Pirate Latitudes, de Michael Crichton

El manuscrito de Latitudes Piratas fue descubierto, en teoría completo, tras la muerte de su autor en 2008. No voy a recordar aquí el respeto que me merece Michael Crichton como autor. Baste decir que siempre escribió con honestidad y con un buen hacer irreductibles, tanto que algunas veces logró trascender los límites del best-seller.
El éxito que le acompañó durante toda su vida le permitió más o menos escribir lo que le dio la gana en sus últimas épocas. Cuando se anunció que se había descubierto entre sus escritos una novela de piratas, confieso que sentí cierta excitación. Porque si alguien siempre se había documentado y había trasladado la atmósfera de una época a sus historias había sido Crichton (véase la impagable El Gran Robo del Tren). Y eso es cierto en Latitudes Piratas, por lo menos hasta cierto punto.
Narra la peripecia del capitán Hunter, un corsario que tiene acceso a una información con la que sueña todo filibustero en el Caribe: el paradero de un galeón de la flota del tesoro, refugiado en la isla-fortaleza de Matanceros tras haberse separado del convoy. Esa isla es inexpugnable, un suicidio en caso de atacarla, pero un buen plan combinado con lo enorme de la recompensa puede hacer que lo imposible se haga factible.
Se espera de Crichton que, en un género tan conocido como el piratesco, recoja todos sus temas y los aproveche, y así es: desde los combates navales hasta el asalto por tierra, desde el kraken al huracán caribeño, desde el abordaje hasta las normas de los Hermanos de la Costa, todo aparece y todo tiene su encaje en una novela de aventuras perfectamente tramada y satisfactoria.
Pero el toque Crichton no es el de los fuegos de artificio, por mucho que los utilice con pleno efecto; su sentido de la atmósfera, el sumergir al lector en una época, ése es su toque. Desde las primeras líneas en Jamaica, Crichton realiza un ejercicio de información prodigioso, tanto más como que esta información se integra en la narración, y el lector resulta trasladado al mundo en el que se desarrollará la novela.
Por descontado, esto no es una novela histórica. Matanceros no existe, ni el capitán Cazalla, ni muchas otras cosas, y Crichton se permite ciertas libertades con las distancias. Crichton es fiel a lo que le concierne, como es la atmósfera de la época y la vida cotidiana, pero en todo lo demás antepone la aventura al enciclopedismo. Y hace bien, entre otras cosas porque el lector no espera otra cosa.
Sin embargo, hay un punto débil. El final parece demasiado apresurado, y eso me lleva a conjeturar que tal vez el manuscrito fuera hallado completo, pero no totalmente acabado. Tengo la impresión de que esos últimos capítulos no eran más que un borrador de trabajo a elaborar con posterioridad. Es un inconveniente, y uno que, por desgracia, es irremediable.
A pesar de ello, todo lo que antecede es tan bueno que aun cuando la novela hubiera quedado inacabada hubiera sido una lástima no haber podido leerla. Como lector, y conocedor de las novelas de piratas, agradezco a Crichton que nos hiciera este regalo antes de morir.

Harper Collins
Londres, 20102 [2009]

Portada y sinopsis de la edición americana
Portada y sinopsis de la edición española

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