¡Muy Bien, Jeeves!, de P. G. Wodehouse

(Very Good, Jeeves!)
Círculo de Lectores
Barcelona, 1969 [1930]

Se busque como se busque, sorprende lo poco que la literatura se ha ocupado del humor, y lo poco que el humor tiene pervivencia más allá de las sátiras sobre temas universales (el militarismo, la guerra de sexos, la burocracia, las desigualdades sociales...).
Es tanto más sorprendente, por tanto, hallar obras que gozan de atemporalidad y fama tratándose de exponentes del humor blanco que se refieren a un mundo improbable, inexistente ya, si es que alguna vez existió.
Es el caso de las aventuras de ese lechuguino entrañable que es Bertram W. Wooster, y de su criado Jeeves, tan sagaz como Séneca, tan meticuloso como Sherlock Holmes, tan rotundo como Petronio.
En esta colección de relatos volvemos a encontrarnos con ese mundo de la clase aristocrática y ociosa británica, un mundo propio, y en el cual Wodehouse introduce sus argumentos extravagantes en los cuales el inefable y bienintencionado Bertie se ve implicado, situaciones absurdas de las que tiene que ser inevitablemente rescatado por su criado Jeeves.
Buena prueba de ello es el relato Jeeves y el Cantar de los Cantares, donde el amigo de Bertram, Tuppy Glossop, se ha enamorado de una cantante lírica, cosa que ha molestado a Angela, su reciente novia con la cual ha discutido. La madre de Angela y tía de Bertie pide a éste que intervenga para arruinar el romance de Tuppy y hacer que vuelva al redil. Ambos se ponen en manos de Jeeves, que de inmediato propone un plan, siempre «basado en la psicología del individuo». En una función benéfica en uno de los barrios obreros de Loncres, Jeeves propone que Bertram cante "Hijo Mío" antes de que Tuppy también cante "Hijo Mío". Así, el público, irritado por la repetición, mostraría su enfado y desacreditaría a Glossop ante los ojos de la cantante.
El día de la función, Bertram canta ante un auditorio desconcertado... Desconcertado poque "Hijo Mío" ya ha sido cantada dos veces antes. Aún así, Wooster sale indemne. Pero cuando el joven Glossop empieza a entonar las primeras notas de la canción, los acontecimientos se precipitan. Como explica Bertram, «Un verdulero sublevado es una cosa terrible. Yo no había visto hasta entonces un proletario insurrecto y confieso que el espectáculo me impresionó. Ello daba alguna idea de lo que debía haber sido la Revolución Francesa».
¿Todo ha salido a pedir de boca? No del todo. La cantante se ha retrasado y no ha podido presenciar la debacle de su enamorado. El plan ha fracasado y Bertram, deprimido, vuelve a su casa. Es para él una sorpresa cuando Tuppy viene a decirle que ha roto el compromiso y pedirle que interceda ante Angela. Wooster se siente perplejo. Más tarde, hablando con Jeeves, llega la luz:
«─¿Cómo diablos ha ocurrido eso?
─Sospecho, señor, que proviene de la acogida que el público dedicó a la canción de la señorita Bellinger.
─¡Dios mío! ¿Es posible que diera un gallo?
─Sí, señor.
─¿Con la voz que tiene?
─Sí, señor. Pero creo que el auditorio se molestó cuando supo la canción escogida.
La razón empezaba a vacilar en su trono.
─¿No me dirá, Jeeves, que la Bellinger quiso cantar "Hijo Mío"?
─Sí, señor. Y, erróneamente a mi parecer, se llevó consigo al escenario una muñeca muy grande, a fin de dirigirle su canto. El público fingió confundirla con una ventrílocua y hubo un poco de barullo.
─¡Qué coincidencia, Jeeves!
─No, señor. Me tomé la libertad de interpelar a la señorita Bellinger cuando llegaba al escenario y recordarle mi humilde personalidad. Le dije que el señor Glossop le pedía como particular favor que cantase "Hijo Mío". Y cuando ella supo que usted y el señor Glossop habían cantado lo mismo antes, lo tomó por una broma del señor Glossop. ¿Necesita algo más, señor?
─No, gracias.
─Buenas noches, señor.
─Buenas noches, jeeves ─dije, reverente.»
Es una pequeña muestra de lo que son los relatos de Wodehouse. Todo al servicio del humor, resoluciones lógicas y sorprendentes a unas situaciones nacidas del absurdo, en un mundo irreal pero que por ello es también humorístico, y en el cual se mueven unos personajes tan ridículos que resultan entrañables.

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4 comentarios:

Peke dijo...

Lo descubrí hace años y me hizo disfrutar, pero... el último libro que conseguí de él me aburrió. Supongo que influyó la época que vivía (yo, no el libro) y que quizás necesitaba un poco más de acción. Porque no cabe duda que es un humor basado en la cotidianidad de una época y de una sociedad -clase social- muy determinada. De todas maneras estoy de acuerdo contigo en lo poco que se valora el humor en literatura, cuando en realidad es un regalo de los dioses.
Para mí este autor es ideal para determinados momentos y estados de ánimo. Malo leerlo en ciertas condiciones.

Magda dijo...

Desde luego siempre se tiene que ir a la fuente, en este caso al libro, pero creo que esto es una buena noticia, dos pedazo de actores interpretando este clásico de Wodehouse: http://www.lavanguardia.com/cultura/20111213/54241073192/sergio-vila-sanjuan-el-retorno-de-jeeves-emperador-de-los-mayordomos.html

Lluís Salvador dijo...

Hola, Peke:
Tampoco hay que exagerar los méritos, que son muy grandes, de Wodehouse. Cada cual tiene su serie preferida (la mía es jeeves), ya sea Psmith, Blandings, etc. Sin embargo, y pese a que mantiene un nivel muy alto, hay obras menores, a mi juicio; "Dieciocho Agujeros", por ejemplo, estoy seguro que encanta a los practicantes del golf, pero yo sólo encuentro una historia que me haga recordar el gran Wodehouse, una en la que los golfistas se desafían a un torneo por toda la campiña y el pueblo.
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Magda:
Es una serie deliciosa, y realizada por dos tipos excelentes, como son (iba a escribir House) Hugh Laurie y Stephen Fry. Lástima que su paso por España fuera en televisiones de pago y con poca audiencia.
Pero estaba muy bien. Una muestra...
Laurie (Wooster) y Fry (Jeeves) interpretan nada menos que "Minnie the Moocher"... De forma peculiar, claro.
Minnie the Moocher, de "Jeeves & Wooster"

Un saludo!