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La Promesa, de Friedrich Dürrenmatt

Dürrenmatt escribió en 1958 La Promesa como una antinovela policíaca. No es una definición que venga porque sí; la intención de su autor era precisamente esa, la de construir una novela que fuese la negación del género policíaco, y esto queda demostrado ya desde el principio, cuando el narrador de la historia, un comandante de la policía federal suiza, escoge a un escritor que acaba de dar una conferencia en Coira sobre el arte de escribir novelas detectivescas. Y le expresa justamente la crítica que puede hacer un policía al género: el hecho de que toda la acción novelesca es perfectamente lógica, regulada por unas normas, y ni esta lógica ni esas normas se dan en la vida real. Y acto seguido, le explica, le muestra una historia y unos personajes que corroboran esa falta de lógica de la vida real, esa ausencia de reglas de juego.
La historia del argumento y su final son muy conocidas, puesto de la obra de Dürrenmatt ha sido estudiada y puesta como ejemplo numerosas veces, de manera que no creo que perjudique a la calidad de la lectura si hablo del final. De todas maneras, los lectores que deseen preservar la virginidad de este argumento, sáltense este párrafo y vayan a la sinopsis del enlace al pie de esta reseña. Quedan advertidos. En el cantón de Zurich se ha asesinado  una niña, Gritli. Todo apunta a un pedófilo, y justamente el inspector que se encarga del caso tiene a uno a mano, el comerciante que ha denunciado el hallazgo del cdáver de la niña. Hay ciertas diferencias de comportamiento que no parecen encajar entre sus antecedentes y este crimen, pero el inspector Matthäi tiene prisa: parte como asesor de la policía jordana, en un lucrativo empleo que le asegura un retiro más que digno. Por tanto, cuando el presunto asesino confiesa y, poco después, se suicida en su celda, el caso queda resuelto. Pero, además de prisa, Matthäi tiene una promesa que cumplir: ha jurado por la salvación de su alma a los padres de la niña que encontrará al asesino de su hija. De manera que, en el mismo aeropuerto, da media vuelta y vuelve para investigar el caso. Sin apoyo oficial, ya que ha dejado de ser policía suizo, sin que nadie le tenga en sus cabales, Matthäi va consiguiendo reunir unos cuantos hilos que delimitan el caso y que exoneran al difunto comerciante. Así, prepara una tramba, un cebo en el que el asesino tiene que caer irremediablemente. Y een el lugar en que se la tiende, espera... Espera sin saber que el asesino, que efectivamente ha mordido su anzuelo, no llegará jamás, porque se ha estrellado con su automóvil. Y Matthäi, sin embargo, sigue esperando...
la intención de Dürrenmatt de liquidar la novela policíaca, por descontado, no se cumplió, pese a que el intento que realiza en La Promesa es, ciertamente, antipolicíaco. La literatura tiene más resistencia de lo que parece: se dobla, pero casi nunca se parte. El Quijote no supuso el final de las novelas de caballerías, sino la transformación de la novela en otra cosa. La Promesa no acabó con el género, sino que anticipó aquello en lo que el género se iba a convertir: una forma de literatura más realista, social, donde los límites de la justicia y la injusticia son difusos y donde el hallazgo del criminal no cuenta tanto como otras cosas.
¿Pionera? Sí. ¿Anticipada a su tiempo? Sí, es una de las novelas que ya prefiguraban el cambio de tendencia que culminaría en la novela negra moderna. Pero sobre todo es una novela magnífica, en la que participan unos personajes fascinantes (la escena de Matthäi con el psiquiatra es particularmente prodigiosa en cuanto a interpretaciones de las cuestiones de orden y caos, cordura y locura, y obsesión y deber) y un sentimiento de desolación que se va instalando en la narrativa conforme el comandante va explicando a un escritor policíaco una historia que podría muy bien ser real, y cuyo final sólo se ha podido saber por un azar improbable que, sin embargo, no representa ninguna redención para el pobre Matthäi.

(Das Versprechen)
Eds. 61, col. El Cangur
Barcelona, 1991 [1958]
Trad. de Artur Quintana

Existe edición castellana en Navona Editorial
Portada y sinopsis de la edición castellana

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El Regne de Matto, de Friedrich Glauser

(Matto Regiert)
Ed. Quaderns Crema, col. Biblioteca Mínima
Barcelona, 2001 [1936]

El Reino de Matto es una de las novelas que el vienés nacionalizado suizo Friedrich Glauser compuso sobre la figura del inspector Jakob Studer. ¿Un policiaco, por tanto? Sí, pero un policiaco muy peculiar.
Studer es llamado a un hospital psiquiátrico en el que han desaparecido, el mismo día, o mejor dicho, la misma noche, uno de los internos y el director del hospital. Y sin embargo, no es llamado a investigar, sino a cubrir las espaldas del subdirector, el doctor Laduner, que quiere que haya una autoridad presente.
Pero pronto se hace aparente que el doctor Laduner no quiere que Studer investigue nada de nada. O, cuando menos, no piensa ayudarle.
Studer se encuentra inmerso en el reino de Matto (matto es "loco" en italiano), como poéticamente lo ha bautizado uno de los internos. Y ahí sentirá cada vez más la sensación de que juegan con él. Percibirá la distancia burlona que mantiene Laduner para con él, pobre policía que no comprende los secretos de la mente humana y la psicología; la antipatía que le muestran algunos de los empleados; la cordialidad un poco bonachona de otros, que parecen considerarlo un invitado inocentón e inofensivo.
Ni siquiera su descubrimiento del cadáver del director cambiará estas actitudes. Studer está cada vez más harto de que se le considere un elemento extraño. Y así, llevará sus investigaciones hasta el fondo del asunto.
Se trata de una novela extrañamente simbólica, y a muchos niveles, no sólo los puros de la trama. Como siempre desde que la novelística ha tratado la locura, se interroga acerca de hasta qué punto las leyes normales rigen en el mundo del trastorno mental, y de si pueden ser interpretadas o no. De los papeles del terapeuta y el paciente y de la relación y distancia que deben mantener entre sí. Entre muchas otras cosas.
El Reino de Matto es desconcertante a veces, pero lo es por voluntad propia y porque así debe ser. Pero lo que sí es cierto es que representa descubrir a un autor muy interesante, que trasciende al género policial.

Portada y sinopsis