Escupiré Sobre Vuestra Tumba, de Boris Vian

(J'Irai Cracher sur Vos Tombes)
Edhasa, col. Pocket
Barcelona, 19922 [1946]

Publicada bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, tal vez porque el bueno de Boris ya se olía la que se iba a montar, no llegó a dos años su pervivencia en Francia, donde fue prohibida por "ultraje a la moral y a las buenas costumbres". Considerando los baremos de la época, no es de extrañar. Incluso hoy, la novela de Vian es una de las más bestias escritas en el género o fuera de él.
Lo que no quiere decir, en absoluto, que su violencia, sexo y trasfondo moral sean gratuitos. El escándalo, como nos recuerdan los evangelios, tiene mucho más que ver con el ojo del observador que con las consideraciones morales, que sabemos que son móviles.
En este aspecto, el irónico prólogo de Boris Vian a esta obra supuestamente ajena es revelador. En él, Vian cita, en rápida sucesión, a Henry Miller, a James M. Cain y a James Hadley Chase. Esto no puede interpretarse más que como una exposición de que lo que seguirá, por el fondo y por la forma, no es más que una caricatura extrema de los estilos de estos autores, y de ahí el tono irónico de este prólogo y, por extensión, de la novela de "Vernon Sullivan". Si hay que tirar la piedra, dice Vian, no escondamos la mano. Puestos en violencia y en sexo, no recurramos ni a los fundidos en negro ni al intento de escandalizar-pero-sólo-hasta-cierto-punto. Puestos a recibir recriminaciones morales, no nos detengamos en el punto que marca la prohibición, ni convirtamos obras sexuales en meros recursos masturbatorios admisibles por su "modernidad" o "atrevimiento", ni juguemos con la violencia pero no rebasemos el punto en el que el lector puede abandonarnos. Seamos honestos, viene a decir Vian: si el lector no se aleja del texto pasadas ciertas líneas, es que ese lector, en el fondo, está encontrando lo que esperaba hallar. Es un ataque a la hipocresía de los autores (o a su doble juego), sí, pero también un ataque a esos límites morales, que entonces se definirían como mal fijados en su delimitación de "normalidad" y "anomalía"; y a los propios lectores, que tal vez encuentran por vez primera lo que de verdad quieren encontrar o, al contrario, desearían "ver, pero no verlo todo". Boris Vian es plenamente consciente de esto. De nuevo de forma irónica, prefigura el futuro de esta obra de "Vernon Sullivan" en América: «la habrían prohibido, sin ninguna duda, al día siguiente de su publicación. En cuanto al fondo propiamente dicho de la obra, es una manifestación de un afán de venganza en una raza que, digan lo que digan, vive aún escarnecida y aterrorizada; es algo así como un intento de exorcizar el poder de los "verdaderos blancos". [...] Y es que ¡ay!, América, la tierra de Jauja, es también la tierra de elección de los puritanos, de los alcohólicos y del métetelo-bien-en-la-cabeza: y mientras en Francia nos esforzamos por lograr una mayor originalidad, al otro lado del Atlántico nadie siente el menor remordimiento por explotar sin escrúpulos una fórmula que ha dado ya probados resultados. A fe mía, es una manera como otra de dar el pego...»
Pero con lo que no contó Boris Vian es con un fenómeno que se produce a menudo, y es que la caricatura suplanta al original, como bien saben los espectadores de Tarantino o los frecuentadores de la sátira política. Y así, una novela que era una caricatura de modos y maneras se ha impuesto como arquetipo en el género. En su descargo, hay que decir que lo que desmiente este absurdo es la escritura de Boris Vian, que está por encima de la de Cain y Hadley Chase y, obvia decirlo, muy por encima de la del manipulador Henry Miller.
¿Y de qué va Escupiré Sobre Vuestra Tumba? Pues de la venganza que Lee, un negro con apariencia de blanco, ejerce sobre la raza blanca, en concreto sobre mujeres blancas, ricas, racistas, anglosajonas y protestantes, elegidas bajo estos parámetros pero por otra parte al azar, puesto que su hermano ha sido asesinado a manos de supremacistas blancos. Lo que sigue es extremo, pero también estilo. En el fondo irónico, pero de un estilo indudable.

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