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La Gran Evasión, de John Sturges

SESIÓN MATINAL 

(The Great Escape); 1963

Director: John Sturges; Guión: James Clavell, W. R. Burnet, basado en el libro de Paul Brickhill; Intérpretes: James Garner (Hendley), Steve McQueen (Hilts), Richard Attenborough (Bartlett), James Donald (Ramsey), Charles Bronson (Danny), Donald Pleasence (Blythe), James Coburn (Sedgwick), David McCallum (Ashley-Pitt), Gordon Jackson (MacDonald), John Leyton (Willie), Nigel Stock (Cavendish); Dir. de fotografía: Daniel Fapp; Música: Elmer Bernstein.

Una de las películas más notorias sobre evasiones que se hayan filmado jamás, está basada en un hecho real. Pero, no se preocupen; Hollywood jamás ha dejado que las historias reales le estropearan un buen argumento, de manera que lo que van a ver se aleja tanto de la realidad como para que si leen el libro en el que está basado el filme queden decepcionados.
Porque, por supuesto, la película es gran espectáculo. Los preparativos minuciosos de la fuga monstruo de los prisioneros aliados de un campo alemán emparentan este film con el género de atracos a bancos, con su planificación minuciosa, la tensión de la ejecución y la superación de imprevistos.
Y hay que destacar que, en una película eminentemente coral, brille con luz propia un actor, Steve McQueen, en el papel de Hilts, el Rey de la Nevera, con sólo apenas fuerza física e ímpetu al conducir una motocicleta y con un gesto repetido como es el de lanzar una pelota de béisbol contra la pared de la celda de castigo (la "nevera") en la que pasa la mayor parte del tiempo. Y con una composición de personaje magnífica, claro. McQueen ya provocó celos durante el rodaje de Los Siete Magníficos como especialista en "robar" planos.
Con una banda sonora memorable de Elmer Bernstein, no de las mejores de su autor, pero sí de las que más se fijan en la mente.
Una película que siempre se vuelve a ver con agrado.

Tráiler:


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Los Siete Magníficos, de John Sturges

SESIÓN MATINAL 

(The Magnificent Seven); 1960

Director: John Sturges; Guión: William Roberts; Intérpretes: Yul Brynner (Chris Larabee Adams), Steve McQueen (Vin Tanner), Robert Vaughn (Lee), James Coburn (Britt), Charles Bronson (Bernardo O'Reilly), Horst Buchholz (Chico), Eli Walach (Calvera), Brad Dexter (Harry Luck), Vladimir Sokoloff (Viejo), Rosenda Monteros (Petra); Dir. de fotografía: Charles Lang, Jr.; Música: Elmer Bernstein.

Que hay cosas que rozan tanto la perfección que se convierten en arquetipos, en leyendas que se transmiten de generación en generación es algo que se descubrió hace tiempo, sobre todo mirando los clásicos. Sin embargo, que las nuevas formas de arte den estas obras, y sobre todo que las den en géneros poco "respetables", es más inusual. Estoy hablando de Los Siete Samurais, de la cual es hija esta Los Siete Magníficos.
Precisamente su carácter arquetípico, de épica inmortal, se descubre cuando trasladada a otro ambiente y a otra cultura, la idea básica resiste no sólo el cambio, sino que puede adquirir una nueva dimensión, particular para cada variación temática. Así, el joven e inexperto samurai que alcanzaba la gloria en la versión de Kurosawa, en la de Sturges lo que alcanza es la madurez. Por ejemplo. Pero el fondo, la idea, es la misma: siete guerreros que son contratados por un pueblo asolado una y otra vez por los bandidos para que les defiendan, pagando con las míseras ganancias de lo que obtienen cultivando la tierra.
Es evidente que aunque el original japonés fuera una obra maestra, esto no garantizaba nada en su traslado al western. Hay muchas formas de hacer mal las cosas. Pero Sturges se muestra capaz en esta película, y si no alcanza la excelencia es porque tiene el buen juicio de, en caso de duda, reproducir las tomas de Kurosawa en sus propias escenas. Lo que representa un acierto completo es el elenco: Brynner, McQueen, Coburn y Bronson están inmensos, gigantes en sus personajes; Vaughn aporta algo de pathos a la figura del pistolero a sueldo, y el impagable y nunca bien ponderado Eli Walach compone un malvado realmente odioso. Y, por si fuera poco, Elmer Bernstein compuso una banda sonora que ha pasado a la historia.
Se puede ver sola o con la versión de Kurosawa, se puede estudiar o verla por disfrute, pero Los Siete Magníficos no cansa jamás.

Tráiler:

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Conspiración de Silencio, de John Sturges

SESIÓN MATINAL

(Bad Day at Black Rock); 1955

Director: John Sturges; Guión: Millard Kaufman, basado en el relato Bad Time at Hondo de Howard Briskin; Intérpretes: Spencer Tracy (John J. Macreedy), Robert Ryan (Reno Smith), Dean Jagger (Tim Horn), Walter Brennan (Doc Velie), Ernest Borgnine (Coley Trimble), Lee Marvin (Hector David), Anne Francis (Liz Wirth), John Ericson (Pete Wirth), Russell Collins (Mr Hastings); Dir. de fotografía: William C. Mellor; Música: André Previn.

Una obra maestra del cine, Conspiración de Silencio (aunque yo prefiero el título original, "Mal Día en Black Rock") es una película que desde el primer momento sumerge al espectador en el enigma de su argumento y lo lleva de la mano por una tensión y una claustrofobia de los espacios abiertos como pocas veces se ha alcanzado en el cine.
Por primera vez en cuatro años, el tren se detiene en el pequeño pueblo de Black Rock. De él desciende un viajero manco, que es recibido con una especie de curiosidad contenida, que pronto se vuelve en hostilidad más o menos declarada y en un silencio hosco cuando Mcreedy (interpretado genialmente por Spencer Tracy, en un duelo interpretativo no menos genial con Robert Ryan) pregunta por un granjero llamado Komoko.
A partir de aquí, la tensión empieza a crecer.
Pero lo mejor de esta tensión es que el espectador la percibe, pero para él también es un enigma el porqué todo un pueblo tiene algo que ocultar, y porqué todos se pliegan a la voluntad de Reno Smith (Ryan) en el proceso de intimidar al forastero.
Es un híbrido sabio de western (pese a no serlo; pero a lo que recuerda es a un filme del oeste por su enfrentamiento personal y por la tensión que se percibe acabará en violencia) y película de suspense. El guión es milimétrico, los golpes de efecto son precisos, los personajes adecuados a la situación, y los momentos de violencia, largamente esperados en esa tensión creada, son, en palabras de un crítico, "electrizantes".
En poquísimas ocasiones, después de ver una película, se puede reconocer de inmediato que uno ha visto una obra maestra absoluta, que a ese filme no le sobra ni falta nada, que tiene un acabado redondo. Una de esas ocasiones es Mal Día en Black Rock.

Tráiler: