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Un Jinete por el Cielo, de Ambrose Bierce

Empecemos por dar algunas precisiones que ayudarán a situar la importancia de este relato (y por extensión, de la mayoría de cuentos sobre la guerra civil escritos por Bierce).
Hasta la fecha, guerras habían habido de de todo tipo, pero el relato de las mismas era ciertamente épico; por descontado, hubo escritores y artistas que intentaron representar la realidad de la guerra en su miseria y dolor, pero fueron los menos, y su alcance en cuanto a público fue el de una minoría ilustrada. A título de ejemplo, pueden servir las anécdotas de las damas y caballeros que acudían al campo de batalla para, desde un altozano más o menos próximo, contemplar el espectáculo durante las guerras napoleónicas. Sin duda era un espectáculo, visto a distancia; el colorido de los uniformes, las plumas y los penachos, por ejemplo, era un factor de vistosidad añadido. Si no fundamental.
Las cosas cambiaron en la guerra de Crimea, la primera con corresponsales de guerra en el frente, pero esa campaña fue tan doliente y tan incompetentemente llevada que el sufrimiento extremo fue la norma. Y aun así, el hecho más recordado es la épica de la carga de la Brigada Ligera.
La Guerra de Secesión Americana marcó el cambio definitivo. Para empezar era una guerra civil. Además, fue la primera guerra "moderna": la artillería adquirió mayor importancia, se usó el ferrocarril intensamente, se intentó ahogar a los contendientes (a uno de ellos, en todo caso) económicamente, no siendo un hecho menor para el desarrollo de la guerra el intento de minar la moral de la población civil. la caballería, ese epítome del guerrero "antiguo", empezó a funcionar como infantería montada, empleando los caballos como medio de desplazamiento y combatiendo a pie. Y los corresponsales de guerra abundaron.
Ese conflicto tuvo uno de los mejores escritores con los que podía contar, Ambrose Bierce, llamado "Bitter" (Amargo). Queda la duda de si esa amargura era anterior o le sobrevino después de lo que vio en los campos de batalla. Pero no era corresponsal de guerra. Era soldado, y todos sus relatos de guerra transmiten la impresión de ser algo vivido, recogido de las experiencias que le sucedieron a él o a los que conoció. Como soldado, no era un patriota. Consideraba a los miembros de la milicia como asesinos con licencia para realizar atrocidades, y sin duda él mismo se incluía en esa clase. Y sin embargo, el cínico que reseñaba las crueldades de la guerra no dejó jamás de mostrar su desprecio por ella y, así, reafirmar su propia humanidad.
Que Un Jinete por el Cielo sea un relato de guerra civil es fundamental para la historia. Que yo recuerde, no habían existido escritos que hubiesen tratado un conflicto civil en su cercanía. Bierce captó (o tal vez vivió) la auténtica realidad que representaba, en una frase profética de Abraham Lincoln que ha fascinado a los historiadores, la imagen de "a house divided", una casa dividida.
El cuento lo pueden leer en el enlace que figura al pie de esta reseña, pero daré algunos de sus rasgos.
Este relato ya se inicia justamente con esa situación, la de un joven virginiano que abandona la casa paterna para alistarse en el ejército de la Unión, el ejército "enemigo". En ese mismo espíritu prosigue cuando el padre lo califica de traidor pero, no obstante, le encarece a que cumpla con su deber allá donde se encuentre.
Cuando el joven soldado se enfrenta a una misión de vigilancia, Bierce detiene el tiempo para describir todos los movimientos del muchacho y los del jinete al que, recortado en el cielo, está apuntando. Una pequeña joya de tensión creciente. Lo que sigue es una imagen poética pero desgarradora, observada desde otro punto de vista (un nuevo acierto narrativo); y el último diálogo del relato, con esas dos frases finales que dan sentido a todo lo precedente y no dejan sino una desolación enorme, un horror fundamental, un dolor profundo.

(A Horseman in the Sky)
En Cuentos de Soldados y Civiles
Eds. Orión, col. Pruebas de Galera
Buenos Aires, 1975 [1891]
Trad. y prólogo de José Bianco

Texto en castellano de Un Jinete por el Cielo
Texto en inglés de A Horseman in the Sky 

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El Libro de Blam, de Aleksandar Tišma

Esta novela, extraña a veces, es tres cosas a la vez. La primera, un fresco histórico de uno de esos pequeños conflictos que quedaron sepultados bajo la magnitud del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial; se trata de las anexiones que sufrieron partes de los Balcanes por parte de sus vecinos (en época más reciente, se comentó mucho acerca de la "Gran Serbia". Es más desconocido del público que existían respectivas aspiraciones a grandes Hungrías, Bulgarias, Rumanías, etc.). En este caso la Voivodina, región yugoslava que en la debacle subsiguiente a la invasión nazi, fue ocupada por Hungría. Lo que sucedió después, aunque poco conocido, tiene ciertas reminiscencias con lo que sucedió en toda Europa: limpieza étnica y racial, supremacía de la minoría húngara, pillaje, saqueo y todas cuantas bestialidades se les ocurran. Tišma se ocupa de lo sucedido en su capital, Novi Sad, y lo hace de tal manera que esta población se convierte en un personaje más.
La segunda, tal vez la más evidente, es la anunciada por el título. Blam es un superviviente. Lo hallamos ya en la época de la Yugoslavia de Tito, pero a través de su historia vemos que ha sobrevivido a la muerte, casi por milagro, porque milagro son las diferentes casualidades que se han dado en diversos momentos de su vida. Se casó con una cristiana, lo que impidió que fuera tratado racialmente como judío. No fue a visitar a sus padres como debía, y así tal vez se libró de ser fusilado junto a ellos en la gran redada que realizaron los ocupantes húngaros. En esa misma redada, un periodista que podía verse comprometido si descubrían a una amiguita en su piso salió en defensa de todos los vecinos del bloque y así el oficial magiar se mostró benévolo. Cuando los titistas entraron en la ciudad, a ese mismo protector le fue impedido que se acercara a Blam, con lo que éste se libró de ser sospechoso de colaboracionismo. Y tal vez alguna otra que no recuerdo. El caso es que Blam sobrevive, pero no sabe realmente quién es. Ha pasado por todas las épocas renunciando a identidades; esas renuncias le han salvado la vida, cierto, pero han dejado un vacío enorme en él.
Lo que nos lleva a la tercera materia que trata esta novela, como es la vergüenza del superviviente. Es un fenómeno inquietante, pero comprobable, el que los supervivientes de los campos de exterminio, de los pogromos, de los fusilamientos en masa, sintieran posteriormente vergüenza por estar vivos, por ser ellos los que habían sobrevivido en lugar de los que habían muerto. Blam no sólo no sabe quién es, sino que se plantea cómo y por qué han tenido que morir los otros y, en cambio, él ha quedado con vida. Y su conclusión, terrible pero catártica, es que en el futuro no eludirá lo que es, no eludirá la bala que a él le está destinada.
Aleksandar Tišma es un narrador que a veces deslumbra. Ciertamente sus descripciones de la ciudad de Novi Sad son vívidas hasta hacerlas auténticas fotografías, pero además es su profundidad en los episodios y sus personajes lo que hace que esta novela tenga una potencia extrema. Procede en su marcha mediante el método de flashbacks intercalados, y eso le da esa estructura extraña, pero es una estructura que también conviene a la mente de su protagonista. Leer El Libro de Blam es entrar en la historia de una manera terrible, sin concesiones, pero también es hacerlo de la mano de un gran narrador.

(Knjiga o Blamu)
Quaderns Crema / Acantilado, col. Narrativa
Barcelona,  [1995]

Ciclo "Ramas Entrelazadas" nº 1

Portada y sinopsis

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El Fantasma y la Señora Muir, de Joseph L. Mankiewicz

SESIÓN MATINAL 

(The Ghost and Mrs Muir); 1947

Director: Joseph L. Mankiewicz; Guión: Philip Dunne, basado en la novela de R. A. Dick; Intérpretes: Gene Tierney (Lucy Muir), Rex Harrison (Capitán Daniel Gregg), George Sanders (Miles Fairley), Edna Best (Martha Huggins), Vanessa Brown (Anna Muir adulta), Anna Lee (Sra. de Miles Fairley), Robert Coote (Sr. Coombe), Natalie Wood (Anna Muir de niña), Isobel Elsom (Angelica, la suegra); Dir. de fotografía: Charles Lang; Música: Bernard Herrmann; Dir. artística: Richard Day, George Davis.

He aquí una película que es casi el epítome de esas fantasías amables que el cine gustaba de producir, para deleite de los espectadores, y que siguen surgiendo de tanto en tanto en la industria cinematográfica (Atrapado en el Tiempo / El Día de la Marmota / Groundhog Day es otra de ellas).
Lucy Muir es una joven viuda con una hija que busca independizarse con los magros ingresos de unas acciones que le dejó su marido al morir. Encuentra su casa ideal a la orilla del mar, una casa baratísima que, sin embargo, el agente de la propiedad se resiste a alquilar. La razón es que el anterior ocupante, un gruñón capitán de la marina mercante que presuntamente se suicidó, sigue ocupando la casa en forma de fantasma, y no tolera intrusos.
Lo que sigue se lo pueden imaginar. Lucy Muir es mujer valiente, y llega a un acuerdo con el fantasma del capitán, que parece gustar de la bravura y la determinación de la viuda. Llegado el caso, y cuando los medios económicos de ésta se agoten, será el capitán quien proporcione la solución, dictando sus memorias y haciendo de éstas un libro destinado al éxito de ventas. Menos previsible, y más arriesgado era el sesgo romántico que iba tomando la historia, y hay que reconocer que el acierto es pleno. Un amor obstaculizado por siempre entre un muerto y una persona viva es algo que, mediante las interpretaciones, llega a torturar al espectador (que es lo que se pretende); y el romanticismo de la historia, sin caer en sentimentalismos baratos, es enorme, el de un amor que trasciende la vida y la muerte. Su resolución es maestra, y así tenemos una película con los adecuados ingredientes en su medida justa: humor, romanticismo, tensión, melancolía y sentimiento. Un clásico que soporta perfectamente el paso del tiempo y que sigue relatando una historia tan tierna y maravillosa que es imposible de olvidar.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Lester Young en el Olivia Davis' Patio Lounge

Traemos hoy al maestro de maestros en el saxo tenor: Lester Young. Precursor del jazz moderno y técnico incomparable en el jazz clásico, el mejor acompañante de Billie Holiday, que lo bautizó como "Prez", el Presidente, dándole la preeminencia musical que merecía, sus logros son, no innumerables, pero sí variados, y el Cifu, en su introducción al programa, se los detallará mejor que yo puedo hacerlo.
Lo encontramos en una actuación en la capital de Esatados Unidos, Washington, acompañado por tres músicos locales que lo hacen muy bien: Bill Potts al piano, Norman Williams al contrabajo y Jim Lucht a la batería. De hecho, lo hacen tan bien, y Young está tan a gusto e inspirado que este concierto figura como destacado en su discografía.
Tendremos de todo, baladas, tiempo rápido, medio, medio-rápido... Pero sobre todo tendremos a Lester Young en plena expresión, tanto en sus exposiciones de temas como en los solos. El repertorio es:
Lester Leaps In; This Foolish Things; I'm Confessing; Three Little Words; Jumpin' with Symphony Sid; Almost Like Being in Love; Lullaby of Birdland; Just You, Just Me; Sometimes I'm Happy; Back Home Again in Indiana; Up 'n' Adam; There'll Never Be Another Like You; G's if You Please; Fast B-Flat Blues y D.B. Blues.
Relájense sin perder ni un ápice de swing con Lester Young y sus muchachos. Vale la pena.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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El Último, de Marcel Aymé

Si los (buenos) relatos sobre deportes son escasos, imaginen qué sucedería cuando las competiciones deportivas no eran tan mediáticas como lo son hoy. Pues bien, ese gran autor que fue Marcel Aymé tiene en su haber uno de los mejores, como es El Último.
El relato lo pueden leer en el enlace al pie de esta reseña. Baste decir, para animarlos, que se trata de la historia de un corredor ciclista que siempre, siempre, llega el último. Pero no por una cuestión de segundos o de rozar el fuera de control. Llega el último a horas de diferencia, y esta distancia se va acrecentando a medida que pasa el tiempo, con lo que llega a los finales de etapa con días de retraso frente al gran pelotón. Incluso llega a estar corriendo una carrera que ya ha terminado, y otra en la que se apuntará, como siempre tarde, acaba de comenzar. Y siempre repitiéndose que hoy será su día y llegará el primero.
Este relato tragicómico, más trágico que humorístico, no es una simple anécdota. Siempre fijamos la atención en el ganador, y raras veces en el perdedor. En este caso el perdedor es sublime, porque es una persona de una humanidad, un tesón y un espíritu que tenemos que admirar, aun en la conmiseración que nos provoca, aun cuando sepamos que todas sus esperanzas son una ilusión que una y otra vez se verá frustrada. Nos conmueve verlo subido a su bicicleta, cada vez más destartalada con el paso de los años, con radios perdidos y los tubulares apedazados, corriendo ya no un tour, sino una carrera por su propia dignidad. No son exageración estas imágenes. Aymé consigue muchas cosas con su prosa, y una de ellas es la de que veamos perfectamente al Martín animoso de las primeras páginas y al anciano de las últimas, siempre realizando un esfuerzo que sabemos vano pero que no resulta del todo desaprovechado en tanto consigue emocionarnos con su historia.

(Le Dernier)
En El Hombre que Atravesaba las Paredes. Relatos Escogidos
Argos Vergara, col. Libros DB
Barcelona, 1983 [1933]

Texto en castellano de El Último

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Relato con un Fondo de Agua, de Julio Cortázar

Tratándose de Cortázar, no se puede hablar de relatos "poco conocidos". Cada una de sus muestras literarias ha sabido pulsar una cuerda especial en algún lector en alguna época. De modo que Relato con un Fondo de Agua puede no ser de los más antologados suyos, pero, como verán, tiene mucho que aportar respecto al universo cortazariano.
El relato en sí pueden leerlo en el enlace que figura al pie de esta entrada.
En un monólogo en apariencia inocente que casi es costumbrista, y en poco menos de seis páginas, Cortázar consigue pasar con una celeridad pasmosa al relato criminal, trascender al realismo fantástico mediante el onirismo y rematar el cuento con un final de terror. Todo ello con una suavidad en la transición (que no temática y expresiva, que son tensas) que primero intriga al lector, después lo sumerge en el temor numinoso y lo traslada para finalizar al puro terror psicológico, en una acumulación de sensaciones que se destina a reforzar el efecto final.
La técnica de Cortázar es depurada, perfecta. El monólogo o soliloquio fue un recurso ampliamente utilizado en la novela gótica y romántica y había caído en desuso, con toda justicia, por su artificiosidad. Julio Cortázar lo sabe, y desactiva con una frase esa objeción de inverosimilitud: «Nos mirabas un poco desde fuera, y ya entonces aprendí a admirar en vos las cualidades de los gatos. Uno habla con vos y es como si al mismo tiempo estuviera solo, y a lo mejor es por eso que uno habla con vos como yo ahora.»
En esas mismas novelas y las que siguieron después, el ansia de lo inmediato inhibe ese mysterium tremendum que Julio Cortázar convoca mediante la implicación, con esa inversión mutua que relaciona sueño y realidad, y que mediante el sueño se convierte en revelación propia del lector. Y, lejos el relato de buscar la fácil retribución legal o penal de un asesinato, de repente lo convierte en la condenación, bien por la locura, bien por la maldición sobrenatural.
hay que insistir en la economía de medios y en la densidad temática. Es fácil seguir el curso de los pensamientos del autor en la elaboración de este relato, pero en extremo difícil encontrar las soluciones que él halló; el convertir esas soluciones en manifestaciones del subconsciente. Es también fácil relacionar este relato con la potente influencia que para Cortázar y la literatura universal representó Edgar Allan Poe, en concreto El Corazón Delator. Pero difícil hacer un relato que rivalice con el del maestro y lo supere en la modernidad, haciéndolo contemporáneo. Pero Julio Cortázar era capaz de eso y de mucho más.

En Los Relatos, 1. Ritos
Alianza Ed., col. El libro de bolsillo
Madrid, 19763 [1956]
Originalmente en el libro Final del Juego

Texto de Relato con un Fondo de Agua

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Cose di Cosa Nostra, de Giovanni Falcone

Por si no lo recuerdan, Giovanni Falcone fue uno de esos jueces antimafia italianos que fue saludado unánimemente como un hombre de valor de hierro por enfrentarse a lo que parecía una lucha a muerte. En su caso, lo fue.
Pese a que en este libro Falcone dice que el ritual asesino de la mafia se ha exagerado, y que ya no es la lupara el arma ritual, sino que se emplea el kalashnikov, pese a que Falcone decía que la mafia emplea el pragmatismo y no la semántica en sus crímenes, en su caso la mafia habó, y muy alto. La carga que hizo volar su coche estaba compuesta de 500 kilos de explosivo. Semejante overkill, semejante sobrepotencia de destrucción, no era sino un anuncio para futuros jueces e investigadores, pero también una declaración de lo mucho que Falcone había incordiado a la mafia y del temor que les había causado.
Este libro recoge lo fundamental de una serie de entrevistas, o más bien reflexiones que se hace el propio Falcone, sobre la mafia. Ni personalismos, ni un panegírico de él mismo, ni un ápice de propaganda sobre lo peligroso de su cometido. Leyendo este libro, uno saca la impresión, en primer lugar, de encontrarse con un legado impresionante, en tanto constituye un manual de uso para cualquier antimafioso, y en segundo lugar, de hallarse ante una persona íntegra, un auténtico juez de estado, en un país, Sicilia, en el que tanta falta hace que el Estado se ocupe de sus asuntos.
Porque esta es una de las conclusiones más destacadas de este libro. La mafia no es un sustituto del estado, sino un estado paralelo que en primer lugar ocupa los nichos en los que el estado no entra y en segundo, si los ocupa, procura infiltrarse en ellos y subvertirlos para sus propios fines. Falcone aboga por una intervención radical, y no sólo policial: es necesario dar esperanzas y educación, porque mediante estas dos cosas el miedo desaparecerá.
En su recorrido por los entresijos de Cosa Nostra, nos encontramos con alguien que ha tenido intuiciones geniales, pero cuyas intuiciones han venido fruto de la comprensión del carácter siciliano y de sus gentes. Los centenares de horas que pasó interrogando a "arrepentidos" dieron un fruto inmenso, como fue el de conocer en profundidad los entresijos de una organización criminal que no responde a más normas que la suya. Interrogatorios que fueron realizados, como destaca una y otra vez, con el "máximo respeto", porque los mafiosos son, todos, "hombres de honor". No es un síndrome de Estocolmo. A un perteneciente a Cosa Nostra se le debe tratar con respeto, porque mediante la humillación sólo se conseguirá el silencio y el rencor. A cambio del respeto, el mafioso arrepentido responderá con la verdad. Tal vez no toda, tal vez no expresada de una forma clara, pero difícilmente mentirá. Es su carácter, y es un carácter que se les imbuye desde la entrada en la organización, tal vez desde antes.
El recorrido no es simplemente caracteriológico u organizativo. Conexiones con el extranjero, las familias internas de la mafia, las relaciones entre sus miembros, y las de la organización con el territorio, los elementos externos, el código de honor, todo es tratado de manera límpida y clara, en lo que quizá era el primer análisis en profundidad que se realizaba de Cosa Nostra, y que se desarrolla ante nuestros ojos como un relato fascinante y valeroso, mesurado y conciso, mérito de un hombre que se dejó la vida en luchar contra un cáncer que corroe su isla de nacimiento.

En colaboración con Marcelle Padovani
RCS Rizzoli Libri, col. BUR Saggi
Milán, 199111 [1991]
Existe edición castellana publicada por Eds. Barataria

Portada y sinopsis de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana

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Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir

SESIÓN MATINAL

(Picnic at Hanging Rock); 1975

Director: Peter Weir; Guión: Cliff Green, basado en la novela de Joan Lindsay; Intérpretes: Rachel Roberts (Sra. Appleyard), Dominic Guard (Michael Fitzhubert), Helen Morse (Mademoiselle de Poitiers), Jacki Weaver (Minnie), Vivean Gray (Sra. McCraw), Kirsty Child (Srta. Lumley), Anne Lambert (Miranda); Dir. de fotografía: Russell Boyd; Música: Bruce Smeaton.

En el caso de esta película, las etiquetas parecen importar. Definida como una película que narra un "misterio", el que el misterio quedara sin resolver irritó no poco al público y a la crítica. Cuando se le puso la etiqueta de película de "terror", se convirtió en un filme de culto. Respecto a su raigambre como película "australiana" se ha convertido en lo que alguien ha definido como "la más querida de los australianos". En cualquier caso, sus facetas son muchas y las opiniones sobre las mismas, controvertidas.
Es la historia de una excursión, en 1900, de las muchachas de un internado a la formación rocosa magmática de Hanging Rock, ciertamente un lugar poco tranquilizador. En el curso de esta excursión, tres muchachas y una profesora desaparecen sin dejar rastro, y sólo tras una semana se hallará a una de las muchachas, que no recuerda nada de lo sucedido. El misterio, nos informa el filme, sigue sin resolver.
Tal vez definirla como una película de misterio sea apropiado desde el punto de vista semántico pero no desde el género cinematográfico. Casi podemos considerar un error el que se nos informe al principio del film de la desaparición posterior, ya que uno espera entonces un desarrollo conducente a una solución. Su etiquetado como "terror" puede ser apropiado, según los pareceres, pero se trata de un terror producido más por la incertidumbre que por otra cosa.
Creo sinceramente que la mejor forma de tratar a Picnic en Hanging Rock) es por sí misma. Como tal, se trata de una película enormemente atmosférica, opresiva a veces (y no tanto en el entorno de Hanging Rock, que es más bien amenazador, como en el del internado), en la que subyace todo un subtexto de despertar a la vida y la pubertad y una histeria sexual producida por las rígidas normas victorianas imperantes. Como tal, la película puede tener aquella solución o falta de ella que desee el espectador, puesto que lo que importa es más bien las sensaciones que se tienen al verla y el entramado represivo psicológicamente que puede haber sido causa de ese suceso.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Cab Calloway en el Zanzibar Hotel

De nuevo con Cab Calloway y su orquesta, una de las que marcó la época del gran jazz de Harlem, y un cantante originalísimo, poseedor de una voz única y un sentido del espectáculo enorme. Si quieren saber lo que era capaz de hacer en escena y con su vestuario, vean la película "Stormy Weather" y lo comprobarán.
Pero, aparte de posibles excentricidades y espectacularidad, Cab Calloway tenía una voz que le permitió establecer un estilo de canto personalísimo, el Hi-de-ho, e interpretar baladas con toda propiedad y sentimiento. Y su orquesta, que fue la predecesora de la de Ellington en el Cotton Club, siempre estuvo a la altura de las mejores, tanto en intérpretes solistas (por ejemplo, en ella descolló un jovencísimo Dizzy Gillespie) como en interpretación conjunta.
Traemos hoy varias sesiones, pero la primera es en directo, y merece la pena reseñarlo porque en estas grabaciones los músicos se liberaban de la tiranía de los tres minutos por cara de los discos de 78 r.p.m.. Un instrumental para empezar, el One O'Clock Jump, interpretado de forma impecable hasta llegar al conocidísimo riff final. Magic in the Moonlight (Muñequita Linda),con vocal de un "canario" como se llamaba por entonces a las cantantes de orquesta, Dotty Salters. Por si lo echaban a faltar, en el siguiente tema, Yesterdays, sí canta Calloway, y demuestra lo que les decía del sentimiento en las piezas románticas. Y cierra la actuación retransmitida una composición del propio Calloway, a buen ritmo, Cruising with Cab.
Acto seguido tendremos la sesión grabada para realizar un V-Disc, uno de los discos destinados a entretener a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial. I'm Making Believe, de nuevo con Dotty Salters al vocal, y Foo a Little Ballyhoo, esta vez con Calloway desplegado, con sus espectaculares florituras en jive y su canto en scat.
Siguen unas grabaciones en estudio, esta vez para el mercado "normal", superada la huelga de músicos contra las productoras de discos: un lento con Calloway al vocal, Let's Take the Long Way Home; una nueva versión de Foo a Little Ballyhoo,tan demelenada como la anterior; una nueva balada, All at Once; y un tema a buen tempo, Dawn Time.
Espero que disfruten de este vocalista incomparable, y presten atención, como siempre a los comentarios del Cifu. Que disfruten.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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La Bella y la Bestia, de Madame Jeanne-Marie Leprince de Beaumont

Como sucede con los cuentos infantiles verdaderamente famosos, es más que posible que la mayoría de la gente tenga un conocimiento de la historia a través de otros medios que pueden o no ser fieles al original. Dibujos animados, adaptaciones televisivas, versiones "actualizadas", versiones de lenguaje simplificado, reversiones interpretadas por otros personajes, obras de tatro, el cine, incluso un musical (y si a eso vamos, incluso un musical sobre hielo). Las opciones son tan numerosas que uno no puede estar realmente seguro de haber leído el cuento en su forma original hasta realizar una lectura consciente de éste.
Claro que, hablando de versiones, la más famosa de ellas, la que estableció el texto "canónico", tampoco es que sea muy original. Madame Leprince de Beaumont se basó en relatos muy anteriores para componer el suyo. ¿Cuáles? Ah, la cosa tiene su intríngulis, porque los comentaristas difieren. Hay quien asigna una evidente semejanza entre el argumento de La Bella y la Bestia con Piel de Asno, de Perrault. Es ciertamente verdad que el relato aparecía, íntegro y más largo, escrito por Gabrielle-Suzanne de Villeneuve en 1740. Otros atribuyen la paternidad del argumento a Francesco Straparola, con El Rey Cerdo, una variante estraída del folklore italiano. Y algunos remontan la paternidad al "Amor y Psique" de El Asno de Oro de Apuleyo.
Sea como sea, hay una constante que se repite en este tipo de historias, y es que se basan en una realmente primitiva y popular que con el paso de los años y los siglos se transforma hasta llegar a forma literaria, sea oral o escrita. Y se produce también, a partir de cierta época, una transformación temática que es más moral que otra cosa.
Les supongo al caso del argumento, y si no lo están pueden leer el relato en el enlace al pie de la entrada. Si lo hacen, verán lo extremadamente civilizado, lo muy conformista que es este cuento. Bella se resigna a todo: a la ruina de su padre, a la miseria en la que vive, a la maldad de sus hermanas, a ser sacrificada en lugar de su padre por la Bestia, a todo. Y al final, esta resignación lleva un premio: la Bestia se convierte en un príncipe bellísimo y rico, y las hermanas son castigadas por sus pecados de envidia (de envidia, la forma más pervertida de inconformismo, tal vez). Leprince de Beaumont vivía en la época en la que las clases sociales seguían siendo rígidas, y con ellas la posición social y económica que comportaban. Ciertamente no fue la aristócrata diletante que se pueda pensar, e incluso se puede hablar de un cierto protofeminismo en sus pretensiones de escribir en un mundo literario predominantemente masculino, pero tampoco debemos esperar grandes revoluciones ideológicas en su obra, ni subversiones del orden establecido. De hecho, fue la instauradora del lema "instruir deleitando" que tanto daño ha hecho (aunque haya hecho algún bien).
Pero no todo son interpretaciones políticas. Hay una cierta poesía en el cuento, y el tema de pensamiento contrapuesto a belleza es uno tan potente que atrae en todas las épocas, convirtiéndose en un arquetipo multicultural.
Tal vez quien mejor supo ver lo que de bello contenía el cuento fue Jean Cocteau. En su versión fílmica sublimó todos los elementos poéticos y los trasladó a la pantalla sin dejar nada del mensaje conformista y político, reduciéndolo a la esencia de los sentimientos humanos y embelleciendo el cuento. Que tal vez así se acercaba al original perdido en la noche de los tiempos.

(La Belle et la Bête)
En Horrorscope. Mitos Básicos del Cine de Terror, vol. 2
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1757]

Y múltiples ediciones más.
Texto de La Bella y la Bestia
Texto de La Belle et la Bête en francés, en Wikisources

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La Verdad Sobre el Caso Savolta, de Eduardo Mendoza

La novela que dio a conocer a Eduardo Mendoza, un éxito instantáneo y la revelación de lo que sería uno de los narradores más originales de nuestro país, La Verdad Sobre el Caso Savolta puede verse, en retrospectiva, como un ensayo general de lo que sería la gran novela sobre Barcelona que Mendoza iba a escribir años más tarde, La Ciudad de los Prodigios.
Sin embargo, el Caso Savolta tiene suficientes elementos que permiten defenderla por sí sola. En principio es la historia de Javier Miranda, un vallisoletano llegado a Barcelona y colocado como pasante en un decrépito bufete, donde conocerá a un cliente destacado, el misterioso francés Lepprince, y los servicios que le prestará y la amistad que de ellos surge le cambiará la vida. Lepprince, por su parte, es un personaje enigmático, que tanto se comporta como un gángster como se estila como el perfecto y moderno caballero burgués. No tanto maquiavelo como César Borgia, Lepprince se introduce en la sociedad industrial barcelonesa con el objetivo de llegar a lo más alto. Si para ello tiene que romper huelgas mediante pistoleros o casarse con la hija del poderoso industrial Savolta, da igual.
Todo ello sobre el telón de la Barcelona del anarquismo y los pistoleros, de las luchas obreras y los industriales súbitamente enriquecidos por la neutralidad en la Primera Guerra Mundial; todo un período histórico, pero también todas las gentes que lo poblaron.
La novela se inicia con una de claración de Miranda ante un juez estadounidense, lo que le da un aire policial; pero la historia lo es y no lo es. Progresa a lo que podríamos denominar novela naturalista, pero de nuevo tiene estos elementos y a la vez no son primordiales en la obra. Incluso, en muchas ocasiones, retoma el formato folletinesco, pero estas mutaciones de estilo y temáticas no son indecisiones por parte del autor, sino el hallazgo del lenguiaje que mejor se adapta a la historia en cada momento.
Porque la novela funciona en todos sus niveles. Llevada de la mano por el uso de ese lenguaje peculiar, culto pero accesible, que ha llegado a ser la marca de fábrica de Eduardo Mendoza, la intriga policial se combina con la narración social e histórica, desarrolla un par de buenas historias de amor, dosifica unos toques de humor oportunos, establece un clima moral en el que los personajes se encuentran a sí mismos y, en definitiva, compone un cuadro que es posible mirar desde muchos ángulos sin perder la perspectiva global.
Si hemos hablado de ensayo sobre la novela de Barcelona es porque Mendoza ya se probaba a sí mismo sobre el paisaje de una ciudad tan llena de historias y de matices que parecía imposible abarcarlos en su totalidad. Pero La Verdad Sobre el Caso Savolta, importante como es para establecer y estimular en ese aspecto las capacidades de su autor, no es en absoluto una novela fallida, o un esbozo de trabajo, al contrario. Es una obra completa y estimulante que enseñaba un nuevo modo de narrar sin renunciar a los estilos clásicos; sobre todo era una buena historia, contada de tal manera que insuflaba nuevo vigor a la novelística de una época que parecía agotada desde la saga de los Rius de Ignacio Agustí, y anunciaba un nuevo escritor que se ha demostrado como de los más importantes en la narrativa contemporánea española.

Ed. Seix Barral, col. Biblioteca de Bolsillo
Barcelona, 19843 [1975]

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Una apasionante novela que nos traslada a la Barcelona de los años 1917-1919

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Gandhi, de Richard Attenborough


BLOG ACTION DAY 2012

(Gandhi); 1982

Director: Richard Attenborough; Guión: John Briley; Intérpretes: Ben Kingsley (Mahatma Gandhi), Candice Bergen (Margaret Bourke-White), Edward Fox (General Dyer), John Mills (el Virrey), John Gielgud (Lord Irwin), Trevor Howard (Juez Broomfield), Martin Sheen (Walker), Ian Charleson (Charlie Andrews), Athol Fugard (General Smuts), Saeed Jaffrey (Sardar Patel); Dir. de fotografía: Billy Williams, Ronnie Taylor; Música: George Fenton; Diseño de producción: Stuart Craig; Montaje: John Bloom.

Una película biográfica sobre el gran ideólogo de la independencia de la India y el reconocido padre de la no-violencia, poco tenemos que decir sobre ella, salvo que la potencia de la interpretación de Ben Kingsley hace que la película siga su curso, a pesar de las deficiencias que siempre ha mostrado Attenborough como director.

Pero esto no es lo importante hoy. Esta entrada se enmarca en el Blog Action Day, dedicado este año a "The Power of We", el poder del "nosotros". Gandhi pudo sentar los principios, pero para realizar cualquier cosa siempre se necesita tener a un "nosotros" detrás. En este caso era el pueblo indio, pero hay más casos: la caída del muro de Berlín, el final del apartheid... Por no desviarnos demasiado de nuestra época.
Hoy este "nosotros" es particularmente importante. Porque quienes quieren dominar el mundo (y parece que lo están consiguiendo) también saben de su importancia. Y ya desde hace años tienen la pretensión y la certeza de que la mejor manera de desactivar esa fuerza es dividirla en pequeños yoes. Y tienen razón. Podría citar el famoso poema de Bertolt Brecht, podría incluso adaptarlo (Ayer desahuciaron a mis vecinos; ayer despidieron a mi compañero; ayer negaron asistencia sanitaria a...). Esto en nuestro país; pero por todo el planeta hay situaciones que, cuanto menos "nosotros" tengan, más injustas se harán.

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007 Contra el Doctor No, de Terence Young

SESIÓN MATINAL

(Doctor No); 1962

Director: Terence Young; Guión: Richard Maibaum, Johanna Harwood, Berkeley Mather, basado en la novela de Ian Fleming; Intérpretes: Sean Connery (James Bond), Ursula Andress (Honey Ryder), Jack Lord (Felix Leiter), Joseph Wiseman (Dr. No), John Kitzmiller (Quarrel), Bernard Lee (M), Lois Maxwell (Srta. Moneypenny), Zena Marshall (Srta. Taro), Eunice Gayson (Sylvia), Anthony Dawson (Profesor Dent); Dir. de fotografía: Ted Moore; Música: Monty Norman.

La primera en la serie de películas probablemente más longeva de la historia del cine, fue un éxito instantáneo, debido a que por primera vez a un argumento y clase de serie B se le daba un presupuesto más que digno para ser desarrollado y se beneficiaba de unos cineastas que eran unos artesanos de primera línea, amén de encontrar a su protagonista ideal en Sean Connery y de tener a una Ursula Andress protagonizando uno de los momentos más míticos del cine.
La clave de su éxito, dejando aparte la industrial, fue que además era una equilibrada exposición de temas de los años sesenta, como eran el sexo y la violencia, pero tratados con una cierta sorna, un cierto humor (que se reforzó mucho más cuando Roger Moore pasó a ocuparse del personaje); amén de poner la acción en decorados lujosos y localidades exóticas.
Todo ello expresaba un buen número de actitudes de la sociedad de los sesenta: el amor al lujo, la posibilidad del ascenso sin barreras sociales (Bond no es un aristócrata, no sabemos bien de dónde sale, pero se tiene la impresión de que era lo que Sean Connery: un estibador escocés metido a agente secreto que se desenvolvía más que bien en una sociedad elitista), el exotismo (que jamás mostraba la realidad social de los lugares que visitaba; Nassau era la de los ricos, no la de los bahameños normales y corrientes); y una libertad sexual sin restricciones y sin responsabilidades. Quienes tildan a Bond de machista tienen toda la razón del mundo. Pero tener razón no es poder obviar que el ideal masculino de la época era ese agente al que las mujeres se le entregan sin reservas y a las que parece que Bond les esté haciendo un favor al meterse en su cama, una especie de Casanova del siglo XX.
Sean estos factores una trampa o no, lo cierto es que la serie Bond nos dice mucho más sobre la sociedad y sus anhelos de la época que diez tratados sociológicos. Y además, lo hacía entreteniendo. Porque la serie es entretenida. Alejada por completo de la realidad del espionaje, de la Guerra Fría y de las otras, en sus desmesuras, sus artilugios, sus enemigos peculiares y su acción bien tramada la hacen una de las series de acción más disfrutables que existen.

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Jazz Porque Sí: Thelonious Monk 1955

Continuando con el repaso a la discografía del genial Thelonious Monk, recuperamos lo que quedaba por escuchar de esa extraña sesión en la que Monk colaboraba con Miles Davis y que se emitió en el programa anterior de la serie. Recuerden: Monk al piano, Miles Davis a la trompeta, Milt Jackson al vibráfono, Percy Heath al contrabajo y Kenny Clarke a la baería. Nos quedan por escuchar un tema en dos tomas, Tle Man I Love. La primera toma, con discusión incluida, que el Cifu, como siempre, les explicará en detalle. Pero, discusiones o no discusiones, una ejecución ejemplar; la segunda, ya sin interrupciones verbales, es igualmente maestra, pero tiene una pequeña anécdota que podrán escuchar ustedes mismos.
Entonces pasaremos a un tema grabado en una jam session, 'Round About Midnight; tema de Monk, por supuesto, pero con una interpretación antológica a la trompeta de Miles Davis. Y cuando digo antológica no es por calificar: realmente ha pasado a ser uno de esos solos que se estudian y se editan una y otra vez. Complementan a Monk y a Davis Percy Heath al contrabajo y Connie Kay a la batería.
Después volveremos al estudio para escuchar una de las grabaciones más famosas de Thelonious Monk, aquella en la que el genio moderno del jazz interpretaba temas de Duke Ellington. A trío, con Monk al piano, el gran, grandísimo contrabajista Oscar Pettiford y de nuevo Kenny Clarke a la batería, destaca por una parte el paso de la música ellingtoniana al universo de Monk, un cambio que es atrayente y estimulante, y por otra el respeto que Monk siente por esa música, y que se deja traslucir en su interpretación; no renuncia para nada a su estilo, pero el universo musical de Ellington está presente. Son versiones, "lunares" (o lunáticas, como gusten), pero no perversiones. Así, escucharán un sugerente, por conocido y desconocido en su reinterpretación, It Don't Mean a Thing, Sophisticated Lady y un I Got It Bad, una pieza a ritmo lento que Monk es capaz de trasladar a tiempo medio sin que pierda ni un ápice de sentimiento.
Siempre extraña pero sugerente, siempre difícil en un principio pero apasionante en cuanto se conoce, la música de Monk merece escucharse con atención y disfrute.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Lost Bodies, de Ian Watson

Ian Watson es escritor de género. Pero, sin abandonar jamás el campo de la ciencia ficción, la fantasía y lo macabro, siempre ha defendido por encima de todo la experimentación tanto formal como temática, alejada de los modelos populares que, en cierto modo, siempre han lastrado a estos géneros. Hijo espiritual, por tanto, de esa generación que instauró la ficción especulativa o New Wave en Gran Bretaña (y que se movía alrededor de Michael Moorcock, Keith Roberts, Norman Spinrad y Brian Aldiss, entre otros), aunque por edad perteneciente a una hornada posterior, sus ficciones tienen un enorme sabor literario y una gran innovación temática, casi siempre centrada en el papel del individuo y su relación con los seres humanos de su entorno.
Muchas veces, Watson da un paso atrás para poder dar dos adelante, y es así en este relato, Cuerpos Perdidos, que tiene un fuerte carácter surrealista y onírico, en el sentido de que la traslación de las imágenes soñadas a la realidad transforman ésta y la convierten en otra cosa; algo distinto que, sin embargo, puede ser mejor reflejo de la realidad que la realidad misma. Todo ello (esta vez por elección, puesto que Watson puede ser un formidable experimentador sintáctico y semántico) en una narración de corte realista tradicional, que podemos calificar como de bordes bien definidos.
Jon, Lucy, Kirstie y Peter son arquetípicos modelos de los ochenta (cuyos descendientes mutados en monstruos rigen nuestros destinos económicos, y por tanto morales, hoy).
«Dejen que me explique. Todos estábamos en el corazón del dinero: ingresos de pareja, sin hijos. Mucho antes, en la universidad, Jon y yo habíamos abrazado el nuevo puritanismo de la adicción al trabajo: el trabajo era mucho más divertido que recorrer las camas ajenas. Él fue a la City para comerciar con acciones y cabalgar en la rueda de la fortuna. Yo me había pasado de la ingeniería a la economía. [...] Ponía en el mercado ideas; convertía neuronas en billetes de banco. Lucy [...] había abandonado la investigación médica en favor de los seguros médicos. [...] Kirstie había fundado su propia agencia de colocación especializada en irlandeses e irlandesas que buscaban ganarse la vida en Londres.»
Los cuatro parecen componer un círculo cerrado, íntimo. Hijos de los 80, época en la que el SIDA transformó la moral sexual, pero herederos del "Swinging London", se mantienen monógamos por temor, aunque dispuestos a intercambiarse las respectivas parejas. Sin embargo, parece haber un punto de insatisfacción en las vidas de los cuatro y, tal como los describe Watson, uno no puede sino pensar que es muy lógico que sea así.
A partir de esta situación, el relato se vuelve surrealista (en el buen sentido): simbólico, transgresor, onírico / pesadillesco, desencadenante en suma. Las interpretaciones que pueden darse son muchas, pero una que puede atribuirse al relato es que cuando uno reconcentra su vida al máximo, se aleja del contacto con el exterior, elimina tantos nexos de unión con los demás, se vuelve irremediablemente solipsista y acaba por cometer el mayor de los pecados para con aquellos pocos que le acompañan en su periplo vital, como es la traición. Algo que se paga muy caro.
Ian Watson no es amante de los argumentos fáciles, ni de las imágenes estereotipadas, ni de la prosa simplista. No es una actitud destinada a epatar o a complicarle la vida al lector. Watson necesita de la colaboración del lector para completar su narrativa en la mente de éste. Por eso juega con imágenes que puedan despertar sensaciones diferentes en cada uno de ellos. Lo difícil es hacerlo transmitiendo un mensaje básico pero que pueda ser matizado y reinterpretado por cada destinatario de la historia. Como escritor, es asumir un gran riesgo, porque requiere un gran trabajo y un enorme nivel de perfección en lo escrito. Pero son rasgos que, asumidos y desarrollados, resultan en historias únicas para los lectores.

En Demons & Dreams. The Best Fantasy and Horror 2
Legend / Random Century
Londres, 1990 [1988]
Ed. de Ellen Datlow y Terri Windling

Fragmentos de texto de Lost Bodies en inglés, en Google Books
Página web del autor

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El Último Demonio, de Isaac Bashevis Singer

El Premio Nobel de literatura Isaac Bashevis Singer, único escritor yiddish que ha alcanzado tal galardón, es poco conocido en España, por razones que se me escapan. Una lástima, porque sus relatos, aparte de reflejar las tradiciones, sí, pero también los usos y costumbres de la comunidad judía en centroeuropa, acostumbran a tener un fondo de ironía, cuando no de humor declarado, que los hacen particularmente gratos.
En el caso de El Último Demonio esto es palmario desde el mismo inicio:
«El infraescrito, demonio, da fe de que ya no quedan demonios. ¿Para qué más, si el hombre de por sí es un demonio? ¿De qué sirve persuadir a hacer el mal a alguien que ya está convencido? Yo soy el último de los persuasores. Vivo en un ático, en Tishevitz, y obtengo mi sustento de un libro de cuentos yiddish, un remanente de los días que precedieron a la gran catástrofe. Las historietas del libro son puras paparruchas, pero las letras hebreas tienen peso propio. Demás está decirles que soy judío. ¿Qué otra cosa podría ser? ¿Un gentil? He oído decir que hay demonios gentiles, pero no conozco ninguno ni quiero conocerlos. Jacob y Esaú nunca podrán ser parientes políticos.
»Yo vine aquí desde Lublin. Tishevitz es una aldea olvidada de Dios, en la que Adán no se detuvo ni a hacer pis. Es tan pequeña que cuando pasa un carruaje, el caballo está en la plaza del mercado y las ruedas traseras aún no han llegado a la barrera de peaje.»
¿Y para qué han enviado a un tentador a este pueblecito perdido de la mano de Dios? Bueno, entre los diablos hay rencillas, nos aclara el protagonista de la historia. Pero también, en este pueblo, hay un joven rabino que «aún no llega a los treinta, pero está atiborrado de conocimientos y se sabe de memoria los treinta y seis tratados del Talmud. Es el máximo cabalista de Polonia, ayuna lunes y viernes y realiza las abluciones rituales cuando el agua está helada. No permitiría que uno de nosotros le dirija la palabra. Y encima tiene una mujer guapa, ¿no es realmente el colmo? ¿Con qué podríamos tentarle?»
Y así, la historia se desarrolla en los intentos de tentar a este hombre santo por parte del diablillo. Y de su fracaso, por descontado.
Esta historia divertida es no sólo una adecuada combinación de trama humorística moderna con las tradiciones antiguas de las leyendas, sino un pequeño ejercicio de filosofía histórica, muy sutil, sobre el Holocausto. El diablo es el último, y pervive del pasado, pero lo es porque ya no se necesitan diablos en la tierra. Pero hay más. Es también el último porque ya no hay judíos en esa tierra. «Lo he visto todo: la destrucción de Tishevitz, la destrucción de Polonia. Ya no quedan judíos ni demonios. Las mujeres ya no vierten agua la noche del solsticio invernal. Ya no evitan dar cosas en números pares ni llaman por la mañana a la antecámara de la sinagoga. Tampoco nos previenen antes de vaciar los cubos de agua sucia. El rabino fue martirizado un viernes del mes de Nisán. La comunidad entera fue sacrificada, los libros sagrados reducidos a cenizas y el cementerio profanado. [...] Ya no hay necesidad de demonios. Nosotros también hemos sido aniquilados. Yo soy el último: un refugiado. Puedo ir adonde me plazca, aunque ¿adónde puede ir un demonio como yo? ¿Al lado de los asesinos?»
Los relatos de Singer son así, capaces de llevar muchas cosas encima y explicarlas como quien relata una historia cotidiana, con buenas dosis de humor incluso a costa de los propios judíos, ya no digamos al respecto del resto del mundo; pequeñas joyas narrativas que son un auténtico descubrimiento para el lector no avisado.
[Una nota al respecto del idioma. Por desgracia, la mayoría de traducciones al castellano, si no todas, proceden de la traducción del yiddish al inglés. En este caso, la traducción al inglés fue revisada por el propio Singer, lo cual da ciertas garantías, pero es una lástima que, tal vez por pura inexistencia de traductores cualificados, tengamos que penar con traducciones de una traducción. Pero es lo que hay.]

(The Last Demon)
En Una Boda en Brownsville (Short Friday)
Ed. Bruguera, col. Club
Barcelona, 1981 [1963]

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El Pispa, de Ed McBain

El Pispa, que podemos traducir como "El Ladrón" (el diccionario Merriam-Webster da la definición de "mugger" como la de aquel que ataca con intención de robar, que es algo más precisa) es la segunda de las novelas en la serie que Ed McBain escribió sobre la comisaría del distrito 87, una serie coral de largo alcance, y la inauguradora (y probablemente la mejor) de las novelas de procedimiento policial. Las características generales de la serie las hemos comentado ya (véase Los Crímenes del Relámpago), de modo que centrémonos en esta novela.
En ella, el personaje central de las aventuras de la comisaría, Steve Carella, está de viaje de luna de miel, de modo que McBain hizo una declaración de intenciones significando que los protagonistas de la serie no serían únicos, sino que sus novelas iban a tener como eje central a la ciudad de Isola (una Nueva York imaginaria pero con muchas concordancias con la ciudad real) y los diversos policías que pasaran por la sala de detectives de la comisaría del distrito.
En esta ocasión, los policías en cuestión son Roger Havilland y Hal Willis, pero tendrán la ayuda de un patrullero, Bert Kling, futuro detective. Y el caso al que se enfrentan es el de un ladronzuelo que roba bolsos a mujeres. Con una característica especial: después de realizado el robo, hace una inclinación y dice "Clifford os da las gracias". No es que sean robos de mucha importancia, pero a los policías no les gusta tener reincidentes en el distrito. Y las cosas se complican cuando una de las víctimas aparece asesinada. ¿O no es una de las víctimas?
En su tiempo, y esta es una de las primeras novelas, esta serie despertó todo el interés por la veracidad que  desprendía sobre los procedimientos policiales, sobre la vida diaria de una comisaría, sobre la vida de los policías que la componen y sobre la vida criminal (y diaria) de una gran ciudad.
McBain, al crearla tuvo esos aciertos, que no abandonó jamás, por mucho que en las últimas novelas se puedan discutir algunos excesos ideológicos. La lectura de cualquiera de las novelas de la serie es encontrarse con una novela policial diferente (muy en la línea de la serie de televisión que inspiró, "Hill Street Blues / Canción Triste de Hill Street"), que se disfruta mejor conociendo a los personajes, es decir, habiendo leído las novelas en su orden, pero que es igualmente disfrutable por sí sola. El género policial ha evolucionado mucho, pero las novelas de la comisaría 87 siguen teniendo un sabor especial y un ritmo rayano en la perfección.

(The Mugger)
Eds. 62, col. La Cua de Palla
Barcelona, 1964 [1956]
Serie Comisaría del Distrito 87 nº 2


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El Beso de la Mujer Araña, de Hector Babenco

SESIÓN MATINAL 

(Kiss of the Spider Woman); 1985


Director: Hector Babenco; Guión: Leonard Schrader, basado en la novela de Manuel Puig; Intérpretes: William Hurt (Luis Molina), Raul Julia (Valentín Arregui); Dir. de fotografía: Rodolfo Sánchez; Música: John Neschling; Diseño de producción: Clovis Bueno.

Un homosexual y un prisionero político están encerrados en la misma celda. Para distrerse, el político escucha las historias (películas) que el prisionero homosexual cuenta.
A partir de aquí se pueden trazar muchas historias, dependiendo, sobre todo, de cómo se cuenten, más que nada porque el lugar físico es limitado y la única salida al exterior la fantasía, y ciertamente babenco y Schrader logran componer una película con momenrtos de extrema poesía y ciertamente conmovedora.
Pero lo que llama progresivamente la atención es poder responder a la pregunta que se va planteando a lo largo del filme: ¿Pueden realmente dos mundos dispares, en pariencia incompatibles entre sí, llegar a encontrarse? Es más, ¿puede el homosexual realmente llegar a una posición política, sea por los motivos que sea, y el político hallar un mundo fuera de la ideología?
Es una cuestión que va calando en el espectador a lo largo de la película, y si bien la respuesta es que sí, cómo se produce esa prograsiva transformación, ese acercamiento de mundos, es lo que realmente mantiene el filme en marcha.
Soberbias interpretaciones de los protagonistas (Hurt obtuvo el óscar, Julia no, pero se lo merecía, porque la interpretación de Hurt no puede desligarse de la de su complemento en la escena), y un buen aprovechamiento del espacio, que se convierte en opresivo pero no en obsesivo, y que deja espacio al juego entre los dos protagonistas. Una película que merece verse y recordarse.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Grant Stewart en el Small's

Esta vez nos apartaremos de los nombres clásicos para centrarnos en el jazz que se está haciendo actualmente. Porque no todo tiempo pasado fue mejor (aunque a veces lo parezca), porque es necesario escuchar a los músicos de hoy que serán clásicos del mañana y porque, no teman, lo que hoy traemos, siempre gracias al buen criterio y sabiduría del Cifu, es una actuación impecable.
Se trata de Grant Stewart, un saxo tenor que bebe de las fuentes de inspiración de Sonny Rollins, con lo cual tenemos un sonido denso y potente, pero en absoluto desprovisto de delicadeza. Y le acompañan en quinteto una serie de músicos que, por lo que podrán escuchar, tienen todos los números para figurar en las enciclopedias jazzísticas del futuro. Joe Cohn a la guitarra, hijo del saxofonista Al Cohn, poseedor de un swing intenso y de una imaginación armónica y melódica destacables. Ehud Asherie al piano, con un toque límpido y cristalino, del que podrán comprobar en sus solos que es alguien al que se debe mucho respeto en la música. Kenji Rabson al contrabajo, eficaz y con un gran sonido. Y Philip Stewart, hermano del líder, un batería no sólo eficiente en su labor rítmica, sino destacable en los solos e intercambios.
La actuación, que tendrá mucho de bop, pero tocado por músicos de hoy, se abre con That's Earl Brother, suficiente como para dejar claro qué nos espera en este concierto: buena improvisación, técnica excelente, gran swing y gran espíritu jazzístico; sigue la inmortal balada de Hoagy Carmichael, Stardust, que representa una delicia de escuchar.
Acto seguido viene una pieza difícil del repertorio bop: Shaw 'Nuff, y como buena composición de Parker, llena de notas por todas partes; hay que saber mucho del instrumento y de jazz para superar la prueba, y en esta ocasión, el quinteto está a la altura de las mejores interpretaciones de esta pieza. Escúchenla con atención, porque aquí no se puede escaquear nadie: o todos cumplen o la pieza no funciona; y cumplen con creces. Después, Carving the Rock, que después del anterior tema queda un poco diluida, pero que está magistralmente interpretada también.
Para seguir con grandes nombres del bop, le toca el turno a Bud Powell y su Un Poco Loco, en donde destaca Ehud Asherie interpretando una pieza exigente para el pianista. The Folks Who Live on the Hill es, bueno, una delicada interpretación de una balada. You and Me, con sus reminiscencias a Tea for Two, interpretada a gran swing y con intercambios excelentes. Y Cohn on the Cob, tema compuesto por Joe Cohn, muy extraño, muy estimulante, muy innovador y a la vez cautivador, que demuestra de nuevo la potencia del quinteto.
Una actuación, repito, impecable, sin un momento en que la atención se desvíe de la música, por un saxofonista que ya es uno de los mejores de nuestro tiempo, acompañado por unos músicos que no le van a la zaga. Que la disfruten.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Para Tomar con una Pizca de Sal, de Charles Dickens

Para Ser Tomado con una Pizca de Sal, es decir, para ser leído con reticencias. Esta declaración escéptica e irónica del propio autor (que hizo uso extenso del humor en sus escritos)no desmerece una de las mejores historias de fantasmas de su autor, y una de las mejores de todos los tiempos. Puesto que pueden leer el relato completo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña, no me extenderé demasiado en el argumento. Baste decir que, cuando la ciudad de Londres va llena de noticias y comentarios al respecto de un asesinato, el protagonista de la historia ve, ante su ventana, un curioso hecho: un hombre pasa, seguido por otro que sostiene el brazo en alto en actitud amenazadora, sin que los transeúntes parezcan extrañarse por semejante actitud.
Cuando el protagonista es nombrado jurado en el proceso para juzgar al asesino, se sorprende al ver que el que se sienta en el banquillo de los acusados es el hombre amenazado que pasó ante su ventana. Pero su extrañeza será mayor cuando ese espectro que seguía al hombre aparece también en el tribunal, en apariencia sólo pudiendo ser visto por él, aunque ciertamente influencia a todos aquellos a los que se acerca.
Más que terror, lo que provoca el relato de Dickens es un sentimiento de extrañeza. La situación es insólita, y francamente original, y el manejo de los tiempos y las escenas por parte del maestro inglés es absoluto.
Dickens había probado en sus inicios las historias de fantasmas, pero había cometido el error de ceñirse a los parámetros del gótico, alejándolas en el tiempo y el espacio. Las mejores en este género surgidas de su pluma son aquellas en las que se ciñe a su época y a los ambientes y paisajes que tan bien conocía. Es así como consigue introducir lo fantástico e irreal con plena efectividad en el mundo cotidiano, retratado con tal viveza que surge de las páginas.
Pero no es sólo realismo lo que impera en este cuento, sino una comprensión del efecto y las causas del fantástico en literatura, y de cómo introducirlo progresivamente en la mente del lector.

(To Be Taken with a Grain of Salt)
En Historias de Fantasmas
Ed. Fontamara, col. Rutas
Barcelona, 1980 [1865]

Texto en castellano de Para Ser Tomado con una Pizca de Sal
Texto en inglés de To Be Taken with a Grain of Salt

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Pasaje al Paraíso, de Michael Connelly

Pasaje al Paraíso, título castellano que sólo muy indirectamente (pero mucho) tiene algo que ver con lo que cuenta la novela, y que en original es Trunk Music [Música de Maletero], expresión que se refiere a los muertos por disparos en el maletero de un automóvil, algo que sucede desde las primeras páginas, es una de las mejores de la serie, si no la mejor, que Connelly dedica al detective angelino Hieronymus "Harry" Bosch.
Un hombre aparece muerto de dos disparos en la cabeza en el maletero de su Rolls Royce, un asesinato que tiene toda la apariencia de ser asunto mafioso. Pero sucede que la Unidad contra el Crimen Organizado se inhibe del caso. El muerto es un productor de películas de porno suave y vivía a todo tren; tal vez demasiado bien. Tal vez, si tenemos en cuenta que iba a ser inspeccionado por hacienda gracias a una denuncia anónima. Todo apunta a un blanqueo de dinero, pero hay una viuda demasiado fría ante la muerte de su marido, una intrusión en las oficinas de la productora para retirar un micrófono oculto, numerosos viajes a las Vegas de la víctima y una amante escurridiza.
A todo esto debe enfrentarse Harry Bosch y su equipo, en una investigación que parece pisar unos cuantos juanetes de diversos departamentos, y que, llegada a un punto de inflexión, parece demasiado fácil, como si los indicios apuntaran demasiado claramente a un culpable.
En otro aspecto, la vida privada de Bosch da un giro cuando, en su investigación en Las Vegas, encuentra a Eleanor Wish, ex-agente del FBI, ex-convicta y algo más que una ex-compañera de trabajo para Harry, y el amor vuelve a resurgir.
Connelly es un excelente autor de novela negra, uno de los pocos que merecen seguirse de entre los estadounidenses actuales. Su sentido de la trama es magnífico; su personaje central es un irreductible idealista pragmático y desengañado, que ama su trabajo y lo ejecuta sin importarle ascensos o degradaciones, ni sus jefes y sus politiquerías. Un tipo fundamentalmente honesto dispuesto a enfrentarse a cualquiera en su búsqueda de los culpables, siempre rodeado de unos compañeros que le siguen por la lealtad que Bosch demuestra hacia ellos.
Pero, también, Michael Connelly procede del periodismo, y sus novelas no le abstraen jamás de la historia de una ciudad, Los Ángeles, a la que ama con todos sus defectos (y de su suburbio oscuro, Las Vegas), ni del clima moral que impera en cada momento en la sociedad americana.
Los europeos han aprendido muy bien la lección de la novela negra americana clásica, mientras que los estadounidenses parecen haberla olvidado, perdidos en las tramas y la pirotecnia. Salvo Connelly, que llega a la literatura gracias a su admiración por Raymond Chandler, y que sabe muy bien qué hacer y cómo hacerlo en sus escritos.

(Trunk Music)
Rocaeditorial, col. Rocabolsillo / criminal
Barcelona, 2009 [1997]
Serie detective Hieronymus "Harry" Bosch nº 5

Portada y sinopsis

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Una Breve Historia de Casi Todo, de Bill Bryson

Ustedes saben que Bill Bryson es un autor particularmente favorecido en este blog. Lo que me gusta de él es que, siendo absolutamente estricto en su investigación y documentación, sus intereses se muieven en un rango tan amplio que sus libros representan una sorpresa continua. Y además, tiene un gran sentido del humor.
Una Breve Historia de Casi Todo, que en su día fue (y sigue siendo) todo un éxito de ventas, público y crítica, trata de «cómo pasamos, en concreto, de no ser nada en absoluto a ser algo, luego cómo un poco de ese algo se convirtió en nosotros y también algo de lo que pasó entretanto y desde entonces». Lo curioso es que esta tímida frase abarca toda la historia del universo, nosotros incluidos (aunque seamos una micronésima fracción de esa historia), y de lo que hemos desentrañado hasta el momento y cómo lo hemos hecho. Lo cual ya constituye en sí una buena historia, podríamos decir que una novela magnífica, porque en nuestro conocimiento de las ciencias que rigen el mundo (física, química, geología y biología) hemos ido muchas veces del error a la certeza, cuando no marchado de la genial intuición al error.
Y es una historia que sigue en marcha. No hace ni un mes que se anunciaba que se habían descubierto algunas de las funciones del llamado "ADN Basura", que se intuía que servía para algo, pero no se sabía bien para qué.
Los méritos de Bryson son hacer que esta historia resulte comprensible, lo cual es algo difícil, sobre todo cuando la física llega a un punto en que se parece a la metafísica cuántica; y hacer que resulte ágil y, sobre todo, amena.
También hay que reconocer su brevedad. Cuatrocientas y pico páginas para resumir la historia del universo y lo que contiene (o lo que sabemos que contiene) pueden parecer hasta pocas, pero Bryson se las apaña muy bien para conseguirlo, haciendo unas cuantas reflexiones de paso sobre qué queremos hacer los humenos en este universo, lo que deberíamos hacer y recordarnos que somos muy frágiles, y lo seremos aún más si vamos destruyendo nuestra casa, es decir, el planeta que nos sostiene (o nos soporta, muchas veces).
Bryson tiene la intuición genial de hacer que la teoría científica deje paso a la historia de los descubrimientos, incluyendo unos simpáticos retratos de los descubridores, y estimular, paso a paso, la curiosidad del lector. En su recorrido de lo más grandioso a lo más pequeño, y de regreso a la inmensidad, pero con nosotros incluidos en ella, esa curiosidad benéfica no puede quedar satisfecha del todo, porque queda mucho por lo que sentirse curiosos, pero lo más importante de este libro es que cualquiera, después de haberlo leído, podrá encarar cualquier noticia científica que se precie con conocimiento de causa, sin que le suene a algo arcano y desmedido que es incapaz de comprender sin haber cursado (por lo menos) una licenciatura. Es un mérito enorme, un libro que resulta, a la vez, apasionante como una novela de viajes e instructivo como un buen libro de texto (cosa, esta última, que apenas existe en el mundo educativo). Cualquiera que quiera saber de ciencia sin dedicarse a ella debería adentrarse en Una Breve Historia de Casi Todo. Y dejarse llevar por la alegría de saber, sin más.

(A Short History of Nearly Everything)
RBA Libros
Barcelona, 20045 [2003]

Portada y sinopsis