007 Contra el Doctor No, de Terence Young

SESIÓN MATINAL

(Doctor No); 1962

Director: Terence Young; Guión: Richard Maibaum, Johanna Harwood, Berkeley Mather, basado en la novela de Ian Fleming; Intérpretes: Sean Connery (James Bond), Ursula Andress (Honey Ryder), Jack Lord (Felix Leiter), Joseph Wiseman (Dr. No), John Kitzmiller (Quarrel), Bernard Lee (M), Lois Maxwell (Srta. Moneypenny), Zena Marshall (Srta. Taro), Eunice Gayson (Sylvia), Anthony Dawson (Profesor Dent); Dir. de fotografía: Ted Moore; Música: Monty Norman.

La primera en la serie de películas probablemente más longeva de la historia del cine, fue un éxito instantáneo, debido a que por primera vez a un argumento y clase de serie B se le daba un presupuesto más que digno para ser desarrollado y se beneficiaba de unos cineastas que eran unos artesanos de primera línea, amén de encontrar a su protagonista ideal en Sean Connery y de tener a una Ursula Andress protagonizando uno de los momentos más míticos del cine.
La clave de su éxito, dejando aparte la industrial, fue que además era una equilibrada exposición de temas de los años sesenta, como eran el sexo y la violencia, pero tratados con una cierta sorna, un cierto humor (que se reforzó mucho más cuando Roger Moore pasó a ocuparse del personaje); amén de poner la acción en decorados lujosos y localidades exóticas.
Todo ello expresaba un buen número de actitudes de la sociedad de los sesenta: el amor al lujo, la posibilidad del ascenso sin barreras sociales (Bond no es un aristócrata, no sabemos bien de dónde sale, pero se tiene la impresión de que era lo que Sean Connery: un estibador escocés metido a agente secreto que se desenvolvía más que bien en una sociedad elitista), el exotismo (que jamás mostraba la realidad social de los lugares que visitaba; Nassau era la de los ricos, no la de los bahameños normales y corrientes); y una libertad sexual sin restricciones y sin responsabilidades. Quienes tildan a Bond de machista tienen toda la razón del mundo. Pero tener razón no es poder obviar que el ideal masculino de la época era ese agente al que las mujeres se le entregan sin reservas y a las que parece que Bond les esté haciendo un favor al meterse en su cama, una especie de Casanova del siglo XX.
Sean estos factores una trampa o no, lo cierto es que la serie Bond nos dice mucho más sobre la sociedad y sus anhelos de la época que diez tratados sociológicos. Y además, lo hacía entreteniendo. Porque la serie es entretenida. Alejada por completo de la realidad del espionaje, de la Guerra Fría y de las otras, en sus desmesuras, sus artilugios, sus enemigos peculiares y su acción bien tramada la hacen una de las series de acción más disfrutables que existen.

Tráiler:

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