Jazz Porque Sí: Jean-Luc Ponty en el Chameleon de París

El violín tiene mala fama en jazz. A saber porqué. Tal vez sea que es un instrumento estridente, aunque sabe el cielo que hay otros más estridentes todavía que hacen fortuna. Quizás sea porque, para demostrar la valía con el violín hay que adornarse, y el jazz tiene cierta aversión a las florituras. No lo sé. El caso es que desde los lejanos tiempos en que Joe Venuti tocaba con orquestas en la era del swing, el violín en jazz es un patrimonio casi en exclusiva francés. Desde luego, Stéphane Grappelli fue el punto de inicio, de madurez y de revolución del instrumento, pero cuando el jazz se puso el traje de la modernidad, quien la trajo con las cuerdas de violín fue Jean-Luc Ponty. Incluso recibió el violín de Grappelli, en un acto que era como nombrarle sucesor a la corona del instrumento (y después, Ponty y Grappelli lo entregaron a Didier Lockwood, un violinista que les recomiendo encarecidamente, pero esa es otra historia).
Y Ponty fue el rey del instrumento con toda justicia. De técnica va sobrado, pero de ideas... es inagotable. De manera que hoy tenemos la ocasión de escuchar a un violinista de marca mayor, en una actuación que incluso hoy puede definirse como moderna e impecable, como se puede percibir escuchando el primer tema, So What; Miles Davis no hubiera puesto ninguna objeción, antes biem, seguro que le hubiese encantado. Los músicos que acompañan a Ponty (o mejor dicho, que integran el trío HLP) son el excelente batería Daniel Humair, compositor y arreglista de muchas bandas sonoras del cine francés y músico excepcional, y Eddy Louiss al órgano, que no sólo es un solista grandioso sino que con el pedalero puede suplir a un contrabajo con total rigor y buen juego musical. Aparte del tema de Miles ya citado, escucharemos Nostalgia in Times Square; Carol's Garden; That's All, con Ponty demostrando que no sólo toca moderno, sino que es capaz de encarar una balada de manera no sólo impecable sino magistral; Bags' Groove; Sonnymoon for Two; Oleo, con un solo de Ponty para descubrirse; e, incompleto, Summertime; una lástima lo de este último tema, ya que la intervención de Ponty ha pasado a las antologías.
Que Ponty es un maestro del jazz no hace falta que lo diga yo, porque hace décadas (prácticamente desde su aparición en escena) que es sabido. Disfruten pues de este maestro, y presten atención a los comentarios del Cifu, siempre valiosos. 


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