Historia de la Identificación de las Personas, de Ilsen About y Vincent Denis

(Histoire de l'Identification des Personnes)
Ed. Ariel, col. Historia
Barcelona, 2011 [2010]

En nuestra época, entrados subrepticia o claramente en la era del Gran Hermano de Orwell, damos por supuesto que la identificación de las gentes es, proporcionados los medios y un mínimo de organización social, automática y certera: la huella genética, su variación como es la identificación por el iris, la huella dactilar, la plantar del pie en las salas de maternidad, los registros de datos, etc.
Pero no siempre ha sido así. Apenas tenemos datos sobre lo que sucedía en la época antigua, aunque el sistema de apellidos fuera básico en el mundo romano. De modo que el libro se inicia en la época medieval, y ahí empezamos a sorprendernos.
Porque en la época de pérdidas culturales que supusieron las edades oscuras, incluso ese sistema de apellidos se perdió; las gentes eran conocidas por su nombre de pila y un mote surgido de su oficio (o el de su padre) o una referencia a un lugar o un rasgo. Y esto era así porque la movilidad de las gentes era escasa o nula. Sólo los nobles tenían necesidad de ser reconocidos e identificados según su linaje, y de ahí el surgimiento de la heráldica y, en una época en la que el analfabetismo era rampante, su traslado al sello con las armas del "firmante".
Pero con el crecimiento urbano, la mayor movilidad y crecimiento de los desplazamientos, el surgimiento de una clase bueguesa y la formación de los estados, ya no feudales y sí nacionales, y su burocracia, la necesidad de identificación surge, y con ella los diversos instrumentos: los registros parroquiales y de criminales, los censos, la recuperación del apellido, la rúbrica, la firma, el pasaporte (primero como certificado sanitario en época de peste, luego como identificación en sí), e incluso la marca infamante a delincuentes o esclavos. Y desde ahí un perfeccionamiento en los métodos destinados a saber quién es quién que perdura hasta hoy.
Todo ello está explicado en este libro, con un rigor extremo que no conculca la amenidad implícita que conlleva un tema de la pequeña historia, que sin embargo es la que nos afecta a todos.
Breve y condensado, pero claro e ilustrativo, este libro es una sorpresa en el campo histórico, y uno que es un hallazgo por su valor.



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