A la Deriva Ante los Islotes de Langerhans: Latitud 38º 54' N, Longitud 77º 00' 13'' O, de Harlan Ellison

Uno de los mejores relatos de Harlan Ellison, y uno en el que las cualidades de este escritor inimitable (aunque parodiado) están más a la vista; su irreductible modernidad, su gusto por la experimentación y el riesgo, y el aprovechamiento de las tradiciones para llevarlas a un nuevo nivel.
Aquellos que busquen los Islotes de Langerhans harán bien en no consultar un atlas sino un tratado de anatomía. Estos acúmulos de células, que toman el nombre de su descubridor, se sitúan en el páncreas. Tras esta precisión geográfica, que ya marca que la re4alidad de este relato no va a ser estrictamente la que conocemos, digamos que su protagonista llegará a este punto de su propio cuerpo porque está buscando las coordenadas geográficas para localizar su alma.
El protagonista en cuestión es Lawrence, o Larry, Talbot y el científico que le ayudará a conseguir su objetivo es un tal Victor; a estas alturas de siglo debería ser superfluo recordar que Larry Talbot es el hombre-lobo más conocido de la pantalla grande, al menos por aparición en número de filmes; y que no es muy erróneo sospechar que el tal Victor es en realidad alguien de la estirpe de Victor Frankenstein.
Que quien busca su alma sea un hombre-lobo no es un capricho. El licántropo es sin duda el tropo más utilizado en el tema del doble, de la dualidad apolíneo-dionisíaca y, en suma, de la lucha entre espíritu y materia. De modo que casi es natural que un hombre-lobo busque dónde se aloja aquello que le hace hombre y porqué eso queda momentáneamente encerrado y aislado de su yo.
Desde el mismo momento en que esas coordenadas del alma de Talbot son localizadas, llegar mediante un holograma cuántico del mismo Larry es el tema. Pero no hay nada de Viaje fantástico aquí. Harlan Ellison es un representante prototípico de la ficción especulativa, no de la ciencia ficción dura, de modo que, tras una evocación a las enseñanzas de Don Juan, de Castaneda, el viaje por el cuerpo humano de Talbot se convierte en una expedición a un paisaje de realidad alternativa, no de realidad biológica. 
Qué encuentra Talbot es otro asunto, y Ellison no es tampoco escritor que proporcione respuestas mascadas, sino que entra en complicidad con cada lector. Baste decir que tiene que ver con el concepto de humanidad, con el de vidas desperdiciadas a las que habría que dar una segunda oportunidad y algo de solidaridad, y con lo más humano que tenemos, que es ser gregarios y no solipsistas.
Como pueden deducir, no es el cuento de ciencia ficción convencional, pero es que Ellison jamás ha sido un autor de género convencional. De hecho, no es un autor convencional, y punto. Una imaginería propia, su estilo y su tratamiento de los temas lo hacen sorprendente, original casi siempre, irreductible en todas las ocasiones. Ferozmente comprometido también; no políticamente, pero sí con su arte y con nuestra especia. Ellison puede citarse junto a otros grandes de la ficción especulativa, Dick, Spinrad, Ballard, Moorcock, pero eso es sólo una adscripción estilística. En el fondo, es único.

(Adrift Just Off the Islets of langerhans: Latitude 38º 54' N, Longitude 77º 00' 13'' W) 
En Ciencia Ficción elección 25
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 1976 [1974]
Presentación de Carlo Frabetti


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