La Bestia con Cinco Dedos, de William F. Harvey

El relato que inspiró la película homónima de Robert Florey, con Peter Lorre como protagonista; un Peter Lorre que parecía especializado en manos asesinas, ya que también había interpretado Las Manos de Orlac. Pero hoy no hablamos de cine, sino del relato que fue el origen de la versión fílmica.
Lo cierto es que la autonomía de partes del cuerpo humano, ya en vida o tras la muerte, ha sido un temor que proviene de antiguo. Tal vez hay algún rastro de él en los viejos aforismos bíblicos ("si tu mano derecha peca...", etc.), pero lo cierto es que su auténtica dimensión empieza a ser comprendida con la aparición del psicoanálisis.
Desde luego, es posible encontrar patologías que atribuyen actos no deseados a partes del cuerpo necesarias para realizarlos. Y obsesiones respecto a esas partes corporales; tal vez una de ellas sea la del padre de todo el género moderno, Poe, con los dientes de Berenice.
Pero también las manos son inquietantes por muchos motivos. Son nuestro instrumento principal, y ciertamente parecen tener autonomía. El comportamiento nervioso muchas veces se descubre en movimientos inquietos de las manos, como el manejar objetos o dibujar en un papel. Por tanto, no es de extrañar que la literatura le haya dedicado su rinconcito a estos pequeños monstruos que nos son tan familiares.
Harvey construye un buen relato (aunque con ciertas concesiones argumentales para que la historia siga adelante) con Adrian Borlsover, un ciego tío de Eustace, el protagonista, que parece dotado del don de la escritura automática. Una escritura que realiza la mano cuando Borlsover duerme, pero que no parece tener nada que ver con los pensamientos del anciano.
Tiempo después el viejo Borlsover muere, y Eustace recibe la mano cortada de su tío, por expresa voluntad testamentaria. Claro que el lector sospecha que el autor de ese legado no fue el propio Borlsover...
El relato, aun siendo desigual y teniendo los fallos apuntados (después de mostrada su malignidad y capturada, el protagonista decide conservar la mano en una caja en lugar de destruirla; una muestra más de esa predilección de los protagonistas del género por realizar cosas insólitas, como bajar a un sótano después de haber escuchado un ruido sabiendo que un asesino corre suelto por la vecindad; si puede ser iluminándose sólo con una vela, mejor), cuando alcanza sus momentos álgidos, pone los pelos de punta, como es su obligación: la rapidez del desplazamiento de la mano, su acecho, o su misma crueldad al asesinar a un loro.
Pero lo mejor del relato casi diríamos que no es su literalidad, sino su capacidad para despertar ciertos temores que anidan en la mente de los lectores y que en nuestra vida normal superamos. Semejantes recordatorios a nuestras pequeñas fobias, cuando se realizan por amor al arte, son de agradecer.

(The Beast with Five Fingers)
En Horrorscope 2. Mitos Básicos del Cine de Terror
Ed. Nostromo
Madrid, 1974 [1928]

Hay edición castellana reciente de este relato en Editorial Valdemar

Texto en inglés de The Beast with Five Fingers
Portada y sinopsis de la edición castellana

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