Harakiri, de Masaki Kobayashi

SESIÓN MATINAL

(Seppuku); 1962

Director: Masaki Kobayashi; Guión: Shinodu Hashimoto; Intérpretes: Tatsuya Nakadai (Hanshiro Tsugumo), Shimai Iwashita (Miho Tsugumo), Akira Isahama (Motome Chijiwa); Dir. de fotografía: Yoshio Miyajima; Música: Toru Takemitsu; Dir. artística: Junichi Ozumi.

Algunos críticos advierten que esta película tiene ese "ritmo oriental" que la hace parecer lenta. Bien, debo haber visto mucho cine japonés, tal vez demasiado, no sé, pero sólo hallé unos poquísimos minutos de esa lentitud en este filme, y el resto de sus 133 minutos los encontré con un ritmo no sólo adecuado, sino vivo en ocasiones.
El mérito es, aparte de la mano de Kobayashi y de las interpretaciones, su historia. En el Japón del siglo XVII, los samurais que se habían quedado sin señor por las guerras civiles que encumbraron como Shogun a Tokugawa, adquirieron la costumbre de presentarse en las casas de otros señores y pedir que se les dejara un rincón para poder hacerse el harakiri con dignidad. El origen de tal costumbre estaba en un guerrero que efectuó tal petición y, conmovido el señor, lo unió a su ejército propio. La costumbre ha degenerado, y los samurais sólo aspiran a que se les dé unas monedas como limosna.
Esto no es así en un caso. Un señor, harto de la costumbre, que denigra el espíritu del bushido, fuerza la mano y acepta la petición del joven (Motome), y dispone todo para que realice el suicidio ritual. Las escenas de este acto no nos son escatimadas, y ya el espectador, desde el principio, percibe que hay un punto de crueldad exagerado en el hecho de la obligación que imponen el señor y sus guerreros a Motome para que se suicide.
Cuando ante ese mismo señor se presenta otro de tales samurais (Hanshiro), le advierte de lo que puede suceder si se mantiene en su voluntad relatándole la historia de Motome. pero Hanshiro está decidido. Como padrino para que lo decapite una vez realizado el evisceramiento, Hanshiro reclama uno a uno a tres grandes guerreros de la casa, pero los tres están ausentes e indispuestos. Esto es un hecho inusitado, y Hanshiro pide relatar la historia de cómo ha llegado a su decisión del suicidio.
Pues las cosas no son lo que parecen, y Motome no estaba haciendo un acto indigno para su beneficio personal. Y resulta evidente para todos, en el transcurso de la historia, que el trato que le fue dado no fue precisamente digno.
A partir de aquí, los acontecimientos se precipitan.
Esta película parte de un enigma que parece resolverse con una historia y que en realidad no se resuelve sino con otra, la que cuenta Hanshiro. Esto sería bastante, pero además, y en una sociedad tan formal como la japonesa, el ataque a las convenciones, a los códigos estrictos, es brutal. La frase "Después de todo, esto que llamamos honor del samurai, no es sino una fachada" puede resumir muy bien el mensaje de la película.
Tensa y emocionante, Harakiri es una joya del cine, una historia en la que nada es prescindible y que posee una belleza oculta en su aparente brutalidad.

Tráiler:

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