Todo Es Silencio, de Manuel Rivas

(Todo É Silencio)
Santillana/Alfaguara
Madrid, 2010 [2010]

Vaya por delante que tengo el mayor respeto por Rivas como narrador. Pero, como hay unas cosillas que no me acaban de convencer en esta novela, digámoslas de una vez y vayamos entonces a lo meritorio que tiene Todo Es Silencio, que es mucho.
Es debatible que la estructura de la historia se asiente en un triángulo, compuesto por dos amigos de la infancia, uno de los cuales, Brinco, se transformará en cabecilla del contrabando de tabaco primero y de droga después, y el otro, Fins, se hará policía, un triángulo que se completa con la presencia de Leda, "Nove Lúas", la chica compañera de correrías que finalmente se quedará con Brinco, pero que será imagen obsesiva de Fins y que oscilará, no en sus amores pero sí en sus sentimientos, del uno al otro. Es discutible porque esta pareja infantil que se enfrenta en la madurez es ya muy recurrente, tanto en literatura como en cine, tanto como para resultar un modelo repetitivo. Otra cosa es que sea eficaz, que lo es.
El otro punto que me resulta incómodo es lo apresurado del final. No es que resulte incoherente o ilógico, pero sí demasiado súbito. Entendámonos, nada hay objetable al capítulo que cierra la novela, pero sí que a lo que le antecede yo tenga la impresión de que le falta texto para llegar a este desenlace; por lo menos, con el ritmo que se ha seguido anteriormente. En cualquier caso (es imposible poner por escrito un encogimiento de hombros), esa es mi impresión.
Dicho lo cual, repito, vamos a lo interesante (lo importante) de esta novela. No hay trampa ni cartón en lo que anuncia el título: todo es silencio. Y es que, se trate de la mafia con su omertà o de las mafias rusas con sus sociedades y sus códigos jerárquicos y de pertenencia, también la historia del crimen gallego, tradicionalmente abocado al contrabando de licor y de tabaco (muy bien visto, y hasta envidiado, por la población) y evolucionado al contrabando de droga, todo ello depende del ver, oír y callar. Por temor, por conveniencia, por ambición, por vergüenza incluso, por venganza ante el abandono del "estado" (los políticos, hacienda, las instituciones...); un abandono que los que manejan el negocio suplen de forma clientelista dando trabajo, dinero, prosperidad; constituyéndose en un estado dentro de un estado. Y el producto que más compra ese estado criminal es el silencio de sus administrados.
En esta historia de auge y ¿caída? de una de las organizaciones criminales gallegas hay relativamente poca violencia, pero no es de extrañar, dada la poca violencia (al menos en relación a otros comportamientos mafiosos en el mundo) que las noticias proveen desde Galicia. Y es que este parece ser un hecho distintivo: la aquiescencia popular es profunda; las imposiciones, pocas o inexistentes (no existen caso, o no trascienden, pero lo más probable es que no existan, de cobro de "protección", por ejemplo, un hecho que siempre acaba enfrentando a la mafia con la población), la sumisión total, aunque sólo se refleje en el hecho de ocuparse de los propios asuntos y de dejar que los demás se ocupen de los suyos.
El retrato de este mundo de silencio, ya sea culpable o cómplice, es lo mejor de esta novela, hecha más de aquello que nadie dice que de las palabras que se pronuncian. Es así a todos los niveles, ya se trate de un asunto de cuernos o del escondite de una planeadora. Es su mérito, pero lo es por no ser destacado (gritado, podríamos decir), sino apenas musitado al lector.

Portada y sinopsis

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