Two Minutes Forty-Five Seconds, de Dan Simmons

Dos Minutos Cuarenta y Cinco Segundos es un relato que puede (o puede que no, y este puede que no se basa principalmente en motivos legales) estar basado en la catástrofe del Challenger, el transbordador espacial que explotó en pleno vuelo; como bien dice en su introducción Ellen Datlow, es un relato que trata sobre la culpa. Y es así, aunque tratándose de Dan Simmons, ni las cosas son sencillas, ni el tratamiento es lineal.
Los que comprendan el inglés pueden leerlo en el enlace que figura al pie de esta reseña; aquellos que no, tendrán que fiarse de mi resumen.
El relato se inicia en una montaña rusa, y eso da la impresión de que el cuento tratará sobre esa conocida fobia como es el vértigo. Y sigue en la misma línea, en un avión privado que se va elevando, para aprensión del protagonista de la historia. Sin embargo, conforme avanza el relato vamos descubriendo cosas. Que el protagonista es uno de los principales ingenieros de cohetes y aerodinámica del país, por ejemplo. Y que ese vértigo que ahora sufre es sobrevenido. Antes, volaba y podía soportar cualquier tipo de alturas. Pero hubo un hecho que desencadenó esa fobia.
Sin mencionarlo, ese hecho fue la explosión de un transbordador espacial. En la realidad, el Challenger explotó cuando a pesar de las advertencias de algunos ingenieros, las presiones de la NASA hicieron efecto y la compañía fabricante dio el visto bueno a la estanqueidad de los tanques de combustible, aun sabiendo que existía una probabilidad de que fallaran si se daban ciertas condiciones. En ese desastre sólo quedó intacta de la nave la cabina de la tripulación, aunque todos los tripulantes resultaron muertos. La caída de esa cabina duró cerca de tres minutos. De ahí los Dos Minutos Cuarenta y Cinco Segundos del título.
En flashbacks insertados entre el transcurso real del vuelo en avión del protagonista, vemos cómo se gestó (o cómo pudo gestarse) esa presión a los ingenieros y cómo se plegaron. Y también asistimos a la obsesión del protagonista por las caídas libres, los cálculos que hace sobre ellas, y el recuerdo entremezclado con las imágenes de la cabina de vuelo. Y el protagonista decide, de hecho lo ha decidido mucho antes, pagar por lo que ha hecho, y que paguen los ingenieros que le acompañaron en la decisión y que están con él en el avión. La caída no será desde tanta altura. Pero, gracias a la superficie del aparato y a la resistencia del aire, puede que sí se acerque a los dos minutos y cuarenta y cinco segundos.
Es un relato sobre la culpa, es innegable, y uno excelentemente escrito (fríamente escrito, y sin embargo emocional) por uno de los escritores de género más literarios (las referencias a la literatura clásica y a los escritores son constantes en sus obras) y que más fulgurantemente irrumpió en el campo de la ciencia ficción y el terror.

En Demons & Dreams. The Best Fantasy and Horror 2
Legend / Random Century
Londres, 1990 [1988]
Ed. de Ellen Datlow y Terri Windling

Texto en inglés de Two Minutes and Forty-Five Seconds, con una introducción del autor

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