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Edward el Conquistador, de Roald Dahl

Como hemos visto ya repetidas veces, en la ficción de Roald Dahl hay un tema recurrente como es el de la relación de pareja, una relación que se basa en la diferencia de caracteres que en muchas ocasiones causa una tensión tal que puede llegar a convertirse en una de odio directo.
En el relato Edward el Conquistador, Dahl compone uno de sus relatos más extraños. Una pareja se dedica tranquilamente a su vida campestre cuando un gato aparece súbitamente en sus vidas. Por diversos motivos, la esposa, Louisa, empieza a creer firmemente que el gato es la reencarnación del compositor Franz Liszt, una creencia que se basa en los gustos musicales del gato ante la música que Louisa interpreta al piano, gustos que parecen coincidir con los del compositor.
En este punto, la tensión entre la pareja va creciendo. Edward se muestra no sólo escéptico, sino que empieza a mostrar un punto de celos respecto al gato que en tan sólo unas horas ha conquistado el corazón de su esposa, y que parece monopoliza las atenciones de ésta.
El final es sorprendente... y abierto. El lector puede imaginar su propio desenlace. De lo que no cabe duda es de que la relación entre la pareja jamás volverá a ser la misma, y no precisamente para mejorar.
Se trata de un cuento ciertamente insinuante, en el que pocas cosas son mostradas a las claras, y en el que los sentimientos deben intuirse. Pero en el caso de Dahl, no hay duda de que su construcción de una tensión interior en los personajes está tan bien lograda que lo que puede parecer un relato extemporáneo, casi una chaladura sin importancia, adquiere unas connotaciones dramáticas, violentas y que llegan hasta un punto de no retorno. Porque Dahl era un maestro en analizar el comportamiento humano y en trasladarlo a unos relatos que siempre llevan algo inesperado, pero tan lógico con el carácter humano que provoca inquietud.

(Edward the Conqueror)
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1953]

Texto en castellano de Edward el Conquistador


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Jalea Real, de Roald Dahl

Este es uno de los cuentos de choque de Roald Dahl que más se recuerdan, si uno tiene la ocasión de leerlo (cosa que pueden hacer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña). Se trata de un relato intimista, casi una miniatura, que tiene unidad de espacio, tiempo y personajes y que sin embargo acaba por mostrar una cantidad de matices e implicaciones enorme, fruto del habitual estilo del autor, en el que la implicación es casi más importante que lo mostrado.
Hay una preocupación en la familia Taylor. La única hija de la pareja Albert y Mabel, recién ncida, rehúsa tomar sus biberones, está perdiendo peso preocupantemente y los médicos no parecen encontrar una solución efectiva al caso. Albert es apicultor (y un personaje muy especial en su relación con las abejas), y en una revista especializada topa con un artículo sobre las propiedades de la jalea real, que conoce de sobra, pero una frase le llama la atención: aquella en la que describe sus efectos en el crecimiento de las abejas. Una idea le viene a la cabeza y, sabedor de que su esposa puede considerarla una locura, o un experimento loco, se prepara a ponerla en práctica disimuladamente, introducir jalea real dentro de los biberones de la niña.
El efecto es mágico. El bebé no sólo toma sus dosis, sino que exige más, y empieza a ganar peso, recuperndo lo perdido, en un tiempo récord. Su esposa lo ve como un milagro, y Albert no puede reprimirse y, mediante una explicación sobre la jalea real que recuerda un poco a las que Melville daba sobre las ballenas en Moby Dick, revela el secreto de la alimentación de la niña. Un toque de doctor frankenstein, de no-nterferirás-con-las-leyes-de-la-naturaleza, se desliza en el relato cuando su esposa no se muestra complacida, sino aterrorizada por lo que ha hecho, y llena de temores sobre la niña. Pero todavía falta una revelación final, que no les desvelaré, puesto que es tan inesperada como inquietante respecto al futuro matrimonial de los Taylor.
Es un relato maestro, construido con toda sencillez sobre un hecho y llevado más allá de sus consecuencias lógicas por el autor, quien se reserv el desenlace para que así el lector pueda construir toda una continuación en su mente, un método que, trabajado por Roald dahl, demuestra ser del todo eficaz y deslumbrante.

(Royal Jelly)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1979]

Texto en castellano de Jalea Real
Texto en inglés de Royal Jelly


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La Señora Bixby y el Abrigo del Coronel, de Roald Dahl

Estamos ante uno de los relatos más conocidos de Roald Dahl; su adaptación en Alfred Hitchcock Presenta tiene mucho que ver en esto, pero todos los relatos que esta serie televisiva adaptó de Dahl tuvieron su repercusión, y, sin embargo, este es uno de los que podríamos decir que caló tanto en el público que se ha convertido en inmortal.
El relato lo pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Si lo hacen, verán que tiene una introducción que, aunque sociológicamente tiene cierta base, tiene ciertos tintes machistas. No voy a entrar en si Dahl lo era o no, y me limito a remarcarlo, aunque también les haré notar que esta introducción nos transmite toda la impresión de ser una de esas historias que se cuentan, como el propio autor dice, en los lugares en que los hombres se reúnen a solas.
De inmediato, entramos en materia: la señora Bixby es una mujer casada con el marido ideal (una idea que Dahl, con ese sentido cínico que a veces daba a sus relatos, desmentirá al final del cuento), que por supuesto es un dentista (una de las profesiones más aburridas que existen, literariamente hablando) aburrido y monótono. De manera que tiene su arreglo con un coronel al que ve una vez al mes. Relación que, por razones personales, éste tiene que cortar. Como despedida, regala a la señora Bixby un abrigo de visón. La mujer no puede llevarlo tal cual a casa; ni ella ni nadie de su familia o círculo inmediato tiene el dinero suficiente como para haber podido comprar semejante artículo, de modo que tiene una idea para quedarse con el abrigo a la vez que su marido queda en la inopia.
La sabiduría del autor a la hora de escribir el relato es inmensa. Él mismo cuestiona su argumento y nos da razones para la verosimilitud de la acción. Introduce y proporciona todos los detalles que compondrán el desenlace final, y sin embargo, el lector queda sorprendido. Y complacido cuando, en el último giro argumental, la historia se vuelve inatacable, perfecta, redonda.

(Mrs. Bixby and the Colonel's Coat)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1959]

Texto en castellano de La Señora Bixby y el Abrigo del Coronel
Texto en inglés de Mrs. Bixby and the Colonel's Coat

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Placer de Clérigo, de Roald Dahl

La capacidad de Roald Dahl para introducirnos en una situación más o menos corriente y entonces dar un giro a la historia que sirviera de colofón humorístico o inquietante era extraordinaria.
En este Placer de Clérigo, nos encontramos ante un clérigo que no lo es y un placer que sólo es íntimo del protagonista, como es la codicia y el engaño. El relato lo pueden leer en el enlace que figura al pie de la entrada. Podrán ver que Dahl actúa con las cartas boca arriba y a la vista de todos. El señor Boggis no es un clérigo, es simplemente un anticuario que se disfraza de tal para realizar así un expolio a bajo precio de antigüedades en la campiña inglesa, fingiendo que lo que adquiere son meras bagatelas que apenas se puede permitir y que, desde luego, no le reportarán ningún beneficio económico, sino un pequeño y nimio placer personal.
En la construcción del relato, Dahl nos va mostrando en unas cuantas pinceladas la personalidad de Boggis. Es un estafador nato, y uno cruel y despiadado, aunque no cometa lo que se dice un crimen. Se limita al engaño, pero disfruta con ello. El lector diría que encuentra más placer en la forma en la que adquiere sus piezas que en su posesión o el dinero que gana con su venta.
Y un día encuentra un mirlo blanco. En un rincón, pintada goseramente de blanco, está una cómoda Chippendale, de la que sólo se conocían tres en existencia. Un botín de más de veinte mil libras que pretende, como es natural en él, llevarse por veinte. Y empieza su estrategia de clérigo tonto y cándido, manifestando que no tiene ningún interés por el mueble, aunque, tras mucho vacilar, puede que encuentre alguna utilidad a las patas del mismo.
La construcción de la tensión es minuciosa, y Dahl nos lleva casi de la mano hacia una conclusión que, sorprendente como es, no puede dejar de hacer florecer una sonrisa y llevarnos a pensar en sus implicaciones posteriores. Que Dahl deja a nuestra imaginación, pero que son como un segundo relato no expresado incluido en este Placer de Clérigo.

(Parson's Pleasure)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1958]

Texto en castellano de Placer de Clérigo

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La Subida al Cielo, de Roald Dahl

Cuando se emprende la lectura de estos cuentos, entre crueles e irónicos, que conforman los Relatos de lo Inesperado de Roald Dahl, uno nunca deja de sorprenderse de cómo la situación más trivial puede desembocar en una historia inquietante y, si su tratamiento no fuera irónico o humorístico, hasta malsana.
En el caso de La Subida al Cielo, que pueden ustedes leer en los enlaces que figuran al pie de esta entrada, nos encontramos ante un matrimonio muy normal y corriente. Bien, quizá sean más adinerados de lo común, puesto que viven en una casa privada de tres pisos con ascensor y tienen chófer y servicio, pero para lo que nos interesa, es decir, el matrimonio y su convivencia en sí, normal y corriente.
Claro que la mujer tiene una obsesión, una manía, una de esas fijaciones inofensivas que son hasta vulgares: un pánico a perder el avión, el tren, el barco. Todos conocemos personas así; se despiertan horas antes de lo razonable para llegar a tiempo a la estación, y una vez allí, con todo el tiempo del mundo que matar están en el andén o la sala de espera, comprobando una y otra vez si tienen los billetes, la tabla de horarios y quién sabe qué otros motivos de angustia más. Claro que en este caso su marido parece tomárselo con mucha filosofía, casi demasiada, tanta que su esposa llega a creer que lo hace a propósito para mortificarla: tomarse su tiempo, resolver cosas a última hora, etc.
El drama llegará cuando la mujer se vaya de viaje a París a conocer a sus nietos, y en ese choque de personalidades habrá una tragedia. ¿O es un asesinato?
Lamento no poder descubrirles más de la trama, porque este relato está tan bien construido que cualquier otro adelanto sería desvelar la sorpresa final, absolutamente demoledora. Pero sí déjenme decir una vez más lo buen observador que era Roald Dahl del comportamiento humano. Porque la convivencia matrimonial suele transformarse en un soportarse mutuamente, y Dahl sabe muy bien que del amor al odio hay un paso muy corto. Como también sabe que, en una convivencia diaria, las menudencias, los detalles ínfimos, adquieren carácter de ofensa con el tiempo y el desamor. ¿Como para llegar al crimen? Bueno, la literatura es exageración... pero no tanto. Consulten a la policía o al criminólogo local, y descubrirán un buen puñado de casos en los que se ha llegado a actos mayores por cosas que parecían muy menores. En todo caso, Roald Dahl, conocedor de la mente humana, nos brinda una vez más un espléndido cuento cruel, una historia inusitada, incluso una advertencia irónica sobre los peligros de la convivencia doméstica.

(The Way Up to Heaven)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1954]

Texto en castellano de La Subida al Cielo
Texto en inglés y castellano de The Way Up to Heaven

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William y Mary, de Roald Dahl

Entre los relatos de choque, típicos del autor, hay unos pocos que emplean elementos de ciencia ficción para convertir en realidad los deseos íntimos de sus protagonistas.
En el caso de William y Mary, el inicio es casi prosaico, banal. Nos hallamos en el despacho de un procurador que está dando curso a las últimas voluntades del difunto William. El poco dinero del que disponía va a su esposa, Mary. Todo según lo previsto, salvo una carta personal que se entrega a la viuda. En ella, y quizá por primera vez en la vida, William sale de la intensa vulgaridad «solemne y afectada» que dominó toda su existencia.
En la carta William describe cómo ha aceptado que, una vez muerto, un investigador amigo suyo utilice su cerebro para mantenerlo vivo en una solución salina, desconectado del cuerpo, controlado por un encefalógrafo y con un nervio óptico y un globo ocular remanentes para captar impulsos externos.
Por una vez, parece que William se decidió a hacer algo que no fuera vulgar. Claro que la tentación era muy grande, y no pudo resistirse a exhortar solemnemente a su viuda: «Cuando te deje, sé buena y recuerda siempre que es más difícil ser viuda que esposa. No tomes cócteles. No malgastes el dinero. No fumes. No comas dulces. No te pintes los labios. No te compres un aparato de televisión. Cuida de que mis rosales, al igual que el jardín de rocalla, estén bien desherbados durante el verano. Y, de paso, visto que ya no me ha de servir para nada, te sugiero que hagas suspender el servicio telefónico.» Al parecer, William no tuvo bastante con treinta años de matrimonio, quería ser un latazo incluso postmortem.
Aunque, claro, si esta admonición no es realmente póstuma, si William puede ver, pero no hablar ni quejarse, quizá no ha medido bien las consecuencias de ejercer una tiranía más allá de lo que la ley y el sentido común aconsejan. La furia de una mujer no es desdeñable.
Roald Dahl sabía muy bien que hay convivencias que son pequeños infiernos, martirios que se soportan hasta que llega un punto de ruptura. En este caso, una conducta ejemplar como la de Mary recibe como premio una prolongación de ese suplicio más allá de lo razonable. O, como nos advierte Dahl, recibe el premio de la venganza, en un relato minucioso en la psicología de sus personajes, y corrosivo en su desarrollo.

(William and Mary)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981[1960]

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La Patrona, de Roald Dahl

En varias ocasiones les he comentado la absoluta concisión de la que hacía gala Roald Dahl para crear sus historias, una característica notable y que pocos narradores dominan bien, y esa concisión está llevada a su máximo extremo en este relato La Patrona.
El cuento lo pueden leer en los enlaces que figuran al pie de esta reseña. Se trata de una historia que empieza con tono tranquilo y cuya amenaza, también tranquila, va creciendo hasta llegar a un desenlace irónico y de choque.
Aunque podríamos discutir lo del desenlace. Porque en esa concisión de la que les hablaba, Dahl decide prescindir de un final según mandan los cánones. Al fin y al cabo, todos los elementos necesarios están ya presentes en la historia narrada, y no se puede interpretar el cuento de ninguna otra manera que no sea la que el propio autor ha querido y señalado. Incluso, y por si el lector tuviera tentaciones de quejarse y demandar al autor que explique si el asesinato del protagonista quedará impune, Dahl nos ha informado ya de dos precedentes muy separados en el tiempo que nadie ha podido resolver, de manera que, parece decirnos, ¿por qué tendría que ser diferente en este caso?
Esta clase de relatos de choque que son inatacables en su integridad es muy raro, pero más extraordinario era que Roald Dahl era capaz de producirlos una y otra vez, hasta hacer casi de su propiedad el género de las historias imprevistas.

(The Landlady)
En Relatos de lo Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1960]

Texto en castellano de La Patrona
Texto en inglés de The Landlady

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Lady Turton, de Roald Dahl

Roald Dahl sabía muy bien que, observando con cuidado la realidad, la literatura está servida. De hecho, los narradores / observadores de sus relatos son fascinantes: fríos en apariencia, desapegados en su aspecto, pero perceptivos, intuitivos y capaces de observar los detalles precisos que hacen que una situación se torne en extraordinaria. Situados y rodeados de gente que, por diversos motivos, creen que lo que están viviendo es normal, saben reconocer los síntomas de la anormalidad y, entonces, observarla como lo haría un entomólogo con un insecto que aparenta ser vulgar pero en realidad es único.
¿Quién no ha visto, de cerca o de lejos, parejas incongruentes? Hombres (o mujeres) que se engañan a sí mismos con matrimonios que nadie creería posibles por amor; relaciones de dominio y de poder que resultan inexplicables para los que las contemplan; y a veces, deseos inexpresados que saltan a los ojos de uno de estos desiguales componentes.
El relato lo pueden leer en el enlace que figura al pie de la reseña. Lady Turton (en su original, el relato se titula "Cuello", una palabra que alcanza su verdadero significado al final del cuento) es una mujer que se ha llevado el premio en la lotería del matrimonio; se ha casado con el heredero de un imperio periodístico. Y es un hombre débil, que sufre en silencio las tiranías y desplantes que ella le causa. Pero es demasiado bueno para reaccionar. De hecho, se trata de un hombre adorable, como descubrimos gracias a ese narrador del que hablábamos: es amable, sin prejuicios, culto, encantador, tímido pero cordial.
Aunque tal vez su esposa lo lleva al límite cuando, en un jueguecito de flirteo en el jardín que cree que no está siendo observado, mete la cabeza en un agujero de una escultura de madera de Henry Moore. La cabeza queda atascada allí, y después de un rato en el que el tiempo parece suspenderse (el manejo del tiempo que hace Roald Dahl es perfecto; sin más que hacerlo pasar, sólo con esta suspensión, hace que la tensión crezca de forma exponencial), Sir Basil y el narrador se acercan al lugar para ver qué se puede hacer. No hay remedio, para liberar a Lady Turton habrá que cortar la escultura, y Sir Basil pide al mayordomo (otra figura que en el relato parece secundaria pero es capital en su resolución) que vaya a buscar las herramientas. La escultura es muy querida para Sir Basil, y él mismo la cortará.
Y entonces se produce el clímax del relato. Sólo dura un instante, sólo es un pequeño momento, pero es como un fogonazo que cambia la personalidad de todos los personajes, haciendo que una historia que, para el que la contempla sin atención, es anodina, se vuelva trascendente, enorme, genial.

(Neck)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1953]

Texto en castellano de Lady Turton

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Tatuaje, de Roald Dahl

He aquí un relato que, por lo menos en sus tres cuartas partes, tiene una ternura inusual en los cuentos de Roald Dahl. Pueden leer el relato en los enlaces que figuran al pie de esta entrada, y para animarles a hacelo les diré que se incia con un hombre casi un mendigo que, caminando por las calles de París, se detiene ante el escaparate de una galería de arte. Ahí puede ver un cuadro que le resulta familiar por su estilo; y, en efecto, ve que es obra de Soutine, al que define como "mi pequeño calmuco", un joven artista con el que vivía mientras se ganaba la vida como tatuador.
Un día, tras una jornada de trabajo afortunada, el hombre regresa a casa dispuesto a celebrarlo con varias botellas de vino, y, tras algunas copas en buena compañía de su esposa y el artista, el tatuador propone enseñarle en dos minutos su arte a Soutine y que éste tatúe una pintura suya en la espalda del hombre.
Cuando entra el extatuador en la galería, el disgusto es notable, pero se transforma en asombro cuando, ante los intentos de echarle, el hombre afirma que él también posee un auténtico Soutine, y se quita la camisa para demostrarlo. Y ràpidamente recibe una oferta por él.
Insisto en que todo lo que ha sucedido hasta ahora tiene una ternura inusual en Dahl: la inocencia y amistad entre el tatuador y Soutine, la compañonía entre ambos dos y la esposa del hombre (que sirve de modelo para el tatuaje), la emoción al reencontrar la pintura de su amigo que, aunque muerto, ha alcanzado el reconocimiento, etc. Sin embargo, no sería Roald dahl si no tuviera este relato un final inquietante, que se deja a la imaginación del lector, pero que suscita en la mente de éste las más macabras resonancias.
Un relato, como siempre en su autor, inimitable (aunque han existido imitaciones del mismo, por supuesto no tan logradas), y que sigue siendo una delicia intemporal para el lector.

(Skin)
En Relatos de los Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1979]

Texto en castellano de Tatuaje
Texto en inglés de Skin

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Galloping Foxley, de Roald Dahl

Cada uno de los relatos inesperados de Roald Dahl es una sorpresa en sí mismo. Leídos en su conjunto, la sorpresa se multiplica exponencialmente, porque la variedad es tal que, predispuesto el lector a esperar algo similar por el cuento anterior, el que se inicia va por un camino tan diferente (y efectivo) que su efecto se multiplica.
Galloping Foxley es un relato en apariencia inocente, que encuentra su significación en el final, convirtiéndolo en otra cosa, en una pesadilla para el narrador y en una humorada cruel por parte del lector. Pueden ustedes leer el relato en los enlaces al pie de esta entrada; lo que sigue puede llegar a descubrir demasiadas cosas sobre el argumento, de manera que yo de ustedes volvería aquí después de leído el cuento. Están avisados.
William Perkins, quien narra, es un abogado de éxito típicamente inglés. Él mismo describe sus hábitos regulares, mantenidos a lo largo de los años. Tan regulares que se han convertido en idiosincráticos. Es "su" estación de tren, "su" andén, "sus" compañeros de viaje, "su" compartimento. hasta que un día en el andén aparece un personaje que instintivamente se le hace odioso. Atractivo, demasiado para su gusto. Vestido con elegancia, pero una elegancia ostentosa. Y tal vez ese disgusto se incrementa por cierta familiaridad que detecta en el individuo. Hasta que finalmente cae en la cuenta. Se trata de Bruce "Galloping" Foxley, el prefecto de su sala de estudios cuando Perkins tenía doce años; y en calidad de prefecto, tenía derecho de baja justicia sobre todos los estudiantes a su cargo.
Perkins recuerda las humillaciones, los bastonazos, las incontables vejaciones que Foxley le infligió (lo cual también nos dice algo sobre el sistema educativo del internado británico). Y ahora, cuando él ha triunfado y se halla a salvo del despotismo de Foxley, lo tiene ante sí, lo tendrá ante sí día tras día. A su merced. Libre para contar en voz alta sus insoportables cualidades a sus compañeros de viaje, reforzando el vacío que éstos ya le hacen y convirtiendo el trayecto diario de Foxley en una humillación que tenga que soportar o bien tenga que escapar de ella, dejando de nuevo "su" tren sin profanar, no sin antes haber recibido una parte de lo que merece. De modo que, para sorpresa de sus compañeros de viaje, que desaprueban toda relación con el intruso, Perkins se inclina para presentarse a Foxley...
Y ahí surge el final de la historia, demoledor, de un humor negro inigualado por sus implicaciones, un final tan bien preparado por la narración que lo ha precedido que es insuperable. Un final que hace que toda una continuación de la historia surja en la mente del lector.
Porque ésta es otra de las virtudes de Dahl. Sus relatos entran en una complicidad tal con los lectores que el autor sabe perfectamente que puede contar con ellos para culminar su obra. Es una rara virtud, que pocos escritores poseen y que Roald Dahl consiguió una y otra vez, en una maestría argumental y una mesura narrativa que hacen de estos relatos algo único.

(Galloping Foxley)
En Cuentos de los Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1953]

Existe reedición en Editorial Anagrama

Texto en castellano de Galloping Foxley
Texto en inglés de Galloping Foxley

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Mi Querida Esposa, de Roald Dahl

La especialidad de Roald Dahl era el cuento de choque, el de final inesperado. Sin embargo, y antes de alcanzar su efecto, Dahl solía disponer los escenarios de sus relatos en ambientes anodinos, casi triviales, de los cuales surgía lo inesperado (y de ahí el título de la colección de relatos), pero un inesperado que muchas veces era grotesco.
El parentesco de sus relatos con los cuentos crueles del estilo de Villiers de L'Isle-Adam es patente, pero Roald Dahl siempre tuvo muy en cuenta la cercanía de estos ambientes con el lector, de modo que la credibilidad que crea garantizara que nunca abandonara la lectura en la escalada de hechos subsiguiete.
Pocos de sus relatos son más crueles que este Mi Querida Esposa. En él nos encontramos a una pareja que está esperando a otra para que pasen un fin de semana en su casa. Apenas se conocen, pero los visitantes tienen el aval de ser buenos jugadores de cartas.
Todo es absolutamente normal, salvo cierta tensión en la pareja visitante. Una tensión que lleva a la esposa anfitriona a desatar un juego horrible; si se portan así en público, qué no harán en privado. Y fuerza a su marido a que instale un micrófono en la habitación de los invitados.
Y ahí surge una sorpresa. No voy a explicársela, puesto que la eficaci del relato depende en gran medida de esa sorpresa, pero pueden leer el cuento en el enlace que figura al pie de esta reseña.
Una vez lo hayan leído, creo que estarán de acuerdo conmigo en que es uno de las mejores narraciones que existen sobre la ruindad humana y sobre ese lado oscuro que existe en casi todos nosotros, pero que más o menos bien controlamos. No sólo el hecho de espiar a los visitantes, por el puro placer de entrometerse en su vida, es cruel, sino que después se desarrolla esta maldad con todas sus consecuencias. Uno casi siente piedad por los visitantes, aunque tampoco ellos están libres de esa oscuridad de alma, tanto hacia los demás como entre sí.

(My Lady Love, My Dove)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1980 [1979]

Existe reedición en Ed. Anagrama

Texto en castellano de Mi Querida Esposa

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Cordero Asado, de Roald Dahl

Este es otro de los relatos "de choque" que Roald Dahl escribió y que, al ser llevados a la pantalla pequeña por el propio Alfred Hitchcock, se convirtieron en inolvidables. Para los que no recuerden el asunto, diremos que se trata de un asesinato y una pierna de cordero. ¿Lo recuerdan, ahora?
Hay algo que decir sobre el argumento, pero como el efecto depende estrictamente de la secuencia de acontecimientos hasta llegar a su final, lo trataremos más tarde, para no destriparlo a los que no lo hayan leído o visto.
Pero también hay cosas que decir sobre el estilo empleado por Dahl, que en este caso es muy poco truculento, casi cotidiano, como conviene a la historia. De hecho, esta cotidianeidad es lo que le da verosimilitud y fuerza al relato, el saber desde el primer momento que Mary es un ama de casa normal y corriente, rutinaria incluso, y que justamente eso será su escudo y su defensa.
Pero también es el tono pausado que Dahl emplea, y cómo lo utiliza para crear una tensión amenazante, que cuando se resuelve sorprende por lo poco aparatosa, pero que nos hace sentir alivio.
El golpe final, la actitud de Mary durante el registro policial, es uno lleno de un humor negro, marca de la casa del autor, que se hace inolvidable y casi imprescindible.
Para los que ya conocen el relato, recordaré el argumento, y les advierto que aquellos que no lo hayan leído pueden encontrar a partir de ahora datos que pueden estropear una primera lectura, de manera que están avisados.
Mary, como ya hemos dicho, es una abnegada esposa de un policía. Es jueves, y por tanto, y después de un par de whiskies en compañía de su marido, saldrán a cenar fuera. Sin embargo, cuando éste regresa a casa, parece estar bajo un estado de tensión y cansancio. Por fin, se decide a hablar y Mary entra en estado de shock (aquí hay que reseñar una virtud de Dahl como cuentista: nos ahorra esta parrafada del marido. Suponemos que se trata de un abandono o un divorcio, pero, prescindible como son los detalles para la historia, Dahl lo despacha con un mero "Y se lo dijo"). Como una autómata, va a la cocina para preparar la cena, puesto que su marido no quería cenar fuera y ahora sería incongruente una salida de ese tipo. En la nevera encuentra una pierna de cordero. Y cuando vuelve a la salita, golpea en la cabeza al marido con ella, matándolo. "Como esposa de un detective sabía cuál sería el castigo; era estupendo [...] ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos?, ¿madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían? Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse."
Pone la pierna de cordero en el horno, y baja a la tienda de la esquina a por unos comestibles para acompañarla. Allí charla un poco con el empleado y entonces vuelve a casa y llama a la policía, diciendo que ha descubierto a su marido muerto.
Los policías registran y comprueban la coartada de Mary, y encuentran imposible que ella haya realizado el crimen. El intríngulis está en hallar el arma homicida, que debe haber sido muy pesada. Y entonces viene el auténtico toque del genio de Roald Dahl, cuando uno de los policías advierte a Mary que el horno está encendido. Mary, como un gesto de deferencia hacia los compañeros de su marido, que están allí habiendo pasado ya la hora de cenar, les ofrece el asado de cordero. Y ellos se lo comen, sin saber que es el arma que buscan; repitiendo, incluso.
Insisto, una historia inolvidable.

(Lamb to the Slaughter)
En Relatos de los Inesperado
Ed. Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1953]

Reeditado por Editorial Anagrama

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Gastrónomos, de Roald Dahl

Roald Dahl tiene relatos "de choque" más conocidos que este (por ejemplo, el ya comentado en este blog Hombre del Sur), pero este Gastrónomos (el título original puede traducirse de diversas maneras: "cata", "gusto", "paladar"...) es uno de los que más me encantan, por su elegante construcción y por la tensión que crece hasta niveles casi insoportables.
El escenario es este: una cena en una casa, en la que, como invitado, está un reputado crítico de vinos. Se trata de un hecho casi tradicional, una cena que se produce una vez al año, y en la cual el anfitrión gusta de apostar con el crítico a que no adivinará el vino que se sirve con la comida. Como nos aclara el narrador, siempre ha perdido el anfitrión, pero paga la apuesta con gusto: así demuestra que el vino servido es bueno. Sólo que en esta ocasión, el dueño de la casa está seguro de que su vino es imbatible. No obstante, y desafiado, el crítico no se arredra, e insiste en subir la apuesta. Y lo que quiere apostar son sus dos casas contra... la mano en matrimonio de la hija del dueño, a la que ya ha estado prodigando atenciones excesivas (y no bien recibidas) durante la cena.
Dahl se muestra maestro aquí. No es sólo el argumento lo que le importa. Es la plausibilidad de la situación. De manera que la hija se niega en redondo a que la apuesten como si fuera una mercancía. Pero... su padre insiste. El vino es imbatible, ilocalizable, imposible de identificar, y esas dos casas, en posesión o vendidas, representarán la riqueza de por vida de la hija. Finalmente, y de mala gana, tras haber jurado su padre que no puede perder, la hija acepta.
Y entonces, lentamente, sorbo a sorbo, detalle tras detalle, el crítico empieza a poner cerco al vino...
La tensión se vuelve insoportable, la atención del lector se reconcentra en esos instantes, y el relato tiene un final maestro.
Roald Dahl, aparte de otros géneros literarios, cultivó con maestría estos relatos que van de lo inesperado a lo cruel, al suspense más extremo o a lo más inusitado de las situaciones. Lo hizo con éxito una y otra vez, y Gastrónomos es un ejemplo más que sobrado de ese arte.

(Taste)
En Relatos de lo Inesperado
Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1951]

Texto en castellano de Gastrónomos

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Hombre del Sur, de Roald Dahl

(Man from the South)
En Relatos de lo Inesperado (Tales of the Unexpected)
Argos Vergara
Barcelona, 1981 [1979]

El nombre de Roald Dahl es más que probable que les suene. Algunos habrán crecido leyendo en la escuela Las Brujas o Matilda. Otros habrán pasado, también en la escuela o en el cine, por Charlie y la Fábrica de Chocolate.
En cualquier caso, los lectores o espectadores de estas obras habrán podido percibir un leve toque macabro, un punto de oscuridad en su ficción; pero realizado de forma muy personal. También se encuentra en este Hombre del Sur.
El título puede que no les suene, y es difícil que lo hayan leído (las reediciones son parciales y erráticas; y en consonancia con el mercado actual, efímeras). Pero es también más que probable que reconozcan el argumento de inmediato. Lo habrán podido ver en alguna de sus versiones televisivas (dos veces en Alfred Hitchcock Presenta, en 1960 y 1985, y en la serie Relatos de lo Inesperado, en 1979) o, y convenientemente modificado según los gustos de los realizadores, en el sketch final de Four Rooms, con Tim Roth como alucinado protagonista y Quentin Tarantino haciendo el ganso por allí. Porque les aseguro que, aunque no recuerden el título, el argumento es uno que permanece en la mente.
Veamos. En la piscina de un hotel se encuentran el narrador, unos jóvenes cadetes americanos y un hombre maduro vestido de blanco. En un momento dado éste extrae un puro de una pitillera y uno de los jóvenes se ofrece a encendérselo. El hombre lo  interpela diciendo que el encendedor no prenderá con el viento que sopla, y el joven afirma que sí. Y entonces el hombre de blanco propone una apuesta.
A partir de aquí la memoria ya debería haber sido convocada y tendrían que haberse dicho: "claro, es esa historia". Para los que necesiten más datos, digamos que, tras unos dimes y diretes, la apuesta se formaliza: el cadillac del hombre de blanco si el encendedor es capaz de prender diez veces seguidas. Contra el dedo meñique cortado de la mano izquierda del joven si no lo hace.
Ahora sí, ¿verdad?
Nadie ha escrito un cuento como Hombre del Sur, salvo Roald Dahl, que tuvo éxito repetidas veces en sus incursiones en estos relatos de choque, inesperados, tremendamente efectivos, con un gran humor negro, relatos que quedan en la mente del lector, por su ´tensión creciente e insuperable. Son descendientes indirectos de los cuentos crueles de Villiers de l'Isle-Adam, de acuerdo. Pero su construcción es minuciosa, su ritmo perfecto, su escalada precisa, su estilo inimitable, sus conclusiones, lógicas y muchas veces irónicas, inolvidables.
Hombre del Sur es, a mi juicio, la obra cumbre de estos relatos; su proposición extemporánea, su desarrollo que camina por la línea entre la locura y el carácter humano y, sobre todo, la obra de arte que representa en su conjunto, hace de este cuento una obra única en su propio género.