That Hell-Bound Train, de Robert Bloch

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1958]

Robert Bloch, aparte de ser el autor de Psicosis, aparte de ser amigo y corresponsal de Lovecraft, aparte de ser uno de los autores ineludibles en la historia del género de terror, fue persona provista de un agudo sentido del humor, un humor ácido y negro, suave y muy irónico, que mostró en sus historias una y otra vez.
Tren al Infierno (del que pueden leer una versión en castellano al pie de la entrada; la traducción no es gran cosa, un problema recurrente en el género, pero es lo que hay) es uno de estos relatos provistos de ese sentido del humor. Y lo ejecuta mediante el tema que más situaciones humorísticas ha provocado, como es el pacto con el diablo.
Martin es un vagabundo, un pequeño delincuente que, por tradición familiar y por instinto, casi nunca se aparta de las vías del ferrocarril. Viaja como polizón en los trenes, o camina siguiendo los raíles y, en resumen, su destino se mueve junto a los caminos de acero.
Un día, cuando está pensando en su situación actual y se plantea incluso acudir al Ejército de salvación, aparece un tren de pasajeros que se detiene junto a él. Baja el jefe de tren y se dirige a Martin en los términos más amistosos que puedan darse.
El diablo (porque es él) propone a Martin un trato, aunque deja bien claro que no hay posibilidad de letra pequeña, de arrepentimiento a última hora o tonterías semejantes. Y Martin, como su deseo a cambio de su alma, escoge tomar un reloj que puede detener el tiempo una sola vez cuando él lo crea oportuno. Piensa que cuando sea feliz podrá detener el transcurso temporal de su vida y vivir en esa situación por toda la eternidad. Así se hace, aunque el diablo no parece muy satisfecho, pero martin no se da cuenta de que el concepto de felicidad es muy variable, y que cuando se tienen las cosas que le harían feliz, se empiezan a desear más...
El final, sorpresivo y coherente con el relato, es impecable. Déjenme resaltar lo medido del cuento, lo adecuado de su progresión, lo acertado de su ironía, su magnífica imaginería, con ese tren cuyo destino es la estación término (nunca mejor dicho) definitiva. Todo ello conforma un relato que deja una sonrisa en los labios con una demostración de buen hacer narrativo.

Texto en castellano de Tren al Infierno
Texto en inglés de That Hell-Bound Train

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