El Libro de Blam, de Aleksandar Tišma

Esta novela, extraña a veces, es tres cosas a la vez. La primera, un fresco histórico de uno de esos pequeños conflictos que quedaron sepultados bajo la magnitud del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial; se trata de las anexiones que sufrieron partes de los Balcanes por parte de sus vecinos (en época más reciente, se comentó mucho acerca de la "Gran Serbia". Es más desconocido del público que existían respectivas aspiraciones a grandes Hungrías, Bulgarias, Rumanías, etc.). En este caso la Voivodina, región yugoslava que en la debacle subsiguiente a la invasión nazi, fue ocupada por Hungría. Lo que sucedió después, aunque poco conocido, tiene ciertas reminiscencias con lo que sucedió en toda Europa: limpieza étnica y racial, supremacía de la minoría húngara, pillaje, saqueo y todas cuantas bestialidades se les ocurran. Tišma se ocupa de lo sucedido en su capital, Novi Sad, y lo hace de tal manera que esta población se convierte en un personaje más.
La segunda, tal vez la más evidente, es la anunciada por el título. Blam es un superviviente. Lo hallamos ya en la época de la Yugoslavia de Tito, pero a través de su historia vemos que ha sobrevivido a la muerte, casi por milagro, porque milagro son las diferentes casualidades que se han dado en diversos momentos de su vida. Se casó con una cristiana, lo que impidió que fuera tratado racialmente como judío. No fue a visitar a sus padres como debía, y así tal vez se libró de ser fusilado junto a ellos en la gran redada que realizaron los ocupantes húngaros. En esa misma redada, un periodista que podía verse comprometido si descubrían a una amiguita en su piso salió en defensa de todos los vecinos del bloque y así el oficial magiar se mostró benévolo. Cuando los titistas entraron en la ciudad, a ese mismo protector le fue impedido que se acercara a Blam, con lo que éste se libró de ser sospechoso de colaboracionismo. Y tal vez alguna otra que no recuerdo. El caso es que Blam sobrevive, pero no sabe realmente quién es. Ha pasado por todas las épocas renunciando a identidades; esas renuncias le han salvado la vida, cierto, pero han dejado un vacío enorme en él.
Lo que nos lleva a la tercera materia que trata esta novela, como es la vergüenza del superviviente. Es un fenómeno inquietante, pero comprobable, el que los supervivientes de los campos de exterminio, de los pogromos, de los fusilamientos en masa, sintieran posteriormente vergüenza por estar vivos, por ser ellos los que habían sobrevivido en lugar de los que habían muerto. Blam no sólo no sabe quién es, sino que se plantea cómo y por qué han tenido que morir los otros y, en cambio, él ha quedado con vida. Y su conclusión, terrible pero catártica, es que en el futuro no eludirá lo que es, no eludirá la bala que a él le está destinada.
Aleksandar Tišma es un narrador que a veces deslumbra. Ciertamente sus descripciones de la ciudad de Novi Sad son vívidas hasta hacerlas auténticas fotografías, pero además es su profundidad en los episodios y sus personajes lo que hace que esta novela tenga una potencia extrema. Procede en su marcha mediante el método de flashbacks intercalados, y eso le da esa estructura extraña, pero es una estructura que también conviene a la mente de su protagonista. Leer El Libro de Blam es entrar en la historia de una manera terrible, sin concesiones, pero también es hacerlo de la mano de un gran narrador.

(Knjiga o Blamu)
Quaderns Crema / Acantilado, col. Narrativa
Barcelona,  [1995]

Ciclo "Ramas Entrelazadas" nº 1

Portada y sinopsis

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