The Valley of the Worm, de Robert E. Howard

En The Mammoth Book of Fantasy All-Time Greats
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1934]

En principio, Howard no debería requerir presentación, y si alguna necesitara, aparte de su nombre, bastaría con la palabra "Conan". En efecto, Conan el bárbaro se ha convertido en el arquetipo universal de la llamada "fantasía heroica" (mejor definida, tal vez, por su acrónimo inglés S&S, swords and sorcery, es decir, espadas y brujería). Howard fue quien, para bien o para mal, definió el papel del bárbaro brutal y combatiente, casi invencible, guerrero de leyenda (de leyenda invariablemente nórdica), un personaje basado en la mitología escandinava sobre todo, pero que recogía todas las resonancias del pozo mítico universal referidas al hombre que tiene como camino la lucha y la competición a ultranza.
Si es innegable que estas características reunidas (intuitivamente quizá) por Howard tienen un alcance multicultural, y puestas en literatura con una prosa enérgica y directa (y llena de defectos, no hay que negarlo, pero con tal potencia del arquietipo que sus imágenes superan las carencias narrativas) se han convertido en modelo, de nuevo para bien y para mal, de todo un género, no hay que negar tampoco que es un género entusiásticamente recibido y rechazado (pero no por los mismos lectores).
Los guerreros bárbaros que desde que Howard los instauró pueblan los estantes de las novelas de consumo (sobre todo en Estados Unidos) suelen transmitir un mensaje ideológicamente repulsivo, como es el del predominio de la fuerza sobre la razón, el de un darwinismo extremo y mal entendido en el sentido de la supervivencia, no del más apto, sino del más fuerte. En Howard, además, se halla un racismo extremo y claro, con "razas" superiores y otras inferiores. Entre otras lindezas. Todo ello está presente, pero no niega su potencia. Es misión del lector inteligente discriminar: aquello que constituye el ahllazgo literario, temático, arquetípico y universal, por un lado, y el discurso ideológico rechazable, mediatizable, personal y no necesariamente imprescindible para la construcción del arquetipo (como muestra, tenemos a los héroes evolucionados a partir del modelo howardiano: en un caso el bárbaro Fafrhd de Fritz Leiber, tolerante, civil y civilizado e inteligente; en otro, el Elric de Melniboné de Michael Moorcock, todo un noble refinado y torturado, un antihéroe).
Sólo señalar un matiz: a diferencia del Conan que nos muestran los comics y las películas, el de los relatos de Howard es un ser pensante, capaz de reinar y administrar justicia y hacerlo razonablemente bien.
El Valle del Gusano no está protagonizado por Conan (aunque los "colaboradores" póstumos de Howard hayan canibalizado el relato para hacer que el cimerio lo protagonice), pero podría perfectamente hacerlo. Todo lo que constituye el elemento del típico relato howardiano está aquí: el héroe bárbaro y nómada que se establece por la espada en un lugar, expulsando a sus antiguos pobladores (o a los que quedan después de la matanza), el valle vecino tenebroso y siniestro, con un morador invencible y diabólico, semidominado por unos humanos nigromantes y degenerados. La lucha épica de Niord (así se llama el protagonista) contra el Gusano, y la entrada del héroe en la leyenda.
Todo, insisto, enérgica y potentemente relatado, en un cuento que absorbe por su retórica y por lo directo, y que es muy disfrutable. Siempre que el lector discrimine entre trama y mensaje.

Texto en inglés de The Valley of the Worm
Texto en castellano de El Valle del Gusano

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