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La Confesión de Charles Linkworth, de E. F. Benson

Edward Frederick Benson fue un novelista de éxito en su tiempo, y como tal, siguiendo una tradición mejor representada por Oscar Wilde, se dedicó a brillar socialmente. Prácticamente olvidadas hoy las novelas que le reportaron fama y dinero en su época, permanece en la memoria colectiva de la literatura mundial por sus relatos de fantasmas, que eran vistos por él como un divertimento y que, en cambio, son vistos por los lectores actuales como auténticas piezas maestras de construcción, atmósfera y efecto.
La Confesión de Charles Linkworth es una de estas historias modélicas. Se inicia con la historia de un crimen, y de cómo su autor, Charles Linkworth, fue condenado a morir en la horca. Por muy simple que sea esta historia, Conan Doyle hubiera estado orgulloso de cómo Benson la trazaba, con precisión y brevedad, para ilustración de lo que seguirá.
Porque la sentencia se cumple, pero la soga del ahorcamiento no se encuentra por ninguna parte. Bien, es un detalle menor. El médico de la cárcel, un profesional que se dedica a ello para poder estudiar a los tipos criminales, realiza la autopsia del cadáver, confirma la muerte por rotura de la espina dorsal y remite al finado Charles Linkworth al cementerio.
La historia la pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Sucede que el doctor recibe una llamada telefónica. De sonido bastante fantasmal en su timbrazo, y de contenido inexistente, salvo una respiración anhelante.
Supongo que se imaginan lo que viene después, ¿no? Pero lo que nunca adivinarán es el arte con el que Benson hace avanzar la historia, su manejo de la tensión narrativa («¿Desea una prueba? Pues la tendrá») y cómo incluso, cuando ya parece dicho todo, Benson se permite una pequeña vuelta de tuerca final, para mayor efecto de la historia.
Todo ello hubiera sido excepcional, si no fuera porque Benson lo hizo una y otra vez, escribiendo un conjunto de relatos que pueden clasificarse, junto a los de M. R. James, como las mejores narraciones de fantasmas escritas jamás.

(The Confession of Charles Linkworth)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1912]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de The Confession of Charles Linkworth
Texto en castellano de La Confesión de Charles Linkworth

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No Mires Abajo, de William Sansom

Han transcurrido treinta largos años desde que el que escribe leyó el primer elogio a la obra de William Sansom hasta que por fin he podido leer algo suyo; gracias a la editorial La Bestia Equilátera (que, por cierto, tiene un catálogo más que interesante), a la que deseo la mejor de las suertes con este y otros autores; todas las editoriales intentan vender. No todas intentan vender obras de calidad.
En primer lugar, hay que destacar lo único de la ficción de Sansom. Los nombres de Kafka, Roald Dahl y otros muchos pueden acudir a la mente ante las situaciones que estos relatos plantean, pero es de inmediato perceptible que Sansom tiene una voz propia que hace que ese territorio pueda ser común, pero su tratamiento sea totalmente personal, con un estilo maestro en su desarrollo, y los elogios de contraportada de Elizabeth Bowen, Anthony Burgess o Eudora Welty sean totalmente justificados.
Sansom nos introduce siempre en una situación inusual o extrema, y entonces nos lleva al borde de un abismo en el que se acentúa la sensación de vértigo, a veces físico, pero siempre psicológico.
Porque Sansom sabe muy bien que la mente puede ser nuestro peor enemigo. Cualquier persona con un físico privilegiado puede estar sometida a una parálisis irracional, inusitada, provocada por la negativa de nuestro cerebro a seguir avanzando, trepando, a reaccionar ante una situación. En algunos de los relatos que componen este libro, este hecho desesperante y angustioso se produce precisamente cuando más necesita el protagonista tener un mayor control de sus acciones: No poder ni subir ni descender de una esclaera (La Escalera Vertical); un bombero montado a horcajadas sobre un muro que amenaza desplomarse (Los Testigos). En una ocasión, esta inmovilidad resulta beneficiosa (La Pared), pero no menos angustiante.
Otros relatos son de corte más genérico, como La Sábana Larga, en la que en una sociedad imaginaria unos presos se ven obligados a competir por equipos para dejar por completo seca una sábana, en un sistema penal de pesadilla en el que no hay rdención posible. Pansovic y las Arañas, en el cual una fobia resulta más que incapacitante. Tentaciones Varias, en las que Sansom entra en la mente y la lógica existente en la locura de un asesino en serie. Tuti Frutti, en donde la felicidad se convierte en el peor enemigo del hombre.
Todos los cuentos son variaciones sobre cómo, en los momentos de mayor necesidad, esa parte de nosotros que nos controla se vuelve ajena, parasitaria, en nuestro enemigo, en el más fuerte de los obstáculos. Pero para ello William Sansom tiene que ejercer su maestría con una minuciosidad tremenda, gradual y convincente, que describa paso a paso cómo esta mente reacciona, se autojustifica, se contradice, se encoge y se ensancha. Y emplear una imaginería inusitada, a veces totalmente realista, otras tan metafórica como la de un kafka. En cualquier caso, en este viaje hacia lo terrorífico, lo desesperado o lo inusitado, el lector se encuentra tan paralizado como los protagonistas, pues no puede dejar de leer. Fascinado, tiene que seguir a Sansom confiando en que el final no sea tan irremediable, irreversible como su mente parece augurar.

(Anthology of William Sansom)
La Bestia Equilátera
Buenos Aires, 2012 [varios]

Portada y sinopsis

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Rose Rose, de Barry Pain

Un pintor está trabajando con una modelo, Rose Rose, espléndida en su trabajo salvo por el detalle de que suele llegar tarde. Se despide de ella hasta el día siguiente, y se sorprende al ver que la chica ha cumplido su palabra y está ya en el estudio a la hora fijada. Trabaja intensamente y durante largo tiempo, hasta que, cuando decide tomarse un tiempo de descanso, nota que la modelo ya no está ahí. Entonces lee en el periódico que Rose Rose murió atropellada el día anterior.
hasta aquí el cuento de fantasmas clásico entre los clásicos de la literatura inglesa. Lo que distingue a éste de los demás es su continuación. Sin que volvamos a encontrarnos en presencia de Sefton, el protagonista, inmerso en su trabajo, sólo podemos inferir de lo que se nos relata que la modelo sigue acudiendo espectralmente a posar para su inacabable "Afrodita". Semejante estado de cosas, lo sabemos los buenos lectores del género, no puede traer nada bueno, y así veremos, en una última frase final, que todo tiene su precio, incluso terminar una obra de arte más allá de lo que la naturaleza permite.
Se trata de un relato muy breve pero muy intenso, una de esas historias que hacían furor durante el cambio de siglo porque podían ser leídas y entonces relatadas a los amigos en toda su extensión sin ocupar demasiado tiempo y en cambio manteniendo todo su efecto. Porque lo tiene, y la combinación de arte, piedad por la modelo y la maldición de la obra inacabada resulta en una atmósfera tierna y evocadora, no demasiado corriente en los relatos de fantasmas, pero que sin embargo posee un sentido ominoso que le proporciona un adecuado sentido de tragedia.

(Rose Rose)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa vol. II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1911]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de Rose Rose en Stories in Grey

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La Suerte de Jim, de Kingsley Amis

Comentando la obra de su hijo Martin Amis ya dijimos que la sátira corría por sus venas como parte de la herencia familiar.
La más famosa sátira de Kingsley Amis es La Suerte de Jim, pero lo cierto es que no se había traducido jamás al castellano. Tal vez se la viera como una novela demasiado inglesa, y tal vez como demasiado dependiente de una cierta época de la historia inglesa. Es muy posible que este fuera el principal inconveniente, y que para ser comprendida del todo necesitara de una introducción a la época y la sociedad inglesas (de la que sigue careciendo). Porque lo cierto es que, aparte de la historia directa del Jim Dixon del título, esta novela puede ser leída como una metáfora de la Inglaterra del momento, como una crítica feroz de un carácter inglés empeñado en mirarse al ombligo sumergido en los ritos de un pasado ya desvanecido.
Veamos, en 1953 Gran Bretaña acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial (entendida como algo que se prolongó más allá de 1945 en las restricciones materiales e incluso alimenticias), un conflicto en el que había entrado como potencia mundial y del que había salido como un cero a la izquierda en el plano internacional. La descolonización avanzaba a toda máquina; en 1948 se habían perdido la India y Pakistán. Gran Bretaña era una isla extraña que vivía del cambio de la guardia, las ceremonias de la monarquía, las regatas de Oxford y Cambridge y los uniformes y ritos de escuelas y universidades, unas reliquias ciertamente pintorescas, pero en el fondo curiosidades inoperantes en un mundo en el que el sistema de valores había cambiado irremisiblemente. Lejos en el futuro estaban la aparición de los Beatles, Carnaby Street y el Swinging London, que serían los nuevos iconos británicos.
Jim Dixon es un mediocre profesor de historia en una provinciana universidad de provincias (y no es una redundancia). Su presente y su futuro están claros: como se le ocurra destacar académicamente por encima del rector perderá su trabajo. Como resulte demasiado popular entre los alumnos, perderá su trabajo. Como resulte demasiado inútil y se dedique a la buena vida académica, perderá su trabajo. Como surja un escándalo en su vida privada, perderá su trabajo. La mediocridad es su meta, y así tiene que ser, colateralmente, para así proporcionar una educación mediocre a sus alumnos, que así saldrán preparados para enfrentarse  a una vida en la que pasar por la universidad es un signo de distinción, no algo que les haga mejores. Y así, pasa su vida en aburridos conciertos y jornadas culturales universitarias, relacionándose con el mundillo de la facultad, tan mediocre y esnob como la universidad misma y, para acabar de complicarle la vida, manteniendo una especie de noviazgo con Margaret, histérica que lo mantiene comprometido mediante el intento de suicidio que tuvo al romperse una relación anterior con otro hombre, pero que con Jim mantiene tan sólo una apariencia de compromiso sin, desde luego, sexo (y ni tan siquiera demasiadas familiaridades).
Pero Jim no es así. Tiene que sobrevivir y necesita el empleo, pero aún así hay una rebeldía soterrada en él, y empezará a surgir cuando aparezca Christine, la acompañante del muy lechuguino hijo pintor del rector.
Puesta la novela en contexto, la sátira, tanto la directa como la metafórica, es feroz. La cumbre viene cuando Jim tiene que dar una conferencia sobre la "Vieja Inglaterra" necesariamente elogiosa con los viejo valores, cuando lo que le pide el cuerpo es decir (y lo dirá) que «la verdad sobre la vieja y alegre Inglaterra es que fue el periodo menos alegre de nuestra historia. Sólo los aficionados a la cerámica artesanal, a la agricultura orgánica, a la flauta de pico, al esperanto...»
En 1953, Kingsley Amis estaba hasta el gorro de la vieja Inglaterra; probablemente tan harto como lo estaban las generaciones jóvenes de ingleses, embutidos en una sociedad vagamente victoriana, con una brecha social entre la clase "alta" y la "obrera" y otra generacional, forzados a ritos decimonónicos (o anteriores) y a valores de metrópolis colonial (sin colonias). Una sociedad que miraba con profunda desconfianza toda innovación, todo cambio.
Kingsley Amis fue de los primeros, con esta novela, en pegar una patada a esa arcaica estructura social. No la derribó, pero sí hizo notar el polvillo de carcoma que de ella se desprendía, y prefiguró la reacción de una nueva Inglaterra en esta novela genial e incisiva.

(Lucky Jim)
Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2007 [1953]
Trad. de José Manuel Benítez Ariza

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A través de sus enredos y desventuras, Kingsley Amis traza una sátira brillante de la vida inglesa con una ironía finísima e hilarante.

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Lionel Asbo. El Estado de Inglaterra, de Martin Amis

Lionel Asbo, el personaje central de esta novela, en realidad no se apellidaba así. En un giro que los lectores británicos pueden captar casi de inmediato, ASBO son las siglas de Anti Social Behaviour Order, Orden contra el Comportamiento Antisocial. Lionel Pepperdine cambió de apellido legalmente cuando obtuvo una de esas interdicciones a tan temprana edad como para marcar un récord nacional de precocidad, un hecho del que se siente particularmente orgulloso.
Lionel Asbo es el tío de Desmond Pepperdine, quien, huérfano, tiene a Lionel como figura paterna, o más bien antipaterna. Desmond, inmerso en el mundo de Diston Town, un barrio marginal de Londres, es inteligente, sensible y sensato. Su método para salir de la marginalidad que impera en su ciudad, en su familia y en su casa es simple: escuchar atentamente los consejos que su criminal tío le imparte y hacer todo lo contrario. Resulta un milagro, pero Desmond puede así convertirse en un buen estudiante, después en universitario y enamorarse y vivir con Dawn sin tener que recurrir a la delincuencia a la que parecía predestinado.
Un día, a Lionel, que reparte su vida al cincuenta por ciento en meterse en problemas y en pagarlos en la cárcel, le tocan 140 millones de libras en la lotería. Y se opera el cambio. ¿En Lionel? No por cierto. Lionel sigue siendo la mezcla de hooligan y desaprensivo que siempre ha sido, aunque ahora lo es con dinero de sobra y cierta desorientación sobre el mundo que le rodea. No, el cambio se opera en el resto del mundo. La prensa y la sociedad le desprecia como el "botarate con suerte" que es, pero eso no es más que la expresión de una insana envidia. Por lo demás, Lionel está en la cresta de la ola, y sus comportamientos gamberriles son vistos como las excentricidades de un nuevo rico de clase baja. Además de reírle las gracias, el dinero abre puertas, el dinero lo compra todo (o casi); el dinero no le hace respetable, pero sí respetado. Y Desmond, que nada quiere de esta fortuna y que tiene cierto cariño por su antipadre, intenta seguir su vida sin que Lionel le transforme.
Hay muchas más cosas y circunstancias en esta novela; Amis no es un narrador que se aferre sólo a una idea, y por eso el lector encontrará varias subtramas más, perfectamente integradas. Pero en cuanto al objeto principal de esta novela, la frase "Estado de Inglaterra" no se refiere, por supuesto, al concepto de estado como nación, sino al estado de cosas del país. Desde antes de nacer incluso, puesto que su padre, Kingsley Amis, fue también un excelente narrador que puso en solfa la sociedad del Reino Unido en sus novelas, Martin Amis, decía, desde siempre ha ejercido una sátira de la sociedad británica, con un humor tan ácido que resulta corrosivo.
Y en esta novela lo que hace es pasar revista a los modelos de popularidad y poder que predominan en el Reino Unido. La adoración de la prensa por el gamberrismo y los excesos, siempre que vayan acompañados de dinero. El pozo sin fondo de iniquidad que representan los barrios bajos y deprimidos, en los que se priman modos de comportamiento. la asunción de ese modelo de inglés, bebedor, juerguista, gamberro, inculto por elección, mal hablado y delincuente marginal que no sólo es visto como normal, sino con un punto de orgullo y de gracia.
Esta es una novela humorística. Extrema, delirante a veces. Pero tan convincente en sus ambientes que siempre sobrevuela en el lector la impresión de que es pavorosamente real. No hay más que leer los tabloides ingleses para acentuar esta impresión.

(Lionel Asbo. State of England)
Ed. Anagrama, col. Panorama de Narrativas
Barcelona, 2014 [2012]

Portada y sinopsis


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Cómo Escribir Relatos Policíacos, de G. K. Chesterton

«En cierta ocasión conocí a un hombre que se quedó sinceramente horrorizado al descubrir que yo escribía relatos criminales y que incluso los leía, y el incidente siempre me ha interesado porque fue la única persona a quien he conocido que después resultó ser un criminal.» Una frase como esta, llena de ingenio, deliciosamente expresada y con más carga de fondo de la que aparenta en realidad, justificaría por sí sola la lectura de este libro. Pero estos pensamientos eran típicos de Chesterton, y una y otra vez encontraremos en estos ensayos frases de este u otro cariz que merecerían ser citadas y antologizadas. La verdad es que G. K. Chesterton no fue sólo el autor de el Padre Brown, ni tan siquiera tan sólo un literato, sino un auténtico genio que vertía, en todo lo que escribía, una filosofía, un pensamiento, una visión del mundo que nos motiva a la reflexión y nos hace más sabios.
El presente libro no es un manual de escritura, sino una colección de ensayos y artículos que tienen como elemento común el de tratar del relato policial. Sin embargo, y en el aspecto técnico, no resultarán del todo inútiles al aspirante a escritor, aunque principalmente se dirijan a la forma del relato problema o detectivesco (aun cuando Chesterton intuye que el relato policial debería evolucionar hacia lo social, una intuición magistral realizada en una época en la que la novela negra no tenía ni tan siquiera una perspectiva de existencia. Una nueva muestra de la clarividencia del autor).
«Debido a una curiosa confusión, muchos críticos modernos han pasado de la proposición de que una obra maestra puede ser impopular a la proposición de que si no es impopular no puede ser una obra maestra. Es como si dijésemos que, como un hombre inteligente puede tener un impedimento en el habla, uno no puede ser inteligente si no tartamudea.» Chesterton fue uno de los pocos partidarios en su época de los relatos de detectives, que eran denostados desde su aparición, y uno de los pocos que no se avergonzó ni de escribirlos ni de ensalzarlos. Su propia ficción pervive como un hito del género, sólo por debajo (pero muy poco por debajo) del Sherlock Holmes de Conan Doyle. Su entusiasmo puede parecer desmesurado, sobre todo cuando se refiere a obras que ya hace tiempo duermen el sueño de los justos y que no merecerían ser reeditadas, pero cuando Chesterton defendía estos relatos lo que estaba en verdad defendiendo era una forma de narrar la lucha del bien contra el mal, un vehículo para ensalzar al ser humano en lo que tiene de bueno y decente, precisamente contraponiéndolo a los puntos más bajos a los que puede llegar.
Leer estos ensayos no es adentrarse en el género criminal. Es leer una filosofía de vida y de escritura, escuchar las opiniones bien razonadas de quien fue una de las primeras mentes de su época, es escuchar una apasionada defensa del ser humano y contemplar una mirada amable y comprensiva sobre los actos de la humanidad. Siempre con una expresión literaria deslumbrante y clara, llena de humor, que sorprenderá a quienes se acerquen a él pensando encontrarse con una antigualla del cambio al siglo XX, y que será, para aquellos que ya conozcan a Chesterton, como el reencuentro con un viejo y buen amigo.

Acantilado / Quaderns Crema
Barcelona, 2011 [varias]
Trad. de Miguel Temprano García

Portada y sinopsis


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El Secreto de la Botella, de Gerald Kersh

Gerald Kersh es un autor conocido sólo por un puñado de aficionados al género terrorífico. Y sin embargo, por lo menos un par de cuentos suyos figuran en todas las historias del género que se precien. Uno de ellos es El Secreto de la Botella, también publicado a veces como La Botella de Oxoxoco.
El relato tiene un inicio enigmático. En un mercadillo mexicano, un hombre compra una botella de aspecto extraño, vidriada, antigua, sin duda, pero cuya función se desconoce. Esto sólo ya es bastante como para despertar la curiosidad del lector, pero lo mejor está por llegar. Tras varios años, y redescubierta en un trastero, esta botella se rompe y deja a la vista un extraño objeto, parecido a un cigarro puro y que resulta ser un papel enrollado.
Y aquí viene lo bueno. El papel en cuestión no es sino el último escrito de Ambrose Bierce.
El "Amargo" Bierce, que este blog ama y respeta, desapareció sin dejar rastro en 1914, en plena revolución mexicana, en lo que a veces se ha interpretado como un suicidio original (meterse en una revolución y lanzar la moneda al aire de si saldrás vivo de ella o no; al parecer fue que no, aunque nadie lo sabe con certeza). Un hecho que ha causado ríos de tinta entre los escritores y estudiosos, y otra novela de mérito: Gringo Viejo, de Carlos Fuentes.
En este papel, y después de brindarnos un introito supuestamente autobiográfico en el que Kersh demuestra que había entendido muy bien la ironía de Bierce, el propio escritor relata cómo, para evitar la llegada de Villa o Zapata, compra un burro albino y se adentra en la selva de Oxoxoco, donde se encuentra con una extraña mansión, que parece alejada del tiempo pero que alberga en su interior todas las comodidades de la vida moderna. Allí es recibido por su culto propietario, quien homra al gran escritor y le brinda hospitalidad.
Con qué propósito es esta hospitalidad, lo dejaremos para el lector que se acerque a este relato. Sólo remarcar que es un final tan grotesco (en el buen sentido, es decir, en el que le daba Poe) y tan extremo que sin duda hubiera complacido al propio Bierce.

(The Secret of the Bottle)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1957]

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Dinero Embrujado, de John Collier

John Collier merecería ser mejor conocido por el público lector español. Si existió un Roald Dahl, cáustico y sorpresivo, es probablemente porque Collier mantuvo la llama de ese tipo de relato. Su producción no se limitó a esas historias extraordinarias, sin embargo, y entró en lo sobrenatural, lo terrorífico, la fantasía, la distopía, etc. Siempre con una gran clase. Prueba de ello es que haya sido ensalzado por Anthony Burgess, Ray Bradbury, Neil Gaiman o Paul Theroux.
El relato Dinero Embrujado es tremendamente original, y es casi imposible de clasificar: no es de terror, aunque se evoca el horror del asesinato colectivo; no es sobrenatural, aunque algunos de sus pasajes tienen una imaginería tal; no es un policíaco, aunque haya un crimen; es, sí, un relato de humor, pero de un humor negro. Pero lo más notable de todo es que su motor narrativo es financiero. Entendámonos, muchas historias tienen como móvil el dinero, pero muy pocas tienen como argumento central los mecanismos financieros en sí. Y, para rematar el tema, cuando encuentren un relato cuyo título es parte integrante de la narración, algo que la complementa y matiza, presten atención a su autor. Es señal de narrador meticuloso y conocedor de su oficio, cuando menos. Es el caso de este cuento.
En un pueblo perdido de los Pirineos Orientales aparece de repente un loco. Un loco, claro está, para los habitantes del pueblo. En realidad se trata de un pintor, que queda fascinado por lo desolador del paisaje, por la luz, por los árboles escasos. Claro, todo esto los habitantes lo consideran una locura: tierra miserable, sol abrasador y pocos árboles raquíticos. El caso es que el pintor quiere alquilar una casa, pero allí las casas no se alquilan, se compran y venden. Muy bien, entonces el pintor comprará una casa. Y lo hará, a precio prohibitivo, pero lo hará. Y cuando llega la hora de pagarla, el forastero saca un librito, arranca una hoja y se la tiende al aldeano, diciéndole que es tan bueno como el dinero en efectivo.
En el pueblo nadie sabe ni leer ni escribir, y mucho menos conocen un cheque bancario, que es lo que efectivamente ha entregado el pintor. Para pasmo del pueblerino, cuando viaja a Perpiñán para cobrar el cheque en el banco, al cabo de una semana le entregan el dinero.
A partir de aquí todo lo que se explique del relato es romper su magia, de modo que si no quieren quedarse sin la sorpresa, lean el cuento en alguna de sus ediciones y dejen de leer esta reseña salvo en su último párrafo.
Por supuesto, la mente humana nunca descansa, y lo que los aldeanos saben es que ese artista tiene todo un libro lleno de esas hojas que valen treinta mil francos cada una. ¿Y quién conoce al pintor? ¿Y quién sabe que está en el pueblo? La conclusión lógica y el reparto del botín siguen. Entonces es cuando se desata una auténtica fiebre financiera, inflacionaria y consumista en el pueblo. Usando los cheques (en blanco y sin firmar) como moneda corriente entre los habitantes, empieza a moverse el dinero, a ampliar negocios, a adquirir lujos. Pero claro, un día u otro ese dinero tendrá que "exportarse" fuera del pueblo... El final del relato es brillante en su contención, pero también en lo grotesco de su imaginería.
Es un relato brillante, inusitado, realizado con unos instrumentos que nadie, a mi conocimiento, había empleado hasta entonces, un cuento único en su clase, y uno que da una muy buena referencia de quién fue el gran narrador llamado John Collier.

(Witch's Money)
En Cuentos Que Mi Madre Nunca Me Contó
Ed. Bruguera, col. Libro Ameno
Barcelona, 19762 [1939]

Reeditado en español en el libro Fiesta en una Botella, de Ed. Contraseña


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El Coche Fantasma, de Amelia B. Edwards

Amelia B. Edwards, que además de escritora fue egiptóloga (al parecer una de las pocas profesiones abiertas a las mujeres en la Inglaterra victoriana), escribió un puñado de historias de fantasmas; la que les presentamos hoy (y que pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña) fue escrita para la revista de Charles Dickens, All the Year Round, y desde su recuperación en los años veinte-treinta del siglo pasado, ha pasado a ser una pieza casi imprescindible de las antologías de género.
Por descontado, esta fama viene a que prácticamente se trata, si no de un precursor, sí de un precedente de lo que sería el relato victoriano de fantasmas en todo su esplendor; no olvidemos que Montague Rhodes james, quien probablemente fue el mejor exponente de este tipo de narración, tenía dos años cuando se publicaba El Coche Fantasma.
De manera que no esperen la depuración y la sutileza narrativa que con posterioridad caracterizaría a estas historias fantasmagóricas. Lo que es importante aquí son los rasgos, los elementos y las características básicas que serán las que conformen las narraciones posteriores: la descripción del carruaje fantasma, la preparación mediante una conversación en la que se siembran dudas sobre el escepticismo ante los espectros, la narración en primera persona y como hecho vivido, la creación de una atmósfera y la plasmación de ésta en el relato. Todo ello está presente en la narración de Edwards, y todo ello estará en la receta que autores posteriores emplearán con eficacia y gusto en los mejores casos.
Lean, por tanto, este El Coche Fantasma sin prestar demasiada atención a las pequeñas incongruencias o a lo abrupto de la narración; recréense en esos elementos y en los mejores pasajes de la historia y verán surgir el esquema de la narración sobrenatural victoriana ante sus ojos.

(The Phantom Coach)
En La Eva Fantástica
Eds. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1864]

Texto en castellano de El Coche Fantasma
Texto en inglés de The Phantom Coach


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De Mármol, Tamaño Natural, de Edith Nesbit

«Aunque cada palabra de este relato es tan cierta como la desesperación, no confío en que la gente las crea». Se trata de una magnífica frase de inicio para un relato de terror del más puro estilo inglés.
En el terror existen una serie de arquetipos sobre los cuales se pueden y se han escrito muchas variaciones. Uno de ellos es la cosa sin nombre, que desde la noche de los tiempos hasta llegar a su conformación definitiva en el Frankenstein de Mary Shelley ha tenido múltiples formas, hasta llegar a los robots y androides de la ciencia ficción.
Una de ellas, popular aunque con sólo un puñado de cuentos, es la de la estatua animada. Se podría realizar una antología con estos relatos y quedaría una representación de cuentos con una clase inmensa. Parece ser que el tema propicia una cierta elegancia de aproximación.
Edith Nesbit, autora de cuentos de hadas infantiles, cultivó el fantástico terrorífico con mucha asiduidad y maestría cierta. En este relato, una pareja de recién casados que no encuentra una casa a su gusto, la halla por fin en un pueblo perdido. Dedicados cada uno a sus ocupaciones profesionales (él es folclorista y ella ilustradora y escritora de comedias; no intenten racionalizar esto, déjenselo a los ingleses), la sirvienta que les hace las tareas de la casa se despide sin motivo aparente, alegando una enfermedad de su sobrina, aunque después declara que está dispuesta a volver al servicio al cabo de una semana.
El hecho es que la casa se alza donde estuvo una mansión medieval, habitada por dos turbios caballeros, señores de horca y cuchillo, que hicieron sus maldades en su época y de los cuales nadie recuerda filiación (de nuevo la cosa sin nombre), aunque sus estatuas yacentes se pueden ver en la capilla de la iglesia del pueblo. Y la leyenda dice que la víspera del día de Todos los Santos (¡cómo no!) vuelven a la vida en su forma marmórea, para desgracia de quien se encuentre con ellos. La sirvienta, tras admitir a regañadientes que esa es la causa de su abandono, les conmina a cerrar todas las puertas y a marcar con una cruz las entradas de la casa. Con esa despreocupación propia de todos los protagonistas de relatos y películas de terror que se precien, el marido decide no hacer caso.
Lo que sigue es atmosférico y en un ambiente de delirio, de modo que les recomiendo busquen el cuento en castellano o lo lean en inglés en el enlace al pie de esta reseña; de todos modos, y además de esa elegancia de la que les hablaba, y de una narración modélica en el género, les ruego presten atención a lo que no se dice en el relato; posee un pathos innegable. En efecto, ¿qué sucedió en la casa, y qué hicieron las dos estatuas? Una respuesta que en época victoriana se tenía que dejar a la imaginación del lector, pero que tiene unas implicaciones que, como en el caso de algún pasaje de Frankenstein, va más allá del mero asesinato.

(Man-Size in Marble)
En La Eva Fantástica 
Ed. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1886]

Texto en inglés de Man-Size in Marble


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Edward el Conquistador, de Roald Dahl

Como hemos visto ya repetidas veces, en la ficción de Roald Dahl hay un tema recurrente como es el de la relación de pareja, una relación que se basa en la diferencia de caracteres que en muchas ocasiones causa una tensión tal que puede llegar a convertirse en una de odio directo.
En el relato Edward el Conquistador, Dahl compone uno de sus relatos más extraños. Una pareja se dedica tranquilamente a su vida campestre cuando un gato aparece súbitamente en sus vidas. Por diversos motivos, la esposa, Louisa, empieza a creer firmemente que el gato es la reencarnación del compositor Franz Liszt, una creencia que se basa en los gustos musicales del gato ante la música que Louisa interpreta al piano, gustos que parecen coincidir con los del compositor.
En este punto, la tensión entre la pareja va creciendo. Edward se muestra no sólo escéptico, sino que empieza a mostrar un punto de celos respecto al gato que en tan sólo unas horas ha conquistado el corazón de su esposa, y que parece monopoliza las atenciones de ésta.
El final es sorprendente... y abierto. El lector puede imaginar su propio desenlace. De lo que no cabe duda es de que la relación entre la pareja jamás volverá a ser la misma, y no precisamente para mejorar.
Se trata de un cuento ciertamente insinuante, en el que pocas cosas son mostradas a las claras, y en el que los sentimientos deben intuirse. Pero en el caso de Dahl, no hay duda de que su construcción de una tensión interior en los personajes está tan bien lograda que lo que puede parecer un relato extemporáneo, casi una chaladura sin importancia, adquiere unas connotaciones dramáticas, violentas y que llegan hasta un punto de no retorno. Porque Dahl era un maestro en analizar el comportamiento humano y en trasladarlo a unos relatos que siempre llevan algo inesperado, pero tan lógico con el carácter humano que provoca inquietud.

(Edward the Conqueror)
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1953]

Texto en castellano de Edward el Conquistador


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Una Reina en el Estrado, de Hilary Mantel

Hilary Mantel, con esta segunda novela dedicada a la época Tudor, logró algo nunca visto antes, a saber: ganar otro premio Booker (el más prestigioso y fiable en la narrativa en inglés), la primera vez que se concedía a dos partes de una trilogía. Es poner el listón muy alto, y veremos si lo gana otra vez con el cierre de la serie, pero es un premio merecido. la elegancia de estilo de la que le hablé comentando En la Corte del Lobo sigue presente, y los valores dramáticos y argumentales son todavía mejores.
En esta ocasión, el tema es cómo lograr que Jane Seymour sustituya, en el trono y en el corazón de Enrique VIII, a la actual reina Ana Bolena.
El artífice de llevar a término los deseos del rey (y uno diría que de inducirle a estos deseos) es nuestro conocido protagonista Thomas Cromwell, el secretario del rey, el hombre que todo lo controla y ve, el factótum que se ha hecho imprescindible.
Hay que remarcar que esto es una novela. De trasfondo histórico, pero novela. No hay constancia de que Cromwell fuera quien avivara el deseo de Enrique por Jane, ninguna de que insistiera, insinuara que Ana Bolena no le iba a dar ningún heredero varón, ni de que los motivos que tuviera Cromwell para así proceder fueran los de una venganza.
Porque de eso se trata. Cromwell es persona agradecida y leal, y no perdona que los Bolena, en su camino al trono, provocaran la caída de su primer protector y maestro el cardenal Wolsey. Ni que, una vez caído, se burlaran despiadadamente de él.
la apuesta es fuerte. Si Catalina era una reina abandonada, con sólo apoyos exteriores importantes pero poco significativos dentro de Inglaterra, en esta ocasión el partido de la familia Bolena es toda una potencia, y combate por su propia existencia. Saben que la única manera de apartar a Ana del trono es mediante la prisión o el cadalso, con acusación de traición o de adulterio, y eso tendrá un coste entre los partidarios y familiares de la reina.
Cromwell es una figura enigmática pero fascinante, un alumno aventajado de todo lo que Maquiavelo enseñó. Ver los acontecimientos a través de sus ojos, por ficticio que sea, transmite una cercanía a los hechos y personajes que de otra manera no podía haberse alcanzado, pues él estuvo en el centro de todo. Y, complicación añadida, en la inmensa maraña de alianzas y parentescos que era la corte de los Tudor, Mantel se las compone para presentarla de forma comprensible. El sentimiento de inmersión en la época (los aficionados a la gastronomía en la literatura, por ejemplo, deberían leer con atención esta serie) es total, y la lectura fluye con la sensación perenne de estar presente en las conversaciones y las situaciones que se desarrollan en la novela, con una potencia rara vez encontrada en la literatura histórica.

(Bring Up the Bodies)
Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2013 [2012]

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Ganadora del Man Booker Prize 2012.

Un juego de tronos apasionante

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Jalea Real, de Roald Dahl

Este es uno de los cuentos de choque de Roald Dahl que más se recuerdan, si uno tiene la ocasión de leerlo (cosa que pueden hacer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña). Se trata de un relato intimista, casi una miniatura, que tiene unidad de espacio, tiempo y personajes y que sin embargo acaba por mostrar una cantidad de matices e implicaciones enorme, fruto del habitual estilo del autor, en el que la implicación es casi más importante que lo mostrado.
Hay una preocupación en la familia Taylor. La única hija de la pareja Albert y Mabel, recién ncida, rehúsa tomar sus biberones, está perdiendo peso preocupantemente y los médicos no parecen encontrar una solución efectiva al caso. Albert es apicultor (y un personaje muy especial en su relación con las abejas), y en una revista especializada topa con un artículo sobre las propiedades de la jalea real, que conoce de sobra, pero una frase le llama la atención: aquella en la que describe sus efectos en el crecimiento de las abejas. Una idea le viene a la cabeza y, sabedor de que su esposa puede considerarla una locura, o un experimento loco, se prepara a ponerla en práctica disimuladamente, introducir jalea real dentro de los biberones de la niña.
El efecto es mágico. El bebé no sólo toma sus dosis, sino que exige más, y empieza a ganar peso, recuperndo lo perdido, en un tiempo récord. Su esposa lo ve como un milagro, y Albert no puede reprimirse y, mediante una explicación sobre la jalea real que recuerda un poco a las que Melville daba sobre las ballenas en Moby Dick, revela el secreto de la alimentación de la niña. Un toque de doctor frankenstein, de no-nterferirás-con-las-leyes-de-la-naturaleza, se desliza en el relato cuando su esposa no se muestra complacida, sino aterrorizada por lo que ha hecho, y llena de temores sobre la niña. Pero todavía falta una revelación final, que no les desvelaré, puesto que es tan inesperada como inquietante respecto al futuro matrimonial de los Taylor.
Es un relato maestro, construido con toda sencillez sobre un hecho y llevado más allá de sus consecuencias lógicas por el autor, quien se reserv el desenlace para que así el lector pueda construir toda una continuación en su mente, un método que, trabajado por Roald dahl, demuestra ser del todo eficaz y deslumbrante.

(Royal Jelly)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1979]

Texto en castellano de Jalea Real
Texto en inglés de Royal Jelly


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En la Corte del Lobo, de Hilary Mantel

En 1529 Inglaterra vivía una convulsión política y sexual de primer orden. El rey Enrique VIII, sin heredero varón ni esperanzas de tenerlo de su esposa Catalina de Aragón, y enamorado (o infatuado) de Ana Bolena, exige a sus servidores todos los esfuerzos para obtener la anulación de su matrimonio y poder casarse con Ana.
El primero de estos servidores es el cardenal Wolsey, Lord Canciller. Sus esfuerzos no serán suficientes, por lo que será destituido y su cargo otorgado a Thomas Moro.
Al servicio del cardenal está un hombre singular, Thomas Cromwell. Aventurero, mercader, banquero (algunos dicen que usurero), ex mercenario, ilustrado, renacentista, flor de la abogacía, es el único que tras la caída se mantiene fiel a su amo, en una época en la que entrar en el desfavor del rey era como caer en el ostracismo.
Pero esta fidelidad no pasa desapercibida. Muerto el cardenal y con Thomas Moro incapaz de proporcionar al rey lo que desea, Cromwell es llamado cada vez más a la corte, tanto por los Bolena como por el monarca.
Es a través de esta figura que Hilary Mantel escribe la primera de una trilogía sobre el reinado de Enrique Tudor en su etapa más frenética, centrándose en Cromwell como enigma que sigue desafiando la evaluación histórica y viendo a través de sus ojos el mundo de la corte y sus intrigas.
Mantel no sólo ganó el Premio Booker (una garantía de calidad) con esta novela, sino que lo ha vuelto a ganar con la segunda parte de la trilogía, y no es de extrañar. Temáticamente, el personaje central sigue siendo un enigma, pero es probablemente el enigma más singular que transitó en su época, por su origen humilde, su educación en los modos del mejor Renacimiento y por su inteligencia y manejo del poder. A través de sus ojos cobra vida todo el mundo de la corte y del pueblo de Inglaterra, y asistimos a los juegos de poder y a las conspiraciones de influencias, a los caprichos de un rey muy humano en ciertos aspectos y demasiado rey en otros.
Sobre todo destaca una cosa infrecuente: no hay héroes en este libro. Ni aunque se centre en Thomas Cromwell la autora se ha dejado secuestrar por él. Cromwell es un arribista, es frío, calculador y vengativo; tal vez su mejor definición fuera la de ser la encarnación del príncipe de Maquiavelo, pero reducido al papel plebeyo de secretario real, con todas las nociones que el tiempo y la historia han dado al apelativo "maquiavélico".
Y sobre todo, es un libro escrito con elegancia. Los personajes pueden decir de todo, procacidades incluso, pero la elegancia de la escritura de Mantel es tal que mantiene ese ambiente renacentista, irónico y refinado que podría haber dominado una corte tan fastuosa como la de los Tudor. En ese estilo el lector se encuentra cómodo, puesto que le sitúa sin esfuerzo en la época y en el cinismo de sus personajes, que contemplan con variadas intensidades y emociones los acontecimientos de un capricho real que desembocará en una separación de la Iglesia anglicana y en una espiral de frustraciones y muertes.

(Wolf Hall)
Eds. Destino, col. Áncora y Delfín
Barcelona, 2011 [2009]

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El gran espectáculo de la Inglaterra de los Tudor. Un fascinante  desfile de deseos, ambiciones y sentimientos


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Mirad Allí Arriba, de Herbert Russell Wakefield

H. Russell Wakefield fue, probablemente, el último de los grandes maestros del cuento de fantasmas inglés clásico. Muy apreciado por Lovecraft, sus historias tenían una ambientación excelente, un detalle encomiable y un sentido de la atmósfera que las hacía enormemente eficaces aunque, como es el caso de esta Mirad Allí Arriba, no llegue a mostrarse jamás la causa del terror.
A un balneario del Adriático llega un probo funcionario inglés agotado por la tensión del trabajo, y ya el primer día le llama la atención una pareja de hombres, uno de los cuales parece tener la vista permanentemente fija en algo a treinta y cinco grados por encima de su línea de visión (Wakefield, como les he dicho, es así de detallista). El funcionario sigue la dirección de esa mirada, y sólo encuentra la pared color azufre. Finalmente, y tras unos días, no tarda en acostumbrarse a la visión del hombre perpetuamente mirando hacia arriba, y no le concede más importancia.
Pero un día, cuando el funcionario contempla la evolución de una tormenta lejana sobre el golfo, una voz a su lado le sorprende diciendo: «hay personas que han encontrado en espectáculos semejantes la prueba de la existencia de Dios». Quien la ha pronunciado es el hombrecillo de vista levantada. No es que le plazca mantener una conversación con él, pero la cortesía no le deja otro remedio, y el hombre le cuenta cómo hace tiempo tuvo la pose del ocultista, un poco por necedad juvenil, pero cómo descubrió la trascendencia de las cosas de este mundo y del otro en una experiencia que tuvo en  una casa cuya tradición marcaba que no se pasase en ella la Nochevieja.
Me permitirán que no les arruine el cuento narrándoles más de él. Les recuerdo que no tendrán una descripción de la visión terrorífica que ha dejado en tal estado al hombrecillo, pero si pueden leerlo encontrarán cómo Wakefield estimula la curiosidad del lector y va construyendo una tensión ambiental creciente que desemboca en el final del relato. Es uno de los mejores de este género de la sugerencia más que de la muestra, y notarán también que el autor es un clasicista en todo... pero un clasicista muy bueno.

(Look Up There)
En Cuentos Únicos
Ed. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1929]
Edición y prólogo de Javier Marías


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A Christmas Game, de A. N. L. Munby

Es costumbre de este blog seguir la tradición inglesa (popularizada por Dickens, pero muy anterior a él) de explicar cuentos de fantasmas por Navidad.
Este año, les presento Un Juego de Navidad, de Alan Noel Latimer Munby, autor que se prodigó poco en el género, pero cuyas historias siempre causaron grata impresión entre los aficionados. Y autor que, por cierto, había nacido el día de Navidad.
Precisamente en esa fecha señalada, cuando la familia se reúne, un viejo conocido de la infancia del paterfamilias ha sido encontrado por éste por la calle e invitado a pasar las fechas de pascua. Todo transcurre agradablemente, salvo tal vez el hecho de que el invitado rehúya con sequedad el tema de Nueva Zelanda. En cualquier caso, y dejando aparte ese detalle, se comporta de forma agradable, e incluso entrando en el espíritu navideño.
Llegados los postres, la familia se dispone a realizar un viejo ritual navideño: justamente explicar una historia de terror (ya ven que no me invento las tradiciones), con las luces apagadas y una pantalla puesta frente al fuego del hogar; una tradición a la que siempre han añadido un juego (y que, por cierto, es corriente que se juegue en Norteamérica, pero por Halloween, o así lo cuentan Ray Bradbury y Stephen King): el describir un cuerpo, en este caso desmembrado, e ir pasando de mano en mano, a oscuras, objetos que recuerdan las diversas partes del cuerpo. Así, la "cabellera" es pasada en forma de tela lanuda, la lengua en forma de trozo de cuero relleno... y llega la hora de los ojos. Para este ritual, el hijo mayor, estudiante de medicina, se ha preparado bien, y tiene dispuestas dos uvas peladas, que intenta pasar a su comensal de la derecha, el invitado, y apesar de que este las rechaza en un principio, logra ponérselas en la mano.
El invitado reacciona de forma extemporánea: lanza un grito y, derribando la pantalla, lanza los dos "ojos" al fuego. Y entonces se derrumba en la silla, presa de un infarto.
Sólo que el hijo ha percibido un brillo peculiar en el fuego, y le ha parecido ver cómo se consumían dos globos oculares auténticos con su pupila y su iris.
El invitado es trasladado en estado grave a su habitación, y el hijo, agitado por las peripecias de la noche, pasea por la casa. Entonces ve una sombra que, a tientas, se acerca al hogar, tenuemente iluminado por las brasas, y busca desesperado entre las cenizas, dejando ir un grito de desolación y amargura, tras lo cual se incorpora y sale de la sala.
Unos minutos más tarde, el médico aparece para comunicar que el invitado ha muerto en el delirio, pidiendo que impidieran "que se acercase".
No es sino muchos años después cuando el narrador traba conocimiento con la historia de un funcionario público destinado a Nueva Zelanda, que habría sometido a tortura a un maorí, supuesto delincuente, para lograr que confesara, llegando a arrancarle los ojos. El hombre se probó inocente, pero el mal estaba hecho, las autoridades taparon el escándalo como pudieron y, como único castigo, se destinó de regreso a Inglaterra a ese funcionario. Y finaliza: «Pero aunque su castigo fuera leve a manos de los hombres, parece que finalmente fue llamado a rendir cuentas ante un tribunal diferente y más alto».
Feliz Navidad a todos.

En Christmas Ghosts
Robinson Publishing
Londres, 1987 [1949]

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El Anillo de Fuego, de Sir Ronald Ross

Traemos hoy a un premio Nobel, pero no de literatura. Ronald Ross ganó el de Medicina y Fisiología en 1902 por sus investigaciones sobre la malaria. Desmintiendo la creencia de que quien sea bueno en, por ejemplo, ebanistería, no puede tocar el violín, este relato brevísimo pero intenso, que pueden leer en el enlace que figura al pie de esta entrada, es un primor en cuanto a su construcción.
Apenas hay forma de resumir el argumento sin desfigurar el cuento y sin desvelar su final, de modo que les aconsejo que lo lean. Notarán entonces que todos sus elementos encajan primorosamente dentro de la narrativa. No hay uno solo que sea superfluo, y todos juntos nos dan las motivaciones para un comportamiento trágico del protagonista.
Y remarcar, como podrán ver, que la malaria también tiene que ver, y mucho, con este relato. Y, viniendo de quien viene, hay que darle crédito a sus efectos y a ese ataque relámpago que «se abate de pronto como un bandolero por la espalda».

(The Ring of Fire)
En Cuentos Únicos
Eds. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [pub. 1934]
Edición, selección y prólogo de Javier Marías

Texto en castellano de El Anillo de Fuego

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La Señora Bixby y el Abrigo del Coronel, de Roald Dahl

Estamos ante uno de los relatos más conocidos de Roald Dahl; su adaptación en Alfred Hitchcock Presenta tiene mucho que ver en esto, pero todos los relatos que esta serie televisiva adaptó de Dahl tuvieron su repercusión, y, sin embargo, este es uno de los que podríamos decir que caló tanto en el público que se ha convertido en inmortal.
El relato lo pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Si lo hacen, verán que tiene una introducción que, aunque sociológicamente tiene cierta base, tiene ciertos tintes machistas. No voy a entrar en si Dahl lo era o no, y me limito a remarcarlo, aunque también les haré notar que esta introducción nos transmite toda la impresión de ser una de esas historias que se cuentan, como el propio autor dice, en los lugares en que los hombres se reúnen a solas.
De inmediato, entramos en materia: la señora Bixby es una mujer casada con el marido ideal (una idea que Dahl, con ese sentido cínico que a veces daba a sus relatos, desmentirá al final del cuento), que por supuesto es un dentista (una de las profesiones más aburridas que existen, literariamente hablando) aburrido y monótono. De manera que tiene su arreglo con un coronel al que ve una vez al mes. Relación que, por razones personales, éste tiene que cortar. Como despedida, regala a la señora Bixby un abrigo de visón. La mujer no puede llevarlo tal cual a casa; ni ella ni nadie de su familia o círculo inmediato tiene el dinero suficiente como para haber podido comprar semejante artículo, de modo que tiene una idea para quedarse con el abrigo a la vez que su marido queda en la inopia.
La sabiduría del autor a la hora de escribir el relato es inmensa. Él mismo cuestiona su argumento y nos da razones para la verosimilitud de la acción. Introduce y proporciona todos los detalles que compondrán el desenlace final, y sin embargo, el lector queda sorprendido. Y complacido cuando, en el último giro argumental, la historia se vuelve inatacable, perfecta, redonda.

(Mrs. Bixby and the Colonel's Coat)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1959]

Texto en castellano de La Señora Bixby y el Abrigo del Coronel
Texto en inglés de Mrs. Bixby and the Colonel's Coat

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Regimiento Monstruoso, de Terry Pratchett

De tanto en tanto, me gusta traer una de las geniales novelas de Terry Pratchett a este blog, sólo para recordar que Pratchett se ha constituido en el mejor autor humorístico en la actualidad, no sólo del género fantástico, sino de la literatura en general.
Como siempre desde la tercera novela de la serie, sus historias tienen un referencial muy humano y muy nuestro trasladado a ese mundo desquiciado que es el Mundodisco, y así, como un nuevo Jonathan Swift que trasladara nuestros absurdos a tierras imaginarias, en el caso de Regimiento Monstruoso nos encontramos frente a una cultísima y más bien poco conocida referencia a The First Blast of the Trumpet Against the Monstrous Regiment of Women [Primer Toque de Trompeta contra el Monstruoso Regimiento de las Mujeres, publicado en 1558], del reformador escocés John Knox, un alegato contra la monarquía femenina. Aunque, con ese sentido del humor sagaz que le caracteriza, Pratchett lo toma aquí literalmente, y utiliza ese apelativo con un regimiento militar compuesto únicamente por mujeres. El bueno de Terry siempre ha mantenido una postura feminista militante en sus obras.
Podríamos decir que en esta ocasión, y dentro del Mundodisco, Pratchett viaja a Ruritania, ese imaginario país balcánico que se empleaba como localización de las novelas de aventuras. En este caso, esta ruritania se llama Borogravia, un pequeño país que tiene la peculiaridad de haberse peleado con todos sus vecinos a los largo de su historia, y sobre el que reina una duquesa a la que nadie ha visto desde hace décadas. Amén de seguir la religión Nuggan, un dios bastante aficionado a proclamar abominaciones. De hecho, las proclama tan a menudo que el libro de la ley de Nuggan es una carpeta de anillas, a la que se pueden ir añadiendo hojas.
Este país, en el que siempre hay una guerra en marcha, está prácticamente en la ruina. Apenas quedan hombres en retaguardia, y las mujeres son las que sacan las cosas adelante. Pero, claro, que las mujeres atiendan negocios, los hereden y los gobiernen, por supuesto, es una abominación contra Nuggan. De manera que Polly, que lleva con mano de hierro la posada de su padre, decide cortarse el pelo, vestirse de muchacho e imitar los comportamientos masculinos para alistarse y tener la oportunidad de rescatar a su hermano. Por amor fraternal, sí, pero también porque el futuro de la posada depende de que su hermano la herede... y ella siga haciéndola funcionar, como siempre.
Un plan que va saliendo a la perfección, aunque con ciertas peculiaridades. Paulatinamente, va descubriendo que los pocos reclutas que la han acompañado en el alistamiento son también mujeres, enroladas en el ejército por diversos motivos personales (entre ellas, una troll y una vampira). Y es más, este grupo de damiselas se muestra mucho más efectivo que sus camaradas masculinos en el desempeño de sus funciones militares.
El humor de Pratchett es integral: juegos de palabras, situaciones, referencias a situaciones e historias, y sobre todo una ironía en la que podemos ver, como en un espejo deformante, nuestras propias incongruencias. Las historias de su Mundodisco son tan cómicas como las mejores películas de cine mudo, pero a la vez tienen un trasfondo difícil de obviar. Cuando he citado a Jonathan Swift no era por casualidad; Swift fue el gran satírico de su tiempo, y sus obras perduran hasta hoy por su profundo humor, pero también por la intensidad de su crítica social. Tal vez Pratchett no sea un crítico feroz, pero sí un excelente retratista de nuestro mundo.

(Monstrous Regiment)
Random House Mondadori
Barcelona, 2010 [2003]
Serie Mundodisco, nº 31

Portada y sinopsis

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El Relato del Oficial Holandés, de Catherine Crowe

Tenemos hoy un relato de fantasmas de corte clásico, muy en la línea de las narraciones inglesas a la vera del fuego, en la que se nos relata la experiencia de un militar ya retirado durante la campaña de Bélgica de 1830. Allí, el entonces teniente coronel está a punto de pillar a un centinela de su regimiento durmiendo durante la guardia. Sin embargo, la aparición de un perro negro con una franja de pelo blanco en un costado despierta al hombre, evitando así el castigo.
Cuando comenta el hecho en la cena con los oficiales, las sonrisas no tardan en aparecer. El teniente coronel se ha encontrado con Mungo, el perro fantasma del regimiento. El coronel no cree ni una sola palabra, puesto que ha visto con sus propios ojos al animal, pero uno de los oficiales más antiguos y respetados de la unidad le relata que, en realidad, el perro existió, pero que ahora es un espectro cuida especialmente de despertar a aquellos centinelas que pueden dormirse (salvo si están borrachos, puesto que al parecer no les tiene simpatía). El coronel, todavía escéptico, plantea el dilema: si es un fantasma, las balas no le afectarán, y si no lo es, y no es más que un animal amaestrado por los vagos de la tropa, entonces un disparo pondrá fin a la estratagema. Pero el capitán le advierte de que disparar contra el perro tiene consecuencias terribles.
Como pueden ver, todo de corte muy clásico. Sin embargo, son inusuales las historias de fantasmas protagonizadas por animales. Y hay que decir que, pese a ese inicio ya manido por lo utilizado (el de "le voy a contar una historia..."), el relato se mueve con suficiente agilidad y una brevedad y concisión que son de agradecer y que realzan el efecto que se pretende conseguir.

(The Dutch Officer's Story)
En La Eva Fantástica
Eds. Siruela, col. El Ojo Sin Párpado
Madrid, 1989 [1848]

Texto en inglés de The Dutch Officer's Story