza por estar vivos, por ser ellos los que habían sobrevivido en lugar de los que habían muerto. Blam no sólo no sabe quién es, sino que se plantea cómo y por qué han tenido que morir los otros y, en cambio, él ha quedado con vida. Y su conclusión, terrible pero catártica, es que en el futuro no eludirá lo que es, no eludirá la bala que a él le está destinada.
Aleksandar Tišma es un narrador que a veces deslumbra. Ciertamente sus descripciones de la ciudad de Novi Sad son vívidas hasta hacerlas auténticas fotografías, pero además es su profundidad en los episodios y sus personajes lo que hace que esta novela tenga una potencia extrema. Procede en su marcha mediante el método de flashbacks intercalados, y eso le da esa estructura extraña, pero es una estructura que también conviene a la mente de su protagonista. Leer El Libro de Blam es entrar en la historia de una manera terrible, sin concesiones, pero también es hacerlo de la mano de un gran narrador.

(Knjiga o Blamu)
Quaderns Crema / Acantilado, col. Narrativa
Barcelona,  [1995]

Ciclo "Ramas Entrelazadas" nº 1

Portada y sinopsis

2 comentarios

El Cartógrafo de Lisboa, de Erik Orsenna

Cristóbal Colón, como dice el autor en la bibliografía, ha inspirado tantos libros como la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, puede parecer un ejercicio de osadía que ese mismo autor añada otro título más a la lista, pero el libro de Orsenna no es uno más de esos textos elementales y planos sobre el Almirante.
Colón es una figura tan enigmática que el interés por él parece justificado. Todo es dudoso: su origen, su periplo vital, hasta las intenciones últimas de su navegación hacia el oeste.
Con esos datos (o la falta de ellos) hacer una novela histórica es arriesgado hasta el punto de que la realidad puede desvirtuarla a poco que un historiador o archivero se muestre afortunado.
Por consiguiente, Orsenna no escribe una novela histórica al uso, sino más bien una historia intelectual de Colón, sin que importe tanto el detalle real como la perspectiva anímica y cultural. Tampoco se centra directamente en Cristóbal, sino que elige a su hermano Bartolomé Colón, el cartógrafo de Lisboa del título, haciendo así, más que un retrato, un negativo, un molde en el que podría encajar Cristóbal.
Bartolomé inicia su narración en La española, en la ciudad de Santo Domingo. Acaba de escuchar un sermón que viene a ser el arranque del cuestionamiento del Descubrimiento y de la forma en la que se ha llevado a cabo, un sermón que denuncia el trato que los descubridores dan a la población indígena. Al poco, recibirá la visita de De Las Casas y otro dominico, que ya inician su formación de pensamiento que les llevará a dirigir su famoso memorial al rey pidiendo trato justo y cristiano para los indios. Y Bartolomé Colón, a instancias de los dos frailes, empezará, en las postrimerías de su vida, su confesión. Desde los tiempos en que, en Génova, él y su hermano miraban hacia el mar, para temor de su madre, hasta el establecimiento de Bartolomé en Lisboa y su aprendizaje como cartógrafo, y la llegada de su hermano, ya poseído por la idea fija de llegar al Oriente por el oeste.
Orsenna desarrolla un retrato intelectual de una época, un paisaje cultural y moral de cuando navegar y descubrir era oficio, y de cuando el descubrimiento y su reflejo en las cartas de navegación eran secretos de estado. Al poner en primer plano a bartolomé, Orsenna renuncia a la épica del descubrimiento («La Pintada, la Niña, la Santa María. En realidad, la Santa María se llamaba María Galante. [...] Las carabelas que descubrieron el nuevo mundo eran mujeres de la vida»); accede a las dudas que el descubrimiento plantea y, sobre todo, se interroga sobre los auténticos motivos que mueven al ser humano.

(L'Entreprise des Indes)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2011 [2010]

Portada y sinopsis

Entrevista en francés a Erik Orsenna sobre El Cartógrafo de Lisboa, en la web Onirik

0 comentarios

El Húsar, de Arturo Pérez-Reverte

El Húsar fue la primera novela publicada de Pérez-Reverte, y la historia de cómo hizo de su autor alguien al que los lectores esperaron en su nueva producción es, si no por inusitada, sí meritoria. Porque esta novela, publicada entonces por Grijalbo (en una época en la que, si bien no tanto como ahora, ya se empezaba a editar demasiado en este país y las novedades eran aplastadas por otras), publicada entonces, decía, pasó desapercibida como lo son casi todas las primeras novelas. Y sin embargo, empezó a moverse. Muy pronto los libreros supimos que convenía tener un ejemplar de El Húsar en los estantes de la librería. Sus ventas no eran espectaculares, pero sí muy regulares. Y lo bueno del caso es que crecían, porque los lectores se pasaban entre sí la información de que había una novela que convenía leer.
Y sigue siendo una novela que, por lo visto después de su autor, anticipa muchos temas y obsesiones, prefigura el escritor de raza que es Pérez-Reverte y además, sigue tremendamente vigente en su temàtica.
Y ésta es la gloria. Pero no se precipiten. Es gloria en toda su dimensión de la guerra, y eso quiere decir la gloria figurada y la gloria real.
La historia de un húsar francés en las vísperas de la batalla de Bailén. Novato, primerizo, la primera imagen que tenemos de él es la de verle afilando su sable, objeto de todo lo que anhela y hasta cierto punto espejo que refleja esos anhelos y deforma la realidad. Porque su ambición es participar en una carga; y triunfar, claro. Hacerse un nombre, figurar en cabeza de su escuadrón, alcanzar el reconocimiento y sobre todo la autoestima personal.
En un viaje descendente hacia el que será su infierno personal, la realidad va poniendo en su sitio las cosas. Primero con el contacto con el paisaje y las gentes, con el odio que despierta una guerra y con la conciencia de ser el enemigo en una tierra extranjera. Después con una escaramuza que ya ahace vislumbrar lo sucio que es el acero bruñido cuando se tiñe de sangre. Una víspera de batalla en la que las ansias de combate se mezclan con los temores. Y finalmente con el choque de la brutalidad de todo aquello a lo que aspiraba: un engaño colosal, en el que las cargas gloriosas no son sino cabalgadas polvorientas hacia lo incierto. Los combates donde lo irracional se impone a todo lo demás; en donde todo lo pensado y abstracto deja paso al mero instinto de supervivencia.
A vislumbrar en definitiva, lo que en realidad es la gloria: un espacio muerto y vacío, la nada más absoluta.
Pérez-Reverte logró en esta novela llevar esta gradación de sentimientos de forma magistral, integrándola en una estructura temporal tan progresiva y medida como la intrusión de la realidad en los sueños que la acompaña. El Húsar sigue siendo una novela que muestra la guerra en toda su crudeza, pero además, la muestra en contraposición a toda la imaginería que la épica nos ha dado de ella. Es una desmitificación, pero una perfectamente realizada.

Santillana / Alfaguara, col. Biblioteca Pérez-Reverte
Madrid, 2010 [1983]

Portada y sinopsis

6 comentarios

L'Òpera de Vigata, de Andrea Camilleri

La Ópera de Vigata o, más propiamente, El Cervecero de Preston, que es su título original, es, dentro de la obra de Camilleri, su novela más conseguida.
Está provista de un sentino del humor enorme, matizado por esa sorna siciliana cuyos antecedentes pueden rastrearse en Pirandello y Sciascia. Tiene una estructura perfectamente establecida hacha de saltos atrás y adelante, reminiscente de Si una Noche de Invierno un Viajero de Italo Calvino, del que hereda un índice que es una obra literaria y referencial en sí misma y la costumbre de iniciar el capítulo con una frase que incluye el título del mismo. Una novela histórica que reproduce a la perfección la segunda mitad del siglo XIX en Sicilia. Basado en un hecho real, los incidentes producidos durante la representación de la ópera "El Cervecero de Preston" en Caltanissetta (aquí trasladados a la ciudad literaria de Camilleri, Vigata), una ópera impuesta por el prefecto y que, como tal imposición, fue rechazada por la población. Y, sobre todo, una escritura maestra, empleando las variantes dialectales italianas para marcar personalidades de los caracteres literarios, su origen social y su ideología.
Todo ello compone una obra que el lector empieza con una curiosidad que muy pronto se transforma en franca risa, y que después se lee con ojos abiertos como platos, en admiración por la imaginación, el ingenio y la profunda percepción que Camilleri tiene del carácter y la historia sicilianos.
Porque profundidad tiene, y mucha. La galería de personajes que desfilan por estas páginas, y que parecen surgir del texto a la vida (o haber entrado en la novela procedentes de la vida, como prefieran) es tan exacta que puede constituir una historia del carácter siciliano en la historia.
Con una estructura libre como la que tiene La Ópera de Vigata, el lector puede recomponer su lectura como prefiera: seguir el orden propuesto por Camilleri, ordenar los capítulos cronológicamente, por personajes, etc. Porque ya les advierto que esta novela se deja leer con gusto múltiples veces.
El Cervecero de Preston es una novela prodigiosa, de las que se escriben pocas en una década. Sardónica, satírica, histórica, social, maestra.

Mención aparte merece la labor del traductor al catalán, Pau Vidal. He mencionado ya que Camilleri emplea los dialectos italianos para marcar personajes, caracteres y extracciones sociales. Pau Vidal se halló en la encrucijada de qué hacer con ellos, y resolvió trasladar esas variantes a las diferentes hablas del catalán. Y consiguió algo maestro, un monumento a la buena traducción y a la vez al respeto a las intenciones originales de Camilleri.

(Il Birraio di Preston)
Eds. 62, col. Millors Obres de la Literatura Universal (Segle XX)
Barcelona, 2004 [1995]
Trad. de Pau Vidal

Existe edición castellana en Eds. Destino

Portada i sinopsi de l'edició catalana

2 comentarios

La Lunga Vita di Marianna Ucrìa, de Dacia Maraini

Rizzoli Libri, col. Superbur Narrativa
Milán, 199230 [1990]

Existe edición castellana en Herce Editores.

Dacia Maraini, una de las más feraces y excelentes autoras de la narrativa italiana de posguerra, es también una que en toda su obra se ha dedicado a dar voz a las mujeres, siempre enfrentadas a un mundo preponderantemente masculino.
En el caso de La Larga Vida de Marianna Ucrìa tenemos a una protagonista absoluta a la que seguimos desde su infancia hasta prácticamente el final de su vida. Y el mundo no puede ser más masculino: la Sicilia de principios del siglo XVIII.
Pero suele ser característica de la buena literatura el evitar el discurso ideológico directo, haciendo que este transcurra más bien como subtexto sutil pero evidente para aquel lector que lo quiera descubrir.
Marianna es una niña de trece años, hija de nobles sicilianos, que debido a una experiencia terrible (y que se descubre avanzada la novela) ha quedado sordomuda. Con ella recorreremos un mundo doblemente contradictorio en el aspecto social, el del llamado "Siglo de las Luces", una época de discernimiento y triunfo de la razón, pero que en Sicilia, como en otras partes de Europa, tardó mucho en ser aceptada. Y doblemente contradictorio porque, desde el punto de vista de la mujer, el llamado siglo de la Razón fue el que puso las bases legales y reforzó las condiciones sociales para el absoluto sometimiento de la mujer al padre, marido o, en caso de viudedad, el pariente masculino más próximo.
Marianna será un ejemplo de este sometimiento. Es casada a los trece años con su tío; y su deber no es otro que ofrecer descendencia, masculina, por supuesto; acto seguido criar esa descendencia, casar a los hijos, hacer que éstos tengan descendencia y perpetuar, no tanto la estirpe como el uso social al que Marianan se ha visto sometida.
Pero la propia discapacidad de Marianna es la que hará que se sobreponga a estas ataduras. Durante la novela podremos seguir los rastros de un combate de larga duración, compuesto de victorias mínimas, casi invisibles, pero victorias al fin y al cabo, que harán que Marianna pueda asumir, si no una vida libre, sí por lo menos una vida independiente.
Maraini es una gran escritora. Su estilo es enormemente sugestivo, muy trabajado, legible y claro, emocionante en ocasiones y mordaz e irónico en otras. Y también es una gran narradora. Para escribir esta novela, la documentación debe haber sido inmensa, pero tanto más inmenso debe haber sido el trabajo previo, el pensar esta novela. Maraini sitúa la figura central en la aristocracia, por fuerza si se quiere llegar a cierto realismo, puesto que ninguna otra clase social (salvo la religiosa, y de esta clase hay abundantes muestras en el texto) podía acceder a la cultura y a cierta independencia económica, necesarias para poder explicar esta lucha femenina. Que lo haga en Sicilia no es de extrañar, puesto que la autora es siciliana, pero también es un principio de tesis en una sociedad que se ha caracterizado tradicionalemente por su inmovilismo. El hecho de que la acción transcurra en la época de Voltaire, Hume y Giambattista Vico no es sino una marca irónica de esta sociedad, que los cita más o menos de continuo, pero que hace caso omiso de todas estas filosofías.
Y la novela está tan bien realizada que sirve como una perfecta novela histórica de una época previa a la destrucción de la aristocracia y el ascenso definitivo de la burguesía. El pensamiento se dirige de inmediato a El Gatopardo, de la que puede considerarse hermana, y es seguro que esta misma novela es un homenaje, desde otro punto de vista, a la obra de Lampedusa; pero hay otros: a Sciascia, por descontado; a Faulkner; a Pirandello.
La Larga Vida de Marianna Ucrìa es una novela excelente, plena de sentido y de significado, un canto a la libertad de la mujer y un recordatorio de su sometimiento en la historia, y que todavía perdura en actitudes y hábitos. Una novela que da sentido a leer una historia en la que, desde un personaje de otra época y otro país, podemos ver otros personajes de la humanidad entera.

Portada y sinopsis de la edición italiana
Entrevista (en italiano) a Dacia Maraini sobre La Lunga Vita di Marianna Ucrìa

0 comentarios

Gil Blas de Santillana, de Alain René Lesage

(Histoire de Gil Blas de Santillane)
Ed. Mateu, col. Juvenil Cadete
Barcelona, c. 1955 [1715-1747]

La novela picaresca a la francesa, es decir, la novela antipicaresca. Cierto que la edad de oro de la picaresca española ya hacía casi un siglo que había quedado atrás, cierto que el paradigma intelectual avanzaba a marchas forzadas hacia la ilustración, pero ¿por qué la literatura francesa, que tan poca atención había prestado a la picaresca (o por lo menos poca que mereciera la pena mencionarse) escogió ese tema en la obra de Lesage? ¿Y no para reproducirla, sino para domesticarla y acabar convirtiéndola en novela cortesana? Lo desconocemos.
Porque picaresca es. Situada en España, narra las aventuras del joven Gil Blas desde su salida de Cantabria hasta su retiro en las cercanías de Valencia, y en su periplo vital se cruzará con bandidos, malos médicos, abogados de pacotilla, fuleros nobles sicilianos, estafadores de toda calaña, hasta que el protagonista se sitúe como secretario de Alfonso Pérez, valido de Felipe III y, tras su caída en desgracia, recupere la condición de hombre de confianza del Conde-Duque de Olivares bajo el reinado de Felipe IV. Todos los escenarios del pícaro están presentes, con una diferencia fundamental, y es que Gil Blas es, salvo unas pocas caídas de las que se redime, un hombre honesto, y más modelo de cotrtesanos que truhán afortunado. 
Ciero es que la literatura francesa tenía su propia obsesión con la corte (lo más cerca que estuvo del pícaro fue en algunos personajes de las obras de Molière), y que en el ADN literario de Lesage no figuraron los modos que ennoblecieron los usos del Lazarillo o del Buscón, y que en Francia se vivió una cierta obsesión española, que se muestra en Racine o Molière. Pero aún así esta obsesión por transitar por este mundo sin entrar en él es curiosa.
Para un lector español, el Gil Blas es una permanente contradicción. Todos los elementos que hubieran podido conducir a la fugura del pícaro (ambientes, situaciones, personajes) están ahí, pero a última hora el autor elige no ponerlos en marcha. Para el lector español todo ello tiene un aire de impostura, de asunto irreal. La deriva hacia la novela cortesana no es más que una solución a la francesa ante una situación irresoluble si se quería preservar la inocencia y honestidad del protagonista.
Si esto es así, ¿por qué hay que comentarla? Pues porque tuvo un éxito tremendo, tanto que uno de los más famosos folletines que surgió en el siglo XIX llevaba como título "Gil Blas"; y porque prefigura las españoladas que tan en boga estuvieron en Francia en el siglo XIX, y que uno cree que se basaban más en lo que los viajeros franceses esperaban ver que en lo que realmente veían de España. El Gil Blas es un antecedente tan irreal como estas, pero tiene la ventaja de darnos el retrato de cómo los franceses nos veían a principios del siglo XVIII.

0 comentarios

Los Conspiradores, de Jorge Ibargüengoitia

Publicada en México en 1982 como Los Pasos de López
Ed. Argos Vergara, col. Las Cuatro Estaciones
Barcelona, 1981 [1981]

Desde que descubrí los escritos del malogrado Jorge Ibargüengoitia no pierdo ocasión de frecuentarlos. Y conforme más conozco su obra, más me gusta y más la recomiendo.
Los Conspiradores es una peculiar novela histórica. Peculiar porque desconozco si el "Grito de Ajetreo" es un hecho histórico o no (y tanto da). Y porque el enfoque con el que se trata el hecho es ciertamente personal.
Pongamos orden: la novela trata sobre un grupo de conspiradores en el México de 1810 que se conjuran para proclamar la independencia, someter a las tropas coloniales y avanzar sobre la capital provincial para, provocando el levantamiento por el ejemplo, hacer que la insurrección en el virreinato sea general.
Pero Ibargüengoitia decide renunciar a toda épica desde el principio. No es que lo haga para centrarse en las personalidades de los conspiradores, o para tomar distancia sobre un hecho que resultará en fracaso (el sentimiento de catástrofe inminente que domina toda la conspiración es permanente), sino más bien para optar por una postura que ni se centra en el gran hecho ni en la minucia particular. Ibargüengoitia parece más preocupado por el clima moral que domina a los conspiradores. Empezando por el del protagonista, el oficial de artillería Matías Chandón, que entra en la conspiración un poco como aquel que se hace socio del casino local, hasta la del padre Domingo Periñón, idealista, sí, pero también preocupado porque alguien se le adelante en dar el Grito; quiere ser el primero, gane o pierda. Junto a ellos una serie de tipos que componen un cuadro de la burguesía autóctona de México.
La distancia narrativa que Ibargüengoitia se impone siempre es la de la ironía, como pueden haber intuido. No se trata de buscar héroes ni de encontrar villanos. Cada uno es lo que es y como es, tan ridículo o sublime en su vida cotidiana como en los grandes hechos. Por descontado, esa lectura es de doble dirección: tan pequeños son los protagonistas de la historia como grandes son sus pequeñas miserias vitales. Los grandes sucesos están tan sometidos al azar y a la mezquindad como un matrimonio o un destino militar.
Y en ese distanciamiento, en esa ironía aguda pero con un toque de cercanía y familiaridad, alejada de la ampulosidad y falsa trascendencia, es la que marca un relato curioso, íntimo y dramático pero con una amarga comicidad a veces, un relato que vuelve a mostrar a uno de los grandes narradores hispanos, desaparecido demasiado pronto.

Portada y sinopsis de la edición mexicana

0 comentarios

Reinas de los Mares. Las Mujeres Piratas Alrededor del Mundo, de Jane Yolen

(Sea Queens. Women Pirates Around the World)
Eds. Oniro
Barcelona, 2009 [2008]
Ilustraciones de Christine Joy Pratt

Jane Yolen es un nombre bien conocido en el campo de la fantasía, heroica o no, y de la literatura infantil y juvenil anglosajona. Siempre, si tengo que juzgar por mis lecturas, de una gran calidad.
En este caso Yolen se ocupa, desde una perspectiva feminista pero no militante, es decir, que la historia no está constreñida por la ideología, de hacer un repaso de las mujeres piratas a lo largo de la historia. Al estar destinado al público juvenil, me apresuro a destacar que el libro posee las mejores virtudes anglosajonas de este tipo de literatura, que son las de no considerar a los jóvenes como imbéciles y tratarles como un autor tiene que hacerlo con su público, sea de la edad que sea, que es con respeto y honestidad.
Fruto de esta honestidad, doy fe de que este libro está muy bien documentado. Interesado como estoy en el tema, he hallado lo que esperaba encontrar en él, más algunas biografías de piratesas, si me permiten la expresión, de las que no tenía noticia. Dios sabe cuántas novelas, noveluchas y novelejas hay escritas sobre Anne Bonney y Mary Read, las más famosas mujeres piratas, pero Yolen no se limita sólo a ellas y tampoco centra su libro en estas figuras. Yolen nos ofrece un elenco completo de mujeres piratas, desde Artemisia, la reina almirante persa del 500 a. C. hasta la viuda Ching de la China de principios del siglo XIX (un personaje que constituye un capítulo de la Historia Universal de la Infamia, de Jorge Luis Borges), y lo hace centrándose en el hecho histórico o, como máximo, en las historias contemporáneas sobre ellas.
Es un libro juvenil, y eso quiere decir que su relato estará expresado con sencillez. Sin embargo, por lo exhaustivo, constituye un texto de base más que apreciable, tanto más cuando está narrado con claridad y bien referenciado. Ameno y artísticamente ilustrado, estas Reinas de los Mares son un paradigma de la buena literatura juvenil, una que es capaz de trascender a su público de destino e interesar igualmente al adulto.

Portada y sinopsis de la edición inglesa, más material complementario

0 comentarios

Artemisia, de Anna Banti

RCS Libri, col. Tascabili Bompiani
Milán, 198911 [1947]
Introducción de Giuseppe Leonelli

Para seguir el camino narrativo de esta novela puede ser útil disponer de unas cuantas informaciones previas. Artemisia Gentilleschi no fue la única pintora profesional y reconocida de principios del siglo XVII, pero sí que fue la más famosa y la que podía alinearse sin ningún complejo (ni favoritismo) entre los pintores de su época. Como digo, no fue única, ni tampoco excepcional (aunque sí representante de un fenómeno poco numeroso); también es una pintora de la que sabemos más cosas, aunque esto es decir muy poca cosa, puesto que, en concordancia con su época, en realidad esto que sabemos apenas basta para trazar un esbozo incompleto de su trayectoria vital.
La maldición del novelista histórico es esta. Quiere basarse y reflejar la verdad, pero sabe que tendrá que hacerlo desde lo que fundamentalmente es una mentira, como es la superposición de una persona ficticia a unos datos objetivos. Cuando además éstos son escasos, el autor no tiene más remedio que fabular sin tasa o limitarse a hacer una hipótesis (una teoría si quieren) sobre el personaje. Anna Banti ejerce el retrato psicológico que se puede extraer de la vida de Artemisia y de sus obras. (El lector interesado puede leer la biografía de Artemisia Gentilleschi en este enlace y contemplar algunas de sus obras en este otro.)
Pero por mucha personalidad que se vierta sobre la biografía, esto no deja de ser una ficción; y es ahí donde entra la literatura de tesis. La vida de Artemisia fue trágica y sometida a un mundo masculino que, si bien no impedía su desarrollo pictórico, si lo veía con poca simpatía, como una rebeldía personal que, consciente o inconscientemente, debía ser reprimida socialmente. Por tanto, el otro nivel narrativo es el feminista. ¿Lo consigue banti? La respuesta es que sí, para 1939. Hoy, sin embargo, podemos tener la sensación de tibieza, o de timidez, en este empeño. Pero siempre hay que considerar la época de la escritura y el entorno social que acompaña la obra, y no podemos exigir más de lo que pudiera admitirse entonces, o mejor dicho, casi deberíamos admirar que se fuera más allá de lo que resultaba normal en la época.
Hay otro detalle que debe ser tenido en cuenta: el primer manuscrito redactado de esta novela se perdió de resultas de la batalla de Florencia durante la Segunda Guerra Mundial. Con lo que esta segunda versión recupera, seguro, fragmentos de ese primer escrito, pero se plantea también como un lamento de pérdida y establece un diálogo continuo entre autora y personaje. Un diálogo tan intenso que a veces es difícil discernir qué personalidad se impone en el texto, si la de Artemisia o la de Banti. Así, tenemos un texto no lineal, antes bien, tenemos uno que salta de la introspección y la soledad a la interrelación, y edntonces al cuadro psicológico y la aspiración feminista y social, pero no correlativamente sino como producto de la circunstancia temporal que se trate.
Sabemos más cosas hoy de Artemisia de lo que Banti podía saber en los años treinta del siglo XX. Por tanto, como novela histórica, tiene el valor justo. Casi podríamos decir que hubiera sido mejor trazar esta obra sobre un personaje femenino imaginario, aunque la tentación era sin duda demasiado fuerte y la vida de Artemisia demasiado atrayente. Sin embargo, la calidad de reflexión, la densidad de su texto (no es fácil, desde luego, y su italiano es uno de los más elaborados que se puedan encontrar), y sus múltiples niveles de discurso y significativos hacen que cualquiera que desee escribir una novalea sobre Artemisia Gentilleschi no pueda prescindir de la obra de Banti.

Portada y sinopsis de la edición castellana

4 comentarios

El Reino de Este Mundo, de Alejo Carpentier

Ed. Seix Barral, col. Obras Maestras de la Literatura Contemporánea
Barcelona, 1983 [1969]

El cubano Alejo carpentier hizo evolucionar la novela histórica de una forma peculiar, añadiendo al hecho y los personajes de la gran historia la visión popular, pero llevándola al terreno de lo telúrico, conformando con ello una visión de lo que con posterioridad se llamaría realismo mágico.
Este realismo mágico no nació con Carpentier, sino que fue una evolución del realismo indigenista, que en sí mismo era un callejón sin salida apto par el cuadro de costumbres pero limitado en su medio de comprensión de la sociedad hispanoamericana. Carpentier y otros tomaron la dimensión mítica del indigenismo y le dieron continuidad en el relato idiosincrático de los pueblos americanos, criollos o no, remarcando su arraigo en sociedades "europeas" que, sin embargo, y como no podía ser de otra manera, no podían desligarse del sincretismo que es rasgo identitario de la realidad americana y americanista.
En el caso de El Reino de Este Mundo, Carpentier nos ofrece una visión extensa de la historia de Haití/Santo Domingo, desde la dominación francesa, la revolución independentista de Toussaint Louverture, la evolución de la monarquía de opereta independiente del rey Henri Christophe hasta su decadencia y el nuevo fracaso de la revuelta que la depuso, con la caída de la isla de nuevo en manos oligárquicas extranjeras. Pero una historia pasada por el Vodun, una fuerza popular y motriz que crea mitos y que se constituye en quintaesencia de resistencia y aspiraciones, en reducto de leyendas que albergan deseos de independencia y esperanzas de liberación.
A Carpentier le importan un bledo las fechas y los acontecimientos. En esta novela su tema es el esclavo, siempre defraudado en sus aspiraciones, siempre negado de libertad, perpetuamente atado por cadenas físicas o económicas y sociales, refugiado en la tierra y sus creencias, en la magia que es liberadora y nacional, mucho más nacional que la política.
En esa combinación (insisto, telúrica) es donde Carpentier nos proporciona el retrato, no de un personaje, sino de un pueblo y su tierra. Que la realidad traicione a lo mítico no es culpa más que de la realidad. En el camino que pasa por estas páginas, el lector andará por múltiples niveles de significado, fascinantes todos en su individualidad y en conjunto, y transitará más por el alma viva de una nación que por las maderas muertas de la historia. Y ahí su gran, su enorme mérito.

Portada y sinopsis