Sección Especial, de Costa-Gavras

SESIÓN MATINAL 

(Section Spéciale); 1975

Director: Costa-Gavras; Guión: Costa-Gavras, Jorge Semprún, basado en el libro de Hervé Villeré; Intérpretes: Louis Ségnier (Guardasellos Joseph Barthélémy), Roland Bertin (Dayras, secretario general del ministerio de Justicia), Michael Lonsdale (Pierre Pucheau, ministro del Interior), Ivo Garrani (Almirante), Claude Piéplu (Bénon, presidente de la Sección Especial), Michel Galabru (presidente Cournet), François Maistre (Marqués Brinon, delegado general de Vichy), Jacques Spiesser (Fredo, resistente comunista); Dir. de fotografía: Andreas Winding; Diseño de producción: Jacques Perrin, Giorgio Salvagni; Música: Éric Demarsan; Montaje: Françoise Bonnet.

En lo que se dio en llamar Estado Francés, conocido popularmente como Francia de Vichy, se produjo un hecho vergonzante que sigue siendo poco conocido. La resistencia empezaba a operar, y el gobierno de Pétain, no tanto para evitar la muerte de rehenes a manos de los alemanes como para ejercer de "simpático" y buen aliado, de "compañero de viaje" de los nazis al que tener en cuenta cuando el nuevo orden mundial imperara, creó una Sección Especial, un tribunal encargado de realizar juicios sumarísimos, rápidos y en su mayoría mortales a esos resistentes, recalcando ante los alemanes cómo los franceses sabían castigar a los "terroristas". Esta película, de un director tan combativo como Costa-Gavras y con guión de él mismo y de un Jorge Semprún en plena forma, es la historia de la creación de esta sección especial.
Para empezar, Costa-Gavras no nos ahorra, con cuatro imágenes bien seleccionadas y rodadas con la habitual maestría del director, ponernos en situación respecto a lo títere que era el gobierno de Vichy. Si la película se abre en una representación de ópera, cuando nos trasladamos a la sede de gobierno, en un balneario, y vemos a las esposas de los ministros criando gallinas en los pasillos no nos hacemos ilusiones: el gobierno de Vichy es uno de opereta. Pero hasta un gobierno de opereta tiene una capacidad destructiva enorme, si se empeña en ello.
Cuando después de un atentado contra un oficial de la marina alemana en París, este mismo gobierno se compromete a tener dispuestas seis sentencias de muerte en un plazo rápido, es evidente que se va a cometer un crimen de estado, con todas sus letras.
Costa-Gavras, como ya he dicho, es un gran director. Hay una escena en la que el oficial de enlace jurídico alemán contempla con estupefacción no exenta de cierta sorna, a los franceses anunciándole que se va a crear esa sección especial, que se va a juzgar y condenar a esos "culpables". Y que, como no se ha realizado ningún arresto, se juzgará a gentes que ya están en prisión, aplicándoles una ley sumaria y retroactiva. El oficial alemán no da crédito.
Lo que sigue es el relato de una historia de infamia, como es el primer juicio de esa sección especial, en el que incluso uno de los miembros del tribunal, seleccionado precisamente por militar en Action Française y tener visiones políticas afines a los petainistas, escandalizado por el despedazamiento de la Justicia que supone semejante farsa, se niega a votar las condenas a muerte.
Una película, política, sí, pero rodada en gran cine, con una historia tensa, trágica que merece ser contada y más aún conocida. Y hay que decir, para terminar, que esa sección especial siguió funcionando durante toda la ocupación, y que después de la guerra no se hizo apenas nada para castigar a aquellos que pervirtieron de tal manera el sentido de las leyes que las dejaron en nada.

Tráiler: Esta vez no se trata de un tráiler, sino de una pequeña escena de la película, que muestra el clima que Costa-Gavras imprime al filme.

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