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Los Gondoleros Silenciosos, de William Goldman

(The Silent Gondoliers)
Ático de los Libros
Barcelona, 2010 [1983]
Ilustraciones de Paul Giovanopoulos

Hace ya mucho tiempo, antes de la película y de que ni siquiera se hubiera traducido al castellano, entre los mentideros de los aficionados a la fantasía empezó a correr el rumor de que había aparecido una novela que parecía tener todos los visos de ser algo notable. Los que podíamos leer en inglés nos apresuramos a adquirirla, y no quedamos defraudados. La novela en cuestión era The Princess Bride / La Princesa Prometida, esa mezcla sabia de aventuras, fantasía, humor y metaficción que había escrito William Goldman (grandísimo guionista) por la pluma intermedia del imaginario e imaginativo S. Morgenstern.
Tiempo después corrió la noticia de que había aparecido otra novela de "Morgenstern", The Silent Gondoliers, y volvimos a apresurarnos a adquirirla. Aquellos que esperaban un clónico o una continuación de La Princesa Prometida quedaron defraudados. Los que, sencillamente, apreciábamos el estilo benéfico de la escritura de S. Morgenstern, en cambio, finalizamos su lectura con una sonrisa en los labios y la satisfacción de haber leído una de esas pequeñas fábulas delicadas que tienen todos los ingredientes para transportar al lector a otro mundo tan fascinante como el Florin de La Princesa Prometida.
Hoy, 27 años después de su publicación, Ático de los Libros (una editorial que tiene un catálogo más que interesante) la trae finalmente a la lengua española, incluyendo las magníficas ilustraciones origianles de Paul Giovanopoulos.
Todo el mundo sabe que los gondoleros de Venecia son los mejores cantantes del mundo. Pero, como sabe todo el mundo, los gondoleros ya no cantan.
Los Gondoleros Silenciosos es la historia de porqué esta súbita mudez, y la de Luigi, el más prodigioso gondolero de la historia de Venecia, y uno que carecía de oído musical de tal manera que hubo de abandonar el oficio al que estaba destinado y ponerse a lavar platos... Hasta que salvó la Iglesia de las Almas de los que Murieron por el Mar.
La sencillez de esta historia no debe engañarnos; está contada en ese estilo entre la fantasía y la realidad que convierte en atractivas estas narraciones de Morgenstern / Goldman. Y si el tono es el de una fábula amable y exultante, también es un tono que incluye lo bastante de la vida real, que es básicamente injusta, como para convertirse en verosímil. Desde la comicidad hasta el drama, desde el mito al naturalismo, todo, como sucedía en La Princesa Prometida, se encuentra en este libro.
Es difícil sobreponer una historia a una ciudad, Venecia, que es un mito por sí misma. Después de leer Los Gondoleros Silenciosos, el lector añadirá a su visita a San Marco y el Gran Canal la búsqueda imposible de la taberna de los gondoleros y la Iglesia de las Almas de los que Murieron por el Mar. Y la búsqueda valdrá la pena, si es llevada de la mano del espíritu de este libro.

Portada y sinopsis

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El Rey Pescador, de Terry Gilliam

SESIÓN MATINAL

(The Fisher King); 1991

Director: Terry Gilliam; Guión: Richard LaGravenese; Intérpretes: Robin Williams (Parry), Jeff Bridges (Jack), Amanda Plummer (Lydia), Mercedes Ruehl (Anne), Michael Jeter (el homeless cantante de cabaret); Dir de fotografía: Roger Pratt; Música: Geeorge Fenton; Diseño de producción: Mel Bourne; Montaje: Lesley Walker.

Jack, un famoso e iconoclasta locutor de radio comete un error que causa un asesinato. Hundido, autodestruido y salvado in extremis tanto de un intento de suicido como del asalto de una banda por Parry, Jack empieza a obsesionarse con lograr la redención de sus faltas ayudando a Parry, lo cual le llevará a las situaciones más estrambóticas, culminando con la búsqueda del Santo Grial en pleno corazón de Nueva York.
Una película extraña, incluso para ser de Terry Gilliam, y una que deja un regusto amable y que logra emocionar a pesar de tener bastantes elementos para no gustar. Primero, el histriónico Robin Williams, que en esta ocasión tiene un papel en el que por lo menos el histrionismo está justificado. A pesar de ello, en ocasiones roza lo excesivo. Segundo, lo atrevido de su trama, trasponer una leyenda medieval al Nueva York actual. Tercero, el peculiar humor del que siempre ha hecho gala Gilliam y que muchas veces corre el riesgo de desvirtuar la historia central.
Y sin embargo... Gilliam es un director sin medias tintas, o te gusta o lo odias, y prefiero que me guste. Porque al final, y sumado todo, la película funciona. De una manera peculiar, pero funciona. La imaginería de la que siempre ha hecho gala el director se funde a la perfección con la historia, Bridges, Plummer y Ruehl hacen interpretaciones espléndidas, la historia cabalga siempre en el límite de la realidad y la fantasía, y parece adecuado que así sea, y las situaciones logran hacer reír cuando deben y emocionar cuando tocan.
Una película extraña, insisto. Con todos los elementos para fracasar en su intento, sin embargo triunfa. Algo especial debe tener.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Duke Ellington en la Travis Air Force Base (II)

Reemprendemos la audición de ese concierto bailable que Duke y su orquesta reazlizó en la base de las fuerzas aéreas en Travis, California. Ya verán como es una gozada...
Un programa compuesto por Just A-Sittin' and A-Rockin' y Take the A-Train, ambos con vocales de Ray Nance, un trompetista (y violinista) que me gusta particularmente cuando de cantar jazz se trata; una preciosa balada para especial lucimiento de Paul Gonsalvez, Where or When; después, ese tema favorito mío (tengo muchos temas favoritos de Duke, pero eso es otro asunto), el inquietante The Mooche; y entonces Duke se permite interpretar una versión "ellingtoniana" de un tema de su colega y amigo Count Basie, One O'Clock Jump, en el que verán que la orquesta se lo pasa en grande. Ozzy Bailey cantará con su habitual sentimiento (y mucha conversación de fondo; es lo que tienen los directos en salones de baile) Les Feuilles Mortes / Autumn Leaves, y entonces la orquesta atacará un Oh Lady Be Good que remata la actuación antes de despedirse sobre los acordes de la composición de Mercer Ellington Things Ain't What Used to Be.
Para completar el programa, el Cifu, al que siempre hay que estar atento por sus comentarios, nos dará un adelanto de una próxima actuación con un Juniflip de antología.
Espero que lo disfruten, y, si no bailan, por lo menos muevan los pies...


Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Two Suns Setting, de Karl Edward Wagner

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1975]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

La fantasía heroica, la sword & sorcery, tiene unos márgenes muy limitados, unos clichés muy concretos, de modo que es fácil que resulte repetitiva. Cosa que puede gustar a cierta clase de público, así como los niños gustan de la reiteración en los cuentos infantiles; se trata de un fenómeno, el de la repetición de lo ya conocido y familiar, que es bien comnocido y que remite a la anticipación de las emociones que provoca el relato ya sabido. Eso sí, esto no es ni bueno ni malo, y la evaluación de este tipo de literatura tiene que basarse en la calidad narrativa en sí.
Por suerte, y a pesar de estos límites fijados, los buenos autores son capaces de evitar el cliché y producir relatos que los superan, siendo los casos mejores los de Fritz Leiber y Michael Moorcock.
Karl Edward Wagner, con su serie de narraciones sobre Kane, es uno de estos autores que comprenden tan bien el género (ha sido editor de la serie Conan) que saben cómo dar el paso adelante requerido para salir del estereotipo. Kane es un antihéroe, un personaje que carag con una maldición, condenado a vagar eternamente, y es un personaje ilustrado, civilizado y que no tiene que recurrir en exclusiva a la espada para solucionar cualquier situación.
En Two Suns Setting [Dos Soles Poniéndose], Kane, en su eterno vagar, ha huido de la civilización y atraviesa un desierto evitando los lugares donde su nombre pueda ser reconocido. En esa desolación, encuentra a un miembro de la raza de los gigantes, Dwassllir, una raza que desaparece de la faz de la tierra. Tras un debate sobre los tiempos antiguos y el declive de los gigantes, Dwassllir cuenta a Kane que anda en la búsqueda de la tumba del antiguo rey y de su corona, con la esperanza de que, si la encuentra y puede retornarla a su pueblo, alguna chispa del antiguo orgullo pueda revitalizar el espíritu de sus congéneres. Y le ofrece a Kane que le acompañe.
Una vez encontrada, el gigante y Kane hallarán unas cavernas donde se enfrentarán a los animales prehistóricos con los que los gigantes tuvieron que luchar en tiempos antiguos para levantar una civilización.
Y pese a que es esta épica la que parece ocupar la parte central, esta novela corta transporta la suficiente emoción fuera de los combates como para decir que cumple con sus objetivos yendo algo más allá del modelo de la fantasía heroica. Wagner fue un autor que conocía estas limitaciones y las asumió para superarlas. Algo que la propia fantasía heroica agradece.

Texto en inglés de Two Suns Setting

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El Gran Desierto, de James Ellroy

(The Big Nowhere)
Eds. B, col. Éxito Internacional
Barcelona, 1990 [1988]
Serie Cuarteto de Los Ángeles nº 2

Estoy convencido de que, a no ser por las versiones fílmicas, James Ellroy hubiera tenido que ganarse la posición que goza en España gracias al boca a boca de los lectores que lo hubiesen leído por curiosidad o completismo. De acuerdo que sus argumentos son enrevesados, pero dimitir totalmente de explicarlos en contraportada, y no dedicar ni una sola palabra a la trama es mucho pedir al mercado lector.
El Cuarteto de Los Ángeles se centra siempre en el departamento de policía de esta ciudad en los años 40 y 5o, un departamento reconocidamente corrupto y que tenía connivencias con los gángsteres y los magnates cinematográficos (y a veces era difícil distinguir quiénes eran quiénes) y capaz de poner esta "colaboración" por delante de cualquier otra consideración.
El Gran Desierto tiene como telón de fondo la colaboración de la policía en la persecución al "rojo": represión a los sindicatos, uso de policías de paisano para reventar piquetes, implantación de pruebas falsas para incriminar o descreditar a elementos recalcitrantes, etc.
Alguien quiere ser fiscal de distrito, algún otro quiere ser jefe de investigaciones de la Fiscalía, y otro más quiere ser jefe de Homicidios, y la mejor forma no es esperar a resolver un gran caso, sino crear una falsa gran conspiración comunista en Los Ángeles y reventarla con la máxima publicidad.
En paralelo, se ha producido un asesinato que tiene todos los visos de ser obra de un psicópata. Con el caso de la Dalia Negra reciente y sin resolver (de manera oficial y real; Ellroy lo resolvía en la ficción en La Dalia Negra, aunque esta resolución fuera clandestina), hay policías que están dispuestos a llegar al fondo del asunto, aunque sus jefes no quieran. Y como siempre en las novelas de Ellroy, las tramas se entrecruzarán por sí mismas o por sus protagonistas, creando un cuadro negro de un sistema corrupto y cruel, obstinado en su propio beneficio.
Ellroy casi siempre trabaja en la zona gris del ser humano que queda entre lo blanco y lo negro. Hay gentes que pueden ser corruptas, agentes de policía que lo son (siguiendo el aforismo de que cuanto más corrupta es una sociedad, más lo es el individuo), pero que conservan un resto de dignidad o a los que acomete un sentimiento de expiación. Sus personajes principales en el Cuarteto son estos, gentes que, en un último esfuerzo, intentan librarse de la porquería que han ido acumulando. En este último proceso a veces pierden sus empleos, su vida personal o hasta la física. Gentes viles, infames, pero que todavía conservan una chispa de decencia, sea esta provocada por amor, compasión o simple orgullo.

Portada y sinopsis
En este enlace se pueden encontrar un par de entrevistas en inglés con James Ellroy sobre las novelas del Cuarteto
Conferencia de James Ellroy sobre la ciudad de Los Ángeles: "Come on Vacation, Go Home on Probation"

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¿Está Usted de Broma, Sr. Feynman?, de Richard P. Feynman

(Surely You're Joking, Mr Feynman - Adventures of a Curious Character)
Alianza Ed.
Madrid, 19872 [1985]

Aventuras de un curioso personaje tal como fueron referidas a Ralph Leighton. Conste. Sin embargo, y a diferencia de algunas memorias ful, esta colección de historias y anécdotas fueron referidas y grabadas. Como tuve la suerte de oír hablar a Feynman, puedo asegurar que se trata de una transcripción, de modo que mi agradecimiento a Leighton por ello, pero la voz que se escucha en este libro es la del propio Richard P. Feynman.
Feynman fue, en efecto, un tipo curioso (en ambos sentidos de la palabra). Lejos del tópico de científico despistado y del absorto desconectado del mundo, tal vez la imagen que más le cuadre es la del científico tarambana.
Estando como profesor universitario en Río de Janeiro, Feynman se interesó por la música brasilera, y empezó a tocar la frigideira en una escuela de samba, por cierto con éxito notable. El camarero de su hotel, que desconocía este hecho, se desvivía por el científico (lo cual ya dice algo sobre la personalidad de éste):
«─Señor Feynman, esta noche va a haber una cosa que seguro le va a encantar. ¡Es típico brasileiro: un desfile de las escuelas de samba, justo delante del hotel! ¡Y la música es muy buena! ¡Tiene usted que oírla! [...]
»Estuvo muy insistente, y como yo no hacía más que decirle que no creía que pudiera quedarme a verlo, se fue desilusionado.
»Esa tarde me puse mis ropas viejas y salí por el sótano, como de costumbre. Nos disfrazamos en la urbanización y comenzamos a desfilar por la Avenida Atlántica: cien griegos brasileños en papel-maché, y yo allá, al final, dándole a la frigideira. [...]
»Estábamos llegando al hotel Miramar, donde yo me hospedaba. La gente se había subido a sillas y mesas, aquello estaba atestado, el gentío era enorme. Allá íbamos tocando, la cosa como a cien, cuando nuestra banda comienza a pasar por delante del hotel. De pronto veo a uno de los camareros disparado por el aire, señalándome con el brazo, y por encima de aquel inmenso follón le oigo gritar: "¡O PROFESSOR!
Valga como ejemplo.
Este libro divertidísimo está plagado de historias semejantes; Feynman el reventador de cajas fuertes, Feynman declarado deficiente mental por el ejército americano, Feynman hablando con Einstein, Von Neumann y Pauli...
Pero un Premio Nobel de Física (por supuesto, eso no es garantía de nado, salvo de ser muy bueno en física) no llega a eso tocando la frigideira o los bongós, y Feynman, tarambana y festivo, fue un cerebro de primer orden, que tiene cosas que contar en primera persona sobre la historia de la física nuclear a mediados del siglo XX, y opiniones que expresar sobre la vida, los métodos educativos, el progreso científico, el mundo de hoy y miles de temas más.
En este aspecto, leeremos un libro ciertamente inusual. Compuesto de diversión y reflexión a partes iguales, narrado por un tipo con una curiosidad inmensa por saber cómo funciona el universo y por qué nos comportamos como lo hacemos. Precisamente narrado por alguien que supo pasar por la vida sin aislarse, sin quedar absorto por ese espejismo que es el conocimiento con mayúscula, antes bien, sabiendo que la vida, con sus golpes y sus alegrías, merece la pena vivirse e intentar, viviéndola, hacerla mejor para nuestros semejantes y para nosotros mismos.

Portada y sinopsis
Entrevista con Richard P. Feynman en el programa The Pleasure of Finding Things Out, de la BBC Horizon/PBS Nova

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Rufufú, de Mario Monicelli

SESIÓN MATINAL

(I Soliti Ignoti); 1958

Director: Mario Monicelli; Guión: Age Scarpelli, Suso Cecchi d'Amico, Mario Monicelli; Intérpretes: Vittorio Gassman (Peppe el Pantera), Renato Salvatori (Mario Angeletti), Totò (Dante Cruciani), Marcello Mastroianni (Tiberio), Memmo Carotenuto (Cosimo), Carla Gravina (Nicoletta), Rosanna Rory (Norma); Dir. de fotografía: Gianni di Venanzo; Música: Piero Umiliani.

Con un título original que en realidad significa "Los Ignorados (o los desconocidos) de Siempre (o de costumbre)", aquí en España se llamó Rufufú en clara referencia a la película Rififí (Du Rififi Chez les Hommes), que tenía una trama sobre un robo perfecto y en la cual esta (per)versión italiana se basaba y ridiculizaba.
La trama, por si no la conocen es simple: una banda de ladronzuelos planean el golpe perfecto, entrar en un banco haciendo un butrón en una de las paredes que lo limitan. Por una vez, desvelaré el final, ya que no es una película que trate con un argumento sorpresa. Los ladrones, en este caso, realizan con completo éxito la operación, y logran forzar el agujero... sólo que a donde va a parar es a la cocina de la vivienda desde la que operan.
Divertidísima, en la mejor tradición de las comedias italianas de posguerra, e íntimamente relacionada con el neorrealismo, por lo menos a nivel estético, disfruta de unas interpretaciones de lo mejor del cuadro actoral italiano de la época, Gasmann, Mastroianni y Totó al frente.
Un gran guión, en el que el sentido de catástrofe es inmanente, unas situaciones que remarcan lo misérrima de la vida de unos ladrones de tres al cuarto que, como no podía ser de otra manera, vuelven después del "gran golpe" a la misma oscuridad y miseria de la que provenían. Que fuera un éxito en los Estados Unidos ya fue una sorpresa. Que Clooney y los suyos hicieran un remake, para mí lo fue todavía más. Pero el original, por si no la han visto, sigue con una frescura destacable.
Les adjunto el tráiler de la película, por desgracia en inglés, pero que conserva todo el espíritu del filme y se deshace en elogios hacia ella.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Deborah Carter en Smolyan + Art Taylor en el Village Vanguard

Hoy vamos a tener una buenísima sesión doble. Para empezar, un concierto dado en Smolyan (Bulgaria) por una extraordinaria vocalista que apunta maneras para llegar muy arriba en el jazz cantado, Deborah Carter. Acompañada por Dimitar Bodurov al piano, Atanas Popv a la batería y Mark Zandveld al contrabajo, escucharán unos estándares que Deborah sabrá muy bien hacerse suyos: Moanin', Girl Talk, Corner Pocket, 'Round About Midnight, Groovin' High, Red Top, Lullaby of Birdland, My Favorite Things y Humdrum Blues.
Notarán todas las virtudes de esta chica: un dominio vocal impresionante, personalidad en el canto, muy buen scat y un gran swing. Aquí les dejo también el enlace a su página web, por si quieren saber algo más de ella: Deborah Carter.
Y después tendremos nada menos que a uno de los maestros de la batería, Art Taylor, en una actuación preciosa, llena de swing y de buena interpretación, pero sobre todo con un A. T. empujando como pocos saben hacer con un grupo de música. Le acompañan Jacky Terrasson al piano, Tyler Mitchell al contrabajo, Abraham Burton al saxo alto y Willie Williams al saxo tenor. Una actuación buenísima.
Atentos, como siempre, a los comentarios y explicaciones del Cifu, y que ustedes disfruten de este programa doble como yo lo he hecho.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Mazirian the Magician, de Jack Vance

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1950]

Se podría hablar sobre Jack Vance durante horas, pero, aparte de los rasgos distintivos de cada una de sus ficciones, una y otra vez surgiría un tema recurrente, como es el de que nadie ha creado mundos tan bien como él. Por completo coherentes, por completo aprehensibles casi de inmediato para el lector, saltan de las páginas para fijarse en la mente, y lo hacen sin la parafernalia que, más tarde o tmprano, necesitaba expresar Tolkien, por ejemplo.
El secreto se desconoce. Tal vez vance logre este efecto trabajando con elementos familiares que, sin embargo, y mirados de cerca, son lo bastante diferentes como para producir un efecto de extrañeza, pero que no nos resultan ajenos. Tal vez sean sus descripciones, no tanto barrocas como orientalizantes. O tal vez sea la capacidad de vance para colocar la palabra precisa en el momento justo, la de hacer avanzar la narración de forma pausada pero constante y hacerlo, a la vez, aportando nuevos datos sobre lo que, llegados a cierto punto, ya no sólo rodea a los personajes, sino también a los lectores.
Quizá su obra más destacada sea el Ciclo de la Tierra Moribunda (que incluye la sbserie de ese personaje genial y desvergonzado, Cugel el Astuto, del que tendremos que hablar algún día), al que pertenece este Mazirian el Mago.
Es notable la forma en que Vance va introduciendo poco a poco los elementos que precisan y complementan la historia. Estamos situados primero en un jardín exuberante donde Mazirian muestra un delicado sentido estético y un amor desmedido por sus criaturas. Pero poco a poco se nos hacen evidentes señales de crueldad por parte del mago.
Al cabo, Mazirian vuelve a ver a una hermosa muchacha a caballo que ya lleva entrando en su jardín repetidas veces. Fascinado por ella pero a la vez temeroso de que sea una enviada de sus enemigos, Mazirian decide perseguirla y capturarla, para interrogarla primero y luego esclavizarla o matarla.
Y así, en la siguiente aparición de la muchacha, emprende la caza. Una persecución que le llevará fuera de sus dominios y a adentrarse en el Bosque de la Fábula.
Insisto en que en Vance, aparte de sus argumentos perfectamente medidos y ajustados en su ritmo, lo que predomina es el sentido de la maravilla, la continua vuelta de tuerca en la creación de paisajes, de seres, de situaciones. Todo con una lógica propia pero férrea, con una coherencia primordial que hace de sus mundos un espectáculo y, a la vez, una vivencia para el lector.

Web sobre Jack Vance (algunos apartados en castellano)
Texto en castellano de Mazirian el Mago

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Los Asesinatos de Manhattan, de Douglas Preston y Lincoln Child

(The Cabinet of Curiosities)
Random House Mondadori / DeBolsillo
Barcelona, 20032 [2002]
Serie Agente Especial Pendergast nº 3

Las aventuras del agente especial Pendergast tuvieron un gran auge hace unos cuantos años, para caer del favor del público en España hoy en día, víctimas de la competencia en el mercado del best-seller, donde o triunfas o mueres.
Lástima, porque tienen unos detalles distintivos que las hacen interesantes. En primer lugar, están muy documentadas, y eso transmite un sentimiento de familiaridad con el entorno beneficioso para la credibilidad de la historia. Segundo, tienen un amor por el detalle que provoca la curiosidad del lector. Tercero, cumplen con las reglas básicas del buen best-seller (algo más difícil de encontrar de lo que parece): personajes con los que empatizar, malvados potentes, en la sombra o al descubierto, situaciones límite y un manejo extremadamente bueno de la tensión y el suspense. Y, por último, una mezcla de géneros lo bastante equilibrada como para resultar atractiva: asistimos a unos argumentos que suelen desembocar en el terror sobrenatural (o casi), pero tratados según el método policial. Un género en el que es más fácil fracasar que destacar, pero en el que los autores actúan con la adecuada contención.
Tal vez lo peor de las novelas sea precisamente su teórico protagonista, el agente especial del FBI Pendergast. Demasiado lleno de recursos, demasiado omnipotente, de una manera que puede resultar, justamente, prepotente. Pero Preston y Child también se aperciben de esto, y le dotan de una historia personal oculta que transmite una sensación de personaje torturado, de antihéroe; y además los autores se preocupan por desplazar el protagonismo. Pendergast es figura central y catalizadora, pero va acompañado de otros protagonistas (en este caso la doctora Nora Kelly), falibles, vulnerables y con los que es posible empatizar, que son quienes cohabitan en el lugar central de las investigaciones. Y a los que acompañan otros personajes auxiliares que contribuyen cada uno al argumento y tensión de la novela.
Si elijo esta Los Asesinatos de Manhattan (en realidad, El Gabinete de Curiosidades) es porque es una novela en la que Pendergast se muestra en extremo débil.
En pleno Manhattan, una constructora deja al descubierto un sótano repleto de esqueletos de adolescentes, a los que, más de ciento veinte años atrás, se les practicó una operación extraña en la base de la columna vertebral. Con el alcalde presionado por el constructor, Pendergast recurre a una arqueóloga, la doctora Nora Kelly, para que examine el yacimiento antes de que los destruyan, cosa que sucede en el término de una hora. Todo son inconvenientes. Ese sótano era parte de una casa que alojaba un gabinete de curiosidades, y el jefe de Kelly, el vicepresidente del Museo de Historia Natural, no ve con buenos ojos que la arqueóloga u otros ayuden a Pendergast en su búsqueda de pistas, ya que el Museo es el mayor depositario de los fondos de esos gabinetes. Y a Pendergast le pondrán encima un "enlace" de la policía de la ciudad, más como espía que como colaborador.
Todo ello sobre el trasfondo de que esas misteriosas operaciones estuvieran destinadas a obtener una fórmula para alargar la vida, y la posibilidad de que quien las realizó tuviera éxito y siga realizándolas. Porque empiezan a aparecer cadáveres sometidos al mismo modus operandi.
Las virtudes (y los defectos, todo hay que decirlo) apuntados anteriormente están presentes en esta novela, y sigue siendo una buena incursión en un género tan denostado (y muchas veces, tan mal hecho) como el del best-seller.

Portada y sinopsis
Página web oficial de Preston y Child (en inglés)

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El Interior del Bosque, de Eugenio Fuentes

Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2008 [1999]
Serie Detective Ricardo Cupido nº 1

La pintora madrileña Gloria García Carvajal es asesinada en la reserva natural extremeña de El Paternóster. Su novio contrata al detective Ricardo Cupido para esclarecer el crimen; y por una vez, la Guardia Civil local, aquejada de la falta de medios para lo que en la comandancia consideran un crimen "de pueblo", acepta la colaboración del investigador privado.
Poco después aparece un nuevo cadáver, el de una excursionista, en la misma reserva. El novio rescinde los servicios de Cupido, considerando que los crímenes son obra de un perturbado y, por tanto, sin relación directa con su novia. Pero el detective ya ha investigado lo bastante como para embeberse de una personalidad tan fuerte como la de Gloria, y como para quedar intrigado por las personas que la rodeaban.
Fuentes logra un policiaco eficaz, enormemente canónico y respetuosos con las convenciones del género (algo más de agradecer de lo que parece). Pero, y no me cansaré de repetirlo, que el género negro salga de su ambiente urbano siempre es una rareza que es necesario mirar con atención.
Y Fuentes no defrauda en ello. Los entornos de violencia cotidiana en las urbes dejan paso a la expectación del crimen rural. A un mundo en donde todos se conocen más o menos, y donde los rumores (y las maledicencias) campan. Un mundo también en el que subyace una violencia que es provocada por la cercanía a la naturaleza y a los instrumentos que allí son cotidianos.
Los pueblos son lugares donde los secretos son a voces, pero donde a veces también se traman conspiraciones de silencio, y donde puede ser incluso posible guardar otros secretos, si estos son lo bastante terribles.
Eugenio Fuentes se mueve con naturalidad en este ambiente. Es más, este mundo rural alrededor de El Paternóster parece extraído de la realidad. En este aspecto, Ricardo Cupido es un hallazgo en la novela negra contemporánea española, un recordatorio de que el campo no es ese desierto de turismo y despoblación donde apenas sucede nada (y si sucede es "porque son así", o porque los medios de ciudad creen que el medio rural sigue anclado medio siglo atrás); un lugar que tiene su propia estructura social y, por supuesto, su ración de crímenes y de odios. Como en cualquier otra parte.

Portada y sinopsis
Entrevista con Eugenio Fuentes publicada en el blog La Gangsterera

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Soylent Green: Cuando el Destino Nos Alcance, de Richard Fleischer

BLOG ACTION DAY 2011: FOOD - ALIMENTOS

SESIÓN MATINAL

(Soylent Green); 1973

Director: Richard Fleischer; Guión: Stanley R. Greenberg, basado en la novela Make Room, Make Room [¡Hagan Sitio! ¡Hagan Sitio!], de Harry Harrison; Intérpretes: Charlton Heston (Detective Thorn), Edward G. Robinson (Sol Roth), Leigh Taylor-Young (Shirl), Chuck Connors (Tab Fielding), Brock Peters (Jefe Hatcher), Joseph Cotten (William R. Simonson); Dir de fotografía: Richard H. Kline; Música: Fred Myrow.

Esta distopía futurista, realizada con cuatro chavos (o, por lo menos, lo aparenta) y sin embargo con un elenco de estrellas (aunque en declive), tiene su importancia. Primero, es una de las películas que, habiéndose visto, no se olvidan (lo de haberse visto es importante; precisamente por su estética puede que no se le preste atención o que pase despercibida). Segundo, es una película que provoca debate, y rara vez aparece en las conversaciones sin que después no se siga una u otra de sus líneas argumentales. Y tiene muchas, debidas al autor literario, Harry Harrison, pero también a que el guionista Greenberg y el director Fleischer supieron verterlas adecuadamente.
En un futuro tampoco muy lejano, el planeta está atestado. Las "jubilaciones", es decir, la eutanasia voluntaria, es ampliamente patrocinada por el gobierno; y la crisis alimentaria es rampante... O lo sería, si no fuera por un producto milagro, el Soylent Green, producto de la explotación marina. Gracias a este alimento maravilla es posible mantener a la población.
Sin embargo, Thorn (Heston) tiene que investigar el asesinato del magnate de la Soylent (Cotten). Sus investigaciones le llevarán cerca, demasiado cerca de una verdad que ni el gobierno ni nadie quiere que se descubra: la composición del Soylent Green.
Insisto en que el presupuesto y la estética resultante lastran una película mucho más intensa y potente de lo que parece. Pero por lo menos, y aparte temática, deja también una magistral interpretación por parte de Robinson, y una escena protagonizada por él que perdura en la mente, la de su eutanasia.
Me he contenido no diciéndoles el final, pero es por prurito. El tráiler oficial prácticamente lo desvela. Pero por lo demás da buena cuenta de lo que es la película, aunque no en toda su profundidad.

Tráiler:


Esta es una entrada que se enmarca en el Blog Action Day 2011, dedicado este año a los alimentos.
Hay mucho sobre lo que hablar y debatir del tema, y podríamos empezar diciendo que ya hemos llegado al punto en que no sabemos lo que comemos. En que existen graves problemas en la cuestión del justo pago sobre lo que se cultiva, y un proteccionismo exagerado por otra parte. En que existen unas cadenas de especulación alimentaria que son prácticamente criminales, capaces de retener producto hasta que el precio alcance el valor que desean; o capaces de destruir excedentes. Podemos debatir en el empleo de plantas alimentarias para la producción de los biocombustibles. Podemos hablar de transgénicos. Podemos hablar de sustitución de especies por otras más rentables, como ha sucedido en el Lago Victoria. Podemos hablar de sobrepesca. Podemos hablar de espejismos alimentarios, como el surimi. Podemos hablar de muchas cosas, y precisamente la finalidad de este Blog Action Day es que dediquen un poco de su tiempo a pensar en algunas de ellas. Si les he traído Soylent Green a su atención o a su memoria es porque tanto en su vertiente literaria como fílmica trata, con rara condensación y coherencia, muchos de estos problemas a los que ahora nos enfrentamos, o a los que nos enfrentaremos en un futuro. Que, no lo olviden nunca, no sabemos qué nos traerá.

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Jazz Porque Sí: Thelonious Monk 1947

Reemprendemos la historia del gran genio, metafísico de la música de jazz, Thelonious Monk.
¿Qué música le pasaba a Monk por la cabeza? Haciendo un fácil chiste, podríamos decir que la de las esferas, ya que su nombre completo era Thelonious Sphere Monk. Y sin embargo, no es descabellado. Si me permiten la apreciación, muy personal, la música de Monk resulta tan fascinante porque, tras siglos de músicos que buscaron la perfección armónica universal, Monk comprendió que la realidad tiene música, sí, pero que nuestra propia presencia y distancia tal vez no la perciba en toda su aislamiento y perfección; de modo que la música del universo, tanto lo cósmico como lo cotidiano, tiene esos regustos armónicos, pero también disonancias, escalas descendentes, silencios cargados de sonido... Insisto en que es una apreciación muy personal, pero creo que esta fascinación no es producto de la extrañeza de su música, sino al contrario, de su familiaridad. Una familiaridad que se nos hace bella.
De lo cual tendremos buena muestra nada más empezar la audición, con este Thelonious que me sigue sorprendiendo. Decir que esto es prolongación de la sesión anterior, es decir, que a la batería tendremos al gran Art Blakey, perfectamente flanqueado por Gene Ramey al contrabajo, Billy Smith al saxo tenor, Danny Quebec West al saxo alto y el estupendo Idrees Sulieman a la trompeta. Después, tendremos tomas alternativas de Evonce y Suburban Eyes.
En la siguiente sesión, Monk se queda a trío, y si su música destaca tocada en grupo, acompañada por el buen bajo de Gene Ramey y la magia a la percusión de Art Blakey, entonces alcanza un protagonismo espectacular.
Empiezan con un Nice Work If You Can Get It, con un inicio genial de Blakey y una entrada al piano magistral de Monk. Sigue una delicada Ruby My Dear, y después una de las más conocidas (y una de mis favoritas) composiciones de Monk, Well You Needn't. La he escuchado centenares de veces, en diversas versiones, en directo y en estudio, a trío y en formación mayor, y no me canso jamás de ella. April in Paris es otra de esas composiciones que tuvo tan estrecha relación con Monk que casi es suya. Desde luego, cuando la toca él, lo es. Luego viene Off Minor, y entonces un Introspection que es quintaesencia de Monk. Finalizará la emisión con tomas alternativas de Nice Work If You Can Get It y Ruby My Dear. Y no son para nada alternativas. Son tan buenas como los másters.
Gracias al Cifu, como siempre, por su programa, y atentos a sus explicaciones.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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It Only Comes Out at Night, de Dennis Etchison

En The World Fantasy Awards, vol. 2
Doubleday & Co., col. Science Fiction
Garden City (Nueva York), 1980 [1976]
Ed. de Stuart David Schiff y Fritz Leiber

Los escritores de terror son gente en extremo perceptiva. Tienen que serlo. Una sociedad en constante evolución crea sus paraísos artificiales, pero también sus propios infiernos, y es misión del autor reconocerlos.
Si han realizado alguna vez un viaje largo en automóvil, es probable que hayan entrado en alguna de esas áreas de descanso que flanquean las autopistas y autovías. Lo mejor que le puede suceder a uno es entrar en ellas a plena luz del día y estando desiertas, o con pocos usuarios. Aún así, son inquietantes; tienen ese aire desangelado, descuidado, de las cosas provisionales, y por muy limpias que estén conservan ese aspecto antinatural, con unos urinarios en un edificio que acrecienta la soledad, su falso aspecto de parque con mesas y bancos fijados al cemento, la sensación de lejanía de todo, su incómoda inmovilidad justo al lado de un tráfico vertiginoso. De noche, la inquietud se acrecienta. Forzados por el cansancio, deslumbrados por las luces del tráfico, llegaremos a ellas convenciéndonos de que nuestros temores son irracionales, de que probablemente no nos va a suceder nada allí. Pero...
Sólo Aparece de Noche trata de ese pero. Y cumple con nuestras peores expectativas. Una pareja atraviesa el desierto de Mojave y el conductor decide, antes de sucumbir al sueño y el calor, entrar en una de esas zonas de descanso. Allí hay toda una serie de automóviles aparcados. Poco a poco, Etchison nos va dando detalles: modelos, el silencio opresivo, la capa de polvo que cubre los automóviles. Una capa demasiado gruesa...
Entendamos bien que este es un relato escrito puramente para poner al lector de los nervios. Apenas hay trazo psicológico, desconocemos los motivos que tiene la pareja para emprender ese viaje, no hay conflicto entre ellos, y de hecho sólo asistimos a las percepciones y pensamientos del conductor protagonista. Es un vehículo para el terror, puro y simple. Pero es un vehículo perfectamente acabado, algo a lo que Etchison nos tiene acostumbrados. Un relato de intensidad creciente, profundamente realista en su ambientación y, como debe ser, perceptivo en hallar esos espacios de inquietud que nos rodean.

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El Programa Estelar, de István Örkény

(Rózsakiállítás)
En El Programa Estelar / Un Comandante en Casa
Argos Vergara, col. En Cuarto Mayor
Barcelona, 1984 [1977]

Al comentar Un Comandante en Casa ya hicimos notar la vis cómica de Örkény. En El Programa Estelar, y pese a la presencia del humor negro, predomina el tono irónico. La razón es su misma temática, la realización de un documental para la televisión sobre la muerte. Y no un debate, o una recolección de declaraciones filosóficas o metafísicas sobre el hecho de morirse, sino la filmación en directo de tres agonías diferentes y los diálogos corrspondientes de los protagonistas, es decir, los difuntos in pectore.
Por una vez, detengámonos en la cubierta de Julio Vivas, en extremo apropiada para el libro: en un recuadro con forma de pantalla de televisión aparece una sonriente muerte (la muerte siempre sonríe, pero tal vez por aparecer en televisión, esta parece hacerlo más). La ironía es apropiada. Supongo que más de un productor mataría por tener, pongamos, a la muerte, a Dios, a Gengis Khan, a Hitler, a San Francisco de Asís o a quien se le ocurra en pantalla. Después, y viendo lo que vemos, les preguntarían las mismas estupideces que de costumbre, pero esto último ya no tiene que ver con la novela y es una observación mía.
Lo que sí tiene que ver con la novela es que, recordemos, en un país socialista y antes de la proliferación de televisiones, y desde luego mucho antes de que la frase de Andy Warhol parezca estar haciéndose realidad, para desgracia de todos, y sea el motivo principal de la génesis de la telebasura, lo que tiene que ver, decía, es que Örkeny se planteara estos mismos temas y lo hiciera con rara perspicacia.
Aron Korom, el realizador, no quiere centrarse en el elemento morboso; quiere realizar un documental serio, objetivo, y lo cierto es que así lo hará. Pero también es cierto que la muerte cambia muchas cosas (de hecho, hablamos de la perspectiva de la muerte). El primero de los tres narradores no lo es; cuando Korom obtiene el permiso de rodaje, hace diez días que ha muerto. Pero su esposa, interesada en el dinero ofrecido, se presta a relatar los últimos días de su marido. Örkény nos plantea, sin demora alguna, dos hechos: primero, que el interés económico puede desnudar cualquier intimidad; y segundo, que la muerte es lo más íntimo que le puede suceder a una persona y a las de su entorno. De hecho, tras describir el cambio de relación que la enfermedad terminal conllevó, la viuda declara: «Cuando repaso nuestros diecisiete años de matrimonio, tengo la sensación de que en ningún momento fui de verdad su esposa hasta esos últimos diez días. Quizás esto me deje en mal lugar, pero la única vez que fui feliz con él fue cuando estaba muriéndose».
El segundo caso será el de una anciana, y allí descubriremos los estragos de la televisión. Sus vecinos la considerarán una celebridad, y empezarán a mimarla. Pero pronto la situación revertirá, y lo que es halago se hará denuesto por la envidia que provoca tanto protagonismo, en un hecho, además, que se considera normal y corriente (que lo es. Todos morimos).
Y en cuanto al tercero, se trata de un escritor, J. Nagy, y es en el que el realizador tiene puestas más esperanzas. Llegado el momento, el escritor prefiere suicidarse a soportar la agonía. Los temas en la novela aparecen en rápida sucesión: la desesperación del realizador cuando considera que las declaraciones de Nagy son banales; su búsqueda de "filosofía" en la filmación; el contraste entre la muerte real y la filmada, la modificación que la mirada de la cámara ejerce sobre las conductas; la vanidad que se exacerba al ser centro de atención, y muchos otros.
Todo ello se relata con una ironía que es más una mueca amarga sobre nuestra sociedad de consumo audiovisual y sobre los mecanismos de la popularidad que otra cosa, pero que no elude el auténtico trasfondo del problema. La muerte es un hecho presente y un hecho sobre el cual no sabemos nada y, por mucho que nos empeñemos, nada sabremos. El intentar comprenderlo sólo resulta en una tragicomedia, en este caso, televisiva.

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Sopa de Cristales, de Jonathan Carroll

(Glass Soup)
La Factoría de Ideas, col. Línea Maestra
Madrid, 2009 [2005]

Hay escritores que han llegado a la literatura a través de los géneros; y los hay que han llegado a los géneros después de haber recorrido un largo camino por la literatura general. El caso de Jonathan Carroll es especial. Carroll efectuó un asalto en toda regla a la alta literatura desde su primera obra y lo hizo (y sigue haciéndolo) sin renunciar a unos universos imaginistas y fantásticos que remiten a El Bosco más que a cualquier cliché de género.
Ha repetido con éxito en numerosas ocasiones (y en otras no lo ha conseguido, cierto, pero nunca ha renunciado a su personalidad como narrador), y siempre lo ha hecho con novelas irreductibles, complejas psicológicamente y que, aunque siempre han empleado el medio fantástico, tienen una relación íntima con las debilidades y grandezas del ser humano.
Es difícil darse cuenta de lo potentes que son sus novelas sin haberlas leído. Sus mundos parecen la creación de un demiurgo loco que bailara con frenesí un charlestón mientras lee con toda atención a Wittgenstein. No es una imagen descabellada. Estos mundos oníricos, a veces pesadillescos, tienen una lógica férrea, en sí y en su interacción con la realidad. Como buen vienés de adopción, Carroll parece embebido de toda la teoría psicológica relacionada con los sueños y las fantasías, y así, esos mundos pueden causar extrañeza, pero es una que nos resulta familiar.
Sopa de Cristales es una de las mejores muestras de la ficción de Carroll. El mosaico de la realidad se ve amenazado por el caos, que tras largo tiempo de actuar sin conciencia de ser, la ha adquirido, de modo que ahora puede aspirar al dominio de todos los mundos, inclusive el real, y atacar a aquellas personas en concreto que, hasta ahora restablecían el equilibro entre caos y orden. Vincent Ettrich e Isabelle Neukor cruzaron una vez la frontera entre la vida y la muerte y lograron regresar. Es responsabilidad suya desbaratar estos planes, y responsabilidad también de los muertos, que viven en un mundo particular de cada uno construido con sus recuerdos y sus deseos.
Todo lo cual es un pálido reflejo de lo que hallarán en la novela de Carroll. Traten de describir con palabras El Jardín de las Delicias de El Bosco y comprenderán las dificultades. Las imágenes que emplea Jonathan Carroll, sus diálogos, su argumento lógico e imprevisible a la vez, sus ideas y su argumento, que va mucho más allá de la maniquea lucha entre el bien y el mal (debido en gran parte a que sus personajes poseen una psicología completa y compleja), deben leerse para disfrutarse al máximo y alcanzar toda su dimensión. Todo con un estilo literario impecable, que desafía las comparaciones, aunque éstas (Kafka, Rushdie, McEwan) surjan. Leer a Jonathan Carroll es una experiencia única, inimitable.

Portada y sinopsis
Glass Soup en la web de Jonathan Carroll
Jonathan Carroll lee la primera sección de Glass Soup

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El Hombre con Rayos X en los Ojos, de Roger Corman

SESIÓN MATINAL

(X - The Man with X-Ray Eyes); 1963

Director: Roger Corman; Guión: Robert Dillon, Ray Russell; Intérpretes: Ray Milland (Dr. James Xavier), Diana Van Der Vlis (Dra. Diane Fairfax), Harold J. Stone (Dr. Sam Brant), John Hoyt (Dr. Willard Benson), Don Rickles (Crane), John Dierkes (Predicador); Dir. de fotografía: Floyd Crosby; Música: Les Baxter.

Vaya por delante una constatación: pretender que con los presupuestos que manejaba, con rodajes de una semana (y a veces menos) y con un sistema de producción a destajo Roger Corman hiciera arte es mucho pretender. Y sin renunciar al enorme cariño que le tenemos los aficionados del género, calificar sus películas de artísticas es o pasarse en el aprecio o directamente haber perdido la noción de las fronteras.
Pero sí es cierto que era un gran artesano. Y que, de entre aquellos que dedicaron su vida a la serie B, Corman sobresale por inventiva, agilidad y buen hacer. Si alguna vez hizo alguna película con desgana, eso no se traduce en ningún momento en la pantalla.
Algún otro día empezaremos a traer aquí sus grandes obras, las del ciclo de Poe, pero por el momento recordemos un pequeño clásico de la AIP y de la serie B, El Hombre con Rayos X en los Ojos, una película con un pathos tremendo.
El Doctor James Xavier (interpretado por un Ray Milland simplemente correcto) investiga sobre la visión humana, y desarrolla un colirio que permite incrementarla e ir más allá del espectro visible humano, es decir, entrar en el espectro infrarrojo, ultravioleta...
Por desgracia, llega un punto en el que el proceso parece no detenerse, y si bien al principio puede resultar agradable ver a la gente sin ropas, o saber qué naipes tienen los oponentes, y luego ciertamente inquietante adquirir visión de rayos X (y ya no ver a la gente desnuda, sino como esqueletos vivientes), esta visión avanzada sigue creciendo más, y más, y más... Milland empieza a ver cosas extrañas. Una de las más inquietantes es lo que parece ser un rostro en el cielo, el rostro de una criatura invisible para nosotros pero ciertamente maligna. ¿Qué puede ser esta criatura? (Stephen King ha apuntado, muy acertadamente, una respuesta: uno de los grandes dioses de los Mitos de Cthulhu). El caso es que para el pobre Xavier / Milland, no hay descanso. La ve incluso cerrando los párpados. La ve...
Advierto que lo que sigue destroza el final de la película. Quedan avisados.
Cuando Xavier relata a un predicador lo que le está sucediendo, éste le dice que lo que está viendo es la mirada de Satán, y le da como solución una cita bíblica: Si tu ojo te ofende, arráncatelo y arrójalo lejos de ti.
Y aquí viene algo que, si no es cierto (aunque Corman ha afirmado que esta escena se rodó pero fue desechada), merecería serlo. La película termina cuando Milland se arranca los ojos, pero corrían rumores de que había una línea de diálogo más. Después de haberse arrancado los ojos, Ray Milland profería un grito desesperado: "¡Todavía puedo ver!"
Es una película artesanal, una serie B como un castillo, pero una película que lleva mucha más carga de angustia que muchos thrillers millonarios. Honor a Corman, Russell y Dillon por ello.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Duke Ellington en la Travis Air Force Base

De nuevo nos reencontramos con el Duque. Antes de ir a la base aérea que fue testigo de este concierto, escucharemos un par de temas: el primero, Blues in Orbit, una composición típicamente ellingtoniana, de ritmo pausado y enormemente sugestiva. Si en el espacio pudiera sonar música, una de las que preferiría sería esta. El segundo, en  noneto, Villes Ville Is the Place, Man!, uno de esos temas an los que Duke experimentaba con formaciones. En este caso prefirió una cuerda completa de trombones y poco de lo demás, lo que da un sonido profundo, muy cine negro, si se me permite la expresión.
Y entonces sí, iremos a la base aérea de Travis, en California, donde Duke y sus muchacho no efectuaron, en propiedad, un concierto, sino una sesión de baile.
Y aquí quiero hacer una apreciación. Saben ustedes que me encantan los conciertos en directo. Pero aún así, hay diferencias de matiz entre los diversos tipos de directo: una cosa es un grupo pequeño en un club, donde suele haber una gran calidez, una mayor libertad y algunos riesgos asumidos por parte de los intérpretes; los festivales, donde se entra casi en un contexto competitivo, y eso quiere decir un intento de mayor lucimiento, y donde, si el público responde, los resultados de empuje a los músicos pueden ser sublimes; los conciertos en auditorios y teatros, que acostumbran a ser más académicos. Un gran grupo como el de Ellington apenas tocaría en locales pequeños, de modo que estas "dancing dates" son una variación muy bien recibida sobre las actuaciones en auditorios o en festivales. ¿Por qué? Pues porque Ellington se libera un poco de "su" música  e interpreta estándares de otros compositores, una cosa que agradece la banda (y como comprobarán, el oyente); y porque lo que pierde en la interpretación de ciertos temas va compensado por la estructura de la música de baile, con esa alternancia de ritmo rápido y lento.
El caso es que los chicos de Ellington se lo pasaron en grande. Si yo hubiera estado allí, también. Abre con un swinger total, Main Stem, a todo trapo y perfectamente interpretado; y claro, sigue un lento perfecto, como es Dancing in the Dark. Acto seguido vendrá una de mis favoritas de todas las swingueantes de Ellington, Stompy Jones, pero con un arreglo verdaderamente original con respecto a las versiones anteriores de Duke. Un precioso Time on My Hands dará paso a la composición insignia de la banda de Chick Webb, Stompin' at the Savoy, con una introducción delicada de Ellington al piano antes de que la orquesta entre barriendo. Magistral. Entonces tendremos el saxo barítino de Harry Carney, como siempre imperial en su tema, Sophisticated Lady. Y puesto que hablamos de temas insignia, no podía faltar el Take the A Train, también con una introducción original de Ellington al piano. Ycerrará esta parte del concierto (habrá más) All Heart, dedicado a Ella Fitzgerald.
Como siempre, atentos a las explicaciones del Cifu, al que doy las gracias por traernos estas joyas del jazz.


Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Homecoming, de Ray Bradbury

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1946]

Es un cuento extraño, este. En su inicio nos hallamos en un dormitorio infantil, escuchando lo que parece un sueño, un sueño que se refiere a unas personas extrañas, que vuelan, que avanzan desde lugares remotos, dirigiéndose hacia la casa.
Pero conforme avanza la historia nos vamos dando cuenta de que estos personajes no son seres imaginarios, productos oníricos de una fantasía infantil. Son seres reales, pertenecientes a una estirpe que ya apenas existe, a un mundo que desaparece, a la raza de los vampiros. Y todos se dirigen hacia la casa de Timothy, para una fiesta, la del Homecoming (de difícil traducción; en teoría, en Estados Unidos, es la fiesta de bienvenida a los alumnos que regresan a la escuela tras las vacaciones; sin embargo, y en este caso, Bradbury parece decantarse por el significado literal del regreso a casa, convirtiéndola en aquella reunión de la familia que se celebra cada cierto período de tiempo en la casa de uno de sus miembros); una fiesta que se realiza, muy apropiadamente, la víspera de Todos los Santos.
En cuanto a Timothy, espera esta reunión como todos los niños esperan las fiestas, con una mezcla de expectación e ilusión. Una ilusión que, sin embargo, se ve turbada por un hecho. Y es que Timothy no es "normal". No lo es según los cánones de su familia, claro, porque desde nuestro punto de vista sí lo es. Pero a Timothy le disgusta beber sangre (Bradbury puede ser todo lo poético que se quiera, pero eso no quiere decir que obvie imágenes del género. Y tal vez en eso consiste el secreto de su éxito y su verosimilitud, alimentarse de las imágenes que conforman los mitos de la infancia, sean macabras o no); no le han crecido alas; no puede influir en las personas; no tiene talento para la brujería.
No es un relato violento, sino uno muy personal, muy intimista, que se mueve más en el campo de los sentimientos que en el de la pirotecnia. La elección de una fiesta familiar es adecuada para este propósito. Los hermanos de Timothy pueden burlarse (Bradbury tampoco obvia la crueldad infantil) pero en el fondo hay comprensión por el diferente, un sentimiento de que cada quien es cada cual y lleva su vida según sus capacidades.
Esta extrañeza familiar, esta inversión del punto de vista, este sentido de la maravilla no impuesto, sino naturalmente tratado, hacen de este relato, junto a la historia principal, una pequeña joya del género.

Inicio y algunas ilustraciones de Dave McKean para la edición de Homecoming publicada por Harper Collins
Homecoming es el germen de la novela de Bradbury From the Dust Returned. En IndieBound se publicó una entrevista con el autor al respecto.

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Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi

Giangiacomo Feltrinelli Editore, col. Universale Economica
Milán, 199622 [1993]

La más famosa de las obras de Tabucchi, probablemente la mejor de un autor que ha ido de más a menos, la principal también de sus obras lisboetas (Tabucchi se ha convertido en el principal escritor portugués contemporáneo vivo escribiendo en italiano, paradoja que cuadra muy bien a un país cuyo poema épico nacional es Os Lusíadas,la historia de una gente que huyó de la miseria de Portugal para encontrar la guerra y la miseria en Oriente, un país en el que Eça de Queirós se desesperaba por llevar la cultura portuguesa a la modernidad aunque fuera a patadas, un país en el que Pessoa fue un exiliado residente, un país que tuvo un premio Nobel, Saramago, extrañado en España).
En la más negra época de la dictadura salazarista, con la vecina Guerra Civil Española en su auge y con los totalitarismos en ascenso en toda Europa, Pereira sostiene muchas cosas, de hecho pasa la novela sosteniendo, pero aquello que sostiene son trivialidades en su mayor parte, mientras que Pereira duda sobre casi todo lo fundamental.
Pereira, director de la sección cultural de un vespertino católico lisboeta, contrata, en un impulso psicológicamente importante, a Monteiro Rossi, un joven inadecuado, no para el trabajo, sino para la época en la que tiene que trabajar: concienciado, activista, idealista. Y este contrato empieza a provocar la duda fundamental en Pereira.
En efecto, Pereira duda al principio de la novela de la resurrección de la carne (mejor todavía, sostiene la imposibilidad de la resurrección de la carne). Pero en realidad, sobre lo que duda sin saberlo Pereira es sobre la resurrección del espíritu, del alama.
La muerte, física o espiritual, es omnipresente en la novela. El suplemento cultural que Pereira dirige publica "recuerdos", aniversarios de escritores ya muertos; publica relatos del siglo XIX; Monteiro Rossi es contratado para que se ocupe de la sección de necrológicas anticipadas, esas reseñas biográficas que se escriben y se guardan a la espera del deceso del reseñado; y estas necrológicas son inadecuadas porque son de escritores cuyas ideas el régimen preferiría que no perviviesen o cuya muerte podría significar una muerte simbólica de las ideas que el régimen profesa. Pereira tendrá problemas con el propietario del periódico por un cuento de Alphonse Daudet que finaliza con un "¡Viva Francia!", en una época en la que, en España, y por boca de Millán Astray, lo que se gritaba era viva la muerte y muera la inteligencia. Pereira sostiene muchas cosas, pero duda de que él mismo no se esté convirtiendo en un muerto en vida, conformado a un pensamiento que no es el suyo, olvidado su pasado de periodista íntegro, sometido a una ideología irracional.
El asesinato de Monteiro Rossi hará que dé el paso, que publique una necrológica que haga revivir el espíritu de ese joven, y acto seguido huya, se exilie a un lugar donde poder escribir lo que piensa, donde su espíritu sea capaz de volver a vivir.
Tabucchi escribe sobre un período negro de la historia de Portugal y de Europa, pero escribe sobre todo sobre la dignidad del individuo que debe, necesita, resucitar para ser él mismo y volverse a considerar un ser vivo.
Portada y sinopsis de la edición italiana
Portada y sinopsis de la edición castellana
Entrevista con Antonio Tabucchi publicada en el diario El País
Minideclaraciones de Tabucchi sobre Sostiene Pereira (en italiano)

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Ley Garrote, de Joaquín Guerrero-Casasola

Roca Editorial, col. Roca Criminal
Barcelona, 2007 [2007]

Joaquín Guerrero-Casasola proviene del mundo de las telenovelas, lo cual no es un aval en sí mismo (ni tampoco un demérito; cada cual se gana la vida como puede, y el mérito es hacerlo lo mejor posible en su trabajo), pero me apresuro a decir que en esta novela ha sabido evitar los vicios de este género y, en cambio, mostrar un excelente control del ritmo narrativo. También ha sabido incorporar el México actual como telón de fondo y crear un personaje, el detective privado Gil Baleares, con cuerpo y personalidad.
El tal Gil Baleares tiene una aspiración (comprarse un utilitario japonés plateado) y problemas sin cuento: una esposa divorciada, una hija que según los cambios de humor de su ex-esposa es suya o no, una economía tambaleante y un padre, Ángel El Perro Baleares, que fue leyenda viva de los judiciales en la época de mayor brutalidad de éstos y que está afectado de alzheimer.
Como la profesión de detective privado consiste en asumir los problemas de los demás, a los suyos añade el intentar resolver el secuestro de Alicia del Moral, la hija de de unos fabricantes de caramelos.
Con un relato a un ritmo excelente y de bendita concisión (205 páginas en una época en la que parece que lo que no supere las trescientas no sea una novela) y no desprovisto de humor, Guerrero-Casasola no renuncia a tomar un retrato del México de hoy: los bajos salarios de la policía y sus "complementos" económicos, la corrupción en los medios policiales y políticos, las bandas de criminales organizados, la inseguridad cotidiana.
En este contexto se mueve y recibe golpes morales y físicos el detective Gil Baleares, en una novela ágil, llena de giros argumentales, de personajes creíbles y situaciones y diálogos estimulantes, que en ocasiones rozan la brillantez.
Una lectura que se muestra muy satisfactoria.

Portada y sinopsis
Entrevista con Joaquín Guerrero-Casasola en Reporteras de Guardia

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Mediterráneo, de Gabriele Salvatores

SESIÓN MATINAL

(Mediterraneo); 1991

Director: Gabriele Salvatores; Guión: Enzo Monteleone; Intérpretes: Diego Abatantuono (Sargento Nicola Lorusso), Claudio Bigagli (Teniente Raffaele Montini), Giuseppe Cederna (Asistente Antonio Farina), Claudio Bisio (Corrado Noventa), Gigio Alberti (Eliseo Strazzabosco), Ugo Conti (Radiofonista Luciano Colasanti), Memo Dini (Libero Munaron), Vasco Mirandola (Felice Munaron), Vanna Barba (Vassilissa), Luigi Montini (el padre), Irene Grazioli (la pastora), Antonio Catania (Carmelo La Rosa); Dir. de fotografía: Italo Petriccione; Música: Giancarlo Bigazzi, Marco Falagiani; Diseño de producción: Thalia Istikopoulou; Montaje: Nino Baragli.

Un grupo de soldados italiano durante la Segunda Guerra Mundial es enviado a ocupar una de las islas griegas del Dodecaneso. Allí, y aislados del resto del mundo, empiezan a perder sus hábitos militares y a dejarse llevar por la vida cotidiana en la isla hasta que el mundo se acordará de ellos y serán sacados de la isla por los británicos. Pero la vida de todos ellos no volverá a ser la misma. En la época más impensada para que ello sucediera, encontraron un paraíso en la tierra, un lugar donde la vida tiene un ritmo propio y donde el mundo exterior puede enloquecer sin que apenas esa locura roce esa isla.
Rodada en tono de comedia suave, esta película fue una agradable sorpresa para todos en la época en la que se estrenó, y sigue manteniendo un mensaje pacifista implícito, uno de convivencia y bonhomía, y la uténtica experiencia iniciática que resulta para sus protagonistas se transmite al espectador.
Gran dirección de Salvatores, y excelente interpretación coral de todos los protagonistas, con un aprovechamiento del paisaje y la luz que proporciona a esta película una potencia añadida. Una delicia.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Miles Davis en Monterey

Por lo general, suelo dejar cierta distancia temporal entre la emisión de los programas del Cifu y su aparición aquí (por muchos motivos. Entre otros, porque para hacer esta entrada se escucha el programa un mínimo de tres veces. Y en algunas ocasiones siete u ocho, pero eso es vicio personal mío). Pero esta semana, en concreto el 28 de septiembre, hizo 20 años que Miles Davis se nos fue, como dicen, a tocar en la big band de arriba. Y probablemente a montar otra revolución de las suyas. De manera que quiero sumarme al homenaje que el Cifu le ha dedicado.
Sería un esnob si, gustándome el jazz, no me gustara Miles Davis. Pero además, considero que Davis fue el más importante ideólogo del jazz que ha existido después de Louis Armstrong. Sí, ideólogo. Por supuesto, ese sonido a la trompeta es característico e inimitable, por supuesto que su técnica le permitió tocar lo que quería tocar (y hacerlo impresionantemente bien). Pero Miles creó dos movimientos en el jazz, dotó de elementos a otro y sistematizó otro más. Como esto es una opinión personal, no pienso decir qué movimientos fueron. Analice y escuche cada uno la discografía de Miles y compárela con la historia del jazz y saque sus conclusiones.
De modo que a Miles vale la pena escucharlo siempre, y muy atentamente.
Y además, lo que el Cifu nos propone es un concierto verdaderamente excepcional. Les juro que no hay que escucharlo más de una vez para ponerle este adjetivo (pero merece la pena escucharlo muchas otras veces). Miles está en una forma inmensa, y realiza unos solos que son de lo mejor que le he escuchado en su carrera, dejando aparte que su estilo de música pervade todo el concierto y lo convierte en personal suyo. Pero, además, los que le acompañan hacen también cosas increíbles. Y no son unos cualesquiera: Herbie Hancock al piano, Ron Carter al contrabajo, Tony Williams a la batería y George Coleman al saxo tenor.
Atentos a los comentarios del Cifu, como siempre, y que disfruten de estas piezas: Autumn Leaves (es decir, Les Feuilles Mortes, y suena, claro, pero de una forma reminiscente; Miles y sus muchachos se dedican a transformarla de manera deliciosa), un So What a ritmo rápido increíble; la balada Stella by Starlight tocada con un sentimiento extremo; y el inicio de Walkin'.



Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.